Urdangarin se defiende en sus memorias: «El juez, el fiscal y la prensa formaron una liga antimonárquica contra mí»

Urdangarin se defiende en sus memorias: «El juez, el fiscal y la prensa formaron una liga antimonárquica contra mí»

El exduque de Palma cuestiona la condena de cinco años y diez meses que le fue impuesta en el caso Nóos: «Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin», reflexiona en ‘Todo lo vivido’, su autobiografía recién publicada

De Marivent a los contratos millonarios sin concurso: qué pasó con el dinero público que consiguió Urdangarin

“Quiero decirlo con total claridad: no fue una sentencia justa”. Con esta frase, Iñaki Urdangarin articula la defensa central de Todo lo vivido, el libro en el que reconstruye –y reivindica– su trayectoria empresarial al frente del Instituto Nóos y cuestiona abiertamente las pesquisas que lo llevaron a prisión bajo una pena de cinco años y 10 meses. En sus memorias, recién publicadas por Alfaguara, el exduque de Palma arremete con dureza contra aquellos que le investigaron: “El juez [José Castro], el fiscal [Pedro Horrach] y algunos medios formaron una liga antimonárquica cuyo principal objetivo era yo”. Pese a admitir que “puede que hubiera fallos”, sostiene que ninguno de ellos justificaba la condena que le fue impuesta, marcada, en su opinión, por un contexto judicial y mediático “profundamente ideologizado”: “El objetivo era la caza mayor de una institución a la que yo representaba”.

Diez años después de que el caso Nóos le sentara en el banquillo de los acusados, y pese al cúmulo de pruebas que los tribunales dieron por concluyentes, el exyerno del rey Juan Carlos se muestra convencido de que “no merecía entrar en la cárcel” y de que la Justicia que él conoció “estaba contaminada”. “Se dice que la Justicia es ciega. Que es igual para todos. No lo fue para mí. Y lo digo sin miedo, con total convicción, porque lo viví en primera persona”, incide en uno de los pasajes. La Audiencia Provincial de Balears primero, y el Tribunal Supremo después, no dijeron lo mismo: las sentencias dictaminaron que incurrió en delitos de prevaricación continuada y malversación, tráfico de influencias, fraude a la Administración y dos contra la Hacienda Pública por su implicación directa en el desvío de dinero público y por cómo utilizó su posición y sus vínculos para facilitar ese trasvase de fondos.

Se dice que la Justicia es ciega. Que es igual para todos. No lo fue para mí. Y lo digo sin miedo, con total convicción, porque lo viví en primera persona

En este contexto, tampoco escatima reproches hacia la Casa Real, al considerar que la institución actuó “con miedo y precipitación” cuando le pidió que se apartara del Instituto Nóos para contener el desgaste reputacional. “No querían estar en medio de ningún fuego cruzado, ni político ni mediático. Estaban bajo presión. Y mi versión no importaba. La consigna fue clara: hay que cortar por lo sano”, escribe, antes de recordar el momento en que le transmitieron la orden: “’Me dijeron: ‘Ponte a un lado’. Y eso me mató. Me mataron”, afirma. Urdangarin lamenta especialmente, más allá de la estrategia institucional, la falta de respaldo humano. “No supieron actuar como familia”, asegura al describir una decisión que, a su juicio, lo convirtió en el eslabón más débil de una crisis que la Corona quiso atajar sacrificándolo públicamente.


Urdangarin, en abril de 2005, durante el València Summit, una de las cumbres investigadas en el marco del caso Nóos

No querían [en Casa Real] estar en medio de ningún fuego cruzado, ni político ni mediático. Estaban bajo presión. Y mi versión no importaba. La consigna fue clara: hay que cortar por lo sano. Me dijeron: ‘Ponte a un lado’. Y eso me mató. Me mataron

Seducido por la “dinámica del éxito”

