El amor solo, solo el amor
Existen personas que no tienen hijos. Otras que no tienen pareja. Otras que no tienen familia. ¿A quién aman? ¿Cómo se manifiesta el amor en sus vidas? La pregunta puede ser ingenua, maliciosa o irónica, según quien la proponga. Por eso, esta historia está contada como una obra de teatro. Un juego para plantear el mosaico plural de contradicciones y posibilidades de otras formas de amar
Este artículo se publicó en el último número de nuestra revista, titulada ‘El poder del amor moderno’. Apoya un periodismo comprometido y honesto y recíbela en casa
Relatora:[Hablando al público] Ruido del ascensor que se acerca y llega. Pasos. Trato de no adelantarme, pero no puedo y abro la puerta antes de que toque el timbre.
[Entra Amiga]
Relatora: Hola…
Amiga: ¡Hola! ¿Qué te pasa?
R: Mi amiga me observa durante menos de dos segundos. Se ríe y pega un grito.
Amiga: Lo hiciste. Se te nota en la cara. Zorrita.
R: Lo que sigue son unos saltos de alegría y una larga charla en secreto para que no escuchen mis padres que el día anterior perdí la llamada “virginidad”. Muero por compartir los detalles con mi amiga, la más experimentada, la que no me va a juzgar y me va a sacar de mil dudas.
[Sale Amiga] Más adelante, la misma conversación con otra amiga [entra Amiga 2] será drásticamente diferente.
[Se sientan en el proscenio y charlan. Amiga 2, muy seria]: Vas a tener que esperar a que termine la carrera para casarte.
R: Pero no pienso en casarme.
Amiga 2: ¿Y para qué estás con él?
R: Pues no sé, me gusta.
Amiga 2: Ya te digo que así no te van a tomar en serio y te vas a quedar para vestir santos. [Sale Amiga 2]
R: No es la primera ni será la última que lo escuche.
Tenía ocho cuando en el colegio católico al que fui toda mi vida me explicaron lo de la familia cristiana y los hijos. Estudiaba para hacer la Primera Comunión.
[Entra Maestra de Catequesis con pizarrón. Comienza la clase]:
Maestra: Los sacramentos son siete pero todos recibiremos seis. Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los Enfermos, Orden Sacerdotal y Matrimonio. Si te ordenas sacerdote no te casas y viceversa. Las mujeres no se ordenan pero pueden ser monjas, y vale, porque se casan con Dios.
R: [Levanta la mano para pedir la palabra] ¿Y si quiero recibir solo cinco? ¿Y si no quiero ser monja ni casarme? [Al público] La Maestra de Catequesis se rio.
Maestra: Pero con lo bonita que eres, ¿cómo no te vas a casar? [Le pellizca una mejilla y sale].
R: Así que ser “bonita” debía ser premiado con un casamiento. Y bueno, si no eres bonita te casas con Dios que te quiere igual. Luego mi madre me explicaría que eso significaba “quedarse para vestir santos”. El panorama era muy malo para una niña que ya se preguntaba sobre el amor sola. Pero todavía faltaba mucho recorrido.
[Saca un libro y lee] “El sueño del matrimonio que casi todos a mi alrededor parecían compartir nunca fue el mío. En más de una ocasión me sentí rota, incompleta y disfuncional”. Tal cual. Lo escribe Aura García-Junco en un libro que llegó a mis manos muchos años después, quizás demasiados. Hubiera sido mágico leerlo cuando sentía que era la única, pues todo alrededor alimentaba sin cesar la idea del matrimonio o, dicho en moderno, la pareja, como modo inexcusable de vida. Del 2×1 en el cine a la declaración de la renta conjunta, el camino a la adultez está diseñado para que sea par.
