El endocrino José Moreiro explica los efectos de ‘Dry January’, la moda de no beber alcohol en enero: «Si hay un daño, queda una cicatriz»

El endocrino José Moreiro explica los efectos de ‘Dry January’, la moda de no beber alcohol en enero: «Si hay un daño, queda una cicatriz»

La moda importada de tomarse un mes de abstinencia del alcohol después de los excesos de las navidades puede ayudar a cambiar hábitos, pero no repara todas las consecuencias del consumo anterior

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Si algunas tradiciones importadas de otros países tienen que ver con las compras masivas, como Black Friday, otras nos intentan proteger de los excesos. Ese es el caso de ‘Dry January’, el “enero seco” que adoptan quienes buscan dejar de beber alcohol durante los primeros 31 días del año.

El concepto de ‘Dry January’ nació como una campaña de marketing para la promoción de la salud pública en el Reino Unido. Un pequeño equipo de la organización británica sin ánimo de lucro Alcohol Change UK lanzó en 2013 la idea de pasar todo enero sin beber alcohol, con el objetivo de dar a la gente un mes “de prueba” para experimentar cómo se siente su cuerpo y su cabeza sin alcohol. 

Sin embargo, aunque ya se ha convertido en una marca registrada, la idea no era original. Ya en 1942, Finlandia había instaurado el “Enero sobrio” (Raitis tammikuu), en este caso para ayudar con los gastos de la lucha contra la Unión Soviética.

Este movimiento lo siguen cada año millones de personas, la mayoría de ellas bebedores moderados u ocasionales que sienten que, sin llegar a identificarse como alcohólicos, aprovechan el primer mes del calendario para reducir la ingesta de alcohol. En los estudios de seguimiento, quienes completan el mes no solo consiguen esos 31 días de abstinencia, sino que los datos recopilados por la app del mismo nombre en el Reino Unido indican que seis meses después siguen bebiendo menos y se emborrachan con menor frecuencia que antes del reto. Pero, ¿cuáles son los efectos sobre la salud?

Lo que ocurre en un mes sin beber

“El alcohol nunca es inocente”, afirma el doctor José Moreiro Socias, especialista en endocrinología y nutrición. “En pequeñas cantidades, esporádicamente, el organismo lo va metabolizando y se reduce muchísimo el daño, pero el exceso deja huella”, añade.

El etanol, el alcohol que contienen las bebidas, se absorbe con rapidez a través del estómago y el intestino delgado y llega al hígado, que es el encargado de metabolizarlo. Una enzima convierte el alcohol en acetaldehído, un compuesto muy peligroso y cancerígeno que daña proteínas, ADN y membranas celulares. Si la cantidad de alcohol es pequeña, el acetaldehído se convierte rápidamente en acetato, que es inocuo. Pero si hay mucho alcohol en circulación, el hígado no da abasto y empiezan los daños. 

Aunque parezca que ayudar a dormir, incluso dosis moderadas el alcohol alteran la arquitectura del sueño, reduce el sueño REM y el sueño profundo, y aumenta los despertares. A corto plazo, el alcohol también eleva la presión arterial, aumenta la frecuencia cardiaca y los niveles de triglicéridos, y se debilita el sistema inmunitario, lo que facilita infecciones y retrasa la reparación celular.

Con el tiempo, estos efectos se vuelven acumulativos. El hígado va acumulando grasa en sus células, aparece la enfermedad por hígado graso y, si el consumo continúa, la inflamación crónica que puede abrir el camino a la cirrosis. El alcohol aumenta el riesgo de al menos siete tipos de cáncer, incluso cuando el consumo es moderado, como una copa de vino al día.

Si todo esto puede asustar, una posible reacción exagerada es dejar de beber durante un mes para “limpiar el organismo”, y esta es precisamente la propuesta de ‘Dry January’. Sin embargo, eso no es lo que ocurre en realidad, ya que el organismo en general no acumula toxinas. “El daño es el daño, eso del enero seco suena un poquito a limpiar la conciencia, más bien”, comenta el doctor Moreiro.

‘Dry January’ es un principio, no una limpieza

Aún así, las investigaciones sobre los efectos de la abstinencia durante el mes de enero indican beneficios transitorios. En un estudio realizado tras cuatro semanas sin alcohol, la resistencia a la insulina mejoró un 25%, la presión arterial bajó alrededor de un 6%, el peso se redujo en torno a un 1,5% y los marcadores de función hepática mejoraron. Además, se detectó una disminución llamativa de factores de crecimiento relacionados con el cáncer. 

Otros efectos beneficiosos como el descenso de la grasa hepática, reducciones del azúcar en sangre y pequeñas pérdidas de peso también se observaron en personas acostumbradas a beber a diario que se apuntaron a ‘Dry January’, acompañadas de mejor sueño y mayor capacidad de concentración. Sin embargo, estas mejoras no son para siempre, ni representan una curación, ya que el daño producido por el alcohol ya está hecho. “Puede haber una cierta recuperación, pero evidentemente, siempre que hay un daño, queda una cicatriz, como en una herida. Si la herida es muy importante, no se recupera”, explica el doctor Moreiro.

Quizá la parte más interesante de los efectos de ese mes de abstinencia que recoge el informe sean los psicológicos. La mayoría de participantes reporta mejor estado de ánimo, menos ansiedad y sensación de control, así como mejoras subjetivas en energía, peso y calidad del sueño. Además, una parte significativa de quienes completan el mes siguen bebiendo menos meses después. 

Aun así, un mes no borra los efectos acumulados durante años. La cantidad de alcohol es importante, y a menudo se calcula mal. Por ejemplo, se puede pensar que el vino o la cerveza tienen menos alcohol que, por ejemplo, los licores destilados. Sin embargo, al contar los gramos de alcohol el resultado cambia: un whisky con hielo suele tener unos 28 gramos de alcohol. Pero dos copas de vino tinto de 150 ml suman exactamente la misma cantidad. 

Esto pone en duda la idea de volver a beber con moderación después de la abstinencia de enero. En cuanto vuelva el alcohol a diario, volverán los daños, incluso si es en cantidades pequeñas. “El secreto está en, si se bebe alcohol, beber una cantidad muy moderada, y de forma poco frecuente”, explica el doctor Moreiro. “Si durante la semana uno bebe cero, y luego el fin de semana bebe un par de copas de vino, con la comida, se minimiza el daño, pero eso no quiere decir que desaparezca”, concluye.

Darse el mes de enero de abstinencia no es una purga, ni es una excusa para seguir luego bebiendo, pero sí puede ser el principio de un estilo de vida con menos o nada de alcohol, y más salud.