Alvise Pérez, el lazarillo de Leeds

Alvise Pérez, el lazarillo de Leeds

El Parlamento Europeo ha iniciado los trámites para retirarle la inmunidad ante la presunta financiación irregular de su campaña en elecciones europeas de 2024, aunque a esta causa se sume otra por un delito de acoso en redes sociales contra la fiscal de delitos de odio de Valencia

El soliloquio que expone el Príncipe Fabrizio de Salina, protagonista de El Gatopardo de Lampedusa, a su perro Bendicò, explica en parte al personaje famoso por su perfil político pero mucho más hondo en su marcado carácter existencialista. El trineo ardiendo al final de Ciudadano Kane desvela una clave de la creación de Orson Welles: el destino. Fuera del campo del arte y no siendo vidas de santos las de los políticos, aunque casi todos se acaban haciendo una hagiografía, resulta difícil dar luz al punto ciego que las explica, el cual debe necesariamente encontrarse en su actuación pública y no en los laberintos de su privacidad. 

Quizás a Felipe González lo defina más la renuncia a la secretaría general del PSOE en 1979 que las idas y venidas con la OTAN. Un punto de mira de la peripecia de Pablo Iglesias es sin duda el día que abandona, en mitad del río, el cargo de vicepresidente del Gobierno. Claro que, al enfrentarnos a un perfil como el de Alvise Pérez, es difícil armar el puzle con piezas sueltas y si conseguimos completarlo, al menos en parte, tendremos delante antes un síntoma de nuestro tiempo y su deriva que el de un personaje público sui generis.

Cuando observamos el arco de la derecha radical española aparece Santiago Abascal con perfil propio pero un desprendimiento, al fin, de otro cuerpo, el Partido Popular: comparten sangre y genealogía. ¿De dónde sale, entonces, Alvise Pérez? No es baladí el apunte que rescató Sandrine Morel para situar a los lectores de Le Monde al indicar que, mientras Vox califica al PP de “derechita cobarde”, Pérez señala a Vox como “extrema derecha acomodada”. Es decir, Pérez, se autopercibe como un emergente por generación espontánea. ¿O no es más que un entenado? 

Los referentes que inspiran a Pérez, según él mismo manifiesta, no encierran ningún acertijo. Donald Trump, a quien admira, explica, por ser un líder que evita la entrada de Estados Unidos en conflictos bélicos; el salvadoreño Nayib Bukele representa en su imaginario un paradigma en cuestiones de seguridad y el último vértice del personal triángulo virtuoso lo ocupa Javier Milei por sus políticas económicas. Más allá del carácter populista y disruptor de los nombres previsibles que aporta, es interesante detenerse en que menciona a un empresario, un publicista y un economista. La corta trayectoria de Pérez, a diferencia de los perfiles enumerados, no tiene un punto de partida firme y se revela como una fuga permanente hacia adelante carente de una estrategia clara como lo es su plataforma que adolece de un programa. Cuando se le ha preguntado por esto se ha limitado a decir que lo importante es «haber hecho cosas, no prometerlas».

Alvise Pérez fulge como un heterodoxo en sus modos desde el comienzo. Al visitar su página española en Wikipedia leemos que a los 16 años abandonó el instituto porque «la educación pública en Andalucía era para imbéciles», testimonio que el mismo ratifica en TikTok. Aunque si consultamos la versión inglesa de su perfil de Wikipedia se nos ofrece una versión menos iracunda de su educación al informar que Pérez se matriculó en Ciencias Políticas y Administración Pública y se afilió a UPyD, el partido de Rosa Diez, en 2011 cuando tenía 21 años. Poco después, viaja a Inglaterra y aquí se matricula en Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Leeds y con UPyD como parte del pasado, se acerca entonces al Partido Liberal británico donde comienza a militar en su rama juvenil. Se mueve en Leeds con cierta facilidad y lo demuestra publicando una autoentrevista en libel, la revista digital de la organización donde manifiesta su alarma ante el referéndum del Brexit, entonces en marcha, porque considera que tanto los eurófobos como los eurófilos, son deshonestos al exponer las ventajas y desventajas de permanecer o salir de la Unión Europea. “Quien no respeta el lenguaje, no respeta la realidad”, escribe Pérez. ¿Es una evolución? Parece, antes que eso, una exploración. Cuando regresa a España se incorpora a Ciudadanos a través de Toni Cantó. Esto, en cambio, es una verdadera expansión.

