«Repugnante», «ilegal», «depravado» y «en español» ¿Por qué Trump y los MAGA odian tanto a Bad Bunny?
El presidente de EEUU y su legión se han lanzado con gran virulencia contra el cantante por su actuación en la Super Bowl, hasta el punto de hablar de deportaciones —aunque sea tan estadounidense como Trump— y de sanciones contra la NFL y la NBC por haber emitido el espectáculo. La clave de esta reacción desmedida está en una política de represión con un claro sesgo racial, dirigida desde el Despacho Oval
Trump estalla contra Bad Bunny por su actuación en la Super Bowl: “Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante”
Es verdad que Estados Unidos es una suerte de continente en sí mismo de más 350 millones de habitantes. Las costas no se parecen al interior, del mismo modo que el sur y el norte son diferentes. Pero lo que sí es una constante en este país es que desde sus inicios fundacionales se caracterizó por ser una tierra de aluvión de migrantes y colonos. Unos inicios marcados también por un genocidio continuado contra los nativos para apropiarse del territorio y de sus fuentes de riqueza, ya fuera por parte de la metrópoli como por parte de las autoridades del nuevo Estado que este 4 de julio cumple 250 años.
Los migrantes nunca han dejado de llegar y se han convertido en una seña de identidad de EEUU.
Cuando salgo de mi casa, en Washington DC, que es una burbuja dentro de una burbuja, es imposible no cruzarse con operarios quitando nieve que no sean de origen hispano, como lo son la mayoría de los camareros, los cocineros, los jardineros, los obreros manuales y los repartidores. En Washington DC vive una de las principales colonias de salvadoreños en el exterior, por ejemplo, y en la mayoría de los espacios públicos los letreros están en inglés y español. Es más, en Washington se puede hacer el examen teórico de conducir en castellano.
Los ejemplos son infinitos, y no se trata de una ciudad con tanta migración latina como Nueva York, Florida, California o Texas, muchos de cuyos representantes en el Congreso son bilingües.
Esta diversidad de orígenes atraviesa incluso a las más altas esferas del poder político estadounidense y desmiente cualquier pretensión de homogeneidad nacional. El propio secretario de Estado, Marco Rubio, es nieto de un cubano. Y el mismo Donald Trump es estadounidense de segunda generación, con raíces europeas directas: su madre nació en Escocia y sus abuelos paternos en Alemania. Además, su esposa, Melania Trump, es migrante nacida en Eslovenia. Y su primera esposa, Ivana, era de la República Checa.
Pero la clave del odio MAGA está en el sesgo racial, que es uno de los ejes de la represión migratoria de la Casa Blanca. Por eso persiguen tanto a la comunidad latina, y por eso Donald Trump y los suyos odian tanto a Bad Bunny, como odian a la congresista de origen somalí Ilhan Omar, como odian a todo aquel con capacidad para poner en evidencia las políticas autoritarias y racistas de la actual Administración estadounidense.
Y el mayor desafío para quienes luchan contra estas políticas es que ese odio racial viene de la persona más poderosa del mundo, el presidente de EEUU.
“Le duele tremendamente que un hombre puertorriqueño tenga el valor de pararse frente al mundo”, explica la congresista progresista demócrata por Nueva York Nydia Velázquez, a elDiario.es, sobre las reacciones de Trump y los suyos: “Hay que entender el alcance de la figura de Bad Bunny, es global. Y la reacción está enmarcada en el racismo por parte de la base MAGA, frente a un hombre que tiene ese impacto a través del idioma español. Es algo que definitivamente los enfurece”.
¿Y qué dijo Trump? “El espectáculo del descanso de la Super Bowl es absolutamente terrible. ¡Uno de los peores de la historia! No tiene sentido, es una afrenta a la grandeza de Estados Unidos y no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia. Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven desde todo Estados Unidos y todo el mundo”.
Truth Social de Trump sobre la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl.
La congresista Velázquez argumenta: “Es la ignorancia de creer que EEUU y los estadounidenses son solo la gente de tez blanca y ojos verdes y azules”.
En efecto, Puerto Rico es un estado asociado de EEUU y sus ciudadanos son estadounidenses –si bien no tienen derechos políticos plenos y no pueden votar en las elecciones presidenciales–, como Donald Trump y Laura Loomer, una destacada comentarista MAGA que llegó a pedir deportaciones de las personas participantes en el espectáculo: “Inmigrantes ilegales y prostitutas latinas perreando en la Super Bowl. Ni una sola persona blanca ni traducción al inglés en el Super Bowl. Esto no es lo suficientemente blanco para mí. Ya ni siquiera puedo ver una Super Bowl porque los inmigrantes literalmente lo han arruinado todo”.
