El caso de Brooklyn Beckham o cómo se está rompiendo el estigma de los hijos que cortan la relación con sus padres

El caso de Brooklyn Beckham o cómo se está rompiendo el estigma de los hijos que cortan la relación con sus padres

Un comunicado en redes del primogénito de Victoria y David Beckham cargando contra sus padres por anteponer los intereses económicos y su imagen pública a la relación familiar ha desatado la conversación: «Crecí con una ansiedad abrumadora»

El tabú de cortar la relación con tus propios padres: “Le agradezco que me diera la vida, pero también me la quitó”

En uno de los últimos vídeos que ha posteado, Brooklyn Beckham prepara pollo a la parmesana. El contenido tiene 190.000 ‘me gusta’ y cientos de miles de comentarios. Pocos hablan, sin embargo, de la calidad de la receta: “No pierdas a la gente que te quiere incondicionalmente, especialmente a tu madre, que dio años de su vida para criarte y asegurarse de que todas tus necesidades estaban cubiertas”, escribe una joven. “Tu padre cocina mejor. No serías nadie si no fuera por él. Ubícate, sé humilde”, indica un hombre en cuya foto de perfil camina con un niño pequeño. Una mujer indica simplemente: “Llama a tus padres”.

Hay también quien lo apoya, indicando que nadie mejor que él conoce las razones por las que ha decidido cortar la relación con sus padres, los todopoderosos Beckham. Pero son los menos: la mayoría de los comentarios hacen alusión a la necesidad de respetar a quienes le dieron la vida, la carrera y el apellido. 

Parece que el tabú persiste: la familia es lo primero. Sin embargo, con el comunicado que compartió a través de stories, Brooklyn Beckham se suma a una tendencia pequeña, pero notoria, de personajes públicos que afirman sin ambages haber roto los lazos con sus progenitores. Su caso, de hecho, recuerda bastante al del príncipe Harry, que (también tras su emparejamiento) ha hecho partícipe al mundo entero de los problemas familiares que le llevaron a cesar la comunicación con su padre, sacando de ello un jugoso rédito económico. En el caso de Brooklyn, se dice que ya podría estar negociando la publicación de sus memorias, en las que por fin contaría la historia de su vida bajo sus propios términos.

Aunque sin ese tipo de presencia mediática, también la presentadora Inés Hernand y la youtuber Esty Quesada (Soy una Pringada) han hablado abiertamente acerca de la ruptura de relación con sus padres y su madre, respectivamente. Curiosamente, en inglés este concepto se denomina estrangement, una palabra que no tiene equivalente en español. Quizá porque aquí la familia nos parece aún más irrenunciable que en la cultura anglosajona.

“Durante años, el lazo con los padres se ha sostenido como algo incuestionable. Ese término tenía un peso tan grande que aunque hubiese conflicto, sufrimiento o incluso violencia, lo esperable y deseable como hijo era callar y tragar…”, cuenta Alicia Escaño, psicóloga clínica. “Hoy en día sí que aparece con más fuerza la idea de que no todo vínculo nos protege, incluido el de los padres. Ahora, el corte de ciertas relaciones, incluida esta, se empieza a ver como una forma de cuidado psíquico”, continúa.

Durante años, el lazo con los padres se ha sostenido como algo incuestionable. Ese término tenía un peso tan grande que aunque hubiese conflicto, sufrimiento o incluso violencia lo esperable y deseable como hijo era callar y tragar

Alicia Escaño
psicóloga clínica

Una vida bajo el foco

“Durante toda mi vida, mis padres han controlado las narrativas en la prensa sobre nuestra familia. Las publicaciones en redes sociales, los eventos familiares y las relaciones falsas han sido parte de la vida en la que nací”, revelaba Brooklyn, primogénito de los Beckham, en el comunicado publicado en sus redes. 

El texto continuaba señalando los efectos que ha tenido el sharenting en su vida: “Mi familia valora la promoción pública y los patrocinios por encima de todo. La marca Beckham es lo primero. El amor familiar se define por cuánto publicas en redes sociales o por la rapidez con la que lo dejas todo para posar para una foto familiar, incluso si eso implica renunciar a nuestras obligaciones profesionales. (…) Mis padres me han controlado la mayor parte de mi vida. Crecí con una ansiedad abrumadora. Por primera vez en mi vida, desde que me separé de mi familia, esa ansiedad ha desaparecido. Me despierto cada mañana agradecido por la vida que elegí y he encontrado paz y alivio”. 

Son cada vez más los hijos adultos que lamentan que sus padres hayan subido fotos suyas a las redes, creando una narrativa que ellos no pudieron controlar. O incluso exponiéndolo a peligros potenciales, como denuncia Delphine de Vigan en la ficción Los reyes de la casa (Anagrama, 2022). 

Estos testimonios toman aún más fuerza en el caso de personas cuyos padres hayan sacado rédito económico de la exposición de los menores, como relata Shair Franke en La casa de mi madre. La lucha de una hija por la libertad (Penguin Random House, 2026). En el volumen, Franke relata la ansiedad que experimentó viviendo una infancia mediatizada por la exposición en Internet, donde ella y sus hermanos debían interpretar continuamente el canon de familia perfecta. El documental de Netflix Malas influencias. El lado oscuro de las redes en la infancia (2025) se centra por su parte en el caso de la estrella de YouTube Piper Rockelle, una menor cuya madre sometía, junto con sus amigos, a jornadas maratonianas de grabación y exposición en redes.

