
Mariana Carbajal: «Pensé que tenía alzhéimer o un tumor en el cerebro, pero era la niebla mental de la menopausia»
La periodista argentina relata en su libro ‘Encendidas’ su viaje personal por el climaterio mezclado con divulgación para combatir la «desinformación patriarcal» sobre una etapa clave de la vida
Las señoras ya no se esconden: la menopausia gozosa también sale del armario
Mariana Carbajal empezó a tener olvidos, fallos graves de memoria, sequedad en los ojos, dolor en las articulaciones. No era ninguna enfermedad, era la menopausia. La periodista argentina, una de las pioneras del periodismo con enfoque de género, utilizó entonces sus armas de siempre para afrontar los cambios físicos y vitales de los que nadie le había hablado: investigar, hablar, compartir, escribir. De ahí surge Encendidas. Un viaje íntimo por la menopausia (Grijalbo), un libro, publicado también en España, en el que mezcla su experiencia personal con la divulgación y el ensayo. Pero su menopausia sigue fructificando: al libro se sumó un podcast, Encendidas, que conduce junto con la periodista argentina Ingrid Beck y que puede escucharse en Spotify. Su podcast se ha convertido en un potente vehículo con el que rompen tabúes, plantean conversaciones necesarias, y llegan a miles de mujeres.
Cuenta en el libro que no recuerda cuál fue la primera señal, sino que de repente notó varios síntomas en el cuerpo que la desconcertaron. ¿Cómo fue esa toma de conciencia?
Sí, de pronto tomé conciencia de que mi cuerpo no estaba funcionando como me tenía acostumbrada, más o menos bien. Y eso me empezó a llamar la atención. Fueron varios signos que me dieron la alarma. No solo sofocos nocturnos, que no sabía que también podían suceder porque solo conocía los diurnos, sino sequedades variadas. Pero, además, en relación con la cuestión de la concentración o la memoria me sucedía que iba a poner una taza con leche a calentar en el microondas para hacerme el desayuno y cuando lo abría me encontraba con que ya había una taza con leche, que yo misma había colocado 30 segundos antes y no lo había registrado. Y no me pasó una vez, fueron varias. Eso me asustó. Hablaba con mis hijos y me decían: “mamá, esa conversación ya la tuvimos”. Y tampoco me acordaba.
Pensé primero que podía ser el estrés, pero luego, cuando las situaciones se repetían, empecé a pensar que tenía principio de alzhéimer o demencia senil o un tumor en el cerebro. Así de trágico. Me hubiera encantado saber que no era así, porque conviví con ese temor sin animarme a ir a consultar a un especialista hasta que descubrí que existía la llamada niebla mental y que todas esas distracciones o falta de memoria tenían que ver con la caída de los estrógenos, por mi llegada a la menopausia. Fue un alivio saberlo.
Con los dolores articulares sí consulté: soy deportista y me preocupaba que tuviera algún problema que me perjudicara. Por suerte no era nada y solo cuestión de envejecimiento, pero ya se me fueron o me acostumbré a convivir con ellos.
¿El miedo que pueden ocasionar esas señales corporales es fruto de la desinformación o la desinformación agrava ese miedo?
Muchas mujeres que leyeron el libro me comentaron el alivio que sintieron al saber que no se estaban volviendo locas y que, en realidad, la falta de concentración o los olvidos tenían que ver con esta transición hormonal.
La desinformación con la que llegamos las mujeres en general a la menopausia es una gran injusticia, otra injusticia patriarcal. Si los varones tuvieran menopausia seguro que la ciencia médica hubiera investigado mucho más y sería un tema más abierto en la conversación. Ellos tienen desde hace casi 30 años una pastillita para la disfunción eréctil, y convirtieron esa patología casi en algo sexy y recién ahora se está empezando a estudiar el cerebro de las mujeres durante la menopausia.
La desinformación con la que llegamos las mujeres en general a la menopausia es una gran injusticia, otra injusticia patriarcal
Habla también de que durante momentos se hundió en un pozo del que pensó que no salía. Por mucho que enfoquemos esta etapa con información y optimismo, ¿es inevitable sentir desconcierto, temor, malestar, bajones anímicos?
