
El multilateralismo ha muerto
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La Organización Mundial de la Salud está pasando por un momento malo. Hace una semana, la agencia Reuters publicó un documento interno que revelaba los recortes que se avecinan en el organismo de Naciones Unidas. Se meterá la tijera en la plantilla de personas, pero también en los ámbitos donde actúan porque simple y llanamente no hay dinero.
Al leer la información de Reuters me llamó la atención otra cosa: no solo hablaban de Estados Unidos, que va a retirar completamente su aportación a la OMS (1.300 millones de euros, el 18% de la contribución de los países), sino de cómo las nuevas prioridades de los países, como la defensa, dejaban en un lugar muy secundario –prescindible casi– los fondos para garantizar la salud global. Como si no hubiéramos aprendido a golpe de muertos y colapso sanitario hace cinco años que solo se puede estar a salvo si todos los estamos.
¿El multilateralismo ha muerto? ¿Vamos a un escenario donde cada país se va a poner las orejeras para procurarse únicamente lo suyo? Me da escalofríos. Te comparto tres datos:
-Reino Unido (gobernado por los laboristas) subirá el gasto en defensa del 2,3% al 2,5% del PIB en dos años a costa de recortar el gasto social, y concretamente la inversión en ayuda a la cooperación y el desarrollo, que será reducida del 0,5% a 0,3%.
-El Ejecutivo francés tiene previsto recortar en su plan de austeridad el 40% del presupuesto a ayuda al desarrollo.
-El nuevo Gobierno de Países Bajos encabezado por la extrema derecha prescindirá en los próximos cinco años de 1.000 millones de euros que dedicaba a cooperación.
“En Europa se está desarrollando una tendencia conservadora, incluso reaccionaria, respecto a la legitimidad de los estados para colaborar y abordar problemas de salud que son globales. Cada vez se pone más en cuestión y es una simplificación burda de lo que es la política internacional”, me decía Adrián Alonso, responsable de Incidencia Política de Salud por Derecho. En su lugar, toman protagonismo otros términos: “autonomía estratégica”, “reducción de la dependencia”.
¿Estamos en una etapa donde la equidad o el derecho a la salud de las personas van a quedarse orillados en favor de la seguridad?
Mientras estabas a otras cosas…
El Imserso ha creado una nueva tarifa plana de 50 euros en sus viajes para las pensiones más bajas. Se han dado cuenta de que hay un sesgo de clase en los viajeros y los que ingresan apenas 500 euros al mes ni los solicitan.
Sanidad quiere abrir el debate sobre prohibir las encimeras de cuarzo. ¿Por qué? La silicosis está reemergiendo y España es una de las zonas cero de la epidemia entre los trabajadores que manipulan los aglomerados.
Tenemos un nuevo plan de salud mental. Al segundo intento, todas las comunidades autónomas han apoyado el texto que el PP tumbó hace un mes y medio por detalles menores. Aquí las medidas.
¿Qué nos pasa cuando tenemos ansiedad?
¿Alguna vez te ha pasado que, en medio de una situación de desborde, sientes que se acelera el corazón? Que parece que te va a dar algo, vaya. El psicólogo Baltasar Rodero ha escrito un libro para que, de la mano de la evidencia científica, entendamos qué está pasando en nuestro cuerpo. Y, sobre todo, sepamos que ese pico bajará y no nos pasará nada fisiológico. No habrá ataque al corazón ni ahogo.
Rodero se refiere a estos episodios intensos de ansiedad como ataques de pánico. Aparecen cuando como seres humanos percibimos una amenaza (puede ser real o ficticia, es decir, creada por nuestro cerebro sobre la base de malas experiencias pasadas) y nuestro cuerpo se activa para tratar de salir lo más airosos posible de ella. ¿Cómo? Metiendo oxígeno dentro. Tanto que nos emborrachamos y empezamos a tener percepciones alteradas: mareo, hormigueos… Médicamente, a esto se le llama hiperventilar.
‘La ansiedad del esquimal’ –así se titula el libro– me ha parecido interesante porque da en un punto que duele. En este mundo capitalista e hiperproductivo en el que nunca nada es suficiente nuestros cuerpos están “predispuestos” a tener la emoción de la ansiedad –una emoción básica– disparada, dice Rodero. Yo diría, más bien, sometidos.
Cierro así esta semana. Te espero la que viene con más cositas.
Sofía