El primer ministro de Canadá reconoce la «mentira» del orden internacional ante las amenazas de Trump
El líder canadiense reconoce que las reglas internacionales se han aplicado historicamente de forma asimétrica y llama a los países medianos a colaborar en un mundo gobernado por los intereses de los grandes poderes
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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha suscitado el aplauso de los grandes empresarios transnacionales, políticos y comentaristas reunidos en la nueva edición del Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos (Suiza). Con un discurso pragmático, el líder canadiense dio el martes por finiquitado el “orden internacional basado en reglas” al que apelan los países occidentales, tras reconocer que está sustentado en un relato que en parte siempre ha sido un “mentira”, y ha llamado a las potencias medianas a coordinarse para sobrevivir entre los grandes poderes.
La intervención de Carney se entiende en el contexto del giro declaradamente imperialista del presidente estadounidense, Donald Trump, que en 2025 especuló con la posibilidad de anexionarse Canadá —con menos vehemencia de la que expresa actualmente por Groenlandia— y cuyas amenazas arancelarias condicionaron las elecciones en el vecino del norte, en las que el liberal Carney, del mismo partido que el ex primer ministro Justin Trudeau, salió victorioso.
“Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían a sí mismos cuando les conviniera. Que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima”, señaló Carney, que reconoció que tal “ficción” resultaba útil, pues “la hegemonía estadounidense, en particular, contribuyó a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos para la resolución de disputas”.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico de Davos el 20 de enero.
Pero hoy la situación es definitivamente otra, y ya no valen artificios retóricos, planteó. “Llamemos al sistema por su nombre: un periodo en el que los más poderosos persiguen sus intereses utilizando la integración económica como arma de coacción”, denunció, en clara referencia a Trump, a quien no mencionó por el nombre.
Carney comparó la situación actual con la que denunciaba en 1978 el dramaturgo checo Václal Havel, que posteriormente sería primer ministro del país. El orden comunista seguía en pie, según defendía Havel, porque los ciudadanos corrientes participaban en el sistema pese a saber íntimamente basado en una mentira; la situación actual vendría a ser hoy análoga.
En el discurso hubo una denuncia del uso interesado de las instituciones internacionales: “Las grandes potencias comenzaron a utilizar la integración económica como arma. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. No se puede ”vivir la mentira“ del beneficio mutuo a través de la integración cuando esta se convierte en la fuente de la subordinación”.
Ante este estado de cosas, lo que toca a los poderes medianos, como Canadá, es colaborar entre sí, vino a decir Carney. Y en este marco se explica el reciente acuerdo anunciado la semana pasada con el líder chino, Xi Jinping, en materia de comercio energía, agricultura y alimentación, con el que aspira a que las exportaciones canadienses al país asiático alcancen los 3.000 millones de dólares.
“En un mundo marcado por la rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por obtener favores o unirse para crear una tercera vía con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos impida ver que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos”, defendió.