Pero antes de entrar de lleno en el relato del caso que le condujo al banquillo, Urdangarin rememora sus comienzos en el ámbito empresarial tras retirarse del balonmano, allá por el año 2000. Un terreno en el que, reconoce, no se sentía tan seguro como en la pista, pero por cuyos engranajes se dejó de inmediato seducir, envuelto por “la dinámica del éxito”: “De alguna manera, fui cediendo, dejándome llevar, aceptando dinámicas que, si hubiera sido más consciente, nunca debería haber aceptado”. Tras desplazarse a Londres en su “afán por entender bien los entresijos empresariales” de la consultoría, el exbalonmanista regresó con la idea de profundizar en el mundo del patrocinio deportivo. Fue en la escuela de negocios Esade, en Barcelona, donde conoció a Diego Torres, considerado a la postre pieza central del entramado Nóos.


Diego Torres, junto a su mujer, Ana María Tejeiro, antes de declarar como investigados en el marco del caso Nóos

Con él se embarcaría en una singladura que acabaría situándolos en el epicentro de uno de los mayores escándalos judiciales de la historia de España y el que por primera vez sentaría en el banquillo a un miembro de la Familia Real, la infanta Cristina, quien acabaría penalmente absuelta, pero condenada -pese a que la sentencia rehúye utilizar de manera explícita esta expresión- como partícipe a título lucrativo de los delitos de malversación de caudales públicos y fraude a la administración cometidos por su exmarido.

La idea de Urdangarin y Torres pasaba por crear una consultoría que ofreciera asesoramiento a las empresas y “tratara directamente con los altos ejecutivos (el lugar desde el que se toman las grandes decisiones estratégicas)”, señala el exduque en sus memorias. Una consultoría, incide, que “cambiase la mirada tradicional del mundo del patrocinio”. Así que, consciente de sus limitaciones en el ecosistema empresarial, abordó al que se convertiría en su socio y le dijo: “Diego, yo he llegado a este mundo con 32 años. Tú llevas muchos más aquí, conoces las dinámicas, los entresijos. Yo necesito entender lo que hay debajo. Necesito tocar la base, saber cómo funcionan los procesos. No quiero ser solo fachada. Quiero ser útil de verdad”. “Yo sí sabía lo que hacía falta para construir un Dream Team desde cero. Pero en la empresa… no tenía esa seguridad”, confiesa.


La infanta Cristina, al fondo, en el banquillo de los acusados. Delante de ella, Ana María Tejeiro, esposa de Diego Torres

“Tu valor está en abrir puertas que otros ni imaginarían”

La respuesta de Torres, según el libro, encendió la espita que activó la transición de Urdangarin desde el deporte de élite a la esfera de los negocios: “Tú eres un experto en deporte, conoces ese terreno. Y ese know how nos puede ser útil en muchas ocasiones. Y, además, tienes algo que no se aprende: acceso. Tu valor está ahí. En abrir puertas que otros no podrían ni imaginar. En conectar con las personas adecuadas. Eso es útil. En eso eres bueno. Cada uno tiene que dedicarse a lo que de verdad le corresponde”.

Con estos mimbres, en 2003 fundaron Nóos Consultoría Estratégica. El viento soplaba a favor: cerraron contratos, consolidaron una cartera de clientes que renovaba año tras año y el negocio creció con rapidez. “Me dejé llevar un poco por la dinámica del éxito, confiando en que estábamos haciendo las cosas bien. Me daba seguridad comprobar que las empresas quedaban satisfechas con el servicio, ¡todas renovaban! Si solo hubiesen entrado como clientes por ser yo quien era, no habría sido posible fidelizarlos. Pero continuaban con nosotros y eso debía ser porque las cosas se hacían correctamente. A eso me agarraba en mis momentos de duda”, confiesa Urdangarin. Una “grieta”, como alude a aquella euforia profesional teñida de incertidumbre, “por la que se colaría una tormenta” que -asegura- no supo “ver venir”.


