Bomberos de Murcia al borde del colapso: “Rellenamos los equipos de respiración con compresores caducados”
Tres efectivos para apagar incendios, vehículos con más de 25 años, jornadas extenuantes o equipos de protección caducados, son parte del penoso día a día de los profesionales murcianos que se juegan el tipo en catástrofes, incendios y rescates
“Abandono” y “abusos laborales”: Los bomberos se enfrentan al Gobierno de Murcia por no ampliar las plazas acordadas
El Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia no sobrevive gracias a la planificación ni a la inversión pública. Lo hace, principalmente, gracias a la vocación de sus bomberos. Así lo denuncian quienes integran un servicio público esencial que, lejos de fortalecerse, lleva años siendo —aseguran— deliberadamente debilitado por el Gobierno regional, hasta situarlo en un escenario que los propios profesionales califican de insostenible y peligroso.
Hoy, el Consorcio atraviesa una de las etapas más críticas de su historia. Lo denuncian los bomberos y lo corroboran los sindicatos, que advierten que la cuestionada gestión de su Junta de Gobierno podría estar suponiendo un riesgo para los miles de ciudadanos que dependen de este servicio público esencial que tiene como misión la de salvar vidas.
Quince parques de bomberos dan cobertura a prácticamente toda la Región de Murcia, con la excepción de las ciudades de Murcia y Cartagena, que cuentan con servicios propios, mejor dotados y con condiciones laborales muy superiores. Esta desigualdad territorial es uno de los primeros elementos que denuncian los profesionales: mientras dos de las principales ciudades disfrutan de recursos suficientes, el resto del territorio queda cubierto por un servicio infradotado, tanto en personal como en medios.
Trabajadores del Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia (CEIS).
El modelo de financiación tampoco ayuda a aliviar la situación. El Gobierno regional aporta el 51% del presupuesto del Consorcio y los ayuntamientos integrados el 49% restante. Sin embargo, los trabajadores sostienen que esa aportación autonómica no se traduce en inversiones reales ni en una mejora de las condiciones del servicio. “La sensación es de abandono absoluto”, resume Paco Martí Jiménez, delegado sindical del CSIF y presidente de la Junta de Personal, a elDiario.es Región de Murcia.
Tres bomberos para todo: la temeridad como sistema
La estructura del Consorcio es, por sí misma, una radiografía del problema. Se divide en tres tipos de parques. Los llamados Parques de Área, como los de Lorca o Molina de Segura, cuentan con una dotación aproximada de nueve bomberos por turno. Los Parques de Zona disponen de cinco efectivos. En el escalón más precario se encuentran los parques locales, donde trabajan únicamente tres o cuatro profesionales por guardia, normalmente, un cabo y dos bomberos.
Es en estos parques locales donde se dan las situaciones más extremas. “Hay situaciones en las que un bombero sale solo conduciendo el camión. Llega al incendio, para, se baja y se pone la equipación. Es algo surrealista y peligrosísimo”, denuncia Martí. La falta de personal no solo pone en riesgo a los profesionales, sino que compromete gravemente la eficacia de las intervenciones. Esta escena se repite a diario en municipios que, oficialmente, están “cubiertos” por un parque de bomberos.
El propio Consorcio carece de protocolos operativos reales para incendios, accidentes de tráfico, inundaciones u otros rescates. No pueden ponerse sobre el papel porque resultan imposibles de cumplir con las dotaciones actuales. En un incendio estructural, por ejemplo, deberían diferenciarse equipos para extinción, rastreo y rescate de víctimas. “¿Cómo se hace eso con tres personas? Es directamente imposible”, explica el responsable sindical.
Jornadas abusivas
Para sostener este modelo fallido, el Consorcio se apoya en un abuso sistemático de las horas extraordinarias. Los bomberos llegan a acumular hasta 96 horas extra al mes, encadenando guardias de 24 horas con apenas un día de descanso entre ellas durante algunas épocas del año. Un régimen que vulnera cualquier principio básico de seguridad laboral y que, lejos de ser algo puntual y excepcional, se ha normalizado.
“Estamos exhaustos, pero si no hacemos esas horas, hay parques que no podrían abrir”, denuncia Martí. El Gobierno regional lo sabe y lo consiente. Porque es más barato exprimir a los trabajadores que invertir en personal estable.
Camiones del CEIS durante un incendio.