[Se pone unos tacones y un sombrero]
Tengo ya veintilargos. Llego sola a la boda de una de mis mejores amigas, del grupo del colegio, que entendió lo que decía la maestra: cuatro de cinco estaban casadas ya o comprometidas. Adivinad quién es la quinta. [Entran Amiga 2 y Amiga 3 del brazo de imaginarias parejas] Ya he preguntado, y nuestra mesa es la diez.
Amiga 2: No, nosotras estamos en la 8, tú estás en la 10.
R:¿Qué dices? ¿Me han apartado?
Amiga 3: No te rayes. Las mesas son número par, y pues como estás sola… No cabes. Ya está, luego nos vemos para el baile. [Salen]
R: Ese día entendí que tenía dos opciones: rendirme y “buscar marido”, o buscar amistades que me acompañasen en un proceso diferente, que en ese momento no sabía definir.
Conocí a Kique en un viaje a Barcelona. Amigo de un amigo, me llevó con su pandilla por toda la ciudad y terminamos en una fiesta gay en una playa de Sitges. Cliché aparte, este es Kique.
[Entra]
Kique: Me separé de mi marido hace ya casi diez años. Nunca nos divorciamos. Los dos tuvimos parejas nuevas y esas parejas nuevas entendieron que él y yo somos familia. Que hay un amor más grande que el romántico y nos queremos el uno en la vida del otro más allá de la pareja tradicional.
[Sale]
R: Wow. No sabía que se podía hacer eso. Por “eso” me refiero a… ¿A qué me refiero? Eso que dice Kique: un marido que no es tu pareja, que coexiste con tus parejas y por el cual sientes algo más grande que el amor romántico.
[Entra Catalina]
Catalina: ¿Has visto ‘Frances Ha’?
R: Catalina suele escuchar mis divagaciones sobre el amor solo como si fuese una obviedad. No tiene novio ni novia ni le importa demasiado [Catalina asiente con la cabeza y se encoge de hombros]. Coquetea por aquí y por allá, pero su foco está puesto en otras cosas: la danza, los idiomas, esquiar en invierno, surfear en verano. Me presta varios libros. [Catalina le entrega una pila de libros y sale.] ‘Mujeres que ya no sufren por amor’, de Coral Herrera me sumerge en el universo de la decons-trucción del amor romántico y de repente sus palabras parecen escritas para explicar mis propios sentimientos y le dan marco teórico a lo que me dijo Kique. “El amor compañero se expande más allá de la pareja y se multiplica (…) No importa si es monógamo o poliamoroso, que permanezca estable o vaya cambiando, lo impor-tante es que la relación esté llena de amor del bueno. (…) Podemos seguir querién-donos durante la ruptura, y también después de la ruptura, el tiempo que queramos”. [Entra Coral] Coral Herrera se doctoró en Humanidades y Comunicación por la Carlos III con una tesis titulada ‘La construcción sociocultural de la Realidad, del Género y del Amor Romántico’. Ha publicado varios libros y da talleres, dicho mal y pronto, para derribar lo que me enseñaron en el colegio de monjas. Tiene 48 años, un hijo de ocho y vive en un pueblo de Galicia. [Ambas levantan un teléfono de línea] Me atiende desde allí y lo primero que me cuenta es lo de su marido gay.
Coral Herrera: Éramos un matrimonio, nos queríamos un montón, vivíamos juntos, funcionábamos superbién. Ahí me di cuenta que eso también es una familia. Hay relaciones amorosas sin sexo, hay otras formas de amar, ahora ya sabemos que los afectos son múltiples y variados.
R: Te refieres al poliamor, entiendo.
Coral: No… El poliamor fue positivo porque para la gente poliamorosa fue un alivio, pero se instaló como una moda, y como un dogma. Ambas son estructuras patriarcales: la monogamia y el poliamor. He visto en círculos muy de izquierdas un tipo con varias mujeres pero que luego cuando ellas querían practicarlo ya no.
R: ¿Cómo sería entonces el amor que propones?