El expresidente balear Jaume Matas (izquierda), junto al exdirector del Instituto Nóos Diego Torres y el entonces consejero delegado de Sol Meliá, Sebastián Escarrer momentos antes de presidir la entrega del II Sport and Tourism Global Awars en Palma

Me dejé llevar un poco por la dinámica del éxito, confiando que estábamos haciendo las cosas bien. Me daba seguridad comprobar que las empresas quedaban satisfechas con el servicio, ¡todas renovaban! Si solo hubiesen entrado como clientes por ser yo quien era, no habría sido posible fidelizarlos. Pero continuaban con nosotros y eso debía ser porque las cosas se hacían correctamente. A eso me agarraba en mis momentos de duda

Pese al terremoto judicial que vendría después, el exduque defiende con ahínco el trabajo que llevaron a cabo en la consultoría frente a las acusaciones -y los hechos probados en sentencia- que apuntaban a que los proyectos que desarrollarían con el tiempo no habían sido justificados y ni tan siquiera ejecutados: “Era serio, profesional, riguroso. No era humo, como algunos llegaron a decir. Me rodeé de gente muy preparada, con un nivel académico altísimo, con experiencia, con talento. El equipo que armamos era sólido. Y nuestro enfoque aportaba un valor real a las empresas con las que trabajábamos”.

Para Urdangarin, el “verdadero problema” es que aquella bonanza económica comenzó a generar en él “unas necesidades y aspiraciones” que hoy, “con la distancia”, asegura que le cuesta reconocer como suyas: “Pero lo fueron. Y tengo que reconocerlo con honestidad, nadie me las impuso, porque si de algo sirve todo este viaje es para aceptar los errores y aprender de ellos”. Fue en esa época cuando la infanta Cristina y él, ya con tres hijos, decidieron cambiarse de casa.

Para Urdangarin, el ‘verdadero problema’ es que aquella bonanza económica comenzó a generar en él ‘unas necesidades y aspiraciones’ que hoy, ‘con la distancia’, asegura que le cuesta reconocer como suyas: ‘Tengo que reconocerlo con honestidad, nadie me las impuso, porque si de algo sirve todo este viaje es para aceptar los errores y aprender de ellos’

La mansión de Pedralbes: “El Iñaki de hoy jamás la compraría”

El piso en el que vivían se les había quedado pequeño. “Incluso el rey, en broma, nos decía: ‘Ahí no cabéis, chico’. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como ‘el Palacete de Pedralbes’, con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande”, recuerda, asegurando a continuación: “El Iñaki de hoy jamás la compraría. Pero, en según qué circunstancias, es fácil perder la perspectiva”.


Cámaras y periodistas apostados frente al ‘palacete’ de Pedralbes el 3 de abril de 2013: la infanta Cristina acababa de ser imputada en el caso Nóos

Entre las páginas de sus memorias, sin embargo, no menciona en ningún momento la donación de 1,2 millones de euros que el rey emérito le hizo a su hija para adquirir la mansión, unos hechos por los que, a juicio del juez Castro, Juan Carlos I tendría que haber declarado “más como imputado que como testigo”. Tampoco cita los 698.824 euros que -tal como recogió en un informe la Agencia Tributaria- gastó el matrimonio en rehabilitar la vivienda, adquirir mobiliario de lujo y pagar restaurantes y viajes al extranjero a través de Aizoon, la sociedad participada al 50% por él y por su entonces esposa. Si bien los investigadores apuntaron inicialmente a que Aizoon les valió de ‘tapadera’ para blanquear los fondos recibidos por el entramado Nóos, los tribunales descartaron finalmente ese extremo, aunque sí consideraron acreditado que la entidad había sido utilizada para deducirse gastos estrictamente personales.

“Teníamos buenos ingresos. Las tasaciones eran disparatadas. Los tipos de interés, bajos. Todo el mundo nos animaba a hacerlo […]. Más tarde entendí que era un nivel de ambición que había normalizado sin darme cuenta”, prosigue Urdangarin, quien confiesa que en aquel entonces “estaba atrapado, más bien deslumbrado, por un estilo de vida que nunca” había sido el suyo.

