
Ahmed, bombero forestal de Cernego
No sé quién se inventó el cuento de que Feijóo es un político educado, moderado, consensual, con sentido de Estado. No lo es. Es un tipo tan ambicioso como mediocre que se retrata con la vaciedad de sus propuestas y el extremismo y la zafiedad de sus portavoces. Es posible que llegue a presidente del Gobierno, pero será de la mano de Abascal y aplicando sus políticas
La historia del inmigrante marroquí Ahmed y la aldea gallega de Cernego ha sido contada en el diario orensano La Región y la cadena de televisión Telecinco. De noche, en solitario y con dos cubos que iba llenando de agua, Ahmed combatió durante horas las llamas que cercaban Cernego, logrando salvar buena parte de sus viviendas, incluida la que él tenía alquilada. Un acto de heroísmo como el que ya han protagonizado en España tantos inmigrantes magrebíes, africanos y latinoamericanos al oponerse a cuerpo gentil a robos, homicidios e incendios. Me vienen a la cabeza los senegaleses Ibrahima y Magatte, que, en 2021, intentaron evitar en A Coruña el asesinato homófobo de Samuel Luiz.
¿Y dónde estaban los políticos españoles que desean expulsar a los inmigrantes cuando comenzaron los incendios de este mes de agosto? Por Abascal ni cabe preguntar. Es un vago redomado que se larga del Congreso cuando termina de despotricar y al que no se le conoce otro ganapán que las mamandurrias políticas. La única señal de vida que ha dado estas semanas ha sido un video acusando de los incendios forestales al “terrorismo climático”. ¿Qué carajos será eso del “terrorismo climático”? Igual es que Abascal se cree sus fantasías e imagina a etarras encapuchados prendiendo fuego por aquí y por allá.
En cuanto a los presidentes del PP de las comunidades autónomas abrasadas, los fuegos les pillaron de vacaciones, lo que es perfectamente aceptable, pero remolonearon a la hora de interrumpirlas. Ayuso siguió en Miami, su paradigma vital y político, y, a toro pasado, se acercó a Tres Cantos disfrazada de Lara Croft. Como quien hace un “posado de moda postapocalíptica”, según escribió José Sarriá en Facebook. Por su parte, Moreno Bonilla no se dignó a reaparecer hasta la Feria de Málaga, por supuesto. Allí se dejó fotografiar tan orondo como siempre en el palco oficial de la Junta de Andalucía en la plaza de toros. ¡Menuda querencia la de este personal por el arte de Cúchares! Tanta, que prefieren gastarse el dinero público en toreros antes que en bomberos.
A Mañueco la catástrofe le pilló en Tarifa y tardó tres días en regresar a la región que preside, mientras su consejero Quiñones no veía motivos para abandonar una comilona en Gijón por el hecho de que Las Médulas estuviera siendo devastada por el fuego. Afortunadamente, a todos ellos los salvó el simpar Feijóo cuando, el 15 de agosto, declaró inaugurado el curso político 2025-2026 con la orden de disparar al unísono contra el diabólico #PerroSanxe. Había que pedir, en primer lugar, la intervención del Ejército, obviando que, a través de la Unidad Militar de Emergencias (UME), el Ejército ya estaba combatiendo los fuegos. Necesito más ideas, dijo Feijóo a los suyos y, días después, alguien le sopló la genialidad de crear un registro nacional de pirómanos, algo que ya existe gracias al SEPRONA de la Guardia Civil y su información a la fiscalía de Medio Ambiente.
La culpa de la abundancia y la gravedad de los incendios forestales la tienen los pirómanos, sentencia Feijóo, aunque los así llamados -los enfermos mentales que prenden fuegos-, solo sean responsables de un mínimo porcentaje de los casos. Sí, señor Feijóo, los humanos, por descuido o intencionadamente, son los causantes la inmensa mayoría de los fuegos en los bosques, pero a esos, en la lengua de Cervantes, los llamamos incendiarios, no pirómanos.
¡Qué más da! Lo importante para Feijóo es levantar otra cortina de humo, tan espesa como aquella que intentó proteger a Mazón tras su almuerzo en El Ventorro durante la riada. Tras romper España con la amnistía, arruinar nuestra economía con la revalorización de las pensiones y el salario mínimo y crear una red mafiosa que ni Al Capone, Sánchez quema ahora el suelo patrio. Es el nuevo Nerón. Venga, compañeras y compañeros del PP, a mover el argumentario.
Feijóo señala el camino. No hay que hablar del cambio climático, que seca nuestros bosques y los convierte en altamente inflamables. No hay que hablar de la despoblación de las comunidades autónomas que gobernamos ni del abandono de la ganadería extensiva, que reducen la limpieza natural de las tierras. No hay que hablar de los pocos medios que dedican nuestras comunidades a la prevención y extinción de incendios forestales, ni del desprecio que muestran por los bomberos. No, hay que seguir dando la murga con Sánchez y el sanchismo.
Y todos se ponen manos a la obra. Empieza el siempre deslenguado Bendodo llamando “pirómana” a la directora general de Protección Civil, la pobre, que lleva semanas trabajando 24/7. Le sigue ese incendiario profesional de la política que es Tellado acusándola de “hooligan”. Y remata Ester Muñoz, émula de la mordacidad choni de Ayuso, sacando a colación la próxima declaración de Begoña Gómez ante Peinado, el momentazo que el juez del chalet irregular en La Adrada regala al partido de su hija para el nuevo curso.
No sé quién se inventó el cuento de que Feijóo es un político educado, moderado, consensual, con sentido de Estado. No lo es. Es un tipo tan ambicioso como mediocre que se retrata con la vaciedad de sus propuestas y el extremismo y la zafiedad de sus portavoces. Es posible que llegue a presidente del Gobierno, pero será de la mano de Abascal y aplicando sus políticas. Yo prefiero aplaudir a Ahmed, vecino marroquí y bombero forestal improvisado de Cernego.