Qué ha pasado con Elisa Beni

Qué ha pasado con Elisa Beni

Tras más de una década como columnista, esta semana hemos comunicado a Elisa Beni que prescindimos de su colaboración tras sus desprecios públicos y constantes hacia el trabajo que hacemos en la redacción de elDiario.es

Tras más de una década escribiendo como columnista en elDiario.es, esta semana hemos comunicado a Elisa Beni que no contamos más con ella y prescindimos de su colaboración. Esta decisión, que desde luego asumo, ha levantado el revuelo habitual en estos casos. Varios medios nos acusan de “censura”, de haberla apartado porque no nos gustaba su opinión. 

No es habitual que los medios de comunicación expliquen este tipo de decisiones. Pero en elDiario.es estamos comprometidos con la transparencia, creemos en la rendición de cuentas. Y por eso quiero contaros, en primera persona, exactamente qué es lo que pasó.

Beni empezó a colaborar en elDiario.es al poco tiempo de su fundación. En los últimos dos años, había cambiado mucho su punto de vista. En algunas cuestiones estaba irreconocible, e incluso contradictoria con algunos de sus anteriores artículos. Pero no es esa la razón por la que la hemos dejado de publicar.

Nuestro problema con ella no viene de ese cambio de opinión, al que tiene derecho y que se produjo hace ya mucho; aún así la seguimos publicando. Sino de sus mensajes en la red social X, con desprecios públicos y constantes hacia el trabajo que hacemos en la redacción de elDiario.es.

Hace un año, por ejemplo, publicó este tuit. En aquella ocasión, me comuniqué con ella y le pregunté por el mensaje. Me contestó que en realidad criticaba a Antonio Papell —que en ese tuit se limitaba a resumir uno de mis artículos—. Después borró el mensaje, pero los desprecios hacia el resto de periodistas de elDiario.es continuaron. 


Elisa Beni, 3 de octubre 2025

Otro ejemplo (hay muchos más) de hace apenas un mes. elDiario.es publicó en exclusiva que el juez Peinado había hecho un ‘copia y pega’ de una revista jurídica para uno de sus autos. Y su respuesta fue esta: tachar a los periodistas de elDiario.es de escribir una “idiotez” al toque de silbato; una noticia escrita al parecer para “borregos” (que entiendo que son nuestros lectores).

Con el juicio al fiscal general, sus mensajes contra la redacción de elDiario.es aumentaron. En varios tuits, criticó las declaraciones de algunos de los periodistas de elDiario.es —sin nombrarlos—. Y esa misma semana, el 5 de noviembre, nos envió un artículo donde comparaba lo ocurrido en ese proceso penal con la desinformación del juicio por los atentados del 11M —aunque en esta ocasión, al parecer, quien creaba falsos relatos no era El Mundo—. En ese artículo también ignoraba lo que habían declarado ese mismo día como testigos dos de los periodistas de elDiario.es, que aseguraron conocer el famoso correo filtrado mucho antes de que lo tuviera el fiscal general y habían testificado ese mismo día. Consideramos que esa columna incumplía las normas de nuestro Estatuto y rechazamos publicarla.

Pocos días después, el lunes 17 de noviembre, convoqué a Elisa a una reunión en la redacción de elDiario.es para hablar con ella e intentar reconducir esta situación. Junto con el jefe de Opinión de elDiario.es, Marco Schwartz, le pedimos que dejara de hacer estas cosas: de confrontar con nuestra redacción. Como le dije a Elisa, no tenía problema alguno en publicar su opinión en elDiario.es, aunque hoy fuera una voz discordante con la línea editorial de este periódico e incluso contradictoria con lo que ella misma había defendido en el pasado. Pero para nosotros era una línea roja que despreciara o insultara públicamente a nuestros periodistas o a nuestros lectores: tanto en las redes sociales como, más aún, en las páginas del propio periódico.

Por supuesto, todas nuestras informaciones están sujetas a la crítica. Y nos podemos equivocar: no somos infalibles. Pero no podíamos tolerar que nos atribuyera de forma permanente una intención espuria y oculta. Ella hacía juicios de intención sobre nuestros artículos, informaciones y opiniones: no es que nos equivocáramos, es que estábamos manipulando, obedeciendo a oscuros intereses o a consignas políticas. Según su criterio, no era ella la que había cambiado de opinión sino todos los demás. Y además lo habíamos hecho por seguidismo con el poder, y no siguiendo nuestra propia conciencia y criterio profesional.

