Muere Xisco Quesada, el futbolista de 28 años que documentó su cáncer en redes: «Convirtió el dolor en conciencia»

Muere Xisco Quesada, el futbolista de 28 años que documentó su cáncer en redes: «Convirtió el dolor en conciencia»

Padre de dos hijos, recaudó cerca de 900.000 euros para afrontar la enfermedad. «Irá destinado a la investigación contra el cáncer y a mi familia», señaló en redes. Su familia recuerda que Xisco vio «cómo su vida cambiaba por completo» cuando le diagnosticaron cáncer de páncreas con metástasis

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Xisco Quesada, el mallorquín de 28 años al que le diagnosticaron el 5 de junio de 2025 un cáncer de páncreas, ha fallecido. Lo ha comunicado su familia a través de las redes sociales de este joven, que era padre de dos hijos y había pedido matrimonio a su pareja dos días después de haber recibido la fatídica noticia. “Xisco vio cómo su vida cambiaba por completo cuando le diagnosticaron cáncer de páncreas con metástasis”, comentan sus familiares en la publicación en la que han dado a conocer su fallecimiento.

Desde ese momento, decidió compartir su día a día a través de las redes, haciendo pública su enfermedad e intentando curarse de ella, pese a que las posibilidades de superar el cáncer eran remotas. Xisco tenía un cáncer de páncreas en fase avanzada con metástasis en el hígado. Su ejemplo ha servido de inspiración para miles de personas que han seguido la evolución de su enfermedad durante más de medio año.

“Las palabras del médico fueron textualmente: ‘Si va bien, podemos paralizarlo y alargar esto unos meses’”, explicó él mismo en uno de sus vídeos. El diagnóstico llegó después de varias pruebas médicas. “Me hicieron análisis de sangre, una ecografía abdominal y entonces llegó aquella frase: ‘Tienes un tumor, ha hecho metástasis en el hígado y no se puede operar’”, señalaba el joven, quien militó en equipos del fútbol balear como el CD Atlético Rafal, el Gènova, el Platges de Calvià y el Ferriolense.

Todo comenzó con fuertes dolores de estómago. El joven acudió entre cuatro y cinco veces a urgencias. “Todas las veces lo mismo, antiinflamatorio y protectores de estómago”, contó. El dolor remitía de forma momentánea, pero regresaba al poco tiempo. “No podía más”. En paralelo, estuvo de baja laboral y buscó alivio en fisioterapia para tratar la zona del core y en un quiropráctico –una pseudociencia según el consenso científico– para la zona lumbar.

“Estaba convencido de que era un fallo mecánico”

“Tengo 28 años, estaba convencido de que era un fallo mecánico, una sobrecarga por el deporte, por el trabajo”, opinaba él. Durante esos meses también experimentó otros síntomas que no encajaban. “Estaba con un nutricionista, en mi mejor momento físico y aun así tenía dolor. Aparte, seguía bajando de peso”. A ello se sumaba un cansancio inusual. “Dormía entre 7 y 8 horas y a mitad del día estaba fundido. Antes con 7 horas era capaz de entrenar dos veces”.

Con el paso de las semanas, el dolor se intensificó hasta impedirle dormir. “Me dolía tanto la barriga que el dolor me llegaba hasta la zona lumbar”. Convencido de que algo no iba bien, insistió hasta conseguir una cita en medicina interna para el 4 de junio. “Ese hombre sí que me miró distinto y me dijo: ‘Vamos a asegurarnos de todo’”.

El especialista le solicitó varias pruebas: una analítica —que pudo realizar al día siguiente—, una resonancia lumbar programada para dos meses después, una ecografía abdominal fijada para el 19 de junio y una gastroscopia, pendiente de la llamada de la anestesista el día 16 del mismo mes. Le indicó que, cuando tuviera todos los resultados, volviera a consultarle.

Aquella semana ni siquiera pudo trabajar. El dolor era tan intenso que apenas podía salir de casa. Sin embargo, no hubo que esperar a completar todo el proceso. Al día siguiente de aquella consulta, el 5 de junio, se detectó el tumor en el páncreas. “En ese momento sentí que se me caía el puto mundo. 28 años, mis dos hijos, mi familia…”, relató al recordar el instante del diagnóstico.

El tiempo corría en contra y el tratamiento comenzó de inmediato. “Empezamos una quimioterapia urgente, de inmediato”, explicó. Fue en ese contexto cuando decidió dar un giro a su manera de afrontar la enfermedad y compartir el proceso públicamente. Ha fallecido ocho meses después de conocer su diagnóstico.

Xisco pasó los últimos meses de su vida en la clínica Universidad de Navarra, de titularidad privada, rodeado de sus seres queridos. “Convirtió el dolor en conciencia, su historia en inspiración y su voz en apoyo para muchas personas que atravesaban momentos difíciles”, ha señalado su familia, que ha pedido “respeto y cariño” en estos momentos “tan difíciles”. “Siempre vivirá en nosotros”, concluyen.

Recaudó casi un millón de euros

Xisco acudió tanto a la sanidad pública como a la privada, lo cual le supuso un enorme gasto que al final era imposible de asumir. Hizo un llamamiento para recaudar dinero a través de un crowdfunding, y así poder reunir el dinero suficiente. Consiguió alrededor de 900.000 euros, no sin que saltara la polémica en redes.

El joven mallorquín se justificó diciendo que su intención era costear su tratamiento pero que no sabía cuánto iba a durar. En caso de no superar la enfermedad, explicó que gran parte del dinero iría destinado a la investigación del cáncer –en especial de páncreas–, así como a su familia, que había aportado dinero en la medida de sus posibilidades. “Sin olvidar el pago de los impuestos correspondientes y de la comisión que se lleva la aplicación [del crowdfunding]”, aseguraba.

Asimismo, Xisco reconocía que entendía la polémica que se había generado al “haber recaudado una cantidad tan elevada” pero que quien le conoce sabe que su única intención era “curarme y ayudar a las personas que están padeciendo esta enfermedad”. “Suelo agradecer de corazón todo el apoyo y ayuda que he recibido por todos los deseos bonitos que me llegan”, concluyó.