La coincidencia que reunió al bebé y al cirujano que le operó 43 años después

La coincidencia que reunió al bebé y al cirujano que le operó 43 años después

Tras ser desahuciado por varios médicos, Carlos Bardají formó parte del equipo que salvó a Javier Sánchez con solo cinco meses de edad. El paciente ha vuelto a nacer tras un trasplante de riñón posterior, como los 91.543 injertados renales en España cuando se cumplen seis décadas del primero

Segunda entrega – Los tres corazones de Brayan

El día del reencuentro se fundieron en un abrazo, como si se conocieran de toda la vida y hubieran estado esperando largo tiempo para verse. Pero era imposible que Javier se acordara de él. Solo tenía cinco meses cuando ingresó en el Hospital Vall d’Hebron con una grave insuficiencia renal, donde su madre lo llevó desde Albacete y Sevilla en busca de un milagro. Entonces Carlos Bardají era un joven cirujano pediátrico residente de 27 años. Cuando en una reciente conversación se descubrió la coincidencia, el doctor sí recordaba al bebé al que operó. Y hasta su nombre y el diagnóstico. Debe ser una cualidad de los grandes médicos. Pasadas más de cuatro décadas, una casualidad ligada al hermano y la cuñada del paciente, que hoy tiene 43 años y fue trasplantado de riñón en 2017, les ha reunido en Mallorca. 

Javier Sánchez nació con un problema congénito. “Tenía una malformación urológica muy compleja que le había dañado los riñones y hubo que hacerle varias intervenciones para drenar la orina mediante derivaciones internas y externas”, cuenta con precisión asombrosa el doctor Bardají. La salvación vino después de reiterados anuncios desalentadores. Su madre se emociona aún. “Cuando nació, pasó días con diarreas y vómitos. Lo llevé a un pediatra recomendado, que no le hizo nada, y acabé en el Hospital Militar de Sevilla. Estaba deshidratado y con una septicemia. Vieron que los riñones no le funcionaban y, después de un mes ingresado, me dijeron que el niño se iba a morir”.

Cuando nació, pasó días con diarreas y vómitos. Lo llevé a un pediatra recomendado, que no le hizo nada, y acabé en el Hospital Militar de Sevilla. Estaba deshidratado y con una septicemia. Vieron que los riñones no le funcionaban y, después de un mes ingresado, me dijeron que el niño se iba a morir

María José Camacho
Madre de Javier Sánchez

De allí, María José Camacho se fue al Hospital de Sevilla, donde el bebé estuvo otros tres meses y “le conectaron los uréteres a unas bolsas externas”, pero el mensaje final fue el mismo: no había nada que hacer. Y con el pequeño volvió a Albacete, donde su marido, militar, estaba destinado en ese momento. Entonces tenían otros dos hijos, Pablo y María, de cinco y tres años. Los dejó a cargo de familiares y se marchó a la Clínica Puigvert en Barcelona. “El doctor Rafael Gosálbez, cirujano urólogo infantil tremendamente humano, me derivó al Hospital Vall d’Hebron”. Y allí él y su equipo resucitaron la esperanza. Y la vida burló a la muerte.

El viaje a Senegal

Entre los especialistas estaba Carlos Bardají. Aquel joven médico residente se había titulado por la Universidad Autónoma de Barcelona. Se jubiló el año pasado con 70 años como jefe de cirugía pediátrica del Hospital Público de Navarra. En Pamplona es una eminencia, pero también en Senegal, donde lleva intervenidos, con anestesia general y gratuitamente, cerca de 1.900 niños de malformaciones congénitas, tumores, hernias, secuelas de accidentes y quemaduras o de terribles ablaciones. Hace tres décadas fundó la ONG Hope and Progress, con la que organiza tres expediciones quirúrgicas al año y otras tantas logísticas en el país africano.

El año pasado, el hermano y la cuñada de Javier conocieron al cirujano, pero no supieron de esta coincidencia hasta otro encuentro posterior. Ella, profesora universitaria de Periodismo en el Centro de Enseñanza Superior Alberta Giménez y responsable de su servicio solidario, había gestionado la aportación de una ambulancia por parte de Quirónsalud Baleares para donársela, tras leer un reportaje en un diario nacional. Así los niños a los que opera no tendrían que ser trasladados en una moto atados con una cincha.  

La implicación fue tal que el matrimonio acabó viajando con el cirujano a Senegal en una misión humanitaria para donar cinco incubadoras al Hospital Regional de Kolda. El próximo junio la pareja volverá con Bardají a llevar otras cinco al Hospital de Mbour. En uno de sus encuentros salió el tema de forma casual, al repasar la hoja de ruta profesional del doctor. “Anda, pues mi hermano estuvo ingresado de pequeño en Vall d’Hebrón. Fue cuando nació, así que era 1981”, le dijo Pablo Sánchez. “Pues en aquel año estaba yo allí. ¿Cómo se llama?”. Y el doctor, como si hubiera sido ayer, relató con todo detalle las intervenciones médicas que le habían practicado. Y la sorpresa dio sentido a la expresión ‘el mundo es un pañuelo’.

