Almeida quiere ‘deschabolizar’ la M-30 y ha empezado en el terraplén de Ventas

Almeida quiere ‘deschabolizar’ la M-30 y ha empezado en el terraplén de Ventas

Los márgenes de la M-30 en esta zona han visto cómo desaparecían casi todos los asentamientos de chapa y cartón levantados hace meses. Muchos se han trasladado a otros puntos de Ciudad Lineal por obras en la zona, y el Ayuntamiento avanza una actuación conjunta «próximamente»

Vivir y dormir en las chabolas de la M-30 durante el invierno pese a los recursos públicos: “Es mejor que un centro social”

Es un año distinto pero, en realidad, no han pasado ni dos meses desde la última visita a las chabolas de Ventas. A finales de noviembre, este periódico recorrió los márgenes de la M-30 a su paso por Ciudad Lineal, donde los asentamientos de gente sin hogar eran un elemento más del paisaje a pocos metros de la plaza de toros. A unos 20 minutos a pie, en el mismo distrito, se alzan dos grandes hoteles de cuatro estrellas, el Ilunion y Novotel, pensados para albergar turistas o ejecutivos y cuyas habitaciones esta semana rondan los 300 euros al día. Paradores de alto standing junto a unos refugios de chapa que se trasladaron a los terraplenes de sus alrededores. Dos formas de pasar una noche de invierno.

Recién arrancado el 2026 y con el runrún de posibles desalojos por parte del Ayuntamiento, José Luis Martínez-Almeida confirmó desde el futuro Parque Ventas que Ciudad Lineal sería el punto de partida de una deschabolización inminente en todo Madrid. “Somos conscientes de que estos asentamientos ilegales están ocasionando molestias y alterando la convivencia de los vecinos y el barrio”, aseguró el alcalde, anticipando que pronto se iniciaría un “levantamiento inmediato” de las chabolas en el entorno de la obra. Alegó que estas generaban conflictos en el barrio, y por eso era urgente acabar con ellas. Pero en el vecindario discrepan.

“Para nosotros no representa un problema de seguridad, muchas veces ni siquiera interactuamos. En realidad, lo que no es digno es vivir en esas condiciones sin recibir atención”, sentencia Nuria Serrano, presidenta de la Asociación de Vecinos San Pascual de Ciudad Lineal. Precisamente en sus declaraciones desde Ventas, Almeida especificó que el levantamiento de chabolas se haría desde los Servicios Sociales del Ayuntamiento y se darían “alternativas” a quienes viven en ellas. Eso sí, teniendo siempre claro que “no puede haber asentamientos ilegales que perjudiquen la convivencia en los barrios”, concluyó, distanciándose, sin embargo, de la percepción entre representantes vecinales.


Uno de los principales campamentos con chabolas en Ciudad Lineal desde que se vaciaron las laderas de la M-30

En su discurso desde el distrito, el alcalde de Madrid anticipó que este sería “el año de la vivienda, de los barrios y de su transformación urbana”. Advirtió a los madrileños de cambio “a mejor”. También habló de las complicaciones que implica abrir un censo oficial de estas personas que viven y duermen en la M-30, principalmente al ser gente “que va y viene” y con la que ven difícil contactar. Más desde que muchas huyeron a otros puntos de la ciudad.

Este verano se iniciaron los trabajos para cubrir la vía de circunvalación a la altura de Ventas y construir encima una plataforma ajardinada de más de 16.000 metros de superficie. Además de Ventas o Ciudad Lineal, existen otras zonas de Madrid donde es habitual encontrarse con construcciones de chapa o cartón. Fuentes del Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad confirmaron a mediados de enero que “próximamente” hay programa una actuación conjunta para ponerles fin, y en la que participará la Policía Municipal, Samur-Social y Selur, el Servicio de Limpieza Urgente.

La noticia recuerda a un pasado reciente. Hace algo más de tres años, en 2022, la entonces vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, difundió en redes sociales una imagen muy criticada por oposición y ONG junto a varios asentamientos que estaban desmantelando unos operarios municipales. Lanzaba un mensaje: se acabaron las chabolas. Villacís equiparó este problema con la “okupación” y anunció que el Ayuntamiento había desmantelado casi 600 tiendas improvisadas en toda la ciudad. Las razones aducidas fueron las mismas que ahora, relacionando su presencia con más conflictos vecinales.