Mi familia valora la promoción pública y los patrocinios por encima de todo. La marca Beckham es lo primero. El amor familiar se define por cuánto publicas en redes sociales o por la rapidez con la que lo dejas todo para posar para una foto familiar

Brooklyn Beckham
en su comunicado

Franke consiguió deshacerse por fin de la relación con su madre, condenada por abusar de dos de sus hermanos. Piper, no. Tampoco Lauryn Licari, la protagonista del documental Número desconocido (2025), a quien su madre ciberacosó durante años. “Separarse de los padres siempre será algo muy complejo, ya que son figuras que están en la base de la constitución subjetiva”, resume Escaño.

¿Puede la exposición pública de casos como el de Brooklyn Beckham cambiar esta dinámica? “Las redes sociales juegan un papel central. Funcionan como espacios donde lo íntimo se vuelve relato. Cuando alguien conocido verbaliza esto, no solo legitima una decisión, sino que pone palabra a quienes no las tenían o no se permitían tenerlas”, cuenta la profesional. “Pero tiene un doble filo: para algunos, es acompañamiento, alivio y pertenencia, pero, en otros casos, puede precipitar decisiones impulsivas basadas en la identificación, y quizás no tanto en el proceso íntimo”.

Cuando alguien conocido verbaliza esto, no solo legitima una decisión, sino que pone palabra a quienes no las tenían o no se permitían tenerlas

Alicia Escaño
psicóloga clínica

La familia vende

Cuando Brooklyn nació en 1999, Facebook ni siquiera se atisbaba; la suya ha sido una vida expuesta, primero, en las revistas y la televisión, y luego, ya sí, en Internet. Como demostró el documental Beckham (2023) y como se aprecia en las redes sociales de David y Victoria, los cuatro hijos de la pareja son parte importante del mensaje que quieren transmitir, que ahora está sufriendo un revés debido al desplante de su primogénito.

Porque, en el siglo XXI, la familia feliz aún vende. En estos tiempos de celibato voluntario, mating y dating gap (la brecha entre hombres y mujeres a la hora de salir juntos y tener hijos) y tasas bajísimas de natalidad, encontramos cada vez más difícil poder abonarnos al pack madre-padre-hijos, cuando no los rechazamos directamente por principios o identidad sexual. Quizá precisamente por eso es tan eficaz como artefacto de marketing en medios: porque se asemeja cada vez más a una imagen ideal, una rara avis asociada globalmente a sensaciones de confianza, cercanía, bienestar y seguridad (siempre que sus miembros sean blancos y tengan dinero), sin esas fricciones inevitablemente asociadas a las relaciones humanas. 

Posiblemente, sea esa amalgama de sensaciones lo que late detrás de todos esos comentarios que cientos de personas anónimas se apresuran a escribir en las publicaciones de Brooklyn Beckham. “Mis padres murieron cuando era joven: aprovecha tú que los tienes vivos”, dicen algunos. “Cómo puedes dejar de hablar con tus padres… algún día te darás cuenta de lo que has hecho y será demasiado tarde”, dicen otros. Es, de alguna manera, como si se lo dijeran a sí mismos. Como si temieran que les sucediese algo similar con sus hijos. Como si Brooklyn, con su retahíla de quejas paternales de alto standing —que incluyen vestidos de diseñador, bodas de cientos de miles de dólares y herencias millonarias— hubiese roto la nostalgia capitalista definitiva: la de la familia perfecta. 

Es como si Brooklyn Beckham, con su retahíla de quejas paternales de alto ‘standing’ –que incluyen vestidos de diseñador, bodas de cientos de miles de dólares y herencias millonarias– hubiese roto la nostalgia capitalista definitiva: la de la familia perfecta 

A los cuatro vientos

“Las expectativas sociales pesan fuertemente sobre las experiencias de las personas en situaciones de distanciamiento familiar, especialmente en sus decisiones sobre si revelarlo a otros y de qué manera hacerlo”, se lee en el estudio de la Universidad de Melbourne Family Estrangement and the Unseen Work of Not Doing Family (2024). En el trabajo, muchos de los 1.200 participantes relataban los problemas que tenían a la hora de contar que habían cortado lazos con alguien de su familia. 

“De forma abrumadora, el distanciamiento familiar era algo que a la gente le resultaba difícil de revelar sobre sí misma. Era un tema sensible que en ocasiones podía compartirse con amistades cercanas, pero lo más habitual era que las personas temieran una mala reacción y desarrollaran estrategias para gestionar las conversaciones sobre la familia. La lógica de fondo coincide con el análisis de Smart [en otra investigación] sobre por qué las personas guardan secretos familiares: la amenaza de emociones sociales como la vergüenza y el bochorno impone a las personas la obligación de ‘crear un relato familiar a través del cual las familias reales pasan a parecerse más a la familia ideal o mítica”, escribe su autora, la profesora de Ciencias Sociales y Políticas Ashley Barnwell.

Brooklyn, desde un lugar de alto privilegio y exposición, está, pues, rompiendo una narrativa extraordinariamente implantada en nuestra sociedad (y aún no sabemos a qué precio). Haciéndolo, visibiliza un camino que, tímidamente, parece abrirse para aquellos que han decidido cortar vínculos con sus progenitores. “Lo nuevo no es tanto la separación en sí, sino la posibilidad de visibilizarlo y verbalizarlo sin que la culpa nos atraviese. Antes, decir que no te hablabas con tus padres solía vivirse con vergüenza o remordimiento. Hoy, en cambio, puede decirse sin tanto silencio alrededor, incluso encontrando reconocimiento o identificación en otros”, concluye Escaño.