Pascal Kaiser, el árbitro alemán que ha desafiado la homofobia: «En el fútbol, las personas LGBTQ+ son a menudo invisibles»

Pascal Kaiser, el árbitro alemán que ha desafiado la homofobia: «En el fútbol, las personas LGBTQ+ son a menudo invisibles»

El pasado fin de semana, antes del partido de la Bundesliga entre el FC Köln y el Wolfsburgo, el árbitro Pascal Kaiser se arrodilló sobre el césped, estiró su mano izquierda con la que sujetaba una pequeña caja blanca y le propuso matrimonio a su pareja Moritz ante unos 40.000 espectadores

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Esta es una historia extraordinariamente corriente sobre un chico que conoce a otro en Tinder y de esa casualidad algorítmica nace una relación que termina en pedida de mano. Lo que es del todo inusual es el escenario de la puesta en escena: un estadio de fútbol repleto de aficionados, cámaras, medios de comunicación y la habitual expectación mediática que rodea un encuentro. El pasado fin de semana, antes del partido de la Bundesliga entre el FC Köln y el Wolfsburgo, el árbitro Pascal Kaiser se arrodilló sobre el césped, estiró su mano izquierda con la que sujetaba una pequeña caja blanca y le propuso matrimonio a su pareja Moritz ante unos 40.000 espectadores.

“El fútbol ha marcado mi vida emocional, profesional y socialmente. Al mismo tiempo, sigue siendo un espacio donde las personas LGBTQ+ a menudo son invisibles o sienten presión para quedarse en silencio. Quería unir algo profundamente personal con el entorno que más me ha puesto a prueba”, explica Pascal Kaiser. Pedir matrimonio en un estadio de fútbol de primera categoría fue tanto una declaración de amor como un mensaje intencionado: “Nosotros también pertenecemos a aquí”, describe.  

Aunque la cultura intimidatoria que existe en el mundo del fútbol se ha ido suavizando con el paso de los años, los chistes homofóbicos siguen siendo una constante, especialmente en los partidos a nivel amateur. El ‘Guti, Guti, Guti maricón’ sigue sonando en algunos estadios. O al portero rival se le sigue insultando en esos términos durante su carrera para lanzar un saque de meta. “En una multitud, la gente se siente anónima y poderosa. Gritar insultos puede convertirse en una forma de afirmar su dominio, especialmente en un espacio donde se celebra la masculinidad tradicional. Solitarias, muchas de esas personas jamás dirían lo mismo. El efecto de grupo amplifica los prejuicios”, afirma Kaiser. 

HE SAID YES! 🌈💍

The moment queer football fan Pascal proposed to his boyfriend before a Bundesliga game.

Pascal Kaiser came out three years ago. He is also an Amateur referee and a huge fan of Bundesliga side Cologne. pic.twitter.com/fx3FdfTIw2

— DW Sports (@dw_sports) February 2, 2026

La opacidad y la persistente invisibilidad es evidente entre los futbolistas –el pasado 13 de enero, Josh Cavallo, el primer futbolista profesional masculino abiertamente gay de Australia, alegó que la “homofobia interna” lo obligó a abandonar el Adelaide United. En España, ningún jugador en activo de alto nivel ha salido del armario públicamente–, pero también lo es dentro del arbitraje, un entorno “muy masculino y jerárquico”. Kaiser ha sufrido “comentarios, bromas e insultos, a veces de forma directa, a veces indirecta. A menudo no es un odio manifiesto, sino una cultura en la que ciertas palabras y actitudes se consideran ‘normales’, pero eso no las hace inofensivas”, relata. 

Esa sutileza en la repulsa también la sufrió dentro del propio colectivo arbitral. “Tras declararme homosexual, experimenté falta de apoyo: no me ascendieron ni me animaron, a menudo no me saludaron o rara vez me reconocieron, y me hicieron promesas que nunca se cumplieron”. No fue un rechazo abierto, describe Kaiser, sino una forma velada de exclusión. “Puede ser igual de dolorosa. Especialmente en el arbitraje, donde el apoyo y la confianza son esenciales, este tipo de comportamiento deja huella”.

La larga batalla del fútbol contra el racismo puede ser instructiva en este sentido. “Las sanciones claras envían un mensaje claro: ciertos comportamientos tienen consecuencias. La educación es importante, pero sin responsabilidad, el cambio ocurre muy lentamente”, cuenta Kaiser. Aunque sí hay precedentes de sanciones por insultos homófobos, especialmente en la Premier League, todavía son escasos. En la competición inglesa era muy frecuente el cántico ‘Chelsea rent boy’, un mito urbano según el cual un alto cargo de los Chelsea Headhunters (el grupo hooligan de ultraderecha) fue sorprendido por la policía en la cama con un trabajador sexual masculino (‘rent boy’, en jerga inglesa). En el año, 2023 el Wolverhampton recibió una multa de 100.000 libras por corear ese cántico durante un partido frente al Chelsea. La policía arrestó a tres aficionados en el Molineux Stadium que se habían negado a dejar de cantar. Durante el primer tiempo, los agentes les habían hecho advertencias verbales.

La denuncia de la que no se tiene constancia 

La historia de Kaiser dio un giro total el pasado jueves cuando los medios alemanes publicaron que en otoño de 2024, el dueño de un bar de Colonia presentó una denuncia contra el árbitro. Según estas informaciones, Kaiser presuntamente había robado unos 6.000 euros de la caja registradora del establecimiento y la Fiscalía de Colonia había iniciado la búsqueda y captura del denunciado. 

Sin embargo, al día siguiente el periódico Bild aclaró que no existe ninguna búsqueda en curso de Kaiser al que es sencillo encontrar con un perfil público en redes sociales. Desde su oficina de representación explican que tampoco tienen constancia de ninguna denuncia: “Pascal no ha recibido información oficial sobre este asunto: no hay cartas ni notificaciones formales que indiquen que se ha presentado una denuncia en su contra. El error inicial parece provenir de la fiscalía, que afirmó erróneamente que se buscaba a Pascal. Esta desinformación ha dañado significativamente la reputación de Pascal y tomaremos las medidas oportunas al respecto”.