Pero, claro, resulta que los puertorriqueños no son migrantes, y resulta que EEUU no tiene declarado un idioma oficial en su Constitución, y su regulación como tal solo tiene rango de decreto presidencial, unilateral, desde marzo pasado. Es decir, nunca hasta la segunda presidencia de Donald Trump el idioma había sido un problema político relevante en EEUU.
La furia no sólo llegó de los comentaristas MAGA, como Loomer, sino que el hecho de que Trump fuera el primero en lanzarse en las redes sociales contra Bad Bunny ha generado una onda expansiva de ataques entre sus congresistas más pelotas.
Por ejemplo, la congresista republicana de Florida María Elvira Salazar, cuyo nombre no podría ser más hispano –es de origen cubano–, decía: “La Super Bowl es el partido más importante del deporte más emblemático de Estados Unidos. Es un momento nacional para unir a todo el país. Y, seamos sinceros, no debería ser una feria multicultural. Su público es mayoritariamente angloparlante, y se merecen un espectáculo que puedan entender y disfrutar. Tener un espectáculo completamente en español, sin subtítulos, no es inclusivo. Es excluyente. En Miami, escuchamos música en español, pero priorizamos a Estados Unidos. Desafortunadamente, hoy, en lugar de hablar de las grandes contribuciones de los hispanos a nuestro país —tanto los legales como los indocumentados—, estamos debatiendo lo mal que estuvo este evento”.
Pero no ha quedado solo en comentarios en redes sociales. Ha habido un congresista que ha escrito al regulador de las telecomunicaciones, que se ha destacado por ser más trumpista que Trump a la hora de amenazar a las cadenas de televisión, para pedir multas contra la liga NFL y la cadena NBC que retransmitió el acontecimiento.
Así, el congresista republicano por Florida Randy Fine, ha afirmado: “No se puede decir la palabra que empieza con la ”F“ [fuck] en televisión en directo. El repugnante espectáculo de ”Bad Bunny“ fue ilegal. Si hubiera dicho esta letra, y toda la demás porquería pornográfica y repugnante en inglés en televisión en directo, la transmisión habría sido cancelada y las multas habrían sido enormes. Los puertorriqueños somos estadounidenses y todos vivimos bajo las mismas reglas. Le enviamos a Brendan Carr una carta exigiendo medidas drásticas, incluyendo multas y la revisión de las licencias de transmisión, contra la NFL, la NBC y Bad Bunny. ¡Que los encierren!”
Y ha añadido: “Hoy sería un gran día para detener y deportar a los indocumentados. Sobre todo a aquellos a quienes les gusta la porquería de Bad Bunny. TODOS. SIN EXCEPCIONES”.
Andy Ogles, congresista republicano por Tennessee, también ha pedido sanciones, pero por otra vía: “El espectáculo fue pura obscenidad, transmitido descaradamente por una cadena nacional para que todas las familias estadounidenses lo presenciaran. Los niños fueron obligados a soportar exhibiciones explícitas de actos sexuales homosexuales, mujeres contoneándose provocativamente y Bad Bunny agarrándose la entrepierna sin pudor. Y, por si fuera poco, la letra de la actuación glorificaba abiertamente la sodomía y otras innumerables depravaciones atroces. Es ilegal exhibir estos actos flagrantes e indecentes en la televisión. Por eso solicito que el Comité de Energía y Comercio inicie de inmediato una investigación formal del Congreso sobre la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) y la NBC por su conocimiento previo, aprobación deliberada y facilitación de esta transmisión indecente. La cultura estadounidense no será objeto de burla ni corrupción sin consecuencias”.
Ogles también fue uno de los cruzados enfurecidos que pidió la retirada de la nacionalidad estadounidense y la deportación de la congresista Delia Ramírez, quien dijo sentirse “orgullosa guatemalteca” antes que “estadounidense” durante un congreso en México en agosto pasado.
La exigencia de Ogles es ilegal, pero va en la línea del proyecto MAGA de acabar con la nacionalidad por nacimiento, así como de prohibir dobles nacionalidades en EEUU, algo que defiende apasionadamente el congresista republicano por Ohio y nacido en Bogotá Bernie Moreno.
“Repugnante”, “ilegal”, “depravado”, “pornográfico”, “sodomita”…. Y todo ello “en español”. Trump y los MAGA odian a Bad Bunny, como odian a la congresista somalí Ilhan Omar, por su color, porque son influyentes, porque no pueden doblegarlos y porque su mensaje penetra. En el caso de Bad Bunny, en todo el mundo.