Los pueblos de la Arquitectura Negra: una ruta por la Sierra Norte de Guadalajara
Pueblos pequeños, casas de pizarra y carreteras que se adentran en la Sierra Norte de Guadalajara. Esta ruta recorre localidades como Tamajón, Campillo de Ranas, Majaelrayo o Valverde de los Arroyos y propone una escapada tranquila por algunas de las localidades más singulares de la provincia
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En el norte de la provincia de Guadalajara hay un grupo de pueblos que, por su historia, su arquitectura y su entorno, bien merecen una visita. Son localidades pequeñas, tranquilas, muy ligadas a la montaña, que forman parte del Parque Natural de la Sierra Norte y se reparten alrededor del pico Ocejón. Es una zona claramente rural, con carreteras secundarias y pueblos dispersos, donde todo invita a bajar el ritmo y a recorrerla sin prisas.
La pizarra negra es el elemento que une a todos estos pueblos. Con ella se han levantado casas, tejados, muros, calles y todo tipo de construcciones auxiliares, siempre aprovechando el material que ofrecía el propio terreno. El resultado es una arquitectura sencilla, muy ligada a la vida ganadera y agrícola, pensada para soportar inviernos duros y que, con el paso del tiempo, ha acabado convirtiéndose en la gran seña de identidad de la zona. No es algo puntual: aquí la pizarra lo marca todo.
Aunque se suele hablar de la Ruta de la Arquitectura Negra como un único recorrido, en la práctica son dos rutas distintas. Tamajón actúa como punto de partida y también como lugar donde el camino se divide. Hacia un lado, la ladera oeste del Ocejón, con pueblos como Retiendas, Campillejo, El Espinar, Roblelacasa, Campillo de Ranas, Robleluengo y Majaelrayo. Hacia el otro, la ladera este, que lleva a Almiruete, Palancares y Valverde de los Arroyos. Dos itinerarios cortos en kilómetros, fáciles de combinar, y que permiten conocer esta parte de Guadalajara con calma y sin necesidad de hacer grandes desplazamientos.
Valverde de los Arroyos, en Guadalajara.
La ruta por la ladera oeste del pico Ocejón
Desde Tamajón y poniendo rumbo norte, la carretera se adentra hacia la ladera izquierda del Ocejón y empieza a mostrar, poco a poco, el paisaje que define esta parte de la Sierra Norte de Guadalajara. El entorno se vuelve más montañoso y la pizarra empieza a aparecer de forma constante en muros, tejados y cercados. Es un recorrido corto en kilómetros, pero con muchas paradas posibles, porque los pueblos aparecen uno tras otro y cada uno tiene algo que justifica detenerse.
La primera parada es Retiendas, donde el principal punto de interés está a las afueras del casco urbano: las ruinas del monasterio cisterciense de Bonaval, fundado en el siglo XII. De la antigua construcción se conserva parte de la iglesia, en un estado que le da un aire muy evocador y que la ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de la ruta. El monasterio se encuentra en proceso de rehabilitación y solo puede visitarse en actividades guiadas, pero incluso desde el exterior merece la pena la parada.
A partir de aquí, el recorrido enlaza varias pequeñas pedanías que dependen de Campillo de Ranas: Campillejo, El Espinar y Roblelacasa. Son pueblos muy pequeños, con una arquitectura negra especialmente homogénea, donde la pizarra lo cubre prácticamente todo. Las calles son irregulares y las casas se agrupan sin orden. En Campillejo, además, llaman la atención los encalados en puertas y ventanas y algunos detalles decorativos integrados en la propia mampostería.
Roblelacasa es uno de los ejemplos más singulares de esta vertiente. El pueblo parece construido al revés, con la entrada por una zona más alta desde la que no se aprecia el conjunto hasta que se empieza a bajar por sus callejuelas. Muchas de sus casas han sido restauradas respetando los materiales y la forma original, y recorrerlo con calma permite entender bien cómo era la vida en estos pueblos de montaña, donde la arquitectura estaba pensada para compartir espacio con los animales y adaptarse a una economía de subsistencia.
Arquitectura negra, pizarra sobre pizarra.
El siguiente núcleo importante es Campillo de Ranas, que actúa como centro de la zona y cabeza del concejo. Aquí el caserío es algo más amplio y se concentran servicios, alojamientos rurales y actividad durante buena parte del año. La arquitectura mantiene el patrón de pizarra, madera y barro, con construcciones de una o dos plantas y cubiertas de lajas superpuestas. La iglesia parroquial de Santa María Magdalena y el reloj de sol son algunos de los puntos más reconocibles del pueblo, que también se ha hecho conocido por acoger celebraciones y eventos.
