
Nigel Farage impone su agenda xenófoba sobre inmigración en el debate público del Reino Unido y presume de ello
El líder del partido de extrema derecha Reform se jacta de la «aceptación de su visión de conjunto» sobre los migrantes y solicitantes de asilo como un problema, pese a que el Reino Unido recibe menos refugiados que sus vecinos
“Farage tiene razón, no votes por él”: cómo la política británica ha girado hacia la extrema derecha
Después de un rato contestando preguntas de periodistas de los principales medios británicos en un hangar del aeropuerto de Oxford, Nigel Farage hizo un comentario como experto en comunicación. El líder del partido de extrema derecha Reform presentaba sus propuestas para la detención y deportación masiva de inmigrantes y refugiados, y la última pregunta había sido sobre los acuerdos que un Gobierno suyo estaría dispuesto a hacer con Irán para repatriar a sus nacionales.
El político y su lugarteniente para la ocasión, Zia Yusuf, expresidente de Reform, contestaban con evasivas a los detalles sobre pactos con el régimen iraní o con los talibanes de Afganistán, pero Farage parecía satisfecho hasta con las preguntas más insistentes sobre los detalles de la ruptura con la legislación nacional e internacional del Reino Unido para la protección de los derechos humanos.
“Creo que una de las cosas más interesantes de esta rueda de prensa, y de lo que hemos visto en los medios en los últimos días, son las preguntas que se están planteando sobre los aspectos prácticos, concretos de la aplicación de las medidas”, comentó Farage. “¿Qué me llama la atención? Que hay muy poca resistencia por parte de los medios a la idea de que, en realidad, este país está en apuros serios… Y creo que la aceptación general de la visión de conjunto que estamos planteando demuestra, una vez más, que Reform está marcando el debate nacional”.
También subrayó la idea de la “normalidad”, mencionó los ejemplos más restrictivos de Dinamarca y de Estados Unidos, y presumió de que su influencia está consiguiendo que “los demás políticos cambien de discurso”. Señaló, de hecho, que el Gobierno laborista de Keir Starmer sucumbe fácilmente a la presión. “Este es un Gobierno famoso ya por la cantidad de giros de 180 grados que ha dado. Así que animo a todo el que tenga un diputado laborista a que vaya a verle y le diga: ‘A menos que pongas orden en esto, no vamos a votarte la próxima vez y perderás tu escaño’. Y, si eso ocurre a gran escala, podría tener un efecto notable a la hora de hacerles reflexionar.”
El evento era en el aeródromo municipal a las afueras de Oxford, utilizado habitualmente para aviones privados y el entrenamiento de pilotos. Farage habló en un podio con una bandera gigante del Reino Unido de fondo y un logo alterado de su partido para incluir el símbolo de un avión despegando. Alrededor, había paneles que imitaban los de los aeropuertos de llegadas y salidas y simulaban vuelos de deportación o puertas “cerradas” para algunos países.
Una pantalla simula la salida de vuelos de deportación en el aeropuerto municipal de Oxford durante un evento de Reform, este martes.
En el discurso antes de las preguntas, Farage habló de “total desesperación”, “creciente enfado”, “amenaza verdadera del orden público” e “invasión” de “hombres jóvenes que vienen de países donde las mujeres no son ni ciudadanas de segunda”. Para facilitar las deportaciones sin posibilidad de apelación, Farage dijo estar dispuesto a anular la legislación de derechos humanos de 1998 aprobada por el Gobierno de Tony Blair y a salirse de la convención de derechos humanos de 1951, apadrinada entonces por el Reino Unido y que Farage considera “una extensión” de la UE.
“¿De qué lado estás? Del lado de las mujeres y los niños que estén a salvo en nuestras calles o del lado de tratados internacionales anticuados y respaldados por tribunales dudosos?”, dijo, incidiendo en el mensaje constante de su partido de que los refugiados suponen una amenaza en particular para las mujeres.
