La amenaza de una repetición electoral en Extremadura por el bloqueo de Vox sume al PP en el desconcierto
Las exigencias de la extrema derecha imposibles de cumplir para María Guardiola encienden las alarmas en el equipo de Feijóo ante una posible caída en las urnas y el contagio a otras comunidades, mientras se azuza una abstención del PSOE que Ferraz descarta
Feijóo, sobre el auge de Vox: “El voto de cabreo hay que ponerlo a trabajar”
El PP se fue de vacaciones las pasadas navidades con la satisfacción de haber logrado un 43% del voto en Extremadura y un batacazo del PSOE en uno de sus territorios históricos. Un mes y medio después, María Guardiola contempla con miedo la creciente posibilidad de una repetición de los comicios que también ha descolocado a la dirección nacional de Alberto Núñez Feijóo. Hasta el punto de que unos y otros han verbalizado ya, con matices, la petición a los socialistas de que se abstengan. Mientras, Vox se frota las manos en medio de un ciclo que le está colocando en su mejor momento ante los ciudadanos.
La Asamblea de Extremadura celebrará el primer debate y votación de investidura a principios del próximo mes de marzo. En el PP dan por hecho que Guardiola cosechará una derrota que abrirá un plazo de dos meses antes de la repetición electoral, un abismo al que los de Feijóo no se quieren asomar ante el riesgo cierto de obtener peores resultados que el pasado 21 de diciembre.
Santiago Abascal descolocó a sus teóricos aliados cuando, en el arranque de la campaña extremeña, planteó que Vox iba a exigir entrar en los gobiernos autonómicos de los que se marchó voluntariamente en 2024. En el PP se lo tomaron como un elemento discursivo más de la extrema derecha. Pero desde que terminó el recuento de votos, toda la conversación gira alrededor de su presencia en el Ejecutivo autonómico.
“Lo de menos son los puestos. Entiendo yo que deberían ser lo de menos”, dijo Guardiola este martes para poner el foco en que, según aseguró, el acuerdo programático con Vox está prácticamente cerrado. Pero los de Abascal quieren consejerías concretas y con un presupuesto asignado.
Vox ha pedido Agricultura, Economía y una vicepresidencia que tendría Interior, Seguridad e Inmigración. Una exigencia que excede, con mucho, la “proporcionalidad” que Feijóo ha reclamado en público a los de Abascal. El líder ultra recogió el guante y, con la mirada puesta más allá de 2027, alienta ya el sorpaso al PP con la misma agenda que ha destruido en toda Europa a la derecha clásica para ser sustituida por una extrema derecha populista.
“Lo que no puede ser es que el PP tenga que travestirse de Vox”, espetó Guardiola el martes. Una frase que da muestra de su enfado y que recuerda a 2023, cuando la entonces candidata dio su palabra de que no pensaba gobernar con la extrema derecha. Un viaje a Madrid y una cita con Feijóo y Ayuso la obligaron a cambiar de opinión. Y en Vox anotaron su matrícula.
Pero Guardiola dijo algo más el martes: “Llamé al señor [José Luis] Quintana, que es la persona que está al frente de la gestora del PSOE. Le he pedido responsabilidad con lo que han dicho las urnas. Y por supuesto le he pedido la abstención, que es lo que tienen que hacer”. La presidenta en funciones confesó así un movimiento que en el PP creen infructuoso, pero que abrió la puerta a las críticas de Vox. Los de Abascal basan su éxito electoral en la transferencia de voto desde el PP y alientan siempre que pueden el relato que señala a los de Feijóo como “el PSOE azul”, dispuestos a pactar con Pedro Sánchez siempre que sea necesario.
Y es cierto que el mismo Feijóo que ha repetido en decenas de ocasiones que jamás pactaría con el ‘sanchismo’ ha terminado negociando y acordando la renovación del CGPJ, del Consejo de Administración de RTVE o una reforma constitucional. O Mercosur en Europa. Feijóo lamenta casi cada semana la ausencia de interlocución institucional con el Gobierno y la falta de información en “asuntos de Estado”, como la política exterior.
Feijóo apoya la abstención del PSOE
Vox devuelve cada andanada discursiva del PP con el doble de fuerza. Los dirigentes del partido creen que tumbar a Guardiola no les penalizará. La repetición electoral no les da miedo, y mucho menos enredar más aún la madeja en plena campaña de las elecciones en Castilla y León, convocadas para el 15 de mayo.
Tras los fiascos extremeño y de Aragón, donde Jorge Azcón convocó para ver cómo perdía dos diputados y Vox duplicaba su presencia, el PP teme problemas también para Alfonso Fernández Mañueco y, ya en junio, para la joya de la corona: la Andalucía de la mayoría absoluta de Juan Manuel Moreno.
Tras las recientes elecciones de Aragón, Feijóo reiteró su petición de “proporcionalidad”. Y también exigió “responsabilidad” a Vox. El resultado fue peor para Azcón que para Guardiola, al menos en términos aritméticos. Y mantendrán su estrategia.
