Pocas celebraciones y muchas colas en los supermercados en Caracas:  «Si querían la paz, esta no es la forma»

Pocas celebraciones y muchas colas en los supermercados en Caracas: «Si querían la paz, esta no es la forma»

La incertidumbre domina las calles en la capital de Venezuela tras el ataque ilegal de EEUU: «No tenemos agua, ni electricidad, ni cobertura telefónica. Nada»

El domingo, 24 horas después del primer ataque a gran escala de Estados Unidos en suelo sudamericano y la captura ilegal del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se vivió un torbellino de emociones en las calles de Caracas.

“Incertidumbre”, dice Griselda Guzmán, una jubilada de 68 años que lucha por contener las lágrimas mientras hace cola con su marido frente a una tienda de alimentos para abastecerse de provisiones por si los próximos días traen aún más drama. “Ira”, responde Sauriany, una administrativa de 23 años de la empresa eléctrica estatal venezolana, mientras hace cola frente a un supermercado al otro lado de la ciudad con su pareja, Leandro, de 24 años.

Leandro expresa su conmoción mientras la pareja espera en una cola de 100 personas para comprar harina, leche y mantequilla junto a un cuarteto de monjas. “¿Quién podría haber imaginado que esto sucedería? ¿Que justo al comienzo del año bombardearían nuestro país mientras todos dormían?”, se pregunta. “Si pensara que mejoraría el país, lo acogería con agrado”, añade Leandro, mientras los compradores entran en pequeños grupos al abarrotado supermercado. “Pero no creo que eso vaya a suceder. Si querían la paz, esta no es la forma de conseguirla”.

El domingo se podían escuchar sentimientos similares de confusión por todo Caracas, mientras sus tres millones de ciudadanos asimilaban el traumático bombardeo nocturno sobre su ciudad, una acción que los Gobiernos de España, Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay advirtieron que sentaba “un precedente extremadamente peligroso para la paz y la seguridad regional”.

“Todo esto es muy angustioso”, dice Gabriel Vásquez, un videógrafo de 29 años, recordando cómo lo despertó el sonido de una “gigantesca” explosión alrededor de las 2 de la madrugada del sábado y cómo su comunidad en el centro de Caracas quedó sumida en la oscuridad mientras los aviones sobrevolaban la zona.

“Pensé que en cualquier momento mi casa también podría ser bombardeada”, cuenta Vásquez, cuyo barrio seguía a oscuras el domingo. “No tenemos agua, ni electricidad, ni cobertura telefónica. Nada”.


Personas transitan frente a un mural del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, este domingo en Caracas (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R

Julio Pimentel, un diseñador de 33 años, cuenta que también le habían cortado el suministro de electricidad y agua, pero admite que le había sorprendido la cantidad de gente que había en las calles “teniendo en cuenta la situación”. “Los supermercados y las farmacias están muy, muy concurridos”, dice Pimentel.

Apenas se ven señales de que los ciudadanos celebraran la caída de Maduro, algo que los lugareños atribuyen al temor de que su gobierno —que sigue en el poder a pesar de su detención— pudiera tomar medidas drásticas y a la profunda sensación de que, en realidad, poco ha cambiado como resultado de la intervención estadounidense.

El domingo, el jefe de las Fuerzas Armadas, Vladimir Padrino López, anunció que los jefes militares habían reconocido a la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, como presidenta interina de Venezuela tras el “cobarde secuestro” de Maduro y su esposa, Cilia Flores. Trump también ha indicado que está dispuesto a tratar con Rodríguez. “Ella está esencialmente dispuesta a hacer lo que creemos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”, dijo tras el asalto del sábado.

“Se han llevado a Maduro, pero la revolución [bolivariana] no ha terminado”, dice Antonio, de 71 años, esposo de Griselda Guzmán, quien, al igual que su esposa, pidió no ser identificado con sus nombres reales. “Seguimos en la misma situación, solo han quitado un peón del juego de ajedrez”.

Sin embargo, muchos lugareños se regocijaban en silencio por la desaparición de un político que muchos detestan por haber llevado a su país, rico en petróleo, a años de ruina y represión desde que asumió el poder en 2013 y al que la se le atribuye haber robado las elecciones presidenciales de 2024. “Todos recibimos lo que nos merecemos. Maduro es un hombre que nunca se ha puesto la mano en el corazón para ver las penurias de su país, para ver a su pueblo pasar hambre”, dice Griselda Guzmán, recordando el satisfactorio momento en que vio las imágenes del mandatario destronado languideciendo bajo custodia estadounidense. “Cuando lo vi así, esposado, lo vi tal y como era: el mayor tonto de la Tierra”.

Guzmán dice que cree que Maduro había tenido “la oportunidad de su vida” para abandonar el poder voluntariamente tras las elecciones de 2024, en las que, según las actas recopiladas por la oposición y presentadas ante la OEA por el Centro Carter, había perdido frente al movimiento político liderado por la premio Nobel María Corina Machado y Edmundo González. “Podría haber cedido la presidencia porque sabía que no había ganado”. En cambio, Maduro se mantuvo en el poder y ahora se encuentra en prisión en Nueva York tras su secuestro enfrentándose a décadas de cárcel en EEUU —por supuestas acusaciones de narcotráfico que muchos analistas cuestionan—.

Su marido atribuye la falta de conmemoraciones públicas en Venezuela a la creencia generalizada de que el bombardeo del sábado fue solo el comienzo del último capítulo de la turbulenta historia reciente de Venezuela. “Aún no ha pasado nada… esto solo empezó ayer”.

Otros se indignaron por el secuestro de su presidente y la decisión de Trump de invadir el país, una medida que muchos expertos consideran una violación flagrante del derecho internacional.

“De acuerdo, hay problemas, pero son problemas venezolanos y los venezolanos deben resolverlos”, afirma Sauriany. “Ellos [los Estados Unidos] no son los dueños de Venezuela. Él [Trump] no puede simplemente llegar y decir que va a gobernar Venezuela porque ha destituido a Maduro”.

Sauriany cree que se debería permitir a Rodríguez “continuar con el legado de Maduro” durante el resto de su mandato de seis años, una perspectiva que horroriza a la oposición venezolana, pero que parece cada vez más probable tras los comentarios de Trump el sábado.

En las semanas previas a la invasión de Trump, diplomáticos y expertos advirtieron de que tal ataque podría sumir a Venezuela y a la región circundante en el caos o el conflicto. Pero el domingo no hubo señales inmediatas de que estallara la violencia tras el derrocamiento de Maduro, ni de una peligrosa división en el ejército, aunque los gobiernos regionales están en vilo.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha ordenado el despliegue de 30.000 soldados en la frontera con Venezuela para protegerse de posibles disturbios. Vehículos blindados de transporte de tropas tomaron posiciones en el paso fronterizo entre ambos países en la ciudad de Cúcuta.

El ejército rebelde colombiano-venezolano, el Ejército de Liberación Nacional, condenó lo que calificó de “ataque imperial” de Trump y prometió “enfrentarse” al ataque a la soberanía venezolana.

Mientras espera para almacenar alimentos el domingo, Antonio Guzmán señala que los caraqueños no pueden hacer otra cosa que esperar: “Todavía no sabemos qué está pasando realmente”.