La red de jardines botánicos de Andalucía denuncia un recorte de plantilla por parte de la Junta que los condena a su cierre
CGT, sindicato mayoritario de estos espacios, y los profesionales que trabajan en ellos, alertan de que las bajas por jubilación, enfermedad y vacaciones han dejado cuatro jardines cerrados al público, poniendo en peligro su futuro porque la falta de personal va a más
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La Red Andaluza de Jardines Botánicos y Micológicos atraviesa una crisis por falta de personal que amenaza con acabar con su existencia. Cuatro de sus once jardines permanecen cerrados al público, uno más ha sido clausurado de forma definitiva y el resto funciona con plantillas mínimas, envejecidas y sin relevo. La denuncia, encabezada por CGT como sindicato mayoritario en estos centros y respaldada por profesionales de la propia red, señala a la Junta de Andalucía por un recorte sostenido de personal que está vaciando de contenido una infraestructura pública clave para la conservación de la biodiversidad. Un recorte que el Ejecutivo regional niega hablando de cierres coyunturales por bajas temporales.
Sin embargo, la red, creada en 2001 y reconocida legalmente desde 2003 como centros de conservación, recuperación y reintroducción de especies silvestres, no es un proyecto ornamental ni turístico, sino que cuenta con una visión más global y unida a muchos ámbitos. Sus jardines conservan flora amenazada, dan soporte a la investigación científica y desarrollan programas de educación ambiental. Además, Andalucía es una de las regiones europeas con mayor diversidad florística y un alto número de endemismos, una responsabilidad pública que, según CGT, está siendo desatendida.
Pero la falta de personal, que ha ido acrecentándose en los últimos años, hace que en la actualidad estén cerrados al público el Jardín Botánico de El Albardinal y el de Umbría de la Virgen, en Almería; Torre del Vinagre, en el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, en Jaén; y El Robledo, en la provincia de Sevilla. A ellos se suma La Cortijuela, en Granada, cerrado de forma permanente hace cinco años y reconvertido en sendero botánico, sin personal asignado.
Una plantilla al límite
La causa común es la misma: falta de personal. Según denuncia el sindicato mayoritario y los trabajadores de estos espacios, jubilaciones no cubiertas, bajas de larga duración, permisos acumulados y vacaciones han dejado a algunos jardines con una sola persona en plantilla y a otros directamente sin ningún jardinero. En varios casos, el mantenimiento de las colecciones botánicas depende de servicios externos contratados por días o semanas, un parche pensado sólo para evitar que las plantas mueran.
“El cierre de jardines botánicos no es sólo un problema laboral, es un ataque directo a la conservación de la biodiversidad, a la investigación pública y al derecho de la ciudadanía a conocer su patrimonio natural”, denuncia CGT en un comunicado en el que habla abiertamente de “desmantelamiento” de las políticas públicas ambientales.
La foto fija del personal de la red confirma que el problema no es coyuntural. En Huelva, el Jardín Botánico Dunas del Odiel cuenta con un único jardinero, próximo a la jubilación. En Cádiz, El Castillejo funciona con una sola persona procedente de una cuadrilla de uso público, sin la categoría de jardinero botánico. En Sevilla, El Robledo no tiene ningún jardinero en plantilla tras la jubilación de los dos que lo sostenían. En Jaén, Torre del Vinagre depende de un trabajador de permiso que se jubila en marzo de 2026.
En otros jardines, la situación no es mucho mejor. La Trufa, en Córdoba, tiene tres jardineros, dos de ellos a punto de jubilarse. En Granada, el Jardín Botánico Hoya de Pedraza se mantiene con dos auxiliares de biodiversidad realizando labores de jardinería y un jardinero que se jubila en 2028. En Málaga, la apertura de fin de semana depende de servicios de uso público, no de personal propio del jardín.
La consecuencia es una red sostenida con alfileres, sin categorías profesionales especializadas y con una edad media en torno a los 59 años. “Hoy quedan tres o cuatro jardineros especialistas en toda la red”, explica Juan de Dios Rodríguez Cáceres, auxiliar de biodiversidad de altura y trabajador de la Agencia de Medio Ambiente y Aguas de Andalucía (AMAyA) desde 2006.
“Funcionando” gracias a la buena voluntad
Rodríguez Cáceres conoce el problema desde dentro. Explica que cada jardín tiene asignada una dotación presupuestaria cerrada que incluye personal y recursos, pero que esa malla económica se ha utilizado durante años como un “cajón de sastre”. “Si en lugar de cuatro jardineros tienes dos, el dinero que no gastas no vuelve al jardín”, señala. El resultado es un servicio público degradado hasta el límite.
La Junta sostiene que los jardines “siguen funcionando” aunque estén cerrados al público. La realidad, según los trabajadores, es más cruda. “Hay jardines que sobreviven sólo porque una compañera riega las plantas fuera de su jornada para que no se mueran”, relata Rodríguez Cáceres. En otros casos, un técnico alterna el trabajo administrativo con la manguera, asumiendo tareas que no le corresponden por falta de relevo. La sustitución de personal cualificado por trabajadores en segunda actividad procedentes de INFOCA o por categorías ajenas a la botánica es otra de las constantes. “No puedes sustituir a un cuidador de fauna o a un jardinero especialista por un auxiliar administrativo”, recuerda el técnico. “Aquí se cubre el expediente, no el servicio”.
Más allá de la apertura al público, la precariedad amenaza uno de los pilares de la red: la investigación científica. Los jardines botánicos andaluces, ubicados en espacios naturales y no en entornos urbanos, son plataformas únicas para universidades y centros de investigación nacionales e internacionales. En el Jardín Botánico de Sierra Nevada, por ejemplo, investigadores descubrieron recientemente una nueva especie de abeja mientras estudiaban plantas endémicas. En otros centros se desarrollan seguimientos de largo plazo sobre plagas forestales o conservación de especies amenazadas. “Estas sinergias se rompen cuando no hay personal suficiente para sostener el jardín”, advierte Rodríguez Cáceres.
Un problema “puntual”
La Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente niega el cierre de los jardines botánicos como espacios de conservación. En un comunicado remitido a este medio, asegura que la red “mantiene con normalidad su funcionamiento técnico y científico” y que lo único afectado de forma “puntual” ha sido la apertura al público, debido a una coincidencia de jubilaciones, bajas temporales y vacaciones, especialmente en enero, un mes que considera inhábil para servicios turísticos en espacios naturales.
Según la Junta, durante estos periodos se ha garantizado el mantenimiento de las colecciones y “en ningún momento han estado en riesgo las especies ni la actividad científica”. AMAyA anuncia procesos de oferta de empleo, cobertura de interinidades y tasas de reposición para reforzar progresivamente las plantillas y recuperar los horarios habituales en los próximos meses.
La documentación interna y los testimonios de quienes trabajan en la red dibujan un escenario que choca con el discurso oficial. Jardines sin ningún jardinero, contratos externos de pocos días para salvar colecciones vivas y jubilaciones en cascada sin reposición cuestionan la idea de una afectación puntual. “No es que los jardines estén cerrados por enero”, insisten desde CGT, “es que se están dejando morir”.
Para el sindicato y para los profesionales consultados, el problema no es sólo la apertura al público, sino la viabilidad misma de una red concebida como herramienta estratégica de conservación. Sin planificación, sin relevo generacional y sin personal especializado, los jardines botánicos andaluces avanzan hacia un cierre silencioso, sostenido a base de parches y de la buena voluntad de quienes aún resisten en ellos.