El hermano y la cuñada de Javier conocieron al cirujano en un proyecto humanitario en Senegal. ‘Anda, pues mi hermano estuvo ingresado de pequeño en Vall d’Hebrón. Fue cuando nació, así que era 1981’, comentó él. Y en ese momento se destapó la historia

Al viajar a Balears a recoger la ambulancia, les organizaron un encuentro. Porque Javier creció bien, sin rendirse a su enfermedad pese a verse agravada por una hepatitis C adquirida por contagio en una transfusión de sangre. Hasta que los riñones le fallaron de nuevo y requirió diálisis durante 10 años, desde los 26 a los 36 años, con la edad en la que uno quiere comerse el mundo. El trasplante era la alternativa, como para los 91.543 pacientes que se han sometido a implantación renal en España hasta el cierre de 2024, según datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). Pero su afección de hígado la hacía inviable, hasta que le llegó la oportunidad en 2017, gracias al órgano de un fallecido que recibió en el Hospital Son Espases de Palma.


Javier fue sometido a un trasplante de riñón en 2017 gracias al órgano de un fallecido en el Hospital Son Espases de Palma.

El trasplante de riñón

“Mis padres me ofrecieron un riñón, pero yo lo rechacé porque no quería someter a nadie de mi familia a un proceso tan duro y, si en algún momento hubieran sufrido una complicación y necesitado diálisis, me habría afectado mucho”, explica Javier. “Cuando me llamaron sentí alegría y miedo. Todo fue bien y la vida me cambió por completo, sobre todo por poder viajar y no depender de una máquina tres días a la semana. Supongo que en algún momento tendré que volver a diálisis y necesitaré otro trasplante. Es lo que me ha tocado, pero ¿qué más puedo pedir, si puedo hacer vida normal?”, añade.

La máxima supervivencia tras un trasplante renal funcionante lograda en el mundo ha sido de 41 años, según la ONT. La mediana en España se sitúa entre 10 y 15 años en caso de donante fallecido y 20 de donante vivo, según explica la doctora Auxiliadora Mazuecos, vocal de Trasplantes de la Sociedad Española de Nefrología. La supervivencia a los cinco años pasa de un 75 u 80% a un 92%, respectivamente. Pese a que España es líder mundial en trasplantes, la donación en vida de riñón representa un 10%, frente al 30% en países nórdicos. 


La cicatriz de la operación de Javier. «Mis padres me ofrecieron un riñón, pero yo lo rechacé porque no quería someter a nadie de mi familia a un proceso tan duro», narra.

“El trasplante es, sin duda, la mejor opción de tratamiento de la enfermedad renal crónica si resulta viable, tanto por la calidad de vida, como por el aumento de supervivencia y el coste eficiente”, expone Mazuecos, jefa del Servicio de Nefrología del Hospital Puerta del Mar, de Cádiz. Esta opción solo está indicada para el 20%-30% de los pacientes en diálisis. “Cuando un enfermo ha generado muchos anticuerpos, encontrar un trasplante compatible es más difícil. Es el caso de algunas mujeres tras embarazos, o personas con otros trasplantes previos. El acceso al trasplante es también algo más difícil en los grupos B y 0”, indica la doctora.

Al Sistema Nacional de Salud le supone una importante reducción de gasto. “Cinco años de tratamiento de un paciente con trasplante renal suponen un ahorro de cerca de 180.000 euros en comparación con la hemodiálisis y de unos 90.000 euros en comparación con la diálisis peritoneal”, señalan fuentes de la ONT. “En 2024 se realizaron en nuestro país más de 4.000 trasplantes renales, que consiguieron evitar la diálisis a más de 4.000 pacientes. El ahorro que genera el trasplante renal permite financiar cada año dos veces el coste del programa nacional de donación y trasplante de todo tipo de órganos, pese al elevado coste de estos procedimientos”, añaden. 

El primer trasplante renal en el mundo con supervivencia a largo plazo tuvo lugar en el Hospital Brigham de Boston en 1954, a cargo de los doctores Joseph Murray, John Merril y Hartwell Harrison. El donante y el receptor eran dos gemelos homocigóticos, lo que garantizaba la ausencia de rechazo inmunológico. En España se registró en 1965 en el Hospital Clínic de Bardelona, a una mujer de 35 años, operada por Josep María Gil-Vernet y Antoni Caralps. Actualmente, es el más realizado a nivel mundial y en España. De los 6.466 efectuados en 2024, 4.047 fueron renales, el 62,5%. Una cifra similar de pacientes, 4.359, se encuentran en lista de espera, 29 de ellos niños.

La operación en menores es más compleja: “La técnica es más complicada; el órgano más pequeño y el tamaño de los vasos incrementa el riesgo de trombosis; el sistema inmunológico mucho más potente, por lo que puede generar mayor rechazo”, explica Mazuecos, a lo que se añade, en ocasiones, el incumplimiento del tratamiento en la adolescencia.

Javier nació un 13 de mayo y un equipo de nefrólogos le salvó la vida. “Conocer a Carlos ha sido una sorpresa increíble”, expresa agradecido por el reencuentro, al cual no faltó la madre. Porque resucitó hace 43 años, cinco meses después de haber nacido, y hace ocho que vive de nuevo, gracias a un trasplante que recibió un 13 de junio. Y ahora tiene dos cumpleaños que celebra en una fecha cuya cifra para él es la antítesis a la mala suerte.