
La otra Transición en muros y paredes: 3.000 pegatinas y carteles que relatan la restauración democrática en Galicia
La Universidade de Santiago y el Consello da Cultura Galega digitalizan parte de una ingente colección particular de propaganda política que ofrece una mirada desde abajo a la política de los años 70 y 80
Hemeroteca – Carlos Núñez, el comunista gallego formado en la URSS que conoció a Víctor Jara, dirigió las huelgas del 72 y fue edil en Vigo
Ni siquiera cómo la dictadura franquista llegó a término es una historia contada del todo. El relato oficial todavía hoy lo reduce a un pacto entre élites, pero los especialistas hace años que lo impugnan. El fondo de propaganda política Miguel Gutiérrez les da la razón: más de 3.000 pegatinas, carteles y folletos, catalogados por el grupo de investigación Hispona de la Universidade de Santiago y digitalizados por el Consello da Cultura Galega y accesibles en su web, que ofrecen otra mirada a la restauración democrática, una Transición desde abajo, en la que explotó el pluralismo social y político y las libertades se apropiaron de la base antes de adquirir formas institucionales. “Hubo que construir valores democráticos tras cuatro décadas de dictadura que habían moldeado a las personas”, explica a elDiario.es el historiador Emilio Grandío, responsable del proyecto, “esta colección muestra una parte importante de cómo se hizo”.
Los materiales los ha reunido durante cinco décadas Miguel Gutiérrez, residente en A Coruña. Recuerda perfectamente cuándo comenzó. “Con 13 años, en 1976”, durante la campaña para el referéndum sobre el Proyecto de Ley de la Reforma Política. “Me impactaban los mensajes que veía en muros y paredes, que reclamaban libertad, amnistía, derechos. Entonces empecé a coleccionar”, asegura. 66.000 adhesivos forman el núcleo de la colectánea, que además incluye carteles, folletos, periódicos, revistas, calendarios, chapas, cajas de cerillas, llaveros, cualquier objeto susceptible de funcionar como medio de comunicación política. Hispona (acrónimo de Historia Política e dos Nacionalismos) seleccionó para el Consello da Cultura más de 3.000 –pegatinas, carteles y folletos– con dos criterios: el temporal, hasta el año 2000 pero centrado sobre todo en la Transición, y que fuese o bien realizado o bien distribuido en Galicia.
De la apología de la lucha armada revolucionaria a la nostalgia fascista, el fondo Gutiérrez recorre los paisajes políticos que se desplegaban en la España post Franco. “La intención es contar la Transición desde la base, con una dinámica muy transversal”, afirma Emilio Grandío sobre la digitalización, “a través de un material efímero”. Pone como ejemplo los entre 800 y 900 panfletos subidos a la web del Consello y que contienen “mucha información que, de lo contrario, se podría perder”. “Nunca fueron pensados como objeto de museo ni para perdurar”, señala, “se trata de un trabajo anónimo y sin reconocimiento pero que cumplió un valioso papel en la construcción de la democracia”. La declaración del Partido do Traballo respecto a la primera propuesta de Estatuto de Autonomía, el manifiesto del sindicato agrario de la izquierda nacionalista ante las elecciones de 1979, un llamamiento de la UPG al boicot de las elecciones sindicales, los argumentos del Comité Anti–OTAN da Coruña, los múltiples escritos de la izquierda nacionalista gallega por el Día da Patria, proclamas del Partido Comunista por el 1º de Mayo, la lista resulta inabarcable. Como inabarcable resulta la cantidad de adhesivos disponibilizados.
Algunos de los carteles y pegatinas del fondo Miguel Gutiérrez de propaganda política
El adhesivo como medio de comunicación
Las pegatinas eran un medio de comunicación. “Fácil y barato de producir”, puntualiza Grandío, “que se encontraba por todas partes”. Y llegaba al receptor sin intermediarios. Los comunistas y los innumerables partidos o grupúsculos a su izquierda, la frondosa galaxia del nacionalismo antiimperialista, el anarquismo que vivió su penúltimo resurgir social en aquellos años, el sindicalismo y toda una constelación de movimientos sociales –del antimilitarismo a las asociaciones de vecinos– las usaron. También los partidos de orden –la UCD, su escisión del 1981, el CDS– o la reacción –la Alianza Popular formada or exministros franquistas, Fuerza Nueva, Falange. Y, pese a todo, la dictadura cedía al empuje organizado de la calle, con el movimiento obrero como motor. Los elementos más avispados del régimen optaron por abrir algunas puertas y por ellas entró una emergente cultura democrática. Lo cuenta la propaganda política de la época, en opinión de Grandío. “Todo era posible”, aduce el historiador, “después de cuatro décadas de régimen militar en el que la violencia, con diferentes grados, siempre estaba presente”.
La explosión que documenta el fondo Miguel Gutiérrez no fue únicamente de ideologías, mensajes, propuestas, denuncias o utopías. La estética también se liberaba, los colores, las formas. Del neoconstructivismo al feísmo punk, de la geometría paleoinformática a la caricatura figurativa, las piezas recopiladas en el Consello da Cultura son un catálogo de diseño político y politizado, a menudo anónimo pero síntoma de un tiempo agitado, convulso. “Aunque el coleccionista no fue sistemático, su material tiene un valor no expresado en otros lugares”, resume Grandío, “y una vocación de conservar lo efímero, de recolectar historias y pasados, sobre los que ahora podemos hacer otras historias”. Que, añade, “critiquen constructivamente” la idea sacralizada de la Transición como voluntad de las clases dominantes. La página web institucional ha habilitado seis itinerarios a través de la colección: Aqueles 25 de xullo, Unha nova sociedade: do poder local ao pacifismo, A construción dun Estatuto, Novo futuro, novos partidos, Escola de democracia y A fin da ditadura.
El fondo Miguel Gutiérrez de propaganda política no está, ni mucho menos, cerrado. Su artífice continúa rebuscando, almacenando, clasificando. La colección la conforman piezas de todo el Estado español. “El otro día me preguntaron si me interesaría una pegatina de ‘Altri Non’. Pues claro. O de ‘Mazón dimisión”, dice Gutiérrez. El convenio con el Consello da Cultura se firmó hace dos años y medio y prevé la publicación de un catálogo.
Algunos de los carteles y pegatinas del fondo Miguel Gutiérrez de propaganda política