Esta sobrecarga no solo incumple principios básicos de prevención de riesgos laborales, sino que incrementa el riesgo de accidentes graves durante las intervenciones. Con el tiempo, también pasa una grave factura física y psicológica a los profesionales.
Promesas rotas y mentiras oficiales
En 2022, el Ejecutivo regional se comprometió públicamente a crear 120 nuevas plazas de bombero. No para cubrir vacantes, sino para reforzar el servicio. Aquella promesa se evaporó. La última convocatoria, publicada en el Boletín Oficial de la Región de Murcia el pasado 30 de diciembre, contempla apenas 48 plazas, de las cuales, según el CSIF, solo diez suponen un incremento neto. Es decir, un aumento real de la plantilla. El resto tapa los agujeros que dejan las vacantes por jubilación.
Además, los procesos selectivos se alargan durante años y sin coordinación con las jubilaciones. El resultado es perverso: cuando los nuevos bomberos se incorporan, otras plazas ya han quedado de nuevo sin cubrir. Un ciclo de precariedad perfectamente conocido por la Administración.
A esta situación se suma la existencia de una auditoría que, el pasado año, habría detectado once millones de euros en las cuentas del Consorcio cuyo destino no ha podido ser justificado. El informe detalla, además, una larga lista de incumplimientos normativos que reflejan una gestión desorganizada y opaca: “No hay dinero para personal ni para equipos, pero aparecen once millones que nadie sabe en qué se han gastado. Es indignante”, afirma Martí.
Un Acuerdo Marco enterrado desde hace 15 años
El Acuerdo Marco que regula las condiciones laborales del Consorcio lleva bloqueado desde 2010. Quince años sin actualizar derechos, jornadas ni retribuciones. En 2022, Fernando López Miras prometió aprobarlo antes de final de ese año. Tres años después, sigue sin materializarse.
Un equipo de bomberos de la Región de Murcia acude a un accidente en carretera.
Según denuncian los sindicatos, la negociación ha sido “enterrada en burocracia”, con la Administración escudándose reiteradamente en informes supuestamente negativos para rechazar cualquier mejora. Tampoco se ha cumplido el acuerdo político alcanzado entre PP y Vox para mejorar las condiciones laborales del colectivo a cambio del apoyo a los presupuestos autonómicos.
Fuentes de la Consejería de Presidencia, Portavocía, Acción Exterior y Emergencias del Gobierno de la Región de Murcia han asegurado a esta redacción la aprobación, “en las próximas semanas” de los nuevos estatutos —no del Acuerdo Marco— del Consorcio. El documento fue aprobado por la junta de gobierno del CEIS el pasado mes de diciembre y ahora tiene que ser ratificado por los ayuntamientos que lo integran, como paso previo a su elevación definitiva al Consejo de Gobierno.
Carencias materiales que ponen vidas en riesgo
La Región de Murcia es una de las más castigadas por episodios de lluvias torrenciales. Sin embargo, el Consorcio carece de bombas de gran caudal, de embarcaciones semirrígidas y de vehículos preparados para inundaciones. Una irresponsabilidad que se repite cada vez que llega una DANA.
Ni siquiera se cumplen los propios procedimientos internos. Durante la última alerta roja por lluvias intensas, el pasado 28 de diciembre, con avisos masivos de Es-Alert enviados a la población, el parque de Abanilla —una de las zonas más afectadas— no recibió ningún refuerzo, pese a que así lo establecen los protocolos internos. “Ni siquiera respetan sus propias normas”, lamentan los bomberos.
Respirar veneno y trabajar sin protección
La situación de los equipos de protección individual es otro de los aspectos especialmente preocupante. Los equipos de Respiración Autónoma (ERA), necesarios para respirar aire limpio en ambientes llenos de humo, gases tóxicos o con poco oxígeno, se están rellenando con compresores caducados desde hace más de dos años. “No sabemos qué estamos respirando cuando nos metemos en el fuego”, advierten los bomberos. A diferencia de Murcia y Cartagena, donde las máscaras se entregan desinfectadas y precintadas al inicio del turno, en el Consorcio nadie explica cómo limpiarlas ni con qué productos, exponiendo a los trabajadores a sustancias tóxicas y cancerígenas.