Incluso el rey, en broma, nos decía: ‘Ahí no cabéis, chico’. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como ‘el Palacete de Pedralbes’, con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande. El Iñaki de hoy jamás la compraría

Llegan los contratos con la administración

En medio de aquella vorágine, recuerda, “jamás” se le ocurrió que su siguiente paso “fuera entrar en política”: “No me atraía, no lo necesitaba, no lo buscaba. Ni siquiera lo contemplé como una opción, hasta que alguien me lo pidió como un favor personal. Y ahí comenzó otra historia”.

No me atraía [entrar en política], no lo necesitaba, no lo buscaba. Ni siquiera lo contemplé como una opción, hasta que alguien me lo pidió como un favor personal. Y ahí comenzó otra historia

En 2004, apenas un año después de echar a andar Nóos Consultoría Estratégica, València acababa de lograr ser sede de la Copa América de Vela de 2007 -cuya preparación y celebración dejarían un agujero de 454 millones de euros que acabarían asumiendo el Tesoro Público y el ICO-. La propuesta, recuerda Urdangarin, había sido impulsada por Rita Barberá y Francisco Camps, “convencidos de que ese gran evento internacional se traduciría en una proyección inédita para València y su comunidad”. “Pero lo cierto es que, más allá del titular y del entusiasmo político, no tenían un plan claro de cómo optimizar realmente aquella oportunidad”, señala, incidiendo en que la ciudad se convertiría en un “escaparate desaprovechado si no sabían cómo encontrar un retorno positivo para la Comunidad Valenciana”. Asegura que tuvo las primeras noticias de aquello durante una cena familiar en la Zarzuela, donde el rey emérito –siempre según la versión de Urdangarin– se dirigió directamente a él para preguntarle: “Iñaki, ¿tú crees que podrías ayudarlos con esto? Quizá podrías aconsejarlos sobre qué hacer”.

“Lo pensé un momento y le dije que sí, que quizá podríamos ayudar… Al fin y al cabo, era lo que estábamos haciendo con las empresas: estudiar sus necesidades, diseñar planes de patrocinio ajustados a su imagen, generar valor”, recuerda el autor de Lo vivido. Consciente, además, de que la vela “era una pasión personal para el rey”, lo comentó con Torres. Fue en ese momento cuando surgió el germen del Instituto Nóos como “un instituto de investigación aplicada, un contenedor de ideas”. Para la Justicia, la entidad que canalizaría las ingentes cantidades de dinero público que recibirían de las administraciones públicas para desviarlos a empresas pantalla como Aizoon y otras mercantiles creadas o utilizadas por ambos exsocios para fragmentar contratos y dificultar la trazabilidad de los fondos. 


El expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps, junto la exalcaldesa de València Rita Barberá, en septiembre de 2013, durante el debate de política general en Les Corts tras la decisión del TSJCV de devolver la instrucción del caso Nóos a Palma

Lo pensé un momento [la propuesta del rey emérito de «ayudar» al PP con la Copa América de Vela de 2007] y le dije que sí, que quizá podríamos ayudar… Al fin y al cabo, era lo que estábamos haciendo con las empresas: estudiar sus necesidades, diseñar planes de patrocinio ajustados a su imagen, generar valor

Y así –“sin buscarlo, casi sin quererlo”– fue como, recuerda el rostro más visible del entramado, dio “el primer paso hacia un terreno que ya no era privado, ni solo empresarial o deportivo, sino profundamente institucional y político; y ese camino no tendría vuelta atrás”. Urdangarin recalca todo el trabajo que hubo detrás: “Hasta entonces, habíamos trabajado con empresas privadas, donde el trato era claro, directo: presentabas una propuesta, la negociabas y te la aprobaban o no. Punto. Pero entrar en el ámbito institucional, en las administraciones públicas, era otro mundo. El equipo entero comenzó a trabajar bajo una presión desconocida. La gestión se convirtió en un laberinto. Ahora había que saber en qué fundación o asociación se tramitaba esto o aquello, qué órgano lo aprobaba, qué plazos, qué requisitos, qué mesa lo evaluaba”, recuerda, rebatiendo la “narrativa demagógica” que, en su opinión, arraigaría en los medios años después y que era “muy fácil de viralizar”: “Un millón de euros por tres días”, “Consultorías vacías de contenido”, etc.

