La batalla por Medicina: A Coruña y Vigo quieren su propia facultad, Santiago se resiste y la privada espera su momento

La batalla por Medicina: A Coruña y Vigo quieren su propia facultad, Santiago se resiste y la privada espera su momento

El acuerdo de descentralización impulsado por la Xunta tropieza con la negativa de profesores, estudiantes y las cinco candidatas a la rectoría de la Universidade de Santiago de Compostela, donde se imparte la carrera en la actualidad, a dos meses de las elecciones

Xunta y universidades alcanzan un preacuerdo sobre Medicina: Vigo y A Coruña paralizan la idea de una facultad

La Facultade de Medicina de Santiago, una de las joyas de la corona del sistema universitario gallego, se ha convertido desde el verano en eje del debate político y académico en la comunidad. La histórica reivindicación de A Coruña de contar con un centro propio en su campus reapareció en julio tras años de letargo y volvió a encender una controversia que contagió a Vigo y ha tocado a todas las instituciones a lo largo del eje atlántico. La Xunta, los tres ayuntamientos y las tres universidades han lidiado una batalla en la que se han mezclado argumentos científicos y partidistas, educativos y localistas y donde la gestión ha tenido que combatir al electoralismo. Finalmente, se cerró con un acuerdo de descentralización de la práctica médica que parecía contentar a todas las partes y enterraba el asunto, de nuevo, hasta 2029. Sin embargo, cuando parecía que los rectores y la Consellería de Educación había resuelto todo, la propia junta de facultad alzó la voz en contra del acuerdo y amenazó con devolver las posiciones al punto de partida.

Un punto de partida que, prácticamente, remite a 1990, el momento en el que se segrega la Universidade de Santiago (USC) dando lugar al sistema universitario gallego con la creación de las universidades de A Coruña (UDC) y Vigo (UVigo). Desde ese mismo instante fundacional, el primer rector de la UDC, José Luis Meilán Gil, se fija como objetivo personal lograr una facultad de Medicina para la ciudad. Desde un lustro antes, los médicos del Hospital Juan Canalejo –hoy CHUAC– ya habían ofrecido la posibilidad de realizar allí la práctica clínica.

Cuando llegó al rectorado de A Maestranza, Meilán —numerario del Opus Dei— ya traía tras de sí una larga carrera académica y política. Este catedrático de Derecho Administrativo fue procurador en las Cortes franquistas y secretario general técnico de la Presidencia del Gobierno de la dictadura. En la Transición, como diputado de UCD, participó en la redacción de la Constitución y defendió el Estatuto de Autonomía de Galicia. Tras varios reveses políticos, en los 80 regresa a la universidad desde donde impulsa la creación del campus herculino que dirigirá hasta 2003.

La demanda de Medicina contó el respaldo de Paco Vázquez, el que fue regidor socialista de la ciudad durante 23 años, considerado por Manuel Fraga “espejo de alcaldes”. Pese a ello –y al apoyo de su cardiólogo personal, el doctor Castro Beiras–, en 1998 dio un portazo a las aspiraciones herculinas. A Coruña se tuvo que conformar, tres años después, con la Facultade de Ciencias da Saúde y la declaración del todavía Canalejo como hospital universitario.

Desde entonces, la reclamación de A Coruña –a la que acabaría sumándose Vigo, la mayor ciudad de Galicia, también con campus y hospital universitario propio– ha fluido como el Guadiana, partiendo de un hecho objetivo: el hospital de Santiago, el CHUS, carece de capacidad para dar formación clínica a los alumnos que cada año realizan prácticas clínicas, los de 4º, 5º y, sobre todo, 6º de Medicina. Un convenio entre la USC y el Servizo Galego de Saúde (Sergas) permite que los estudiantes se repartan por los distintos centros médicos de la comunidad.

Sin garantía de más alumnado

El primer intento formal de “cooperación y descentralización” se firma en 2015 y en él, de nuevo, tiene un importante peso Castro Beiras. Xosé Luís Armesto era entonces el rector de A Coruña, doctor en química al que otro Beiras, Xosé Manuel –entonces líder del BNG– encargó en los 80 el desarrollo de su modelo de universidad única para Galicia que el tripartito socialista dividió “sorpresivamente” en tres pero matizó luego integrándolas en un sistema universitario gallego en el que todas están llamadas a colaborar y cooperar en búsqueda de una mayor eficiencia.