La ex vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, en la imagen de 2022 desmantelando unas chabolas

Esta vez, el Ayuntamiento no dará una fecha exacta ni informará de la hoja de ruta por barrios para “no exponer” a un colectivo vulnerable, con el que se comprometen a ofrecer recursos municipales o atención social siempre y cuando estas personas lo acepten. Pedro —nombre ficticio— es trabajador de una ONG que colabora con las personas en situación de calle, cree estar volviendo a un escenario casi olvidado, pero muy presente en el Madrid de los ochenta y noventa: “La ciudad se está llenando de asentamientos, es ahí donde tendríamos que poner el foco”.

Considera que red de recursos está diseñada para un perfil muy tradicional de gente que duerme al raso, generalmente hombres de entre 40 y 50 años que viven solos, pero “no atiende de la misma forma a grupos cohesionados”. De momento, el Ayuntamiento de Madrid mantiene tres equipos de atención en calle focalizados en asentamientos chabolistas o grupos que atienden en los 21 distritos de la capital.

Siete de cada diez personas sin hogar lo son a largo plazo

Pedro asegura que este fenómeno vuelve a extenderse a toda la región, desde Fuenlabrada al Corredor del Henares. “Antes, las personas sin hogar solían serlo a raíz de un problema concreto. Una deuda, o tal vez una adicción. Ahora, cada vez te encuentras a más trabajadores cobrando el salario mínimo que ya no pueden pagar una habitación”, añade, introduciendo una clave contemporánea al problema del sinhogarismo: “Si no hay viviendas accesibles, habrá más asentamientos”.

La relación entre las dificultades para encontrar piso en una capital abrumada por los alojamientos turísticos que suben el precio al metro cuadrado —el año pasado se detectaron hasta 15.000 en régimen ilegal— o los fondos extranjeros que adquieren edificios para reformarlos a precio de dólar, las posibilidades de perder una casa y no volver a encontrarla, han dejado de ser asunto exclusivo de los más vulnerables.


Las pertenencias de María y Sandu continúan en Ventas porque desconocen la noticia

Con los datos en la mano es difícil comprobar cómo evoluciona este fenómeno. Muchas personas sin hogar llevan años viviendo al margen del sistema, así que existen pocas estadísticas oficiales que reflejen su realidad. En el Instituto Nacional de Estadística (INE), por ejemplo, la más reciente es de 2022, cuando el acceso a una vivienda era ya algo complejo pero aún no alcanzaba la magnitud de los últimos años. Las primeras cifras post-pandemia reafirmaron que se trata de un problema estructural, y casi nunca puntual: el 70% de la gente llevaba más de cinco años en situación de calle (20.207 sobre un total de 28.552 casos en España) y solo un 10% había pasado un año o menos a la intemperie.

En la inmensa mayoría de casos predominan tres razones: ser migrante y empezar de cero en España (8.061 personas), haber perdido un trabajo (7.522) o no tener acceso a una vivienda, ya sea a raíz de un desahucio (4.519) o por la imposibilidad de seguir pagando (4.115). Dentro del primer grupo —también el más numeroso— están María y Sandu, una pareja de origen rumano con la que este periódico habló hace dos meses en el entorno de Ventas. Aun con el éxodo de chabolas por las obras, sus pertenencias continúan en el mismo sitio.

Somos Madrid ha intentado ponerse en contacto con los equipos de calle, unos grupos interdisciplinares que dependen del Ayuntamiento y atienden a personas vulnerables en situación de calle —ocho en turno de mañana y dos durante la tarde— para conocer su percepción acerca del panorama actual en la ciudad, pero no ha obtenido respuesta. Normalmente, en cada equipo debe haber dos trabajadores sociales y dos auxiliares del servicio, que además de una intervención directa disponen de 60 plazas para las personas sin hogar que lo soliciten.

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