Los 3,5 millones de euros del València Summit

Sobre los Valencia Summit, los congresos que entre 2004 y 2006 organizó el Instituto Nóos para maximizar el impacto de la Copa América de Vela y que acarrearon el pago de unos 3,5 millones de euros públicos, asevera que cada uno de ellos “representaba un año entero de trabajo intenso”: “Se sembraron ideas, se generó conocimiento y se plantearon estrategias a largo plazo para que Valencia pudiera mantener y multiplicar el impacto de la Copa de América más allá del evento en sí”. En su sentencia, sin embargo, el tribunal censuró el modo en que se había llevado a cabo la adjudicación de los proyectos -sin concurso y mediante un diseño administrativo que favoreció directamente a la entidad encabezada por Urdangarin y Torres-. No obstante, pese a reconocer que a día de hoy aquellas contrataciones estarían al margen de la ley, la Sala aseveraba que en el momento en que fueron suscritos “la administración se conducía de otro modo”. Con ello, las pesquisas en torno a los València Summit -que arrojaron, entre otras facturas, la que el exduque endosó a la Generalitat para alojar a la princesa Sayn-Wittgenstein, amiga de Juan Carlos I- quedaban finalmente en agua de borrajas y los acusados de la trama valenciana, absueltos de todo cargo.

Se sembraron ideas, se generó conocimiento y se plantearon estrategias a largo plazo para que Valencia pudiera mantener y multiplicar el impacto de la Copa de América más allá del evento en sí


Urdangarin, en abril de 2005, saludando a Rita Barberá durante una de las jornadas del València Summit

“Organizar un evento de este calibre no es cuestión de alquilar una sala y repartir acreditaciones”, se muestra convencido pese a todo Urdangarin, quien defiende que “un trabajo así no podía pasar desapercibido”, lo que motivó que otras comunidades autónomas –“incluso ciudades internacionales”, asegura– expresaran su “interés en replicar la experiencia”. Una de ellas fue Balears, donde los investigadores elevaron a más de 20 millones de euros los fondos que el Govern, presidido entonces por Jaume Matas (PP), comprometió a favor del entramado Nóos. Entre otros convenios, el Ejecutivo rubricó los vinculados con la realización de dos congresos similares a los de València, los Illes Balears Forum, por cuya organización Urdangarin y Torres percibieron unos 2,3 millones de euros. Según relata el exmarido de la infanta Cristina, el objetivo de los eventos era desestacionalizar el turismo a través del deporte.

Urdangarin asegura que fueron tanto Matas -recién salido de uno de los Ministerios de José María Aznar- como su entonces amigo José Luis ‘Pepote’ Ballester, director de Deportes del Ejecutivo balear y medallista olímpico de vela, quienes le trasladaron su intención de celebrar en las islas un evento similar a los Valencia Summit, en una de cuyas ponencias había participado el exregatista. “’Pepote’ se me acercó entusiasmado tras su intervención como ponente en una de las cumbres: ‘Ostras, Iñaki, esto me ha gustado mucho. Yo quiero algo parecido en Balears’”, relata el exduque. Unas manifestaciones que contradicen lo dictaminado por los tribunales, que indican que fue Urdangarin quien aprovechó su amistad con Ballester para “mover la voluntad” tanto de éste como de Matas para obtener uno de los contratos investigados, “orillando toda concurrencia y los condicionantes” que pudieran derivarse de una tramitación ajustada a la legalidad.