Desde Campillo de Ranas se continúa hacia Robleluengo, otro pequeño núcleo donde el conjunto de edificios de pizarra conserva una gran coherencia visual, y finalmente se llega a Majaelrayo. Situado a los pies del Ocejón, es uno de los pueblos más conocidos de la ruta y uno de los que mejor resume el espíritu de la Arquitectura Negra. Sus casas son algo más grandes, organizadas en manzanas amplias, y el pueblo se ha convertido en punto de partida para la subida al pico Ocejón, una ruta de unos 13 kilómetros y dificultad media (siempre que no haya nieve, claro). Además de su entorno natural, Majaelrayo conserva tradiciones como las fiestas del Santo Niño, en septiembre, declaradas de interés turístico regional.
La ruta por la ladera este del pico Ocejón
De vuelta a Tamajón y mirando al norte, la carretera toma la otra bifurcación y se dirige hacia la ladera derecha del Ocejón. El paisaje cambia ligeramente, con valles algo más abiertos en algunos tramos, pero la pizarra sigue marcando el aspecto de los pueblos. Esta ruta es más corta en número de localidades, aunque concentra algunos de los lugares más conocidos de la Arquitectura Negra guadalajareña.
El primer pueblo que aparece es Almiruete, una pedanía de Tamajón desde la que ya se tienen buenas vistas del Ocejón. El caserío mantiene el uso de la pizarra en muros y tejados y es conocido, además, por sus tradiciones populares, especialmente las botargas y mascaritas que recorren sus calles durante el Carnaval, una celebración muy arraigada en la zona.
Botargas y mascaritas en Almiruete.
Unos kilómetros más adelante se encuentra Palancares, uno de los pueblos más pequeños de toda la ruta. Su tamaño reducido y su escasa población no le restan interés, al contrario, pues recorrerlo permite apreciar con claridad la arquitectura negra en su versión más sencilla y austera. Es una parada breve, pero muy representativa de cómo eran estos asentamientos de montaña.
La ruta termina en Valverde de los Arroyos, uno de los pueblos más visitados de la Sierra Norte de Guadalajara y, para muchos, uno de los más bonitos de España. Situado a más de 1.200 metros de altitud, su casco urbano forma un conjunto muy cuidado, con calles empedradas, casas de pizarra bien conservadas y una plaza mayor amplia para lo que es habitual en pueblos de este tamaño. Destacan la iglesia de San Ildefonso, construida en pizarra en el siglo XIX, y el museo etnográfico, que ayuda a entender la vida tradicional de la comarca.
Desde Valverde de los Arroyos parte una de las excursiones más conocidas de la zona: el sendero hasta las Chorreras de Despeñalagua. Se trata de una cascada de más de ochenta metros de altura, cuyo caudal depende de las lluvias, y que se ha convertido en uno de los grandes atractivos naturales de la ruta. El recorrido es sencillo y, llegados aquí, merece mucho la pena darse el paseo.
Valverde de los Arroyos.
Más allá de los pueblos
Además de recorrer los pueblos, la Ruta de la Arquitectura Negra permite disfrutar de un entorno natural muy variado. La zona cuenta con formaciones boscosas diversas, como hayedos, robledales, pinares o encinares, y una fauna en la que destacan aves rapaces como el águila real, el buitre leonado o el halcón peregrino. Todo ello refuerza la sensación de estar en un territorio poco alterado, por lo que los aficionados al senderismo tienen a su alcance un paisaje idílico en el que estirar las piernas.
Muy cerca de la ruta principal se encuentran también otros puntos de interés, como el hayedo de Tejera Negra, declarado Patrimonio de la Humanidad, o localidades como Cogolludo, donde merece la pena detenerse para visitar su Palacio Ducal y su plaza mayor. Son complementos que encajan bien en una escapada de uno o dos días por la zona.
La gastronomía forma parte también de la experiencia. Asados de cabrito o cordero, calderetas, platos de caza o elaboraciones tradicionales a base de productos del cerdo son habituales en la comarca. En otoño, las setas ganan protagonismo, y no faltan los postres elaborados con miel de La Alcarria, que los más golosos sabrán que es una de las más reconocidas de España.
Recorrer la Ruta de la Arquitectura Negra de Guadalajara es, en el fondo, una forma sencilla de conocer una parte muy concreta de la provincia, donde todo aún sigue pareciendo muy auténtico. Pueblos pequeños, arquitectura tradicional y un paisaje boscoso que lo envuelve todo. Dos rutas cortas, fáciles de combinar, que sin duda invitan a disfrutar del camino tanto como de cada parada.