También le dije que no entendía que ella misma quisiera seguir escribiendo en un periódico al que acusaba en redes de manipular. Ella me argumentó que no era así, que no pretendía insultarnos, que no sabía que algunas de las noticias que había despreciado duramente (como lo del plagio de Peinado) fueran nuestras. Y me reconoció también que era cierto que, a veces, en X se le iba un poco la mano.

En esa reunión con Elisa, le expliqué también que quería seguir publicando sus artículos, a pesar de que su giro de los últimos dos años era bastante incomprensible y de que se había convertido en la principal causa de baja por cuestiones editoriales entre nuestros socios. En estos últimos dos años, varios socios abandonaron elDiario.es porque no querían apoyar a un medio que publicara los artículos de Beni. Pese a ello, la mantuve como columnista, aunque nos costara dinero. Creo que no podemos hacer un periódico a la medida de todos nuestros socios y creo que elDiario.es es mejor y más libre cuando hay diversidad de opiniones. Eso mismo defendí públicamente en distintos encuentros con socios y socias de eldiario.es cuando me preguntaban por ella –era desde hace años una de las preguntas más comunes en esas reuniones con nuestra comunidad–.

Hablamos durante casi dos horas, primero en presencia de Marco Schwartz y luego a solas los dos. Tengo (o más bien tenía) muy buena relación personal con Elisa, a la que conozco desde hace treinta años. Yo era becario en La Voz de Almería, a mediados de los noventa, cuando ella trabajaba allí. No era una amiga íntima o muy cercana, pero creo que teníamos una relación de amistad. De hecho, eso hacía la situación aún más incómoda. Los periodistas de la redacción de elDiario.es a los que ella despreciaba públicamente podían tener la percepción de que yo no les estaba protegiendo, como es mi obligación como director. Que esa relación conmigo le daba carta blanca a algo que con cualquier otro sería intolerable. Este verano, recibí incluso una queja por escrito de uno de nuestros periodistas, por otro de sus ataques en redes.

Ese lunes 17 de noviembre nos despedimos de forma afectuosa y yo pensaba que tenía un acuerdo: seguir publicando sus columnas y que ella dejara de despreciarnos en las redes sociales. Es obvio que me equivoqué.

La semana siguiente, cuando elDiario.es publicó la exclusiva de que varios de los jueces que habían condenado al fiscal general habían dado mientras deliberaban un curso en el ICAM, una de las acusaciones, Elisa volvió a la carga. Primero volvió a desdeñar nuestra información y más tarde nos acusó de manipular o de publicar una idiotez, entre otras lindezas. A lo largo de 24 horas, puso una decena de tuits críticos con nuestra información, a cual más duro. Y acabó retuiteando a gente que nos tacha en esos mensajes de “piara”, que califica a elDiario.es como “basura” o que dice que hemos perdido “el poco prestigio que teníamos”. Es cierto que algunos de los peores insultos los retuiteó cuando ya le habíamos comunicado que no seguía. Pero sus desprecios a nuestro trabajo –inaceptables, en cualquier caso– empezaron mucho antes. 

Esta es la razón por la que decidimos que ya no podía seguir con nosotros. Y este fue el mensaje que le enviamos para comunicárselo. 

Estimada Elisa. 

Durante años has escrito en elDiario.es con plena libertad, como hacen todos nuestros columnistas. Hemos respetado tus opiniones, pese a no compartirlas en muchas ocasiones. Lo que no podemos permitir es el desprecio público al trabajo de nuestra redacción, y así te lo transmitimos en un encuentro reciente. Pese a todo, has persistido en esa actitud para nosotros inaceptable, por lo que no nos dejas otra opción que prescindir de tu colaboración. Te deseamos la mejor de las suertes.

Ese mismo día, el pasado miércoles, Elisa publicó un mensaje en X para explicar su versión de lo ocurrido. Yo le contesté en esta misma red social. Puedes verlo aquí, tanto su mensaje como los míos.

Y esto es, con todo detalle, lo que ha pasado. Os aseguro que he hecho todo lo posible para no llegar a esta situación: porque prefiero un periódico donde la opinión sea plural. Incluso discrepando de la mayoría de sus últimos artículos –en estos últimos dos años, estábamos en las antípodas–, sí había otros donde sus argumentos me parecían interesantes. No exijo a ningún columnista una adhesión inquebrantable a nuestra línea editorial: pero sí creo imprescindible un mínimo respeto al trabajo de la redacción y a la comunidad que nos apoya.

Lamento no solo haberla perdido como columnista, sino también como amiga. A pesar de lo ocurrido, sinceramente deseo que, en el futuro, le vaya muy bien.