En aquellos días, corría 2017, el actor Toni Cantó era diputado en el Congreso y pretendía instalarse en Valencia para disputar la Generalitat a Ximo Puig y Mónica Oltra. Alvise Pérez le convenció de que se trataba de la persona ideal para llevar la campaña y crear una narrativa digital. Un asesor de Ciudadanos, compañero de Pérez en el equipo de trabajo, lo describía así: “Alvise es un buen repartidor de dopamina política. Daba a los políticos de Ciudadanos lo que anhelaban. Sólo con ver que el tuit tenía interacciones o que el acto que convocaban tenía gente ya se sentían alcaldes o miembros del gobierno autonómico. Este modus operandi cortoplacista es ideal para los agitadores sociales. Alvise fue útil para hacer crecer la espuma de Ciudadanos, cuya dirección fue incapaz de pensar a largo plazo y fracasó a corto”. En los corrillos políticos valencianos, agrega, le llamaban “el camarero de Leeds”.

Cuando la pandemia arrasa en Madrid queda claro que Pérez ya ha olvidado la narrativa de Leeds y crea una realidad sesgada por el lenguaje. Detecta la piel sensible de algunos sectores y se lanza desde su canal de Telegram a difundir manifestaciones alarmistas contra las vacunas, llegando a afirmar que “Pfizer había reconocido que su mal llamada ‘vacuna Covid’ perjudicaba gravemente el semen”. Queda claro que se lanza al camino ante lo que surge como el Lazarillo de Tormes; en su caso, en lugar del timo de las bulas, experimenta con el de los bulos.

Se abre así un marco del cual ya no ha vuelto a salir, con el que ha ido acumulando causas por los dislates que propaga, como el de acusar a la exalcaldesa Manuela Carmena de recibir un respirador en su domicilio particular en los primeros días de la pandemia cuando escaseaban en los hospitales o por difundir una prueba falsa de covid del exministro de Sanidad y actualmente presidente de la Generalitat, Salvador Illa. La lista de querellantes es larga: una de las hijas del presidente Pedro Sánchez, la periodista Ana Pastor, el exalcalde de Valladolid y actual ministro Óscar Puente son algunos de los denunciantes. Esta es una de las razones, insólitas, que esgrimía Pérez para pedir su voto en las elecciones europeas: conseguir inmunidad parlamentaria para continuar con su cruzada. 

Curiosamente, una vez elegido eurodiputado, Pérez fue disminuyendo su actividad panfletaria y comienza a tener problemas judiciales por corrupción. Es decir, su regreso a la política tradicional no ha sido a través del relato liberal que conoció en Inglaterra sino por el burdo flanco delictivo de los viejos partidos. No es un tema menor ya que el Parlamento Europeo ha iniciado los trámites para retirarle la inmunidad ante la presunta financiación irregular de su campaña en elecciones europeas de 2024, aunque a esta causa se sume otra por un delito de acoso en redes sociales contra la fiscal de delitos de odio de Valencia. Los dos eurodiputados que salieron elegidos junto con él por la agrupación Se Acabó la Fiesta en las elecciones europeas, han abandonado la formación y también le han demandado por revelación de secretos y acoso. 

Llegados hasta aquí, la carrera de Alvise Pérez se muestra sin rumbo pero como un paradigma de un tiempo en el que se empuja a la individualidad extrema negando el cuerpo social y desde ese sentido, Pérez es una muestra cabal. No parece que, amén de haber tomado su apodo de un personaje de una novela de Agostino Nifo, filosofo italiano del siglo XV, de quien se confiesa lector, haya retenido las enseñanzas del Lazarillo de Tormes. ¿O solo se ha quedado con los ardides de supervivencia olvidando la peripecia moral del protagonista? Quizás su mayor ignorancia es que detrás del anonimato del autor está toda la comunidad que dejó en el texto la impronta de su tiempo.