No esperen a Bad Bunny en el Congreso
Cuanto más duro golpea el PP al Gobierno, más crece Vox en las encuestas. Eso no ha cambiado el estilo de Feijóo. No puede permitir que Abascal sea más duro que él y ya no le vale con ganar a Sánchez en las urnas. Quiere meterlo en la cárcel
Sánchez pide “no crispar” con la tragedia de Adamuz y Feijóo le acusa de negligencia
Algunas voces en el Partido Popular han explicado de forma rigurosamente anónima a los medios que se encuentran inmersos en un dilema. Cuanto más duro golpean al Gobierno, más crece Vox en las encuestas y en el mundo real, el de las últimas elecciones en Extremadura y Aragón. Allí buscaron acercarse a la mayoría absoluta y se quedaron más o menos donde estaban. ¿Hay algo que están haciendo mal? No para Alberto Núñez Feijóo. En el primer duelo directo del año en el Congreso, el líder del PP retomó su estilo de 2025 sin la más pequeña variación. Su objetivo va más allá de ganar las elecciones. Quiere meter en la cárcel a Pedro Sánchez. Menos que eso le parece una moderación intolerable.
Sánchez habló más del accidente de tren de Adamuz, el motivo de su comparecencia, que su contrincante. También dedicó un espacio más breve a las crisis internacionales que preocupan a los países europeos. Esto último hizo que Feijóo sintiera hervir su sangre, era algo que hizo que “se le revolvieran las tripas”. Sus intestinos estaban a punto de estallar. Bajo ningún concepto podía permitir que Santiago Abascal fuera más duro que él. Esa era su prioridad.
Fuentes del PP dijeron a los periodistas en los pasillos que preferían contar con la abstención socialista en el debate de investidura de Extremadura antes que verse obligados a formar Gobierno con Vox. En plena confusión, tuvieron que matizar la declaración no mucho tiempo después, es decir, rectificarla, para afirmar que en todo caso aspiran a llegar a un acuerdo con el partido de Santiago Abascal. María Guardiola se apresuró a decir que no negocia “con este PSOE ni con el sanchismo”. Ya tiene difícil pactar con Vox por el elevado precio que exige su probable socio como para que su partido se lo ponga más complicado desde Madrid.
En lo que no hay ninguna duda es en que Feijóo no va a cambiar de estilo por las dudas que pueda haber en su partido. El catastrofismo que todo el mundo asocia a Vox es también su estilo. “España está en un fallo multiorgánico”, dijo. Eso suele ocasionar la muerte inmediata a un paciente. Se pagan impuestos al nivel de los países nórdicos, dijo, lo que es falso, mientras los españoles reciben “unos servicios al nivel de un país tercermundista” (se nota que Feijóo ha viajado poco al Tercer Mundo).
Por todo ello y por la responsabilidad del Gobierno en el accidente de Adamuz, Feijóo dio por hecho que Sánchez, Óscar Puente y algunos más tendrán que dar cuenta de su actuación en los tribunales, y no como testigos precisamente. “Su Gobierno se sentará en el banquillo también por eso”, dijo en su primera intervención. No era suficiente, así que insistió después: “Esto también formará parte del sumario”. Sólo le faltó ponerse la toga y autoproclamarse juez instructor, aunque es costumbre en el PP esperar a que Manos Limpias y HazteOír den el primer paso.
Sánchez negó que el sistema ferroviario español sea “decadente e inseguro”. Al poco, dijo que es “uno de los mejores del mundo”. No es muy inteligente decir eso después de un accidente con 47 muertos en el que la principal hipótesis de la catástrofe se encuentra en el estado de la vía. Algunas cifras que dio podían confirmarlo, otras no. Los 15.700 kilómetros de red con la quinta más extensa del continente (España está entre los mayores países de Europa). El quinto país más puntual de la UE en 2025. El trayecto Madrid-Barcelona cuesta la mitad de precio y la mitad de tiempo que el que va de Londres a Edimburgo.
