El gigante chino Anta puja por Puma, la marca alemana fruto de una pelea familiar y en manos del dueño de Gucci
Puma está controlada por el holding inversor de una de las mayores fortunas de Francia, François Henri Pinault, y está valorada en bolsa en más de 3.000 millones de euros
Nike y Puma pierden negocio pese al tirón de los Juegos Olímpicos y Adidas se salva gracias a las zapatillas Samba y Gazelle
Es una de las grandes empresas del sector de las prendas deportivas, pero venida a menos. Puma ha vestido a algunos de los grandes nombres del deporte, como el futbolista Pelé, el atleta Usain Bolt o, actualmente, a equipos como el Manchester City, el Espanyol de Barcelona o la selección de Marruecos. Sin embargo, en los últimos meses, la enseña de origen alemán vive momentos complicados, con unas ventas que no tiran, lo que ha llevado a su principal accionista a pensar en su venta.
Desde hace años, el principal inversor de Puma es Artémis, el holding inversor de una de las mayores fortunas de Francia, François Henri Pinault. Es la misma sociedad que controla el grupo Kering, matriz de marcas de lujo como Gucci, Balenciaga o Yves Saint Laurent, entre otras. Artémis también es dueño de la casa de subastas Christie’s o de medios de comunicación, como la revista Le Point. Y tiene casi el 30% de Puma. No tiene el control absoluto del capital, pero es su único accionista de referencia, lo que le da la capacidad de gestión.
El mercado baraja, desde hace tiempo, la venta de la inversión del holding de Pinault en Puma. Y ya hay un candidato claro a su compra, la multinacional china Anta. Como tal, esta no es una empresa excesivamente conocida, pero sí algunas de las marcas que controla, como las enseñas de deporte de montaña Salomon o Arc’teryx o una de las enseñas más ligadas al mundo del tenis, Wilson.
Anta ha propuesto a Artémis comprar su participación, de acuerdo con la información publicada por la agencia Reuters. El problema, según una de sus fuentes, es el precio. La compañía francesa habría pedido cerca de 40 euros por acción, cuando Puma cotiza actualmente en el entorno de los 22 euros. Esa valoración supondría para la empresa china una inversión cercana a los 2.000 millones de euros, cuando esa participación, a precios de mercado, ronda los 1.000 millones. De momento, la empresa francesa no ha hecho comentarios sobre una posible venta, pero sí ha admitido que no considera su participación en Puma como una inversión de carácter estratégico.
Hay que tener en cuenta que esos 40 euros por acción eran el precio de Puma hace un año. Sin embargo, en cerca de 12 meses, su valoración en el parqué se ha ido hundiendo, lastrada por los propios resultados de la empresa, un proceso de reestructuración y de despidos. En noviembre, Puma llegó a tocar los 15 euros, pero la opción de una venta ha ido animando el precio en las últimas semanas.
El origen, una disputa entre dos hermanos
Puma es junto a Adidas una de las principales marcas de prendas deportivas de origen alemán. Y no puede entenderse la una sin la otra. Fueron fundadas por dos hermanos, Adolf (Adi) y Rudolf (Rudi) Dassler, en la misma localidad, Herzogenaurach y, prácticamente, dividieron el pueblo en dos.
Esa rivalidad personal se llevó al terreno empresarial, lo que dio lugar a una competencia corporativa que se alimentó durante décadas. Hasta tal punto que la pelea entre las dos compañías se ha visto plasmada en la pequeña pantalla, a través de una serie documental, ‘Adidas vs. Puma’, incluida en la plataforma digital Disney+.
Puma estuvo en manos de la familia fundadora hasta hace casi 40 años, cuando los descendientes de Rudi Dassler decidieron sacar la empresa a bolsa. Y desde entonces ha ido cambiando de manos en varias ocasiones, hasta que, en 2006, pasó a control francés, acabando en el holding de la familia Pinault. Entonces, hace casi dos décadas, Puma se valoró en más de 5.000 millones de euros. Hoy, tras los últimos movimientos en bolsa, ronda los 3.000 millones.
Unos resultados financieros que no brillan
Ahora el problema de fondo son sus ventas y su rentabilidad. Puma está tratando de dar un giro a su modelo de negocio y en medio se ha cruzado la posibilidad de un relevo en su principal accionista de referencia. Ya en abril del año pasado cambió a su consejero delegado. Nombró a Arthur Hoeld a quien se fue a buscar en su competencia, porque Hoeld, exjugador de balonmano, era responsable de ventas de Adidas y miembro del comité de dirección del eterno rival de Puma.
Tras su llegada a la empresa, Hoeld aseguró que 2025 iba a ser un año de reajuste. “Hemos tomado medidas importantes para sanear Puma, mejorar nuestra gestión de caja y reducir nuestros gastos operativos”, justificó al explicar su replanteamiento. “Estamos actuando con rapidez para hacer que el negocio sea más eficiente y resiliente”.
Parte de esos reajustes han pasado por reestructurar su deuda. A finales de diciembre, Puma cerró con Banco Santander un préstamo puente de 500 millones de euros y líneas de crédito de más de 100 millones. Con ellos busca dar oxígeno a su situación financiera. Al cierre del tercer trimestre del pasado año su deuda alcanzaba los 1.200 millones de euros.
En esos últimos resultados, la multinacional comunicó una caída de ventas casi el 5% en nueve meses, hasta quedarse cerca de los 5.000 millones de euros. Asumió la debilidad de mercados clave, como Estados Unidos, China y Europa. La derivada que tuvo que asumir: unos números rojos de más de 300 millones de euros y un plan de reestructuración que ha conllevado el recorte de 900 empleos.
Una empresa china con apetito comprador
En esta situación, el grupo chino Anta se perfila como alternativa para hacer revivir a Puma, si acaban concretándose las negociaciones. En Europa no es una multinacional excesivamente conocida, aunque sí lo sean sus marcas. Como en el caso de la multinacional alemana, Anta Sports es una empresa cotizada. En Hong Kong, donde está valorada en el equivalente a unos 25.000 millones de euros. Y, en este caso, sí sigue en manos de su familia fundadora, encabezada por su presidente, Ding Shizhong. En 2024, el último año con datos publicados, facturó más de 8.700 millones de euros, según figura en su memoria anual.
Para Anta, Puma sería una pieza más en su crecimiento. Hace casi siete años realizó uno de sus principales movimientos corporativos, con la compra de Amer Sports, el grupo finlandés dueño de Wilson, Salomon y Arc’teryx, en una operación que se valoró en 4.200 millones de euros.
Desde entonces ha acelerado el patrocinio de equipos y de deportistas. Por ejemplo, en la NBA, donde ha sellado acuerdos con jugadores como Klay Thompson o Kyrie Irving. Tampoco está exenta de polémica. Como ha ocurrido con otras marcas chinas, Anta ha sido criticada por el uso de algodón producido en la región de Xinjiang, por las condiciones laborales de los trabajadores que producen esta materia prima.