Marita Alonso analiza la tiranía de ligar en tiempos de apps de citas: “Nos hemos convertido en terroristas emocionales”
La periodista publica ‘La venus del smartphone. Así han cambiado las aplicaciones de citas nuestra forma de relacionarnos’ (Carpe Noctem), donde explora si la pantalla se ha convertido en un elemento obligado para ligar
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La periodista Marita Alonso es experta en descifrar los entresijos de las relaciones en la sociedad actual del mundo occidental. Colabora en diversos medios nacionales con artículos sobre cultura, entretenimiento y estilo de vida, así que lo mismo entrevista a la escritora del momento que investiga sobre las razones que llevan a que un matrimonio se vaya al garete. Como buena freelance, su tiempo es tan valioso como su agenda de contactos, pero ha conseguido guardar horas, entre artículo y artículo, para escribir un nuevo libro: La venus del smartphone. Así han cambiado las aplicaciones de citas nuestra forma de relacionarnos (editorial Carpe Noctem).
En su volumen, que ella prefiere llamar “ensayo y error”, analiza precisamente si la pantalla se ha convertido en un elemento obligado para ligar. Y comienza con un dato apabullante: desde que se lanzó en 2012, Tinder (la app de citas por excelencia): “Se ha descargado más de 630 millones de veces, lo que ha dado lugar a más de 100.000 millones de matches, y presta servicio a unos 50 millones de usuarios al mes en 190 países y más de 45 idiomas”. Además, la encuesta Influencia de la tecnología en la vida de los españoles, realizada por la empresa de ciberseguridad Kaspersky, muestra que en España el 40% de la población ha usado o usa aplicaciones para ligar y el 18,6% ha conocido a su pareja en internet.
Con estos datos, entre los otros muchos que ha incluido en el libro: ¿es cierto que ya no se liga (o es mucho más difícil) si no hay una pantalla entre los individuos? “Hemos perdido la capacidad de empatizar con el otro, y me doy pereza a mí misma al lanzar una frase tan ceniza y lapidaria”, dice a elDiario.es. “Interactuar con pantallas de por medio ha hecho que muchas personas tengan el superpoder de evaporarse, de desaparecer del mapa, y lo hacen sin dar explicaciones. Nos hemos convertido en terroristas emocionales”.
Pese a ser herramientas que han influido de una manera tan decisiva en la forma de relacionarse de las personas, aún no se ha investigado demasiado (o tanto como ha ocurrido con otros temas decisivos) desde el campo académico. Alonso cita a diversas autoras en las páginas de su ensayo, pero, en su opinión: “Todo lo relacionado con las emociones y con las relaciones amorosas se considera menor”. Por lo tanto, en su libro quería dejar claro que “el amor nos atraviesa a todas y a todos” y no se le puede restar importancia a la influencia de las aplicaciones de citas. “Estas apps han llevado la búsqueda de pareja al ámbito privado, a una esfera social diferente, y no estamos estudiando sus consecuencias de forma oportuna”, afirma.
Aquí están y aquí seguirán
Además, aunque de manera recurrente aparezcan titulares que pronostican la muerte de Tinder y sus compañeras, Marita Alonso está plenamente convencida de que no será así. “A no ser que las empresas, de repente, faciliten la conciliación y se preocupen de verdad por la salud mental y por las condiciones de sus empleados”, sentencia. En un momento en el que mucha gente se siente arrollada por los horarios de trabajo excesivos, la dificultad de pagar el alquiler y otras calamidades de la vida moderna, encontrar pareja a través de una app es más fácil que por métodos más tradicionales. “Somos interlocutores terribles y tenemos cantidad de conversaciones simultáneas, algo clave para encontrar el amor en las aplicaciones”.
Además, la adicción que crea el algoritmo especialmente diseñado para ello y la satisfacción inmediata que supone un match (gustar a una persona que te gusta) son dos factores esenciales para la supervivencia de las apps. Si aún hay gente en Facebook, ¿cómo va a desaparecer Bumble? Pero el funcionamiento de estas plataformas tienen a equipos enormes detrás que se encargan de mantener enganchado a su público y, por lo tanto, ganar dinero. Un factor en el que raramente se piensa cuando se miran los perfiles de los usuarios desde el sofá.
Interactuar con pantallas de por medio ha hecho que muchas personas tengan el superpoder de evaporarse, de desaparecer del mapa, y lo hacen sin dar explicaciones
“Creo que, de alguna manera, aunque pensemos que las cosas dependen del algoritmo o de las flechas de Cupido —que tiene malísima puntería, por cierto—, pensar que encontrar el amor depende de alguna manera de ti, de bajarte una app y de conversar con aquellas personas con quienes haces match, te otorga cierta sensación de control, algo que funciona como un Lexatín en tiempos incontrolables”, desarrolla Alonso. ¿Y qué ocurrirá cuando la IA tome el control de todo este entramado? “Tengo la esperanza de que haya un giro de guion y la IA se limite a hacernos la colada, la cena y quizás le recuerde a esa persona a la que estamos conociendo que se está comportando como un patán”, aprecia Alonso, “no quiero ser Black Mirror, que siempre tiene esa mirada fatalista al hablar de la tecnología”.
