Vamos a reducir el odio en España metiendo en la cárcel a nuestro rival
El PP muestra más pasión por meter a Sánchez en la cárcel que por ganar las elecciones. Feijóo se inventa un agujero legal que no existe en la lucha contra la corrupción de aforados dando por hecho que el presidente puede ser imputado en cualquier momento
El Gobierno anuncia una nueva ventaja fiscal para los propietarios de vivienda que no suban los alquileres
En el Partido Popular tienen tantas ganas de empezar a repartir guantazos que pusieron la música de una de las películas de Rocky en la conferencia interparlamentaria que celebraron este fin de semana en A Coruña. Ya vienen excitados de casa, pero nunca está de más calentarlos si quieres que salgan del local como los toros en los encierros por la Estafeta. Ester Muñoz les preguntó si habían visto las películas de Rocky. Seguro que sí, no es que estuviera preguntando por Lars Von Trier. Su explicación: “No vale solo con pegar más fuerte. Tienes que aguantar más. Y si te caes, te levantas”.
Esto es lo que el PP llama gestionar las expectativas para que no te estallen en la cara, un problema habitual en el partido que ya estaba pensando en los ministerios justo antes de las elecciones de 2023 y que sufre tremendas cefaleas al no entender que Pedro Sánchez no haya dimitido. Una canción y una frase sacada de un manual de autoayuda, no de las más audaces. Al final, lo que siempre les funciona, o eso creen ellos, es anunciar que van a meter a Sánchez en la cárcel. A ese punto de respeto a la Constitución han llegado.
No les vale con intentar ganar con los votos. Deben encontrar alguna manera de que sus votantes entiendan por qué Sánchez resiste tanto. Y tiene que ser por su maldad intrínseca o porque está relacionado con todos los delitos de corrupción ocurridos en España desde tiempo inmemorial. Nunca por errores propios o por deficiencias de su líder. Siempre hay que inventarse algo nuevo, como si todo lo de Ábalos y Cerdán no fuera suficiente.
Feijóo –o su gabinete de ideas si es posible utilizar esa expresión– traía una idea nueva que tiene que ver con los aforamientos. Aparentemente, hay un problema del que nadie se había percatado hasta que Feijóo empezó a pensar. Afirmó que Sánchez podría utilizar la figura del suplicatorio para evadir su responsabilidad penal. Por lo tanto, habrá que cambiarla y “reformar esa figura para que no pueda traducirse en el sobreseimiento definitivo y, por tanto, en el archivo de ningún delito”. Dijo también que ningún político puede utilizar el suplicatorio “para librarse de la justicia”. Es otra crisis inventada a cuenta de algo que no suele ocurrir nunca, que los privilegios parlamentarios impidan que se investigue un delito. Y mira que ha habido políticos con escaño implicados en casos de corrupción.
Se lo podía comentar a Carlos Mazón. El expresidente valenciano mantiene su escaño en Les Corts después de su dimisión para intentar que no le toque la instrucción de la juez de Catarroja.
El Congreso y el Senado deben aprobar un suplicatorio cuando el Tribunal Supremo tiene que proceder penalmente contra un miembro del legislativo. Y es lo que siempre ha pasado. No hay vacío legal ni existe la costumbre de los partidos de denegar por sistema los suplicatorios. El artículo 71 de la Constitución establece que diputados y senadores “no podrán ser inculpados ni procesados sin la previa autorización de la Cámara respectiva”.
La trampa del PP consiste en extender la idea de que Sánchez puede ser procesado en cualquier momento y que conseguirá con sus malas artes que el Congreso rechace el suplicatorio y que todo desaparezca como por arte de magia. Hay varias premisas en todo esto y existen fundamentalmente en la cabeza de los dirigentes del PP, que creen que Sánchez ha estado implicado en negocios oscurísimos, incluso algunos que han tenido lugar en Venezuela. Solo conciben que el presidente acabe en prisión, la típica forma en que se produce la alternancia en una democracia liberal.
En resumidas cuentas, los políticos no se libran de la justicia con los suplicatorios, como bien sabe Ábalos en fechas recientes, y Sánchez no está siendo investigado por ningún delito, ante el pasmo del PP. Pero, con la propuesta hecha en A Coruña, Feijóo se ganó unos cuantos titulares con algo de lo que se olvidará cuando sea pertinente.
La portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, clamó en tono histriónico que van a ganar sin caer en el lado oscuro de la política: “Triunfaremos con algo muy importante, sin habernos convertido en Pedro Sánchez, porque vamos a desterrar esa herencia de odio que lleva inoculando durante años en España”.
¿Herencia de odio? Quien pretende meter en prisión a Sánchez –además de a Begoña Gómez, José Luis Rodríguez Zapatero y ministros que no están ni siquiera investigados– es el Partido Popular.
Pedro Sánchez en el inicio de la demolición de los cuarteles de Campamento en Madrid que darán paso a 10.000 viviendas.
Para que el PP no lo tenga tan difícil, Moncloa tuvo a bien darle más pistas sobre la soledad del PSOE. Sánchez presentó una iniciativa más sobre vivienda, pero muy similar a las que ha adoptado hasta ahora, un real decreto-ley para “continuar interviniendo el mercado del alquiler”, dijo, aunque haciéndolo a favor de los dueños de los pisos. Es otra desgravación fiscal para los propietarios que opten por no subir los precios a los inquilinos este año. Los aumentos en el mercado inmobiliario son tan grandes en muchas ciudades que es probable que ni siquiera eso les salga a cuenta.
Ningún aliado de los socialistas se mostró a favor de un decreto que, si se aprueba en Consejo de Ministros, deberá ser ratificado en el Congreso. “La prórroga de los alquileres no puede ser una opción ni un premio a los caseros. Tiene que ser un derecho de los inquilinos e inquilinas”, criticó el ministro Pablo Bustinduy. La vicepresidenta Yolanda Díaz afirmó que “regalar dinero público a los rentistas es un grave error”. Esquerra, EH Bildu y Podemos ofrecieron respuestas muy parecidas. Como la oposición no está por la labor de salvar a Sánchez, el día de la votación será un ejemplo de que la legislatura ya no da más de sí.
Ahora bien, fracasar en el asunto de la vivienda puede hacerte perder las próximas elecciones, pero no te lleva a la cárcel. Quizá el PP quiera presentar una reforma con la que hacer posible este último punto. Todo sea con tal de mejorar la calidad de la democracia.