El giro llegó este miércoles, cuando fuentes de la dirección del PP respaldaron expresamente la opción de una abstención del PSOE para hacer presidenta a Guardiola, incluso siendo conscientes de la dificultad que supondría para gobernar dado que no habría una mayoría asegurada para sacar adelante unos presupuestos. “Preferimos la abstención que gobernar en coalición con Vox”, apuntó un portavoz autorizado del PP a los periodistas en el Congreso. “Si quieren frenar a la extrema derecha, el camino es investir a Guardiola”, añadieron.
Pero también prefieren una coalición en el Gobierno que una repetición electoral. “Tiene que haber investidura lo antes posible”, apuntaron las mismas fuentes. “Repetir [elecciones], nunca”, zanjaron, para intentar señalar a Vox por el bloqueo: “Si no quieren rebajar nada, el escenario se complica”.
Poco después, desde la dirección del PP se matizaron a sí mismos, sin rectificarse. “Con carácter absolutamente general, preferimos gobiernos en solitario”, apuntaron fuentes oficiales. “Evidentemente, preferimos no entregar ni poder ni consejerías a otros partidos. Puesto que ni Vox ni PSOE pretenden abstenerse a cambio de nada, solo nos queda explorar la consecución de apoyos a cambio de algo. Y ese algo puede ser asientos en los consejos de gobierno”, añadieron. “Con el PSOE no queremos gobernar. La única opción posibilista es analizar el contexto político con Vox en cada comunidad autónoma”, concluyeron.
El PP ha pasado así en el escaso mes y medio de 2026 de abrirse a gobiernos de coalición “proporcionales” con Vox a reclamar la abstención del PSOE para investir a Guardiola. Una indefinición que ya se vivió en el anterior ciclo electoral.
Feijóo llegó en 2022 a Madrid con la vitola de tener el antídoto contra la extrema derecha y reclamar en público el apoyo mutuo del bipartidismo. Así se lo planteó expresamente a Pedro Sánchez en su ‘cara a cara’ antes de las elecciones de 2023. A la vez, el PP cerró decenas de acuerdos autonómicos y municipales con los ultras, lo que impregnó aquella campaña de las generales. En su investidura fallida, el líder del PP solo recabó los apoyos de Vox, del diputado de UPN y de la representante de Coalición Canaria, que también votó a favor de Sánchez.
El PP sigue así sin resolver su relación con Vox. Hace unos días, la cuenta oficial del PP en Twitter escribió “hasta aquí” como respuesta a un mensaje de la formación ultra. Una expresión calcada a la que Pablo Casado ya le espetó a Abascal en el Congreso en 2020, hace ya más de un lustro.
El PSOE bloquea la abstención
La dirección del PSOE intenta cortar cualquier atisbo de debate sobre la posibilidad de permitir gobernar al PP para que no dependa de la extrema derecha. El expresidente Felipe González lo deslizó en un desayuno informativo tras el descalabro en Aragón en el que recordó que Jorge Azcón tiene más escaños “que toda la izquierda junta”. Pero el mensaje ya no solo llega de la vieja guardia. El alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, ha abierto la puerta a una abstención negociada si fracasa María Guardiola en una primera investidura: “No puede ser a costa de cualquier cosa”.
Tanto en la gestora que pilota la organización desde la debacle de Miguel Ángel Gallardo, como en Ferraz rechazan rotundamente esa posibilidad después de que la presidenta regional en funciones dijera que había contactado con los socialistas, algo que el PSOE niega. “Guardiola ha decidido apostarlo todo a un acuerdo con la ultraderecha de Vox, la tercera fuerza. Ella ha elegido y debe ser consecuente”, responden en la cúpula socialista, que incluso descarta una reunión con el PP después de que dijera que Guardiola dijera que “no negocia con este PSOE”.
“Nuestra postura no ha cambiado: el PSOE es la alternativa al PP, no la muleta de la derecha”, apostillan esas fuentes. “El partido no está en eso”, sentencia un miembro del Gobierno, que desdeña las palabras del alcalde de Mérida. Esa misma fuente no cree que vaya a haber una repetición electoral en Extremadura y ve en la pugna el típico tira y afloja de una negociación en pleno ciclo electoral. “Están en el juego. A Guardiola le tienen especiales ganas”, agrega esa fuente: “Nosotros ni muertos a la abstención”.
Sin embargo, ese rechazo absoluto lo complica también la postura del candidato del PSOE, Carlos Martínez, que ha puesto a los de Pedro Sánchez en un brete al apostar por que gobierne la lista más votada. Ese es el tradicional mantra de Feijóo que los socialistas siempre han rechazado porque normalmente tienen más socios con los que llegar al Gobierno, pese a no ganar las elecciones.
El escenario en Castilla y León es distinto y los socialistas se ven capaces de quedar en primera posición dado que el PP de Alfonso Fernández Mañueco está muy desgastado y en esa comunidad Vox está especialmente fuerte. De hecho, fue allí donde se rompió por primera vez el cordón sanitario a la extrema derecha con su entrada en el Gobierno en 2022.
La estrategia de Martínez hace saltar por los aires la de Sánchez, consciente de que el PSOE no será primera fuerza y que, en el mejor escenario, dependerá de todos los socios de izquierdas y nacionalistas para seguir en Moncloa. En Ferraz se apartan de la propuesta: “Cada territorio tiene su autonomía y sus peculiaridades”.