Tampoco existen protocolos de descontaminación y cada bombero solo dispone de un equipo de protección personal. Si se ensucia o contamina, debe enviarse a la única lavadora industrial del Consorcio, ubicada en Molina de Segura, y esperar su devolución. Mientras tanto, se ven obligados a utilizar equipos caducados o en mal estado. “Hay compañeros con cascos rotos desde hace semanas porque no hay repuestos”, denuncian.
Vehículos obsoletos e instalaciones indignas
El parque móvil es otro de los grandes puntos negros. En municipios como Mazarrón, algunos vehículos superan los 25 años de antigüedad. Durante un periodo de seis meses, toda la Región llegó a quedarse sin un solo vehículo de altura operativo, imprescindible para abordar incendios en edificios. Actualmente hay tres, pero claramente insuficientes. En un incendio reciente en el municipio de Alcantarilla, el vehículo tardó media hora en llegar desde otra localidad.
A este respecto, desde la consejería aseguran que se ha puesto en marcha “una estrategia de mejora de los medios técnicos y materiales” para la prestación del servicio, que ya ha supuesto una inversión de 1,7 millones de euros para la compra de seis nuevos camiones que están operando en los parques de Lorca, Cieza, Caravaca de la Cruz, San Pedro del Pinatar, Alhama de Murcia y Molina de Segura. A estos se sumarán otros cuatro nuevos vehículos, por valor de 1,5 millones de euros, cuya adquisición está en la fase administrativa de valoración de ofertas.
Bomberos de la Región de Murcia acuden a un incendio en un edificio.
Las instalaciones tampoco parecen estar a la altura. En Fuente Álamo ya se ha colocado dos veces la primera piedra del nuevo parque, sin que el proyecto culmine. En San Pedro del Pinatar, los bomberos trabajan a día de hoy en casetas de obra. En otros parques, las condiciones son deplorables, con problemas de salubridad e incluso presencia de ratas.
Ahí las fuentes del gobierno regional consultadas recuerdan la reciente renovación eléctrica del parque de Molina de Segura, las mejoras en la aireación del hangar del parque de San Pedro del Pinatar y del suelo del gimnasio del de Lorca, así como reformas y mejoras en las infraestructuras de Mula y La Manga. Además, añaden, la comisión permanente del CEIS ha dado luz verde a la adjudicación de 142 espalderas con manómetro y latiguillo para equipos de respiración autónoma “para la mejora de la seguridad y equipamiento operativo del personal de intervención”.
Ahondando en la situación de los parques, desde la consejería informan que, en estos momentos, se están elaborando los pliegos para nuevas obras en los parques de San Pedro del Pinatar y Molina de Segura, con un presupuesto estimado de 200.000 euros, y se está ultimando el de prescripciones técnicas para la licitación del anteproyecto del nuevo parque de bomberos de Caravaca de la Cruz, con un coste estimado también de 200.000 euros.
Una organización sin dirección
A las carencias denunciadas por los bomberos se les suma un grave problema organizativo. “La jerarquía está rota”, resume Paco Martí. La plaza de director técnico lleva una década vacante y se cubre de forma inestable mediante comisiones de servicio. En cinco años han pasado cinco directores interinos distintos, lo que impide desarrollar un proyecto sólido y coherente a largo plazo.
Por otra parte, los sargentos asumen funciones administrativas que no les corresponden, hay numerosas vacantes de jefes operativos y suboficiales, y no existe una planificación real ni programas de formación continua, pese a que son obligatorios.
Por si fuera poco, decisiones como la de centralizar todo el material en Molina de Segura convierte la gestión cotidiana en una pesadilla: “Conseguir algo tan simple como unas pilas puede llevar días”, ironizan.
Riesgos asumidos desde la frustración
El resultado de este abandono también se mide en accidentes. Hace unas semanas, en un incendio en una vivienda abandonada atendido por un parque con solo tres efectivos, el colapso del techo atrapó a uno de los bomberos, que resultó herido. Mientras una ambulancia lo trasladaba al hospital, los otros dos continuaron solos con la extinción. “Nadie del Consorcio se interesó posteriormente por el estado de nuestro compañero. Así es como nos tratan”, lamentan.
Y, aun así, los bomberos siguen saliendo. Por vocación. Por responsabilidad. Por compromiso con la ciudadanía. “Cuando apagas un fuego, siempre te preguntas si con más medios podrías haberlo hecho mejor y más rápido”, reflexiona uno de ellos. La respuesta parece evidente. La responsabilidad, también.