El olvido de un barrio en la Zaragoza de las luces de Natalia Chueca: «Prometen mucho pero luego nada. Nos ningunean»
La indignación vecinal por excluir la renovación del colector en una calle en Torrero ilustra la lucha por más inversiones públicas en la zona
El Ayuntamiento de Zaragoza invita a regalar o apadrinar árboles en un año marcado por la tala de ejemplares
“Por Ruiseñores ves todo el día a dos operarios de limpieza trabajando arriba y abajo, sábados y domingos incluidos: aquí, para verlos igual hay que esperar una semana entera. Ahí se notan los barrios ricos y los pobres. E impuestos pagamos como ellos…”. Esta frase de Javier Grasa, el histórico líder vecinal de Torrero, resume buena parte de las quejas de los habitantes del barrio, en el que las inversiones públicas brillan por su ausencia. Frente a esto, ven cómo millonarios proyectos privados que impulsa el Gobierno del PP en Zaragoza –como el centro de datos de Microsoft o el parque de atracciones– no solo no dejarán beneficios en el entorno, sino que pueden agravar los problemas.
Es la historia de uno de los territorios tradicionalmente más reivindicativos de la capital aragonesa, la “república independiente de Torrero”, declarado así antes de que Ikea popularizara ese lema. Ahora, la emblemática plaza del Laurel, ligada con la lucha por los derechos y libertades durante la dictadura franquista, acumula maleza y columpios oxidados.
La espita ha sido la situación que afrontan desde hace años residentes de la calle del Castillo de Loarre, donde el mal estado del sistema de vertidos dispara los malos olores y la insalubridad. En julio del año pasado, al consejero de Urbanismo, Víctor Serrano, no se le ocurrió otro punto para inaugurar la Operación Asfalto municipal que esta vía. Un grupo de vecinos irrumpió en el acto, altavoz en mano, para denunciar la situación y también para hacer notar lo que para ellos era el colmo del absurdo: el Ayuntamiento estaba arreglando una calle que tarde o temprano iba a tener que volver a levantar.
Uno de los tramos de la calle de Castillo de Loarre afectados por la falta de colector y por las aceras levantadas.
“Era una pérdida de tiempo y de dinero. Porque nuestro problema no está en la superficie, sino debajo”, advierte Aurelia Paracuellos, una de las afectadas y quien ejerce de portavoz del colectivo. “Aquí la calle está mal diseñada, el agua no cae hacia la calzada sino al revés, a las casas. Y no tenemos acceso al colector: se hizo una tubería de fibrocemento hace décadas, pero está ya deshecha, es pura arcilla. De forma que las aguas, incluidas las fecales, se vierten bajo nuestros domicilios. Yo tengo las paredes de pladur para disimular todas las humedades”, explica. Tienen evidencias de ello porque encargaron un estudio técnico con cámaras en el que se observó con claridad.
En el mencionado acto, Serrano –además de mostrar su malestar por la interrupción– se comprometió a celebrar una reunión para buscar soluciones. Ese encuentro se produjo, y la disposición del equipo de gobierno era tal que incluso les trasladaron que la alcaldesa, Natalia Chueca, lo mencionaría en el debate sobre el estado de la ciudad. “Pero luego hemos comprobado con indignación que las cuentas de 2026 no incluyen una partida específica para arreglarlo”, lamenta ahora Paracuellos, que continúa: “Venden que es el presupuesto más alto pero aquí no se hace nada, más allá de tomarnos el pelo. Prometen mucho pero luego nada.”
Los vecinos aseguran que no se niegan a pagar la parte que les “corresponda”, “pero tiene que ser el Ayuntamiento quien ejecute la obra”, tal y como la propia Aurelia le trasladó a la alcaldesa en una intervención en el pleno municipal. “Nos parece positivo que Zaragoza se embellezca y se realicen proyectos como la nueva Romareda, Zaragoza Luce o Zaragoza Florece, pero exigimos que no se nos deje atrás. No podemos aceptar que se inviertan millones de euros en alumbrado y eventos mientras nuestros hogares sufren problemas graves de insalubridad”, denunció.
Un columpio abandonado en la plaza del Laurel, uno de los símbolos de la memoria democrática en Zaragoza.
El consejero de Urbanismo volvió a referirse a la cuestión el pasado jueves, en respuesta al grupo municipal del PSOE, cuya portavoz, Lola Ranera, había tachado de “vergonzoso” que el equipo de gobierno del PP no pusiera fin a los problemas en Castillo de Loarre. Serrano cargó contra los socialistas y contra Vox por poner en riesgo la aprobación de un presupuesto que, según él, incluye una partida de 6,2 millones de euros que se puede destinar a este fin. Una partida, en todo caso, genérica para “obras de renovación viaria”.
La de esta vía es solo una de las demandas de los habitantes de Torrero, tal y como explica Grasa, quien llegó a protagonizar un documental –‘Javier, 40 años de lucha vecinal’– por su trayectoria de décadas al frente de la asociación de vecinos Venecia. “Hay abandono en las zonas verdes, con parques hechos polvo, con aceras estrechas y en mal estado. Hay problemas de aparcamiento y tenemos un solar vacío al lado del Mercadona al que no se da uso”, critica el representante vecinal. Asegura que han reclamado al Ayuntamiento “muchas veces” que habilite ese espacio porque le darían un triple uso: “Como aparcamiento, para la hoguera de San Antón y para las fiestas del barrio”, enumera. “Y son cuatro perras”, añade.
Acceso principal a la antigua cárcel de Torrero, que los vecinos piden reactivar con fines sociales.
La plaza de Ángel Liso, el parque de la Paz, el parque de Emilio Lacambra… Las reclamaciones para mejorar el barrio son numerosas. Y se añade el problema de la vivienda. El barrio apenas puede desarrollarse “porque no hay sitio para crecer”, por lo que el foco hay que ponerlo en la rehabilitación. Muchos de los bloques residenciales se levantaron hace sesenta o setenta años, no tienen ascensor y el aislamiento es de mala calidad. “Las zonas se van degradando”, asegura Grasa.
El equipo de gobierno del PP sí que impulsó el año pasado a través de Zaragoza Vivienda la construcción de un bloque de 32 pisos para alquiler asequible, pero el concurso se ha quedado desierto.
Los vecinos centran la mirada en un solar próximo a la antigua cárcel de Torrero que pertenece a Instituciones Penitenciarias y en el que se pueden proyectar hasta 64 viviendas. “Tenemos que luchar para que sean pisos de precio asequible. Como sea mercado libre, acabará perjudicando al barrio porque repercutirá en la vivienda del entorno. Es justo lo que sucedió junto al parque Pignatelli”, advierte Javier Grasa.
La lucha sigue pues en Torrero, donde una de las grandes luchas es salvaguardar los Pinares de Venecia, que ven peligrar por el desarrollo de dos importantes iniciativas privadas fomentadas desde el Gobierno del PP: el centro de datos de Microsoft y la ampliación del parque de atracciones. “No cabe más que seguir reivindicando”, concluye Grasa.