
Enseñar a los niños a comer con las manos: las claves de una nutricionista para iniciarse
Usar las manos para degustar los alimentos es una forma de introducir los sólidos a los bebés buscando que ganen autonomía y que disfruten comiendo: «Permite que el bebé se gestione en función de sus señales de hambre y saciedad»
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Los primeros años del bebé son una gran aventura porque tenemos que abordar infinidad de temas de adaptación, crecimiento y desarrollo. La alimentación es uno de ellos y es objeto también de un debate profundo. Tenemos que considerar cómo se alimenta el bebé, cuándo introducir nuevos alimentos, qué forma es la mejor y un largo etcétera.
Todo ello sin olvidar que muchas veces surge la preocupación por que el bebé reciba todos los nutrientes necesarios de la mejor forma posible y, sobre todo, que crezca y se desarrolle de una forma sana y equilibrada. Durante los primeros seis meses, la leche materna o la de fórmula serán primordiales para este crecimiento, por tanto, su única fuente de energía y nutrientes.
Sin embargo, su crecimiento contempla, a partir de cierta edad, la necesidad de implementar la alimentación complementaria, un tema alrededor del cual suelen surgir dudas: cuál es el momento para hacer esta transición y cómo hacerla. ¿Es adecuado que coman con los dedos y las manos? ¿Qué les aporta? Si optamos por esta opción, ¿cómo debemos hacerlo? La dietista-nutricionista Estefanía Dans nos ayuda a despejar estas y otras dudas.
Cuándo pueden empezar a tomar alimentos los bebés
La alimentación complementaria es la etapa en la que se empiezan a introducir alimentos distintos a la lactancia materna o de fórmula. “Durante décadas, lo habitual era ofrecer estos alimentos en forma de purés, pero desde hace algunos años se recomienda presentarlos sin triturar, como en el enfoque conocido como finger food”, explica Dans. Es decir, a ofrecer los alimentos enteros, pero adaptados en “tamaño, textura y corte para que sea el propio bebé quien los pueda coger con la mano y llevárselos a la boca”, matiza la experta.
Aunque depende de cada bebé, este proceso puede empezar cuando son capaces de coger la comida con las manos. Un alimento para comer con los dedos es cualquier trocito que el bebé pueda coger y llevarse a la boca, una habilidad motora fina que la mayoría empieza a desarrollar alrededor de los seis meses.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que la alimentación complementaria debe ser variada e incluir cantidades adecuadas de carne, ave, pescado o huevos, así como frutas y verduras ricas en vitamina A. Y, a medida que los bebés crecen, ir cambiando la consistencia de los alimentos, que debe ir de semisólidos a sólidos y aumentar la variedad de los alimentos que les ofrecemos.
Según la OMS, a los ocho meses los bebés pueden comer con los dedos y, a partir de los 12 meses, pueden comer los mismos tipos de alimentos que el resto de la familia. Suele ser un momento de descubrimiento, de entusiasmo, en el que el bebé experimenta con la comida, siente la textura y reacciona al nuevo alimento que tiene delante.
De acuerdo con la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), las habilidades para consumir alimentos con los dedos se pueden observar en algunos bebés a los cuatro meses, aunque es más común que puedan hacerlo a partir de los cinco o siete meses, que es cuando pueden empezar a sentarse sin ayuda, aunque la masticación aún puede necesitar tiempo para perfeccionar. La mayoría de los bebés, por razones nutricionales, necesitan alimentos complementarios, además de la leche materna o de fórmula, desde aproximadamente los seis meses.
Frente a estas reacciones y expectativas creadas es interesante saber cómo podemos contribuir, acompañar y participar en este interesante proceso de aprendizaje y desarrollo del bebé.
De la mano a la boca: qué aporta esta forma de empezar a comer alimentos
Esta forma de introducir los alimentos “permite que el bebé se gestione en función de sus señales de hambre y saciedad, que aprenda a identificar diferentes texturas y sabores; se relaciona con menos aversiones alimentarias y hace al peque más partícipe en las comidas familiares porque puede ‘comer lo mismo que los demás’ con adaptaciones”, reconoce Dans.
Preguntada por las posibles contraindicaciones, la nutricionista no habla tanto de problemas como tales sino de “puntos que tenemos que tener en cuenta para asegurar un aporte nutricional correcto en cuanto a minerales clave como el hierro, la cantidad de energía aportada o las mejores combinaciones de alimentos”. Y, aunque se relaciona con un mayor riesgo de atragantamientos, “tomando las debidas precauciones es una alimentación perfectamente segura”, afirma Dans.
Finger foods: qué alimentos ofrecer y cómo
Empezar con la alimentación complementaria no debería ser una tarea compleja ya que, en general, “no existe un orden concreto que se considere mejor que otro”, reconoce la especialista. Si bien antes se entregaban unas recomendaciones con un orden muy estricto de alimentos, muchas no “están basadas en la evidencia científica y de hecho había grandes variaciones entre ellas”, matiza Dans.
Para empezar, es una buena opción hacerlo con “frutas, hortalizas, tubérculos, alimentos que aportan proteína como el huevo, tofu o pescados blancos”, recomienda Dans. Pero sí debemos tener cuidado con determinados alimentos, que es mejor no ofrecer a edades tan tempranas.
A trozos o cortados en palitos
Además de asegurarnos de que todo lo que le demos sea suave, fácil de tragar, es importante ofrecerles la comida en trozos pequeños. Aunque dependerá del alimento, “lo ideal es que tengan una longitud un poco mayor que su puño: por ejemplo, la zanahoria o el calabacín podrían ir en bastones, el brócoli o coliflor en floretes, el aguacate en media luna. Con las legumbres o el pescado podemos hacer minihamburguesas, se pueden hacer croquetas caseras… iremos adaptando la forma según el alimento que queremos ofrecer”, explica la nutricionista. También podemos darles judías verdes o brócoli, cortados en trozos grandes hasta que estén suaves, para facilitar el agarre, o guisantes triturados.
Consistencia de los alimentos
“La clave es que los alimentos tengan una textura blanda que permita al bebé deshacerlo en la boca”, puntualiza Dans, según la cual es importante que se haya preparado de manera que tenga una forma adaptada para que el bebé la “coja primero con el puño y, a medida que va creciendo y aprende a hacer la pinza, se irá adaptando a otras texturas”.
De nuevo con las recomendaciones de la OMS, debemos aumentar la consistencia y variedad de los alimentos de forma gradual, a medida que el bebé crece, adaptándonos a sus necesidades y capacidades. Así, pueden comer puré y alimentos semisólidos a partir de los seis meses.
Los alimentos que es mejor evitar
Ya hemos visto antes que hay algunas precauciones que debemos tomar cuando introducimos la alimentación sólida a los bebés. Como reconoce Dans, “hay alimentos que no se deben ofrecer, como los pescados azules de gran tamaño, por su alto contenido en mercurio —lucio o tiburón, entre otros—; carnes de caza; verduras ricas en nitratos como la acelga o la remolacha; la sal y productos salados como embutidos; azúcar, miel y alimentos azucarados; mariscos y cabezas de los crustáceos por exceso de cadmio; algas; tortitas de arroz y bebida de arroz, por exceso de arsénico”.
Tampoco están indicados alimentos duros como caramelos, frutos secos enteros ni zanahoria cruda, ni alimentos esféricos que puedan obstruir las vías respiratorias como uvas, cerezas o aceitunas. Aunque estos alimentos se pueden ofrecer si se adaptan: “Las uvas se pueden ofrecer sin piel y cortadas a lo largo o la zanahoria se puede cocer al vapor”, concluye la nutricionista.