La inversión ferroviaria ha pasado de 1.700 millones con el Gobierno de Rajoy a 5.000 millones, siguió diciendo. Las inversiones en trenes y equipos se han multiplicado por diez. El mantenimiento por kilómetro de vía ha ido de 46.000 euros a 71.000. No son cifras propias de un país tercermundista.
Sánchez debería haber dedicado más tiempo a un comentario que ya hizo el ministro Puente antes, porque está en la raíz del accidente. Primero, lo explicó de forma muy genérica y luego precisó algo más. “La vía cumplía todos los requisitos de los protocolos de la red ferroviaria”, comentó. Más tarde, vino la explicación preocupante: “Si finalmente se confirma que la causa fue una rotura de una vía, debemos asumir una realidad compleja. Es posible que un fallo se haya producido cumpliéndose los protocolos vigentes. Si esto es así, el Gobierno no va a mirar para otro lado. Vamos a revisar todos los estándares”.
Los protocolos existen precisamente para impedir que haya accidentes graves. A diferencia del accidente de Rodalies causado por el derribo de un muro por las lluvias al paso de un tren, el de Adamuz tuvo que ver directamente con el estado de la infraestructura ferroviaria, según la primera hipótesis manejada por la comisión de investigación. Ahí es donde está la responsabilidad de Adif, cuyo presidente es elegido por el Gobierno. Costó 780 millones de euros la renovación de toda la línea Madrid-Sevilla. Esa obra no se hizo para que se produjera un accidente de estas dimensiones.
Feijóo reiteró algunas informaciones falsas o manipuladas aparecidas en algunos medios. Afirmó que el Gobierno puso de director de Seguridad de Adif a “un periodista sin formación técnica”. Sánchez le respondió que eso era un bulo aparecido en The Objective, porque el actual director de Seguridad fue nombrado por el Gobierno de Rajoy. “No voy a dar su nombre. Es un ingeniero industrial con veinte años de experiencia que no ha cambiado desde mayo de 2017”.
“Operan con el mismo registro que Iker Jiménez”, remachó Sánchez. Feijóo se llevó las manos a la cara, se supone que en un gesto de incredulidad.
Donde Sánchez manipuló los hechos fue al mencionar un estudio de la fundación Hay Derecho que había elogiado la profesionalidad de los nombramientos hechos en la cúpula de Adif, según dijo. La fundación lo negó más tarde. Se refería a los dos nombramientos hechos entre 2021 y 2024 y antes del actual presidente. En cuanto a este, afirman que es un paso atrás al ser “un perfil muy politizado”.
Sobre el accidente de Angrois en 2013, citado varias veces por Sánchez, Feijóo soltó una frase que nunca se había escuchado: “¿Quién diseñó la curva de Angrois? El partido socialista”. Se supone que el trazado concreto de una vía es elegido por un comité técnico, no que se elabora en Ferraz o Génova. Puente le respondió horas más tarde que todo ese trazado fue aprobado en los años del Gobierno de Aznar: “El estudio informativo definitivo —que aprobaba el trazado seleccionado, incluyendo el acceso por Angrois— se aprobó el 25 de abril de 2003”.
Todos se golpearon con saña y Sánchez no se quedó corto. A Abascal le preguntó por el sueldo millonario que recibe su principal asesor en Vox y dirigente en la sombra del partido, Kiko Méndez Monasterio. “26.000 euros al mes no es la España que madruga, señor Abascal”. Y después de golpear con el martillo lo envolvió en un paño de seda para recordar el concierto de Bad Bunny en la Superbowl y el mensaje que encabezó el espectáculo: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. El consejo de Sánchez al líder de Vox: “¿Vio usted la Superbowl? ¿Vio el espectáculo de Bad Bunny? Pues eso, menos odio y más amor”.
Quitas el odio de la política parlamentaria española y te quedas en los huesos.