La capital andaluza que esconde unos baños árabes monumentales, un castillo y una catedral renacentista
Jaén se despliega a los pies del cerro de Santa Catalina, con un legado histórico en el que destacan, entre otros, sus baños árabes o la Catedral de la Asunción de la Virgen
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Visitar Jaén es adentrarse en una ciudad perfecta para descubrir a pie, gracias a sus calles cinceladas por siglos de historia. Jaén es capital de la provincia del interior de Andalucía del mismo nombre, con un patrimonio monumental de enorme valor, testigo de las múltiples culturas que la han habitado a lo largo de los siglos.
Jaén se despliega a los pies del cerro de Santa Catalina, extendiéndose desde sus empinadas y estrechas callejuelas del casco antiguo hasta las zonas más amplias y modernas de los barrios. Dentro de su legado histórico destacan, entre otros, sus baños árabes o la Catedral de la Asunción de la Virgen. Sin olvidar sus paisajes de olivares infinitos y su rica gastronomía, que invitan a hacer un alto en el camino para descubrir sus platos más emblemáticos.
Baños árabes del siglo XI
Baños Árabes de Jaén
Bajo el interior del Centro Cultural Baños Árabes del Palacio de Villardompardo se conserva este valioso patrimonio del siglo XI. Estos baños árabes surgieron de un antiguo balneario romano y, durante la época de Al-Ándalus, fueron conocidos como el Hamman al-Walad. El conjunto está formado por cuatro salas que, además de acoger el ritual del baño, funcionaban como espacio social, así como lugar de debate político y cultural para la comunidad.
En cuanto a su ornamentación, aún pueden apreciarse decoraciones almohades fechadas a finales del siglo XII. Tras la conquista de la ciudad por Fernando III el Santo, los baños continuaron en uso tanto por judíos como por cristianos durante algún tiempo. Más adelante, la zona se destinó a la curtiduría de pieles, actividad de la que todavía quedan restos visibles en la sala templada y en la sala caliente.
En 1931 el conjunto fue declarado Monumento Nacional, y a partir de 1970 dio comienzo un proceso de restauración que permitió recuperar gran parte de las estancias que hoy pueden visitarse. El espacio se articula mediante un pasillo de catorce metros de longitud y casi cuatro metros de anchura, flanqueado por varias alcobas. A través de arcos de herradura apoyados sobre medias columnas se accede al interior de los Baños Árabes.
En la bóveda se abren pequeñas ventanas en forma de estrellas de ocho puntas, que dejan filtrar una luz tenue y característica de estos espacios. La sala contigua es la fría, que conduce a la sala templada, de 127 metros cuadrados y coronada por una gran cúpula semiesférica, acompañada por cuatro cúpulas menores situadas en las esquinas.
Por último, la sala caliente presenta una estructura similar, aunque destaca por las chimeneas incrustadas en sus muros, las cuales permitían calentar el agua y hacer circular el aire caliente por toda la zona.
El castillo de Santa Catalina
Castillo de Santa Catalina
El castillo de Santa Catalina, también conocido como Alcázar Nuevo, se alza en la cima del cerro del mismo nombre, desde donde se puede ver toda la ciudad de Jaén. Este enclave, junto con el Alcázar Viejo y la fortaleza del Abrehuí, conforma el amplio sistema defensivo que históricamente protegió la zona.
Su denominación actual procede de la capilla de Santa Catalina de Alejandría, un templo de estilo gótico erigido tras la conquista cristiana y cuya construcción se desarrolló entre los siglos XII y XIV. El castillo conserva un imponente recinto amurallado custodiado por seis torres, en la actualidad destaca principalmente la Torre del Homenaje, la mencionada capilla y algunas barbacanas que aún resisten el paso del tiempo.
Los primeros en asentarse en este cerro fueron los íberos, alrededor del siglo IV a.C., quienes levantaron un poblado amurallado del que todavía se han recuperado restos arqueológicos. Más tarde, romanos y árabes aprovecharon parte de aquellas estructuras primitivas para levantar sus propias defensas.
La primera gran fortificación posterior al periodo ibérico fue obra de los musulmanes, que entre los siglos VIII y IX construyeron una alcazaba situada a media ladera. Este recinto, con funciones tanto administrativas como defensivas, fue reemplazado a partir del siglo X por un gran alcázar ubicado en la cima del cerro, mucho más robusto y estratégico.
Tras la conquista de Jaén por Fernando III el Santo, se erigió una nueva fortaleza sobre la parte más elevada del antiguo álcazar islámico, dando origen al llamado Alcázar Nuevo. Y durante los reinados de Alfonso X y Fernando IV, se añadieron nuevas estructuras y ampliaciones. Así, a lo largo de toda la Edad Media, coexistieron en la cumbre tres recintos: el Álcazar Nuevo, el Castillo de Abrehuí y el Castillo de Santa Catalina.
Entre 1810 y 1812, en plena ocupación napoleónica, la fortaleza se transformó en la base militar del ejército francés en el Alto Guadalquivir. Con este fin, se llevaron a cabo importantes reformas y construcciones adicionales. Sin embargo, al abandonar Jaén, las tropas hicieron volar buena parte del complejo, causando graves daños en numerosas dependencias.
Desde finales del siglo XX y hasta la actualidad, el castillo ha sido objeto de restauración, estudios arqueológicos y actuaciones de acondicionamiento, lo que ha permitido su recuperación y su apertura como espacio de interés histórico y turístico.
Catedral de la Asunción de la Virgen
Catedral de la Asunción de la Virgen
Otro punto imprescindible en nuestro recorrido es la Catedral de la Asunción de la Virgen, un monumento que se erige como uno de los grandes emblemas Renacimiento en la península. En su arquitectura se combinan elementos destacados, como la fachada barroca y un interior lleno de luz, diseñada por el arquitecto renacentista, Andrés de Vandelvira, cuya intervención convirtió este edifico en una obra de referencia que más tarde inspiraría a numerosas catedrales.
Ubicado en plena Plaza de Santa María, en el auténtico corazón de Jaén, la catedral constituye una visita increíble para cualquier persona que llegue a la ciudad. Su relevancia artística y su impecable diseño han llegado al templo a formar parte de la lista indicativa de la UNESCO como candidata a Patrimonio Mundial, además de ser considerada un modelo arquitectónico para muchas catedrales de Hispanoamérica.