José Luis ‘Pepote’ Ballester se me acercó entusiasmado tras su intervención como ponente en una de las cumbres: ‘Ostras, Iñaki, esto me ha gustado mucho. Yo quiero algo parecido en Balears’

Descarga en el Govern la iniciativa de contratar a Nóos

Haciendo recaer en todo momento en los dirigentes autonómicos el interés por celebrar los foros, el exbalonmanista asegura que, a través de la recomendación efectuada por ‘Pepote’, “desde el entorno de Jaume Matas, que acababa de asumir la presidencia del Govern de les Illes Balears, se nos pidió estudiar la posibilidad de hacer algo similar en Palma”. Señala, en este contexto, que lo primero que les explicaron fue que el València Summit “estaba diseñado como un ciclo cerrado de tres años, vinculado estratégicamente a la llegada de la America’s Cup, y que su sede exclusiva era València”. “No podíamos repetir ese mismo formato en otro territorio. Pero sí podíamos hacer algo igualmente potente y específico, pensado desde cero para responder a las necesidades concretas de las Balears”, abunda.


Jaume Matas e Iñaki Urdangarin

En esta línea, recuerda que desde la entidad estudiaron “este desafío” y, “fruto de una reflexión profunda por parte de los miembros del Instituto Nóos”, surgió el objetivo de su siguiente estudio: “¿Cómo desestacionalizar el turismo a través del deporte?”, una cuestión a la que alude en el libro como el “mayor reto estructural del archipiélago”. “Palma se postuló como sede del mismo y así fue como nació el Illes Balears Forum”. Según el exyerno del rey, el diseño estaba inspirado “en la cumbre de Davos, organizada por el World Economic Forum con sede en Ginebra, el prestigioso congreso que estudia la economía y el entorno geopolítico mundial”.

El resultado, subraya, fue “otro evento de altísima calidad, con invitados de talla internacional, al igual que en València”, eludiendo, sin embargo, mencionar las conclusiones que la Justicia alcanzó acerca de las irregularidades que rodearon los convenios para la celebración de los congresos y a la influencia que ejerció el exduque para su consecución. La sentencia alude, en este sentido, a “la voluntariosa y disciplinada actitud de acatamiento a todas las propuestas [de Urdangarin y Torres] por parte del presidente Matas y su desarrollo, aceptando precios, imponiendo decisiones y sin reparar en obstáculos burocráticos o rémoras de reglas administrativas”, un comportamiento que, según el tribunal que los juzgó, “pone bien a las claras de manifiesto que se produjo ese sutil, pero patente y efectivo, sometimiento ante la posición del proponente [en alusión a Urdangarin], actitud que buscó y provocó deliberadamente amparado en su notoria condición, combinada y reforzada por su amistad con José Luis Ballester”.


‘Pepote’ Ballester, en febrero de 2012, tras declarar como investigado ante el juez José Castro en el marco del caso Nóos

La “necesidad” de una “victoria judicial ejemplar”

Urdangarin cuestiona abiertamente la labor del exjuez Castro y del exfiscal Horrach en su pretensión de desentrañar los pormenores de los contratos rubricados con las administraciones públicas. Un procedimiento judicial, el del caso Nóos, que el exduque insiste en desvincular de la macrocausa matriz de la que derivó, el caso Palma Arena, en el que el juez Castro concentró sus investigaciones en torno a los megalómanos proyectos, las adjudicaciones irregulares y los contratos a dedo que auspició el expresidente balear durante su segunda legislatura (2003-2007). Fruto de sus desmanes, el exdirigente del PP acabaría acumulando una larga cadena de condenas firmes que, en total, terminarían sumando más de ocho años de cárcel y medio siglo de inhabilitación

“El juez, el fiscal y algunos medios formaron una liga antimonárquica cuyo principal objetivo era yo, y su visión crítica hacia la institución de la Corona marcó todo el proceso desde el primer momento. No me asusta decirlo. Es mi opinión y lo creo firmemente, me baso en los hechos y en la forma en que todo se desarrolló”, afirma tajante Urdangarin, quien señala que “cuando se cruzaron casi por casualidad con el Instituto Nóos durante la investigación a Jaume Matas”, vieron en la vinculación a su figura “una oportunidad”. “Un caso con posibilidades de escalar a los titulares, a los debates públicos. A los libros de historia judicial de este país”, prosigue, para añadir acto seguido: “Como comprendería mucho más tarde, era imposible que yo no terminara en prisión. El foco mediático era tan feroz, la presión política tan evidente, la necesidad de una ‘victoria judicial ejemplar’ tan urgente, que estaba claro que no iban a soltar ese hueso. Porque la justicia, cuando se convierte en un engranaje de intereses políticos y mediáticos, deja de ser justicia”.