Apoyo al partido de un líder impopular
Reform supera desde hace meses en intención de voto a laboristas y conservadores, si bien es difícil estimar qué supondría eso ante las urnas en las elecciones generales, que ahora están previstas para 2029. A la vez, Farage es el líder más impopular del Reino Unido: la diferencia entre quienes tienen una opinión desfavorable y quienes la tienen favorable es la mayor en su contra, según la encuestadora YouGov.
Como presume Farage en una afirmación sustentada por los hechos, su partido ha logrado imponer no solo la prominencia del debate, sino las palabras e ideas utilizadas para debatir el asunto.
En una entrevista con la BBC, la periodista del matinal de radio que entrevistó este martes a Yusuf, el multimillonario expresidente del partido y uno de los portavoces de Farage, asumió la llegada de refugiados como “un problema” y no contradijo al entrevistado cuando repitió el bulo desmentido por otros medios de que los ciudadanos afganos son condenados “22 veces más” por agresiones sexuales que quienes tienen la ciudadanía británica y que esto viene de datos oficiales.
No es así, entre otras cosas porque no hay suficiente información sobre ciudadanía e historial criminal y las estimaciones de la población utilizadas por Reform son incorrectas. Algunos datos muestran que los refugiados afganos tienen más condenas por delitos sexuales en relación a su peso en la población general, pero no hay suficiente información para hacer esa afirmación de manera rotunda y, en todo caso, no se trataría de una diferencia de la dimensión que cita continuamente Farage, según explica Sky News.
Pero ligar la llegada de refugiados a los delitos sexuales y utilizar palabras como “invasión” es ya habitual en el debate público. La siempre contestataria BBC también apretó a Yusuf sobre los detalles prácticos de cuánto costarían sus deportaciones o cómo haría tratos con el régimen iraní o los talibanes en Afganistán incluyendo pagos para que recibieran los vuelos de deportación, pero no cuestionó la justificación del plan.
Yusuf, cuyos padres emigraron a Escocia desde Sri Lanka en los años 80 y es musulmán, dimitió como presidente del partido después de criticar a una diputada de su partido que defiende la prohibición del burka. Ahora está encargado de un plan de recortes que intenta imitar al que montó Elon Musk en Estados Unidos.
Protestas pequeñas
La atención a las protestas contra refugiados, inmigrantes y extranjeros en general es a menudo desproporcionada con su dimensión en el terreno. La “ola” de protestas que mereció cobertura en toda la prensa nacional y parte de la internacional del fin de semana pasado se redujo a concentraciones de, como mucho, unos pocos centenares de personas en un país de 69 millones.
Unas 20 personas protestaron enfrente de un hotel en el este de Londres que alberga a solicitantes de asilo, con algunas banderas y fotos de extremistas. En Liverpool, una ciudad de medio millón de personas, una marcha convocada por otro partido de extrema derecha reunió a más de 100 personas, y se interrumpió por una contra-protesta de unos pocos centenares más. La policía arrestó a 11 de personas en los altercados, algunas por “estar borrachas y alterar el orden público”. La protesta más numerosa de la que hay rastro fue en Mold, una pequeña ciudad del norte de Gales, donde se concentraron unas 300 personas para protestar contra los posibles planes de que un edificio de apartamentos aloje a refugiados.
En Oxford, donde Farage presentó su plan este martes, la concentración convocada delante de un hotel que aloja refugiados reunió a unas 40 personas en contra de los migrantes y otras 70 en la contra-manifestación a favor, según el reportero del Oxford Mail, el diario local.
La llamada a protestar el sábado pasado tampoco tuvo acogida como para reunir a más de pocas docenas de personas en Epping, una pequeña ciudad a 30 kilómetros de Londres cuyo ayuntamiento ha conseguido que la Justicia obligue a desalojar a solicitantes de asilo de un hotel local porque no tenía los permisos adecuados.
Los incidentes más graves fueron en Irlanda del Norte en junio, en un lugar que sigue marcado por la violencia entre comunidades. Pero en Gran Bretaña, después de varios intentos de movilización durante todo el verano, las protestas apenas han reunido a pocos centenares de personas cada vez y no han causado alteraciones graves del orden público como el año pasado.
Grupos de manifestantes a favor y en contra de los refugiados delante de un hotel en Long Eaton, Inglaterra, el 23 de agosto.
