¿A quién le importan las víctimas?

¿A quién le importan las víctimas?

Errejón. Monedero. Salazar. Bautista. Todos los casos revelan la falta de vigilancia activa y de mecanismos eficaces dentro de los partidos políticos, todos muestran que es más fácil señalar al contrario que mirarse a uno mismo. Mientras, las cuestionadas, las señaladas, hagan lo que hagan, son las mujeres que deciden hablar

Los correos de la concejala de Móstoles desmienten al equipo de Ayuso y prueban que sí denunció acoso sexual

No hubo manera de que Paco Salazar, el exasesor de Pedro Sánchez señalado por varias mujeres por acoso sexual, cerrara una fecha para comparecer ante la comisión de investigación que el PSOE abrió para dirimir los hechos. Estaba muy ocupado con continuos viajes al extranjero, según decía el informe con el que su hasta entonces partido cerró la investigación. Salazar sí encontró un hueco para acudir este jueves a la comisión sobre el ‘caso Koldo’ abierta en el Senado, y fue ahí donde, por primera vez, respondió públicamente sobre el caso. La coincidencia hizo que el mismo día conociéramos un nuevo caso de acoso sexual en un partido, en este caso, el Partido Popular: la dirección de esta formación en Madrid presionó a una concejala para que no denunciara al alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, evitó reunirse con la mujer.

La combinación de un asunto y otro deja claro, al menos, una cosa: la manera en la que la violencia sexual llega a instrumentalizarse en las luchas partidistas, mientras todos tienen deberes por hacer. ¿A alguien le importan las víctimas, más allá de utilizarlas como armas arrojadizas hacia el contrario?, ¿alguien se toma en serio el machismo estructural, que oscila entre la broma aparentemente inofensiva y el acoso o la agresión?

En el caso de Móstoles, desvelado por El País, existen varios correos electrónicos de la mujer a la dirección del partido en Madrid en busca de ayuda y amparo, peticiones de reuniones con Ayuso, un escrito muy amplio ante el Comité de Garantías del PP y testigos que confirman el relato de la víctima. El Comité de Garantías cerró el expediente porque, asegura el PP, el caso no se sostenía. Sin embargo, con la información disponible hasta ahora, ni la víctima fue escuchada ni tampoco los testigos que propuso. La respuesta del PP de Ayuso es que se trata de un caso fabricado en su contra.

Es el mismo partido que utiliza el caso Salazar, desvelado por elDiario.es, como ariete contra su contrincante. “¿Qué se puede esperar del trato que le han dado a las mujeres?”, se preguntaba en una intervención en la Asamblea el pasado diciembre la propia Ayuso, la misma que rehusó reunirse con la edil de Móstoles pero que sí recibió al alcalde, aun después de conocer las acusaciones de la mujer.

Este jueves, Cuca Gamarra, vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, aprovechaba la comparecencia de Salazar en el Congreso para asegurar que el PSOE había “mirado para otro lado” y “tirado a la papelera” las denuncias internas de las mujeres contra el exasesor de Pedro Sánchez. Para Gamarra, la regeneración institucional de su cargo no incluye preocuparse por la prevalencia del acoso sexual que expulsa a las mujeres de todo tipo de espacios e instituciones, salvo que se trate del PSOE.

Mientras, tanto en el Senado como la Asamblea de Madrid, algunas socialistas buscaban recuperar algo de dignidad para su partido, después de las dilaciones en la investigación interna a Salazar que desveló este periódico. “No tuvo un comportamiento adecuado contra mis compañeras, eso sí le lo tengo que reprochar como militante socialista. Lo lamento mucho y espero que usted también lo haga. Nos avergüenzan a hombres y mujeres socialistas”, le espetaba la senadora María del Lirio Martín. “Me da asco lo que ha pasado y me da el mismo asco lo que hizo Paco Salazar, la diferencia es que en el PSOE quien la hace y la paga y se va a la puta calle y ustedes están amparando hoy a un acosador sexual”, decía en la Asamblea de Madrid la diputada regional Lorena Morales.

De fondo, la renuncia de Elisa Mouliaá a seguir como acusación en el procedimiento que inició por agresión sexual contra Íñigo Errejón. O la difusión de datos personales de mujeres por parte de Julio Iglesias después de la denuncia contra él de varias extrabajadoras recogida en la investigación de elDiario.es.

Errejón. Monedero. Salazar. Bautista. Todos los casos revelan la falta de vigilancia activa y de mecanismos eficaces dentro de los partidos políticos para prevenir y actuar en casos de violencia sexual y acoso. Todos muestran que es más fácil señalar al contrario que mirarse a uno mismo. Llamarse feminista que serlo. Mientras, las cuestionadas, las señaladas, hagan lo que hagan, lo hagan como lo hagan, son las mujeres que deciden hablar. Denuncia, nos dicen. Y después, el descrédito.