Desconectar durante una semana en el Pirineo aragonés: el campamento solo para mujeres donde «volver a ser niñas»

Desconectar durante una semana en el Pirineo aragonés: el campamento solo para mujeres donde «volver a ser niñas»

Hacia lo salvaje y Embosqadas organizan por segundo año consecutivo esta cita en la Selva de Oza, donde una veintena de mujeres han compartido espacio y actividades

Viajar como acto político: cómo el ecofeminismo y el activismo alimentario están transformando el turismo

Hidra o Laia, esos son los nombres que se pusieron al llegar a la Selva de Oza dos de las participantes del campamento para mujeres organizado por Hacia lo salvaje y Embosqadas en el Pirineo aragonés. La premisa, una semana de desconexión y de “volver a ser niñas” en la naturaleza, compartiendo con mujeres de todos los rincones de España.

Hidra emprendió el viaje desde Galicia. Tiene 55 años y, según reconoce, tenía ciertos miedos al estar acostumbrada a pasar tiempo sola, aunque salió del campamento con la sensación de no querer irse: “Estás muy en ti misma y al mismo tiempo te sientes parte de un grupo. Es conocerte a ti misma a través de la experiencia. Ha sido fantástico en todos los sentidos, acabas con ganas de quedarte allí de por vida”. Según cuenta esta mujer que prefiere que se la conozca con el nombre que se puso en el campamento, ella necesitaba “un viaje para conectar con esta parte más esencial, venía de una crisis personal, tenía que pasarla y ahora esa energía me la han consolidado. Me he sentido muy acogida, muy apoyada, muy querida”.

No solo ella, una veintena de mujeres de todas las edades han disfrutado de una semana completa en la Selva de Oza. Laia tiene 35 años y también ha cruzado la Península para vivir esta experiencia. Esta almeriense explica que cuando era pequeña siempre iba de campamentos y que echaba de menos una experiencia así siendo adulta. Por eso, cuando conoció la iniciativa de Ana, no dudó un segundo en apuntarse.


Algunas de las asistentes al campamento este año

Ahora, una vez vivida y todavía con el recuerdo emocional muy presente, asegura que se la ha recomendado a todas sus amigas y que repetiría: “Ha sido espectacular, vengo con el corazón muy contento, el entorno donde se realiza es una pasada, estamos rodeados por un bosque que te cura el alma, compartir con todas las mujeres ha sido increíble, había mujeres de muchas edades, estamos acostumbrados a compartir con personas de nuestra edad el ocio, encontrarnos con gente de edades distintas ha sido muy enriquecedor”.

Solo para mujeres

Este espacio es exclusivo para mujeres porque ese es el espíritu del proyecto de Ana Cortés, Hacia lo salvaje, que organiza viajes “diseñados por mujeres y para mujeres con perspectiva ecofeminista”. Cuando Ana conoció el proyecto de Eva Sastrón, Embosqadas, se les ocurrió fusionar “la filosofía de Hacia lo salvaje y la experiencia de Embosqadas” y crear este campamento, “un lugar para sentirse seguras, cómodas y representadas. Creemos que las mujeres tienen un grado de exigencias tanto externas como internas más elevado, el día a día lo tenemos cargado de un montón de compromisos y obligaciones, provenientes de un trabajo productivo y reproductivo, los cuidados nos absorben, necesitamos este momento para nosotras”, expone Ana.


Una de las excursiones que realizan desde el campamento

Solo hay tres reglas: cambiar de nombre, desconexión total y dejar a un lado el personaje del trabajo porque “a veces parecer que la profesión nos define y no somos solo eso, esto nos da la oportunidad de abrirnos más desde lo que somos”, añade Ana. Esta iniciativa empezó el verano pasado y Eva destaca que “se crean unos grupos preciosos, es una pasada la alegría, la forma en la que están, como lo viven todo, ha sido muy chulo, encaja mucho con los principios de Embosqadas, ha sido fácil”.

Estos campamentos recuperan el espíritu de las colonias juveniles pero adaptados a mujeres adultas. La propuesta es sencilla: unos días de convivencia en plena naturaleza, con juegos, talleres, excursiones y actividades creativas, siempre en un entorno seguro y libre de exigencias. La clave, explican las organizadoras, está en que son espacios solo para mujeres. “Nos une mucho más de lo que nos separa y eso genera una energía especial, un espacio seguro y libre de prejuicios en el que nos sentimos cómodas y representadas”, defienden en su web. Esa sororidad es la que potencia la experiencia: sin competiciones, sin expectativas, y con dinámicas diseñadas específicamente por y para mujeres.

El impacto, aseguran, va más allá de los días de campamento. Muchas participantes regresan con cambios vitales importantes, desde nuevos proyectos hasta la decisión de dejar un trabajo o relaciones tóxicas. “El simple hecho de estar en estos lugares es terapéutico, sanador y mágico”, resumen. “Necesitamos espacios así, cuando estamos allí se reconoce esto, la posibilidad de parar, a muchas mujeres les sirve para recolocar, llevamos unas vidas tan aceleradas, estás en marcha y vas, cuando te permites parar luego igual regresas y estás en otro sitio, cambias el rumbo. El bosque y las montañas son parte indispensable del equipo, por la capacidad de la naturaleza de regalarnos, si funciona es porque el entorno hace ese trabajo”, explica Eva.