Coral: Amar sin poseer, sin hacernos daño. Resolver conflictos sin hacernos daño. Generar acuerdos, pactos de cuidado. Asambleas del amor. Sí, he cogido elementos de las utopías sociales de izquierda para explicarlo, pero creo que es este el camino. Autorregularse y aprender a irse de las relaciones que no funcionan. Otras formas de quererse son posibles, otras formas de enfadarse son posibles, otras formas de separarse son posibles.
R: ¿Lo has conseguido en tu vida personal?
Coral: Con algunas parejas he conseguido transformar el amor romántico y esas personas ahora son familia.
[Sale Coral]
R: Antes de llegar a la misma conclusión que Coral, mi amigo Kique probó el poliamor.
[Entra]
Kique: Empecé a explorar lo que entendía como amor libre sin saber nada, porque no había nada. Mis primeras relaciones fueron a gusto de la sociedad, porque reproduces lo que ves en tu casa. Luego tuve dos parejas abiertas. Con la segunda me di cuenta de que, al menos yo, soy monógamo emocional y poliamoroso sexual. Hubo un libro que me ayudó mucho: ‘The Ethical Slut’ (“Ética promiscua”, en castellano). Entendí la importancia de que haya una ética y unos pactos para no hacernos daño. Pactos para construir una identidad nueva juntos.
R: ¿Cómo sería esa identidad?
Kique: Una vez leí que una relación no es de dos, es de tres: los dos implicados y la pareja. Hay que preguntarse qué hago por mí, qué hago por ti y qué hago por la pareja, para acompañarnos en nuestros procesos, en una búsqueda de la libertad. La libertad para mí es poder decir que no, es no tener necesidades, es sin duda una búsqueda espiritual. Y si el objetivo con esa pareja es ayudarnos a alcanzar esa libertad, ya no te importa si folla con otro, eso da igual. Los acuerdos van cambiando según evoluciona la pareja.
R: ¿Lograste esa libertad con alguna de tus parejas abiertas?
Kique: No. Un día le pregunté a mi ahora ex qué significaba para él el amor libre. Me dijo: “Estar con alguien que esté contento conmigo sin importar lo que yo haga”. Le dije: “Cómprate un perro”.
[Sale Kique].
R: Y tener un perro, ¿es amor? ¿Existe el amor a los animales o es un decir? ¿Y a los amigos? ¿Y a Dios? La Biblia nos enseñó a amar “a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”. Ahí no dice nada de la pareja, la familia y los hijos. Qué lástima que la Maestra de Catequesis ya hizo mutis por el foro. ¿A quién amamos los solos?
[Entra la cantante Concha Buika, se para en el proscenio descalza, con el micrófono en la mano y canta].
La noche me hizo ver algo
Que te quiero contar
Porque en tu compañía
Yo me siento libre, yo me siento en paz
Quizás mentirte sería mejor
A veces siento que te angustia
La verdad que hay en mi corazón
Y es que a momentos
Los que más aman son los que están solos
A veces los que más aman
Son los que están más solos
Y están tan solos como yo
R: No entiendo.
Buika: Es una canción que habla del amor en tiempo real, que es como normalmente lo vivimos, pero del que nunca hablamos. Tú seguro tienes a alguien que te ama. ¿Dónde está? Por eso digo que “los que más aman son los que están solos”. Amar, amamos solos en realidad.
[Sale Buika].
R: Hace poco estuve hablando con una de mis tías. Me preguntaba ella que si para cuándo el novio y estas cosas. En vez de contarle con quién estoy, le dije que no me preguntara más por eso, que en verdad no era mi búsqueda casarme y formar una familia.
[Entra Tía].
Tía: Eso dices porque no has encontrado el indicado.
R: Claro que sí… He conocido gente maravillosa con la que igualmente no me apetece casarme.
Tía: Ya vas a ver cuando te enamores.
R: –Pero tía, estoy enamorada… Mira, creo que lo del matrimonio es una obligación…[Tía deja de escuchar, se distrae. Sale].
