El teatro revive Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que se independizó de España y visitó Cuba para frenar la especulación

El teatro revive Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que se independizó de España y visitó Cuba para frenar la especulación

‘Un verano por metro cuadrado’ llega el jueves al Teatro del Barrio de Madrid para recuperar y vincular con el presente una fascinante historia de lucha vecinal desde el humor, la ternura o la sátira política. «Necesitamos escuchar cómo la gente pudo responder y resistir», cuentan sus autoras

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¿Qué une la historia de un barrio que quiso independizarse de Madrid y del resto del país hace 36 años con las dificultades de hoy día para encontrar un piso decente a un precio no prohibitivo? La obra de teatro Un verano por metro cuadrado, que llega el jueves al Teatro del Barrio de Lavapiés, responde a esta pregunta con un argumento y una puesta en escena tan cómicos como reivindicativos en los que hacen memoria para abordar el presente. El pretexto es Cerro Belmonte, una zona del actual barrio de Valdezarza (en el distrito de Moncloa-Aravaca) que proclamó su autonomía respecto al resto de la ciudad en 1990.

Este proyecto que viaja desde el noroeste de Madrid hasta la mismísima Cuba parte de la compañía 7 Minutos de Gloria, formada por artistas multidisciplinares de ámbitos como la escena, la música, la danza o el audiovisual: Manu Cantelli, Lucía Feijóo Robles, Laura Delgado, Nayarit Fuentes, Marta Guijarro Rojas, Cristina Marco, Paula Mira y Marina Margallo. Nayarit y Marta explican cómo empezaron a trabajar en la idea hace tres años, aunque han ido “a fuego” estos últimos meses. El concepto se había implantado en sus cabezas mucho antes: “La noticia nos llega a personas del colectivo en 2015. Estábamos con nuestra anterior obra, 7 minutos de gloria, y nos pareció brutal. Ya teníamos en el tintero hacer algo sobre vivienda por la situación social y por circunstancias personales, al final todas vivimos de alquiler”.

Comenzaron entonces el trabajo de bucear en el archivo y la hemeroteca de una historia tan inaudita como premonitoria. El 6 de septiembre de 1990, los vecinos de Cerro Belmonte se enfrentaron a la expropiación por parte del propio Ayuntamiento liderado por Agustín Rodríguez Sahagún (UCD), que pretendía construir unos chalés de alto standing en sus terrenos. A cambio, les entregarían poco más de cinco mil pesetas (30 euros) por metro cuadrado y los reubicarían en pisos de Vallecas y Villaverde, en el otro extremo de Madrid.

Los residentes se manifestaron y solicitaron una reunión con el alcalde. Por entonces una figura luego tan controvertida como la de Miguel Blesa, al frente de la gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento, defendía que la decisión ya estaba escrita en las directrices del Plan Inmobiliario de la ciudad. Pese a la cerrazón de la corporación municipal, los habitantes de lo que hoy es Valdezarza se negaron a abandonar sus casas bajas.

«No queremos pertenecer a un Ayuntamiento que quiere explotarnos”

“Resistiremos y además nos independizaremos de Madrid. No queremos pertenecer a un Ayuntamiento que quiere explotarnos”, espetó en un celebrado discurso la abogada y representante vecinal Esther Castellano. La amenaza no se quedó en proclama vacía, sino que organizaron un referéndum en el que la declaración de Estado independiente durante una semana arrasó con 214 votos a favor y solo dos en contra (aunque algunas papeletas fueron nulas al incluir insultos al regidor).

De La Habana al mito en TikTok

La movilización fue tal que una comitiva del barrio, aprovechando una coyuntura internacional tensa entre el Gobierno español y el de Cuba, se trasladó a la isla para elevar su caso nada menos que a Fidel Castro después de que Castellano enviara una carta a su administración. “Castro sí escuchó a Cerro Belmonte y, para meter más el dedo en el ojo a las autoridades españolas, regaló 25 viajes de diez días a La Habana, sorteados entre los vecinos en una verbena a ritmo de salsa. La expedición rebelde es recibida por el Comandante como si fuese una visita de estado. Castro les obsequia con un lote de regalos (puros y libros) y les intenta convencer de que se queden, asegurándoles casa y trabajo, pero los belmonteños quieren volver a casa. A la vuelta del viaje, Sahagún continúa negándose a recibirlos, esta vez ya muy molesto por el espectáculo y las risas de dos continentes”, recuerda este artículo de El Salto.

La presión vecinal e internacional acabó permitiendo la continuidad de los residentes, al menos por un tiempo. En lo que hoy es Valdezarza solo sobrevive una de aquellas casas bajas. Pero las autoras de Un verano por metro cuadrado no quisieron dejar al espectador con ese regusto amargo al plantear la obra y apuestan por adaptar lo ocurrido gracias al poder de la ficción: “¿Qué significa ganar? Simplemente, damos nuestro broche final sobre lo que nos hubiera gustado que ocurriera, que fuera. Para aprender de los errores y aciertos y hasta para saber por qué fue tan divertido”. Marta también quiere indagar en “por qué nos inspira, ya que necesitamos escuchar cómo la gente pudo responder y resistir, saber si en el sistema en el que vivimos se puede ganar del todo ante máquinas tan grandes”.