Aferrándose a esta idea, remarca que “nadie parecía interesado en entender qué había detrás: años de trabajo, informes rigurosos, impacto real en las ciudades, posicionamiento internacional”. “Pero un titular es un titular, y cuando mi nombre aparecía junto al de políticos como Jaume Matas o Francisco Camps -que por aquel entonces también estaban siendo señalados por la justicia por causas completamente ajenas a la nuestra-, el ruido mediático aumentaba de forma exponencial”, enfatiza, perseverando en la tesis de que el caso Nóos fue amplificado por un contexto político y mediático que, a su juicio, contaminó la percepción pública y condicionó el desarrollo del proceso judicial.

Cuando se cruzaron casi por casualidad con el Instituto Nóos durante la investigación a Jaume Matas, vieron en la vinculación a mi figura una oportunidad. La justicia, cuando se convierte en un engranaje de intereses políticos y mediáticos, deja de serlo


El juez José Castro, saliendo de los Juzgados tras tomar declaración del secretario de las infantas Elena y Cristina, Carlos García Revenga

Fue en medio de aquel meollo cuando, recuerda, llegó la llamada de la Casa Real. José Manuel Romero, abogado del rey, le comentó “con firmeza” que “había inquietud”: “Yo intenté explicarles que todo era legal, que los contratos eran correctos, que los proyectos valían exactamente lo que se gastó. Insistí en que podía demostrar las cosas, aclarar las dudas ante quien hiciera falta. Pero no hubo voluntad de escuchar para entender. Para la Casa Real, el desgaste reputacional era (y es) su mayor preocupación”. “Me pidieron que diera un paso al lado. Que dejara el Instituto Nóos. Quitarme del medio fue, para ellos, la solución más eficaz: si me apartaban, si me desvinculaban de los focos, si dejaba de aparecer en titulares, todo se calmaría. Todo estaría bajo control. Decidieron aplicar un cordón sanitario. Pero no funcionó. Porque, en el fondo, yo no era el objetivo. Yo era el eslabón más débil. La pieza más fácil de atacar. Porque lo que algunos buscaban era mucho más. No querían caza menor. Querían caza mayor, como decía Mario, mi abogado”, relata.

Yo intenté explicarles que todo era legal, que los contratos eran correctos, que los proyectos valían exactamente lo que se gastó. Insistí en que podía demostrar las cosas, aclarar las dudas ante quien hiciera falta. Pero no hubo voluntad de escuchar para entender. Para la Casa Real, el desgaste reputacional era (y es) su mayor preocupación

El exduque recrimina que, incluso años más tarde, cuando ya se encontraba fuera del Instituto Nóos y completamente apartado de la Casa Real, además de haber sido juzgado y condenado, las críticas no se detuvieron. “Al contrario, subieron de nivel”, señala, aclarando: “No creo que ser rey o príncipe sea algo fácil. Ni mucho menos. En aquellos momentos, fueron muchas las personas que presionaron a la Corona desde distintos frentes y por diversos motivos, la mayoría interesados. Y, en medio de ese fuego cruzado de tantas opiniones y criterios, tomar una decisión correcta y justa, en una situación en la que está implicada una persona cercana, y que contente a todos, entiendo que es prácticamente imposible”.