R: Pillé del libro de Aura García-Junco ‘El día que aprendí que no sé amar’ la crítica a esta idea de “prestigio social” que deviene del matrimonio y su relación con el consumo y el capitalismo. La “obligación” de encontrar a la “media naranja”. Ya ni importa la promiscuidad con tal que estés activamente en la búsqueda. Con tal de “conseguir”. “Ahora, antes de casarnos podemos probar con cuantas parejas queramos (…) en pos de descubrir esa media naranja que el amor romántico nos prometió hallar. (…) La gente ya no se divorcia porque no es feliz, sino porque podría ser más feliz”. Cuando pienso en ser más feliz, me imagino en algún lugar precioso, con mi grupo de amistades, como el verano pasado en Grecia.
[Entra Prima].
Prima: Yo te imagino más adelante, a los 60 o así, con un señor estupendo viajando en un velero.
R: ¿Por qué no me imaginas con mis amigas/os viajando en un velero?
[Sale Prima, entra Joha].
Joha: No pienso casarme.
R: [Al público] Lleva 15 años en una relación monogámica que ella define como de “amor libre”.
Joha: El amor libre en una pareja “cerrada” es preguntarnos si nos hacemos bien. Re-chequeándolo constantemente. En la monogamia, das por sentado cosas. Pecamos de creer que entendemos dónde estamos, y chequearlo es libertad. Con todo el vértigo que te significa la pregunta, porque podés recibir una respuesta que no es la que estabas esperando. El amor libre es eso. El día que necesitemos estar con otras personas creo que se va a hablar. Y eso no tiene que significar el fin de nuestro amor o de nuestro vínculo.
R: Joha y yo somos seguidoras de ‘Mujeres que no fueron tapa [portada]’, una organización feminista que fundó Lala Pasquinelli, artivista, experta en derribar estereotipos de género. Hace unos años, Lala lanzó una campaña con un hashtag: “Hermana, soltá la novela”. Las seguidoras estallaron las redes sociales contando sus historias de amores románticos fallidos, violentos, tóxicos. Pero si tantas cuentan eso… ¿Qué es lo lindo de casarse?
[Entra Laura Latorre Hernando. Joha se sienta a escucharla].
R: En el libro ‘Polifonía amorosa’, Laura Latorre, educadora y terapeuta narrativa, cuenta 53 historias de personas que viven de distintas maneras el amor. A todas les pidió que le describiesen una relación de amor.
Laura Latorre: Yo no me refería al amor erótico-afectivo, pero las 53 personas me hablaron de ese tipo de amor. La siguiente pregunta era “¿cómo sabes que en esa relación hay amor?”. Se generaba mucho silencio ante esa pregunta. El amor muchas veces se asume: si están juntos es porque hay amor, o a una madre se le quiere y ya. Pero para mí hay que disputar eso.
R: ¿Cómo?
Laura: Yo quería que la gente me hablara de relaciones con prácticas más libres, pero hay un imaginario muy condicionado culturalmente: si hablas de amor y libertad es sinónimo de la no monogamia. Puede ser, pero también pueden ser otras exploraciones dentro de la monogamia.
Joha: Estar en pareja no debería ser “la cárcel”.
Laura: Creo que todavía impera eso individualista de “mi libertad empieza donde acaba la tuya”. No. Mi libertad crece junto a la tuya. La libertad se contagia, esa es la idea que me gustaría que se difunda. Si una persona se siente libre para decirme lo que piensa, eso a mí me va a contagiar a decir lo que pienso. Si alguien me pone un límite, me voy a sentir libre poniendo un límite. En un conflicto, si somos capaces de hablarlo, somos más libres.
[Joha se levanta y abraza a Laura Latorre. Sale. Entra Amiga 3].
Amiga 3:¿No crees que te vas a acabar arrepentiendo de no tener hijos?
R: No. ¿Está mal?