Damos nuestro broche final sobre lo que nos hubiera gustado que ocurriera, que fuera. Para aprender de los errores y aciertos y hasta para saber por qué fue tan divertido

Nayarit Fuentes
Coordinadora de dramaturgia y textos en ‘Un verano por metro cuadrado’

Un ejercicio de imaginación que nace también del perfil bajo actual de los implicados en aquellos sucesos: “Cuando creamos la historia quisimos respetar el derecho de los afectados que no querían hablar de ella. En redes sociales como TikTok ha llegado a idealizarse un poco y a usarse para el estractivismo. Además, aunque no queremos destripar el desenlace, está claro que no acabó como en los cuentos de hadas. No es una obra de teatro documental, así que la hemos derivado para abordar una idea de promesa colectiva”. Indican de hecho que el contacto ha sido mayor con la actual asociación vecinal de Valdezarza, “un barrio donde vive mucha gente joven”, que con las víctimas de los hechos originales.

Teatro colectivo, satírico y con buen rollo

Nayarit define así la propuesta como “una comedia feel good en un mundo de tragedia absoluta”. Una “sátira política” elaborada en colectivo, como los propios acontecimientos que retratan, ya que “ocho cerebros piensan más que uno y pulen mejor una historia”. “Es como un espejo entre creación y lo que ocurrió, también en lo difícil”, opina. “Si un tema es universal, es más difícil que un solo autor tenga la verdad absoluta”, apostilla Marta.

Para ello echan mano de la técnica conocida como devising o teatro ideado, un método en el que el guion se origina a partir del trabajo colaborativo, a menudo improvisado, de un conjunto de interpretación. “La composición escénica se origina no solo a partir de un texto, sino de ideas, símbolos o movimientos”, describe Nayarit. Así, el “imaginario surrealista” de esta historia se entremezcla con un código escénico y de personajes muy concreto: noventero, de sitcom, divertido y tierno.

Entre esos símbolos reconvertidos en hilo narrativo destaca una de las estrellas de la Comunidad de Madrid. Los vecinos de Cerro Belmonte, a modo de gesto, “secuestraron” este elemento de la bandera autonómica (incluido también en la del barrio) para negociar con el Ejecutivo regional. La idea, explica Nayid, era “revertir un símbolo institucional para el pópulo y hablar con ello de quién tiene la capacidad de toma de decisiones”. Una muestra de rebeldía que ha vertebrado la promoción, con la propia estrella como elemento que nos introduce en el relato.

Una campaña que ha demostrado ser todo un éxito, visto que ya no quedan entradas para las cuatro funciones anunciadas los jueves 12 y 26 de febrero y 12 y 26 de marzo. Nayarit y Marta avanzan en conversación con Somos Madrid que ya trabajan en habilitar nuevas fechas.

Un hilo con el presente: la expulsión “a cara destapada” convertida en “desahucios invisibles”

Proceso creativo al margen, el argumento de Un verano por metro cuadrado pilla muy de cerca a sus creadoras, como señala Marta: “El de Cerro Belmonte era otro contexto, de propietarios, aunque fuera en viviendas autoconstruídas. Pero hay muchos puntos en común con lo que vivimos todas estando de alquiler en Madrid, en barrios como Puerta del Ángel o Carabanchel. Digamos que en los noventa la especulación y la expulsión era a cara destapada. Ahora, otro compañero y yo estamos sufriendo un desahucio invisible, después de subidas del alquiler del 200% que te obligan a marcharte. Es la misma historia pero con otras herramientas”.


La comisión judicial comunica a una familia que van a ser desahuciados de su casa en Getafe (Madrid), en una de las fotografías de la exposición que acompaña a la obra.

Este hilo conductor no ha pasado desapercibido para una entidad cultural tan volcada en el compromiso social como el Teatro del Barrio, del que partió la iniciativa de acompañar la obra con una exposición en sus instalaciones de imágenes de desahucios retratados por el prestigioso fotoperiodista Olmo Calvo.

Marta, también miembro del Sindicato de Inquilinas de Madrid, adelanta asimismo que están trabajando en poner en marcha un taller con dicha organización: “Nos han ayudado además en la documentación con el guion, que ha sido compleja, ya que hemos tenido que estudiar planes urbanísticos de los noventa o estrategias de negociación en bloques que se quieren vender”. La agrupación de arrendatarios se revela así como un movimiento de resistencia que sigue el ejemplo de los vecinos de un barrio que removió cielo y tierra para no ceder su tierra, su identidad y su destino.

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