Pero eso no ha evitado que el debate político se vuelva a concentrar en la migración -de cualquier tipo- y la llegada de solicitantes de asilo como un problema.
Pese al aparente desinterés por las protestas a favor y en contra, la inmigración y el asilo es percibido como el problema más destacado del país ahora, según una encuesta de YouGov de mediados de agosto. Cerca del 54% de los adultos citan la cuestión, por encima de la economía -pese al bajo crecimiento, la falta de trabajadores y los altos precios que afligen al país-, de la vivienda o la inseguridad.
A la vez, la abrumadora mayoría de los votantes asegura que el Gobierno laborista está gestionando mal el alojamiento en hoteles de refugiados, un sistema heredado del antiguo Gobierno conservador y que supone tener a cerca de 30.000 alojadas en hoteles antes abandonados, infrautilizados y a menudo en condiciones insalubres a la espera de que se resuelva su solicitud de asilo.
La comparación con España
El Reino Unido recibe menos solicitantes de asilo que los grandes países de la UE tanto en números absolutos como en relación a su población.
Tomando los números en relación a la población, el Reino Unido fue el país número 17 de Europa por número de solicitantes de asilo en 2024, según los datos del Observatorio de Migración de la Universidad de Oxford. En números absolutos, el Reino Unido es el quinto país. Cuando una reportera le recordó este dato a Farage en la rueda de prensa de este martes, la respuesta del líder de Reform fue congraciarse de que el Reino Unido no esté en la UE.
Según los últimos datos disponibles, en 2024 el Reino Unido recibió 109.000 solicitudes frente a las 167.000 de España. El Reino Unido tiene más de 69 millones de habitantes frente a los 48 millones de España, que es ahora el principal destino de solicitantes de asilo, según los últimos datos de este mayo de la agencia de refugiados de la UE. En todo caso, tanto Alemania como Italia también han recibido más solicitantes de asilo que el Reino Unido. Francia, un país con un número de habitantes muy parecido al del Reino Unido, recibió en 2024 más de 157.000 refugiados.
Las llegadas a las costas inglesas a través del canal de la Mancha centran el debate público, aunque son solo una parte del total. En lo que va de año, se estima que han entrado así en el país unas 28.000 personas, detectadas por las autoridades y detenidas mientras se procesa su solicitud si la hay. La mayoría vienen de Afganistán, Irán y Eritrea. En el mismo periodo, han llegado por mar más de 82.000 personas a las costas europeas, la mayoría a Italia.
Contra la migración legal
Una de las diferencias destacables es que el Reino Unido también tiene como objetivo rebajar la migración legal a través de visados de trabajo y estudio, incluso cuando las empresas y las universidades quieren ampliarlos por falta de empleados o de estudiantes.
A diferencia de otros países, en el Reino Unido, se reporta regularmente la llamada migración neta, es decir, la diferencia entre las personas que llegan y las que se marchan del país, y se considera una mala noticia si sube esa cifra. Si más personas, británicas o no, abandonan el país, el Gobierno, primero el conservador y ahora el laborista, considera su objetivo cumplido.
La percepción negativa de lo extranjero -de cualquier tipo- está hasta en libros y películas populares, donde es fácil encontrar caricaturas de ciudadanos polacos como inmigrantes ilegales, dispuestos a todo por un trabajo y probablemente involucrados en algo turbio.
Y se repiten los incidentes, aunque aislados, contra cualquiera percibido como no británico. A principios de agosto, menores de un grupo de scouts fueron acosados por vecinos de un pueblo de Gales que los identificaron (erróneamente) como inmigrantes.
Nada más llegar al poder en julio de 2024, Keir Starmer acabó con la política del Gobierno conservador para deportar a refugiados de cualquier país a Ruanda e insistió en su compromiso con la convención europea de derechos humanos y la convención de refugiados que algunos en el Partido Conservador cuestionaban.
Uno de los momentos memorables de la campaña electoral fueron los abucheos en el programa con preguntas del público de la BBC al entonces primer ministro, Rishi Sunak, por sugerir que podría desafiar al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo.