El exrector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez (i) regala en diciembre de 2005 una camiseta del equipo de balonmano de la Universidad asturiana -con el dorsal que portó siempre a Urdangarin- al exduque antes de ofrecer la conferencia titulada ‘Patrocinio y Mecenazgo: una visión estratégica’

Recuerda, con todo, que tras dejar “obligado” el Instito Nóos en marzo de 2006, la Casa Real tampoco le escuchó: “Yo estaba orgullosísimo de lo que habíamos construido. El Instituto Nóos era algo más que un proyecto profesional, había puesto el corazón en aquello […]. Pero era como clamar en el desierto. No se trataba solo de un caso judicial, se trataba de política, de alta política, me dijeron. Y me lo arrebataron todo. De un plumazo.  En paralelo, la relación con Torres acabó rota. Su salida de Nóos había sido ”precipitada, inesperada, impuesta desde fuera“. ”Tomamos distancia y dejamos de hablarnos“, recuerda. Fue así como, escribe, les ”sorprendió“ a ambos el estallido del caso Nóos.

“No hubo voluntad de delinquir. Nunca la hubo”

Su paso por prisión -de la que salió “con un estigma con el que no es fácil convivir ni avanzar”- ocupa uno de los tramos más introspectivos de Lo vivido. En él dibuja el impacto inicial del encierro como una experiencia de desarraigo absoluto: “Miraba cada rincón, cada pared, cada sombra del módulo vacío, y solo podía pensar: aquí. Aquí es donde voy a estar. Solo”. En este sentido, reconoce que, durante los primeros días, no era capaz de sostener la entereza que se esperaba de él, y así se lo transmitió, en su primer día de privación de libertad, al jefe de escolta que había recomendado su ingreso allí: “Yo aquí no voy a aguantar. No voy a poder. Estoy solo, completamente solo”. Se sentía, afirma, “suspendido en un limbo, fuera del mundo, fuera de la vida”, atrapado en “un desierto de cemento. Una tumba grande y solitaria”.

Su paso por prisión -de la que salió ‘con un estigma con el que no es fácil convivir ni avanzar’- ocupa uno de los tramos más introspectivos de Lo vivido. En él dibuja el impacto inicial del encierro como una experiencia de desarraigo absoluto: ‘Miraba cada rincón, cada pared, cada sombra del módulo vacío, y solo podía pensar: aquí. Aquí es donde voy a estar. Solo’

Con el tiempo, sin embargo, fue encontrando asideros. La lectura se convirtió en refugio y reconstrucción interior: desde El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, que le enseñó que “siempre queda la libertad de elegir la actitud”, hasta Biografía del silencio, de Pablo d’Ors, o El poder del ahora, de Eckhart Tolle. “Libros que no solo leí, sino que subrayé, resumí y releí una y otra vez”, recuerda.

Al término de sus memorias, y transcurridos casi dos años desde que diese por cumplida la totalidad de la condena y quedase en libertad definitiva, Urdangarin apuntala su versión de los hechos: “No hubo voluntad de delinquir. Nunca la hubo”. De nuevo, regresa a la sentencia: fue, a su juicio, “un castigo injusto, desmedido. Un doble castigo”. Tras entrar en prisión, recuerda que aquellos años supusieron una etapa de ruptura interior: “Cuando estás allí dentro, tienes la sensación de que has desaparecido del mundo”. Habla de la “privación de libertad” y de la “soledad más absoluta”, de un silencio “que pesaba toneladas”, de sentirse “suspendido en un limbo, fuera del mundo, fuera de la vida”. Y reflexiona, condensando en apenas unas palabras la tesis de su inocencia: “Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin”.

Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin

El libro, con todo, no termina en la celda, sino en el parqué del Palau Blaugrana. El exbalonmanista evoca el debate que se produjo en su día sobre si debía retirarse su camiseta del Barça y cómo aquello le golpeó “fuerte”. Había formado parte del Dream Team de Valero Rivera, aquel que transformó el balonmano a nivel internacional y con el que había ganado “más de cincuenta títulos”. Finalmente, tanto Josep Maria Bartomeu como Joan Laporta defendieron que la elástica y su dorsal 7 debían permanecer donde estaban en reconocimiento a su legado. “Que esa camiseta permaneciera allí arriba al salir de la cárcel significó mucho para mí”. Era la prueba, concluye, de que “una persona no se reduce a un solo capítulo de su historia”.