Fenómeno Mamdani vs heterofatalismo
Puede que fuese Zohran Mamdani, el actual y muy reciente alcalde de Nueva York, quien llevó el nombre de Hinge (la aplicación donde conoció a su esposa Rama Duwaji) a todos los rincones del planeta. Esta se ha convertido, esencialmente, en la plataforma de quienes buscan el amor verdadero (su lema, de hecho, es ‘la app diseñada para ser eliminada’) y no relaciones esporádicas. ¿Cómo consiguen acertar tanto en los emparejamientos? Según Alonso, a través de Hinge Labs: “Que analiza las experiencias de citas de los usuarios desde la descarga de la aplicación hasta la cita y el borrado del perfil. De esta manera, estudian los elementos que marcan la diferencia y hacen que surja el amor”.
Alonso también achaca la popularidad actual de Hinge al “isomorfismo mimético, una forma mediante la cual las empresas copian los modelos, innovaciones, estética y tecnología de las más exitosas, las aplicaciones se parecen muchísimo entre sí”. No deja de ser una muestra de que, por muchas vueltas se le haya dado a la toxicidad del amor romántico, las personas todavía se quieren enamorar: “Seguimos buscando el amor incluso cuando todo parece perdido’ es una frase de la que habla bell hooks en Todo sobre el amor. Al ir a trabajar, cada día veía ese graffiti, que sintió que le hablaba al corazón. Y es cierto… Al final, hasta los más descreídos, incluso quienes en lugar de corazón ya tenemos un tartar, buscamos amor”.
Aunque según augura la autora de La Venus del smartphone las apps no desaparecerán, sí sufren altibajos en sus números. Por ejemplo, ella misma cuenta en su libro que: “Según The Economist, aplicaciones como Bumble o Tinder bajaron sus descargas un 20% y perdieron 17 millones de suscriptores en el segundo trimestre de 2024”. El agotamiento vital o aspectos como el heteropesimismo, un término que ya es habitual en el lenguaje popular, sean factores decisivos. En relación al segundo, Alonso señala que cuando la ensayista Asa Seresin acuñó el término lo hizo con la intención de “cuestionar el tono negativo con el que se suele hablar de la heterosexualidad”. Pero ahora, el vocablo se ha transformado y más bien recoge que: “Cada vez hay menos usuarios porque [las mujeres] estamos hartas de falta de responsabilidad afectiva, de la ausencia de empatía, de egos inflados… No queremos bajarnos apps, sino bajarnos del mundo. Del amoroso, al menos”.
Estas apps han llevado la búsqueda de pareja al ámbito privado, a una esfera social diferente, y no estamos estudiando sus consecuencias de forma oportuna
Cualquiera que haya sido usuario de aplicaciones de citas tendrá alguna anécdota más o menos rocambolesca relacionada con las conversaciones que se mantienen en ellas o personas con las que hacen match. Algunas serán graciosas y otras posiblemente aterradoras. Alonso remarca que: “Las mujeres heterosexuales y bisexuales tenemos la desgracia —esta frase me va a costar infinidad de mensajes de odio, pero qué daño le hace una raya más al tigre— de tener que relacionarnos con nuestro mayor depredador, el hombre heterosexual”. También explica que hay hombres que en sus perfiles especifican que no quieren mujeres feministas “Al menos, eso funciona como filtro. Yo no querría jamás hablar o respirar cerca de alguien así”.
Ningún usuario de apps de dating está libre de sufrir una agresión, evidentemente. Alonso habla en su libro de Lydia Vargas, CEO de Zyrcled: “La primera app que asegura el consentimiento claro y el control de las interacciones”. En esta se han quitado dinámicas de comportamientos incómodos o peligrosos que en el resto se habían normalizado e incluye funcionalidades para que los usuarios o usuarias se sientan seguros. Por ejemplo, la opción de incluir un contacto de seguridad que puede recibir una notificación cuando empiece una cita. La escritora expone en el ensayo que: “En el caso de que no desactive la función o se agote el tiempo definido, la app envía de forma automática su ubicación en tiempo real y la foto de perfil de la cita al contacto de seguridad. Creo que es evidente que hay una mujer detrás de todo esto, ¿verdad? No sé si a un señor se le habría ocurrido”.
Que nadie se espere encontrar en la obra de Alonso un libro de tono severo sino todo lo contrario. El ensayo cumple con el rigor que se le exige a este tipo de trabajo pero lo combina con la ironía humorística. Cabe la duda de si quien habla en el texto es la persona o un personaje detectivesco creado para investigar en el universo de las apps de citas. Alonso deja claro que: “Hace tiempo que persona y personaje se mimetizaron. Soy consciente de que me he convertido en una caricatura de mí misma”.
También se empeña en presentarse como una soltera sin remedio, aunque por su trabajo posiblemente sepa más de los usos amorosos del siglo XXI en España que muchos de los que ahora se van a casar. Este no es su único libro sobre el amor: en 2017 sacó Antimanual de autodestrucción amorosa (Aguilar) además de Pulsus interruptus (Flash) y en 2020 Si echas de menos el principio, vuelve a empezar (Temas de hoy). ¿Por qué, entonces, ese presentimiento de soltería? “Me temo que habría que preguntar a mis citas (aunque hace tiempo que tiré la toalla y dejé de tenerlas) por qué soy tan inaguantable”.