Pero en los últimos meses, en un país con las mismas dificultades por la falta de inversión y trabajadores que ha potenciado el Brexit, el Gobierno de Starmer es casi tan impopular como los últimos conservadores, que en las últimas elecciones locales en Inglaterra de mayo perdieron cientos de concejales a favor de Reform.
La actual líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, está presionada por la competencia de Farage, pero también por quien quiere sustituirla en su propio partido. Uno de los aspirantes, que perdió contra ella en noviembre de 2024, es Robert Jenrick, que se convirtió en una de las voces más antieuropeas del Gobierno Sunak (dimitió cuando el primer ministro se resistió a salirse de la convención de derechos humanos) y ahora se presenta como un defensor de los “británicos blancos”. Según elTelegraph, el tabloide ultraconservador, se trata de las personas de este color que hayan nacido en el Reino Unido igual que sus progenitores (ni Carlos III, el actual rey, encajaría en esta categoría).
Kemi Badenoch, la líder del Partido Conservador, durante un discurso en Londres, el 10 de julio.
Badenoch dijo este martes que Farage le está “copiando” sus propuestas, aunque ella dice que salirse de los tratados internacionales “no es un plan”.
Entretanto, Starmer ha gastado más dinero en controles fronterizos y ha firmado un acuerdo con Francia para poder mandar de vuelta a ese país a parte de quienes hayan cruzado el canal de la Mancha. También está buscando acuerdos con otros países terceros.
Además, ha mantenido limitaciones impuestas por el Gobierno conservador para reducir el número de trabajadores extranjeros en el sector de salud, imponiendo más requisitos económicos para estas personas y sus familias. A principios de mayo, Starmer también anunció más trabas para limitar los visados de aspirantes a trabajar o a estudiar en el Reino Unido. Hizo entonces un discurso en el que dijo que el país se arriesgaba a convertirse en “una isla de extraños”, una expresión de la que luego dijo arrepentirse porque recordaba al discurso de un diputado xenófobo de los años 60, Enoch Powell.
“Nunca habría utilizado esas palabras si hubiera sabido que eran o podían ser interpretadas como un eco de Powell”, dijo en una entrevista con el Observer poco después. “Esa frase en particular no estuvo bien. La verdad es que me arrepiento profundamente de haberla utilizado”. Aun así, Starmer no se dijo arrepentido de las medidas que había anunciado.
La defensa de los lores
En la Cámara de los Comunes hay pocas voces que defiendan los derechos de los extranjeros que viven desde hace años en el Reino Unido -entre ellos, todavía más de cinco millones de ciudadanos de la Unión Europea– o quienes acaban de llegar a la desesperada en busca de refugio o trabajo al país. Ni siquiera el ala a la izquierda del Partido Laborista, que habitualmente desconfiaba de los inmigrantes como supuestos competidores de los nacionales por los puestos de trabajo.
Algunos diputados reconocen que hablar tiene consecuencias y temen que el acoso online que está aumentando se traduzca en agresiones físicas. “Las críticas que estamos recibiendo en las redes y en el buzón de correo son terribles, y llegan de ambos lados”, decía hace unos días al Guardian Tonia Antoniazzi, diputada laborista. “Es peor que en el Brexit”.
Los mensajes más críticos contra Farage llegaron este martes del Partido Liberaldemócrata y del Partido Verde. Además, las voces que suelen defender a los extranjeros desde una perspectiva de respeto de los derechos humanos se suelen encontrar en la Cámara de los Lores, donde líderes religiosos y políticos medio retirados sí han protestado contra las políticas de conservadores y laboristas.
En todo caso, la estrategia de Starmer parece no estar dando resultados a la vista de las encuestas, que sitúan ahora a su partido casi una decena de puntos por detrás de Reform en intención de voto.
“No se combate a Reform convirtiendo en prioridad nacional el asunto sobre el que es más fuerte”, escribe Anand Menon, director de la red académica UK in a Changing Europe. “Y como han mostrado innumerables investigaciones en ciencia política, tampoco se frena eficazmente a la derecha radical complaciéndola”.