Sánchez rinde cuentas en el Congreso por la tragedia de Adamuz tras otra derrota electoral
La intención de Moncloa es «abrumar con datos» sobre el accidente en el que fallecieron 45 personas en una intervención «sobria», aunque asumen que PP y Vox «embarrarán»
Los sindicatos mayoritarios desconvocan la huelga de ferrocarril desde mañana martes
En una política azorada, en la que apenas hay margen para la pausa y la reflexión, Pedro Sánchez vuelve a enfrentarse al Congreso este miércoles para rendir cuentas por el accidente de tren de Adamuz en el que fallecieron 45 personas. El presidente del Gobierno lo hace tres semanas después de la tragedia, cuando los ánimos están más calmados porque la oposición ha tenido otros asuntos entre manos, como la campaña de las elecciones en Aragón.
“La intervención del presidente será sobria y llena de datos de los informes. La intención es abrumar con datos y responder a los bulos que la derecha lanzó esos días y que seguro que recuperan”, señalan fuentes gubernamentales. “En todo caso, somos conscientes de que van a embarrar, no hace falta más que escuchar a Feijóo”, agregan. El Gobierno ha logrado, además, un respiro con el acuerdo con los principales sindicatos del ferrocarril que habían convocado una huelga entre el lunes y el miércoles.
“Iremos a cumplir con los ciudadanos, a cumplir con las víctimas con transparencia, a seguir aportando toda la información para saber qué pasó, por qué, fundamentalmente para evitar que vuelva a ocurrir”, dijo la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, este martes. “Ojalá que estemos todos a la altura del motivo y del contenido de la misma”, agregó la ministra. En el Gobierno lamentan que la derecha haya intentado instrumentalizar a las víctimas, que rechazaron el homenaje de Estado que Moncloa había previsto para el 31 de enero y que se ha pospuesto sin fecha.
Sánchez llega al Congreso, además, tras una nueva derrota electoral que, en esta ocasión, supone un golpe en la línea de flotación de su estrategia de llevar a sus ministros como cabezas de cartel en las comunidades. No obstante, el PSOE intenta alejar ese marco y desvincula la debacle en Extremadura, que atribuyó fundamentalmente al candidato, y el descalabro en Aragón de la gestión del Gobierno.
Acostumbrado a la dialéctica parlamentaria, Sánchez ignorará ese asunto y, en todo caso, aprovechará para cargar contra el PP, al que los socialistas acusan de haber diseñado una estrategia de encadenamiento electoral que solo beneficia a la ultraderecha. “Feijóo es el pagafantas de Vox”, dijo la portavoz, Montserrat Mínguez. Los socialistas evitan cualquier tipo de autocrítica y atribuyen la caída electoral a distintos factores, todos externos: las dificultades tradicionales para movilizar al electorado en elecciones autonómicas, una campaña sucia basada en la antipolítica o la ola de ultraderecha global.
En las últimas semanas, Sánchez se ha erigido precisamente en una de las referencias mundiales contra la “internacional reaccionaria”, especialmente como némesis de Donald Trump. Consciente de que el miedo a Vox ha desaparecido ya en España, al menos a nivel autonómico, el presidente se ha lanzado al combate contra las políticas xenófobas y violentas en EEUU.
La antítesis de Trump
Coincidiendo con el autoritarismo de Trump y los abusos del ICE en Minneapolis que dieron la vuelta al mundo por la deshumanización de los migrantes, con la detención incluso de niños, el Gobierno inició los trámites para una regularización extraordinaria. El acuerdo alcanzado con Podemos permitía de nuevo a Sánchez colocar su política migratoria –a la que se debe en parte el crecimiento económico de España– como antítesis de Trump.
La decisión provocó una crítica del dueño de X, Elon Musk, que en los últimos tiempos ha decidido interferir en los procesos electorales europeos con el apoyo, por ejemplo, a las fuerzas de ultraderecha como Alternativa por Alemania, heredera del nazismo. “Marte puede esperar. La humanidad, no”, respondió Sánchez en inglés.
La batalla se recrudeció cuando unos días después el presidente anunció un paquete de medidas con el que pretende poner coto al “salvaje oeste digital” con la persecución penal de los CEO de plataformas digitales que no retiren los contenidos ilícitos o el combate a la manipulación de los algoritmos. “Es un traidor al pueblo de España”, llegó a decir Musk. El presidente respondió, además, con cierta épica al mensaje que el dueño de Telegram, Pável Dúrov, envió a los usuarios españoles acusándole de imponer un “Estado de vigilancia”. “Deja que los tecnoligarcas ladren, Sancho, señal de que cabalgamos”, expresó el presidente de nuevo, en X.
A Sánchez se le da bien el ámbito internacional y en Moncloa están convencidos de que liderar la oposición a Trump le da puntos mientras que PP y Vox se quedan noqueados. De hecho, el Gobierno introdujo “los distintos encuentros y foros internacionales” en la solicitud de comparecencia en el Congreso, que se produjo en plena amenaza imperialista de EEUU sobre Groenlandia.
Aunque parece que ha pasado una eternidad desde el accidente y ese desafío internacional, han pasado solo unas semanas en las que la contienda política ha vuelto a ser la norma tras una tregua que duró lo mismo que el luto: tres días. “No es mala suerte, es mala política e incapacidad patente”, dijo Alberto Núñez Feijóo responsabilizando al Gobierno de la tragedia. La investigación del organismo independiente aún no ha concluido más allá de un informe preliminar.
El accidente también sirvió para abonar el terreno de la antipolítica y engordar a Vox en un momento en el que coincidió con un caos en Rodalíes que se ha extendido durante semanas, al igual que los retrasos en la alta velocidad por la revisión de los sistemas tras la tragedia.
Los reproches al Gobierno, en todo caso, no llegarán exclusivamente de la derecha y la ultraderecha. También los socios han dado señales de hartazgo en las últimas semanas. ERC especialmente por el caos de Rodalies, que en el caso de Junts fue nueva munición para exigir la dimisión de Óscar Puente.
Pero el PNV también dio un toque de atención tras el varapalo al decreto del escudo social, que naufragó en el Congreso y obligó al Gobierno a negociar con los socios. Finalmente, tuvo que ceder y llevar por separado la subida de las pensiones, como reclamaron PP y Junts, y que ahora tiene garantizado el respaldo mientras que el escudo social, que incluye las medidas antidesahucios, aunque con menor ambición para contentar a los nacionalistas vascos y en un intento de atraer a los neoconvergentes, está en duda.
Con todo, Sánchez ha hecho guiños a sus socios, con el traspaso de competencias a Euskadi, el pacto de la financiación autonómica con ERC o la regularización de migrantes con Podemos, con el objetivo de reagrupar a la mayoría de la investidura, que sigue pendiente de Junts. Y, con esos mimbres, presentará los Presupuestos en el primer trimestre del año como escaparate de María Jesús Montero ante los comicios en Andalucía y en un intento de convencer a sus socios de que también es para ellos un buen aliciente electoral.