Esto va tal cual, Alberto

Esto va tal cual, Alberto

Ahora mismo la derecha española habla de lo que quiere Vox, cuando quiere Vox y cómo quiere Vox. Feijóo conserva la ventaja del tamaño y la organización, pero Abascal controla el relato y los tiempos; el tiempo corre a su favor

MAPA – Los resultados de las elecciones en Aragón 2026, municipio a municipio

Los datos de participación ofrecieron la primera noticia. La relativa desmovilización de los votantes en las áreas rurales y la movilización en las áreas urbanas no encajaban, ni con las previsiones demoscópicas, ni con las percepciones dejadas por la campaña. Subía la participación en Zaragoza, pero bajaba en Teruel y Huesca. Podía estar pasando de todo, que la derecha estuviera haciendo cola en los colegios, que la izquierda hubiera salido en la recta final de la campaña de la apatía y el desconcierto que mostraban los sondeos, o que los socialistas fueran camino de un descalabro aún mayor perdiendo el voto rural. Pasó un poco de todo.

El Partido Popular había adelantado las urnas en Aragón buscando sumar otra muesca en el revolver de vapuleos a los socialistas y poner en su sitio a Vox. Como en Extremadura objetivo cumplido a medias. Clara victoria sobre el PSOE, pero perdiendo votos y más escaños. Y aún le salen peor las cuentas a su derecha: el aliado verde con derecho a roce avanza hasta convertirse en socio de pleno derecho. El plan de abrasar a derrotas electorales a Pedro Sánchez va, pero va regular, Alberto, no nos engañemos.

La nómina de barones que han demostrado poder controlar a Vox se queda como estaba: Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno. El candidatable Jorge Azcón se va fuera de la carrera. En política se puede perder ganando.

El PSOE afrontaba otra convocatoria peleando para sobrevivir. Como en Extremadura, objetivo cumplido por la mínima. La derrota es inapelable, pero menos amarga en voto y escaños que la extremeña. Algo habrá tenido que ver la candidata, Pilar Alegría. El suelo en votos del PSOE aragonés sigue siendo del difunto Javier Lambán.

 Ya han pasado dos etapas del tour electoral por gentileza del PP. Es oficial. El miedo a la ultraderecha apenas da para sobrevivir. Los pactos con Vox están normalizados y a los votantes socialistas hay que darles algo más. Se resquebraja la tesis de Moncloa sobre un julio del 23 en el 2027: castigo en las autonómicas y el quite del perdón en las generales. Ha vuelto a jugar un poco a favor de Pedro Sánchez lo mismo que le ayudó el 23J: cuando los populares van tan sobrados las urnas les recetan una cura de humildad.

Vox venía para ser el ganador de la noche. Como en Extremadura, objetivo conseguido. Seguramente esperaban más, pero la codicia resulta mala consejera en política. Adelantar al PSOE sólo fue un sueño húmedo. Sale del envite maño con el Partido Popular aún más a su rebufo en el liderazgo estratégico y político de la derecha y doblando sus escaños, sus votos y sus opciones de asustar con la posibilidad de un sorpaso.

Ahora mismo la derecha española habla de lo que quiere Vox, cuando quiere Vox y cómo quiere Vox. Feijóo conserva la ventaja del tamaño y la organización, pero Abascal controla el relato y los tiempos; el tiempo corre a su favor.

La ultraderecha no es la única que dobla en la noche electoral aragonesa. La Chunta Aragonesista acabó en el lado de los que tienen mucho que celebrar. Refugio seguro para no pocos votantes de la izquierda hastiados de tanto lío y un progreso, tanto en escaños como en votos, que algo ha de deberle al debate sobre la financiación autonómica que el PP creía haber amortizado.

La izquierda de los socialistas recoge exactamente lo que está sembrando: desencanto y desconcierto. En IU Sumar no tienen mucho que celebrar, pero tampoco nada que lamentar; seguramente lo mejor que podía haberles pasado. Un dato para la reflexión en Podemos: ha recogido menos votos que Se Acabó la Fiesta. Teruel existe y aguanta.

Tenemos que hablar de las encuestas algún día. Había mucho interés en convencernos a todos, especialmente a las aragonesas y a los aragoneses, de que el discurso dominante sobre el giro inevitable a la derecha estaba respaldado en cifras inapelables. Va a ser que, de momento, se queda en ir poniendo el intermitente según nos vamos acercando al cruce.