Jaume Claret deslumbra en Venecia con ‘Extraño río’, un debut sensorial que desafía las normas del cine español

Jaume Claret deslumbra en Venecia con ‘Extraño río’, un debut sensorial que desafía las normas del cine español

El director catalán, de tan solo 27 años, propone una mirada poética y diferente a la adolescencia captada con belleza y personalidad

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Jaume Claret Muxart lleva siete años preparando su debut en el largometraje. Algo que no es una rareza en el cine español de no ser por el hecho de que el cineasta tenga tan solo 27 años. Ahora, finalmente, ha logrado completar el sueño de su ópera prima y le ha puesto un lazo tras ser seleccionada en la sección Orizzonti del Festival de Venecia, algo con lo que muchos cineastas sueñan toda su carrera. Extraño río (Strany riu) es uno de los debuts más fascinantes del cine español reciente. Lo es porque nada a contracorriente de un molde que se ha ido imponiendo en muchas primeras películas. Un molde marcado por los laboratorios y que hace que muchos cineastas acaben debutando cerca de los 40.

Su filme es una apuesta sensorial, poética y hasta fantasmagórica que afronta temas como la adolescencia, la identidad, el despertar sexual y las fricciones familiares de una forma diferente, confiando en la inteligencia del espectador y alejándose de clichés manidos del manual del coming of age. Un cine que, como él describe, bebe de fuentes tan poderosas como Visconti, Pialat —al que homenajea con una escena que remite directamente a A nuestros amores— o Renoir. Un cine donde la naturaleza, aquí el Danubio, es un personaje más y donde su propia memoria personal se funde con lo cinematográfico.

Los mimbres de la historia son más bien sencillos, el viaje de una familia en bici siguiendo el curso del mítico río, lo que desembocará en un viaje de autodescubrimiento (sexual, identitario y afectivo) del hijo mayor —al que da vida un rostro hipnótico, el del debutante Jan Monter— y en su distanciamiento con su hermano menor. Pero la mirada de Claret se entronca más en un cine de la imagen y los sentidos que podrían representar otras directoras como Elena López Riera o Meritxell Colell (con la que ha escrito el guion y ha montado el filme).

Por subrayar lo de que Claret da la vuelta a las supuestas normas que rigen al cineasta español, él ni siquiera estudió en una escuela como la ESCAC. Ni siquiera Comunicación Audiovisual. Por eso hace hincapié en el Cinema en curs que le une a muchos directores catalanes. “Yo con 18 años estaba perdido porque no entré en la universidad por una décima. Yo quería hacer cine y no hice una carrera hasta que no me arroparon allí y conocí a Merixell Colell”, dice a pocas horas de presentar su película en Venecia este también alumno, posteriormente, de la Elias Querejeta zine eskola.


Jan Monter en el río en un momento de la película

El río ya era el centro de uno de su corto Die Donau, y el río es ahora el origen de esta película. “Los ríos, y el Danubio, me obsesionan desde hace muchos años. Yo hacía viajes en bicicleta con mi familia por diferentes ríos de Europa, y cuando empecé a escribir esta película pensé en el Danubio porque era misterioso. Mi tutor en la Elías Querejeta, Míchel Gaztambide, me dijo que si había leído El Danubio de Claudio Magris y lo empecé a leer”, recuerda. Extraño río también ha pasado por los laboratorios de guion que ahora muchos creen que homogeneizan el cine español, pero para él “fueron unas experiencias brutales que, en mi caso, no moldearon la película”.

“Yo creo que a veces puede haber un poco de miedo también por ese moldeado, pero creo que si nosotros pensamos que se puede hacer cine con un equipo que también son amigos y a la vez tener esa libertad para hacerlo, eso se tiene que poder hacer con medios. Yo quiero hacer cine experimental. En el buen sentido. Cine que experimenta dentro de unos estándares de producción con dinero, y eso lo tenía muy claro, quería que tuviéramos dinero, pero no perder la libertad de poder expresarme como me salía y poder equivocarme también”, opina.

Lo que ha aprendido con esta primera película es que para hacer cine hay que “disfrutar en el rodaje”. “Es la mejor experiencia de mi vida, y no quiero pasar siete años de preparación y de repente encontrarme haciendo una película y sufrir. Nosotros acabábamos el rodaje y nos íbamos a cenar, salíamos de fiesta los viernes y los sábados cogíamos un kayak”, cuenta sobre una película que aunque muestra la adolescencia se aleja deliberadamente del manido concepto del coming of age y por ello “el punto de vista fluye por diferentes personajes”.

la belleza es muy peligrosa. Jan tenía esa belleza cinematogtráfica en su rostro, pero a la vez es una persona con los pies en el suelo. Eso se transmite y le da complejidad

Jaume Claret
Cineasta

Jaume Claret confiesa que bebe de Visconti en cómo las relaciones entre los personajes se descubren desde sus miradas. Se seducen, se enfrentan… y también por ello había un riesgo, y era el caer rendido en el rostro de su protagonista como le ocurrió al cineasta italiano con su Tadzio en Muerte en Venecia. El director español confiesa que era un tema que sí le “preocupaba mucho”.

“Justo cuando preparaba la película salió el documental sobre Tadzio y me di cuenta de que la belleza es muy peligrosa. Jan tenía esa belleza cinematográfica en su rostro, pero a la vez es una persona con los pies en el suelo, y creo que eso se transmite en el personaje y le da complejidad. Es interesante y misterioso, pero tenemos que cuidar ahora eso que dices, y lo hemos hablado con la distribución, porque por ejemplo eso en Muerte en Venecia lo hicieron fatal”, subraya sobre lo que vendrá ahora con el estreno en el festival y posteriormente en salas de cine.

Define su película como “realismo poético”, y cita a Jean Epstein o Jean Vigo para hablar de referencias en ese sentido. “Me interesaba la idea de la proyección de un adolescente y hacer de esa imaginación algo real. Ahí es donde me podía meter desde lo poético”, opina sobre sus fugas fantásticas que ayudan a este adolescente en su proceso de maduración.

Tras pasar siete años con esta película el vértigo de estrenarla podría ser grande, pero Jaume Claret explica que ya está trabajando en tres proyectos diferentes. “Lo difícil es tomar la decisión de cuál va a ser el siguiente. Y creo que es una decisión que tengo que tomar con cierta calma. Sí que puedo decir que exploran mucho la relación madre e hijo, algo que ya estaba en mis cortos y en el largo y quiero continuar explorando, pero también tengo muchas ganas de explorar el romanticismo crepuscular”, avanza y da otro dato, casi seguro que volverá a aparecer un río.