Laura Latorre: Verás… La relación madres/padres-hijos está súper idealizada como si fuese “el amor de verdad”. Yo tengo un hijo de cuatro años y desde que lo he tenido tengo claro que es una relación como otra cualquiera.
[Amiga 3 se tapa la boca. Juzga. Laura Latorre sigue]. Sí, lo digo y la gente se queda asustada. Para mí una relación con un hijo puede ser una relación de amor o no, es algo a construir. Antes de tener un hijo me decían no te lo pierdas. Ahora pienso que me lo podría haber perdido. Estoy muy contenta con mi hijo, no tengo el discurso de que ser madre es una pesadilla. Pero hay mucha gente que se pierde muchas cosas. Yo me voy a perder una vida sin hijos.
Cuando se pone el deseo en juego , sobre todo en las mujeres de decir “no quiero”, te cuestionan. “Te vas a arrepentir, no estás siendo consciente”. Por eso sigue siendo bastante tabú decir que no se quiere.
[Sale Laura Latorre, entra Kique].
Kique: No tenemos la obligación de procrear, no somos animales. Las personas sin hijos pueden explorar la evolución. Y evolucionar como especie no es solamente tener hijos. La compasión, el amor a la humanidad, a una causa, a una pasión, no se ve, porque no se representa en un hijo pero sin esas personas tampoco habría vida.
[Suena el teléfono. Kique responde. Es Coral Herrera].
Coral: ¿Qué tal, Kique? Me interesa eso que estás diciendo. Quisiera añadir que el amor está en todas partes: en esa sopita de pollo que te trae la vecina porque estás con fiebre, el vecino que te pasea al perro porque tienes una esguince, las relaciones que tenemos de amistad, del barrio, con los animales, que son parte de nuestra familia.
Kique: Por eso hay que deconstruir el ego, porque se busca un reconocimiento en la pareja que tiene que ver con una inseguridad.
Coral: Cuando trabajo con mujeres que están en duelo les digo no digas que estás sola porque estás rodeada de gente que te quiere. El problema es que nos han educado para que creamos en la jerarquía de los afectos. En mis talleres, hago que armen una lista de la gente que los quiere y cuida, y les digo “ese es tu patrimonio”. Y luego un listado de pasiones. Lo que amas, lo que te da placer. [Entran Joha y Cata y danzan con una música muy suave]. Está la gente que ama a los animales y monta un refugio. Están las pasiones: bailar, cantar, aprender a coser, jugar al ajedrez. Eso también forma parte de nuestro tesoro amoroso. El problema es que en este mundo neoliberal la gente cree que sin pareja no ha triunfado en la vida. Hay que machacarlo mucho, porque te dicen sí, sí, pero yo necesito una pareja.
Kique: A ellos les digo: el príncipe azul son las amigas.
[Sale Kique. Cata y Joha terminan un baile abrazados].
Cata: ¿Y? ¿Ya viste ‘Frances Ha’?
R: Frances, la protagonista de esa peli de Greta Gerwig y Noah Baumbach, y su mejor amiga, Sophie, tienen una relación casi matrimonial, aunque son hetero y eventualmente tendrán una pareja más o menos sólida con un varón. Pero lo que mueve a Frances es otra cosa: la danza y la amistad.
[Se enciende un proyector y vemos a las dos amigas].
– Sophie, cuéntame nuestra historia.
– OK, Frances… Vamos a comernos el mundo.
–Tú serás una editora increíble.
–Y tú serás una bailarina famosa y yo escribiré un libro sobre ti supercaro.
–Que todos esos capullos pondrán debajo de su mesilla de noche.
–Y compraremos juntas un departamento en París.
–Y tendremos muchos amantes.
–Y no tendremos hijos.
–Haremos el discurso en las graduaciones.
–Y tendremos títulos honoríficos.
–Muchos títulos honoríficos.
[Se quedan dormidas. Se apaga el proyector y las luces].
Telón