“La descentralización de los estudios de medicina estaba basada en esa idea”, cuenta hoy Armesto, quien recuerda que en aquel momento la necesidad más “perentoria” era que el Instituto de Investigación Biomédica del hospital coruñés lograse la certificación del Instituto Carlos III, “porque si no investigas no tienes futuro”. Ese objetivo se consiguió pero la “pata” docente no llegó a desarrollarse. Una década después, ya jubilado, Armesto admite la “frustración” que le provoca “haber alcanzado una solución razonable y que nadie la cumpla” y pone el foco en la “resistencia” que siempre ha mostrado la propia facultad.

Un integrante del equipo rectoral compostelano que firmó aquel acuerdo poco antes de ceder el testigo también se lamenta de que no llegase a desarrollarse. Da por hecho que el pacto actual alcanzado entre las tres universidades y la Xunta –que recoge la descentralización a través de la creación de unidades docentes en A Coruña y Vigo– para frenar el órdago del actual rector de la UDC, Ricardo Cao, dispuesto a iniciar los trámites para crear su propio centro, no hace más que sentar las bases para que a su finalización, en 2029, nazcan dos nuevas facultades.

“Les vamos haciendo el trabajo, ellos van poniendo el dinero para el profesorado, con la espada de Damocles de que, si algo falla, pueden romper el pacto y solicitar la facultad. Y algo va a fallar, seguro”, argumenta contra una visión que ve “equivocada para el país” y contra la que, como él, se han manifestado las cinco candidatas a ocupar el rectorado de la USC en apenas dos meses.

“No vamos a formar a más alumnado”, asegura contundente, recordando que el número de matrículas se fija siguiendo las indicaciones del Ministerio y de la disponibilidad de plazas de MIR (médicos internos residentes) tras una propuesta de la facultad que aprueban los órganos de gobierno de la universidad y, en último término, la Xunta. “En toda Galicia no se van a poder formar más de los 400 alumnos actuales por curso. A Coruña estaba reclamando un grupo de 50… ¡vaya lujo! Montar una facultad completa para seis cursos de 50 alumnos y Vigo, que no quedará callado, querrá lo mismo. Aumentarían las plantillas y los gastos de una manera brutal”.

La sombra de la privada

Uno de los argumentos puestos sobre la mesa para defender que se duplique –o se triplique– el número de centros es la posibilidad de que ese hueco sea ocupado por una facultad privada. “Ya entonces tuve sobre la mesa la propuesta de una, para crear un centro adscrito”, recuerda Armesto, “pero dijimos que no”. Hoy, entiende que esa misma propuesta sigue sobre la mesa, pero con la existencia de una universidad privada en A Coruña –la UIE, impulsada por Abanca y que acaba de anunciar el grado de Biomedicina para 2027– “es mucho más fácil llevarla a cabo”.

“Se puede hacer, pero crear una facultad privada de Medicina no es sencillo. No hay tantos doctores ni gente acreditada como se puede pensar…”, argumenta el antiguo integrante del gobierno de la USC para quien, por muchas dificultades que se pongan –incluido el voto en contra de los rectores gallegos –si la quieren hacer, la harán igual…“. La altísima exigencia de nota para Medicina en Santiago, por encima del 13, la convierte en una titulación exclusiva a la que, con una alternativa de pago, podrían acceder aquellos que dispongan de dinero para hacerlo.

Este viernes, el Consello de Gobierno de la USC retiró del orden del día la votación del acuerdo de descentralización y abrió la puerta a negociarlo antes con una junta de facultad de Medicina que se posicionó abiertamente en contra. Mientras –tanto desde el ámbito político como del académico–, A Coruña y Vigo esperan acontecimientos para ver si desentierran o no una demanda que consideran más que justificada por mucho que desde Santiago se vea como simplemente “localista” y sobre la que el antiguo vicerrector compostelano tiene una certeza: “la decisión final no dependerá de argumentos académicos”.