Nuestros hijos, atrapados en sus redes

Nuestros hijos, atrapados en sus redes

Si de redes hablamos, hace tiempo que las tecnológicas practican la pesca de arrastre: ninguno estamos a salvo de su capacidad depredadora. Necesitamos la fuerza del Estado para defender a nuestros hijos, pues las familias no tenemos ninguna opción en un combate tan desigual

España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años

¿No conoces a Paquito ASMR? Un mono de voz susurrante creado con IA, que lleva auriculares y micrófono y que prueba comidas mientras hace sonidos relajantes al sorber o masticar. Yo lo he descubierto gracias a mis hijas, que han visto todos sus vídeos, y como ellas también me he enganchado.

Los vídeos de Paquito triunfan en redes sociales, y ahora viene lo gracioso: mis hijas no tienen redes sociales, por decisión familiar. Tampoco yo tengo. Y ahora viene lo menos gracioso: igual que ven a Paquito, pueden ver otros contenidos menos divertidos y nada relajantes que seguramente también les llegan, enviados por amigos, difundidos en grupos de WhatsApp, o al abrir YouTube, plataforma convertida ya también en red social, con contenidos idénticos a TikTok pero sin necesidad de iniciar sesión.

Por eso celebro el anuncio del presidente Sánchez, en la línea de países que ya han prohibido el acceso de menores a redes sociales, como Australia, y otros que también lo están considerando, como Francia o Portugal. Lo celebro aunque mis hijas no tengan redes sociales, porque tampoco ellas están a salvo de caer en sus redes, perdón por la metáfora facilona.

Si de redes hablamos, hace tiempo que las tecnológicas practican la pesca de arrastre: ninguno estamos a salvo de su capacidad depredadora para robarnos tiempo, atención, datos, privacidad, sueño, salud mental y democracia. No hay escapatoria individual, porque además el destrozo que hacen es social, no individual: incluso aunque mis hijas quedasen a salvo, si tus hijos siguen siendo adoctrinados por creadores de contenidos ultraderechistas, también mis hijas y yo sufrimos las consecuencias. Porque aunque siempre mencionamos el porno, la violencia o la salud mental al hablar de menores, a mí me preocupan más otros contenidos tanto o más dañinos.

Necesitamos la fuerza del Estado para defender a nuestros hijos de las redes, pues las familias no tenemos ninguna opción en un combate tan desigual. Podemos criticar la irresponsabilidad de quienes regalan un móvil a niños de Primaria o se desentienden de lo que hacen sus hijos en redes, pero hasta el padre más responsable y cuidadoso está vendido ante gigantes empresariales empeñados en dañar a nuestros hijos. Y hay que decirlo así de claro: están empeñados en dañar a nuestros hijos, no se puede entender de otra manera.

Espero que la prohibición que plantea el gobierno sea real, que tenga en cuenta los muchos agujeros y la capacidad de las tecnológicas para sortear cualquier barrera. Deberíamos haberlo prohibido hace años, pero estamos a tiempo. De lo contrario, llegará un día no muy lejano en que nuestros hijos nos reprochen: “¿por qué nos dejasteis a merced de sus redes?”