Las mujeres que asisten al campamento en la Selva de Oza

La intergeneracional es algo que destacan las cuatro mujeres: “Muchas veces vamos buscando juntamos con gente de nuestra edad porque creemos que podemos encontrar más intereses y la intergeneracional provoca un aprendizaje mutuo, es chulo compartir este espacio, supone un punto de inflexión”, asegura Ana. Recuerda la historia de una de las asistentes, ya jubilada, que ha estado muchos años dedicada al cuidado de su marido: “Para ella esto era su sueño, poder volver a disfrutar de la naturaleza, tenía el recuerdo de cuando iba a la montaña de pequeña y hace años que no ha tenido ni un día para ella”.

Selva de Oza

Eva explica que hace años trabajaba en la instalación de campamentos de la Selva de Oza “y se creaba un ambiente muy especial entre las personas que trabajamos, a mí siempre me habían encantado los campamentos y me recordaba eso, yo iba a trabajar y pensé que pagaría por vivirlo”.

Buscó información y encontró ejemplos en EE.UU. de campamentos de desintoxicación digital. Así las cosas, hace 13 años decidió intentarlo porque su trabajo acababa a principios de agosto y no se quería ir de la Selva de Oza. “No es lo mismo cuando vas a una casa rural, que es un sitio muy bonito, pero no estás en medio de la naturaleza, allí en aquellos años no había ni camping, era estar en el medio del bosque, con pocas comodidades, no había cobertura, ahora hay wifi, entonces llegabas y estabas aislado”.


Camino de la Madera de Issaux, parte del entorno del campamento

Ana destaca que el espacio es “brutal” y califica el lugar como “mágico”: “El hecho de llegar hasta ahí a las mujeres como que les impresiona, es entrar en el paraíso, tanto Embosqadas como Hacía lo salvaje tenemos la sede en Zaragoza y nos apetece enseñar las maravillas de Aragón, dentro de lo que cabe no es lo más saturado del Pirineo y las instalaciones nos permiten un lugar seguro. El bosque y la naturaleza tiene un papel protagonista, el papel principal”.

Hidra y Laia lo confirman. La gallega expone que es “un bosque muy salvaje, donde no hay cobertura, una de las cosas más importantes es el ambiente natural, hemos estado en un bosque, en un arroyo, no ves cables de teléfono, de pronto aparece un ave que no ves normalmente, es muy especial el entorno, estás en otro lugar y te conectas con la parte lúdica y auténtica”. Un bosque “que te cura el alma”, según Laia.

Este bosque ha sido el escenario de las actividades que se han llevado a cabo durante la semana. El objetivo no es realizar grandes proezas físicas, cada día las organizadoras proponían una serie de actividades y eran las propias asistentes las que elegían si hacerlas o no, siempre acompañadas.


Las asistentes juegan durante su estancia en el campamento

El clima y “la energía del grupo” han definido también lo que se ha hecho cada día: “Son actividades muy variadas, siempre solemos arrancar con un despertar el cuerpo de estiramientos, actividades más cercanas a lo que es estar en montaña, excursiones o juegos. Hay otras más vinculadas con lo artístico, actividades que nos dan variedad y nos permiten tocar muchos puntos, volver al juego, a ser niñas, a conectar con la naturaleza. Las mujeres nunca saben lo que van a hacer, cada día les plantamos en un panel la propuesta y todo se puede adaptar, son libres de participar o no”, explica Ana.

Esta “no obligatoriedad” ha agradado mucho a Laia, que asegura que se ha apuntado a todo pero “da tranquilidad poder hacer lo que te apetece, hay actividades en que algunas compañeras no participan pero observaban, me parece un acierto. Me gusta el ritmo, no es súper estructurado, se puede adaptar a las necesidades del grupo”.

Precisamente la adaptabilidad del grupo es uno de los factores que más ha sorprendido a Eva: “Ha sido muy bonito por cómo se cuidan unas a otras, había una mujer con problemas de movilidad y el grupo ha preferido renunciar a hacer una gran excursión, preferían seguir juntas y que ella pudiera acudir, en otros grupos no nos pasa. Todas las propuestas les interesan, hay actividades que son un poco reto, fuimos a una cueva como iniciación a la espeleología, casi todas decidieron participar, coger los miedos y sentirse arropadas por el resto, la sensación una vez conseguido ha sido fantástica”.

Una vez terminado, esta veintena de mujeres han regresado a sus vidas, aunque tanto Laia como Hidra aseguran que piensan repetir. “Se lo recomendaría a todas mis amigas, es una experiencia única, el no tener cobertura y poca conexión hace que entres en otra dinámica, he conectado con mi infancia, hemos hablado de cosas muy diversas”, concluye Laia. Hidra tiene una hija y se plantea venir con ella el año que viene a los campamentos para familias que organizan desde Embosqadas.