Diría que los bajones anímicos que podamos tener no tienen que ver con asumir o no asumir esta etapa, sino con los cambios hormonales. Vivimos un tsunami hormonal, aunque es importante aclarar que no hay dos menopausias iguales. Es decir, no todas vivimos esta etapa de la misma manera. Por un lado, podemos sentir desconcierto al experimentar cambios inesperados, que no teníamos ni idea de que podíamos llegar a atravesar. Llegás a la menopausia y sinceramente, lo único que sabés es que dejas de menstruar y lo celebrás. El otro dato que tenés es que puede haber sofocos diurnos. Nada más.
La menopausia no es un tema de la educación sexual integral, y tampoco se habla intergeneracionalmente, como la menstruación o la prevención de un embarazo no deseado. Ahora nos estamos animando muchas más mujeres a hablarlo públicamente y a divulgar y difundir todo lo que nos pasa, especialmente en redes sociales. Pero es algo muy nuevo. Estamos fuera de las políticas públicas: dejamos de ser fértiles y salimos de los protocolos de atención médica.
Tampoco hay muchos ginecólogos y ginecólogas especializados en climaterio. Y no te advierten que no lo son. Entonces, seguís yendo a tu ginecólogo de toda la vida y cuando expresás que estos cambios están afectando tu calidad de vida, podés llegar a escuchar respuestas muy poco empáticas, del tipo “Aguantátela” o “¿Qué esperabas? Es así…”.
Estamos fuera de las políticas públicas: dejamos de ser fértiles y salimos de los protocolos de atención médica. No hay muchos ginecólogos y ginecólogas especializados en climaterio. Y no te advierten que no lo son
¿Hay muchos cambios de los que apenas hay información y que no suelen achacarse a la menopausia?
Los signos corporales asociados a la menopausia son muchos, sofocos pero también insomnio, sequedades –vaginal, de ojos, en las fosas nasales–, mayor irritabilidad, niebla mental… y la lista es muy larga porque hay otros no tan conocidos como la fascitis plantar –afección que causa dolor en la planta del pie– o el hombro congelado –se te forma como una cápsula y sientes dolor al hacer ciertos movimientos como abrocharte el corpiño por detrás o atarte el pelo– o palpitaciones…
Y no solo nosotras no sabíamos que están asociados a la menopausia sino que muchos médicos tampoco. Porque no se ha estudiado históricamente lo que nos pasa, insisto, por ser algo que nos pasa a las mujeres exclusivamente. No es una enfermedad, claro, pero nos pasan muchas cosas.
Cosas que no hay por qué asumir sin más…
Quiero decir algo muy importante: hay soluciones, hay tratamientos para pasarla de la mejor manera. Hoy la terapia de reemplazo hormonal (TRH) está validada científicamente y puede contribuir no solo a mejorar nuestra calidad de vida actual sino a prevenir futuras patologías. Y todavía, lamentablemente, hay mucho temor a las hormonas, también por falta de información y porque en los 2000 hubo un estudio en Estados Unidos que generó mucho pánico, aunque luego se supo que estuvo mal comunicado y se había hecho con una muestra no estandarizada, pero contribuyó a generar pánico de usar la TRH.
No es para todas –el médico o médica es quién debe indicarlo–, pero es clave que las mujeres sepan que es una alternativa. Aunque luego puedan no elegirla y prefieran optar por otros abordajes terapéuticos o por ninguno. Lo importante es que esa decisión sea efectivamente una elección y no una imposición por falta de información.
«Hay soluciones, hay tratamientos para pasarla de la mejor manera. Hoy la terapia de reemplazo hormonal está validada científicamente. No es para todas –el médico o médica es quién debe indicarlo–, pero es clave que las mujeres sepan que es una alternativa. Lo importante es que esa decisión, sea efectivamente una elección y no una imposición, por falta de información
¿Parte de las dificultades y bajones anímicos en esta etapa pueden tener también su origen en mandatos sociales acerca de la juventud, la belleza o el valor de las mujeres frente al de los hombres maduros?
La llegada a la menopausia puede vivirse como una gran entrada al envejecimiento: ahí parece que tenés un gran cartel con luces de neón, o eso es al menos lo que yo sentí. En una sociedad que venera la juventud y la maternidad como un destino ineludible femenino, el hecho de que dejemos de ser fértiles nos coloca en un lugar casi de invisibilidad y descarte. Pero, en general, esos bajones anímicos están más vinculados con el desarreglo hormonal, al dejar de menstruar, que con otra cosa. Nosotras nos sentimos sexis, con mucha vida por delante, con desafíos y proyectos. Y ese es el mensaje que quiero dar siempre.
Ya que hablamos de climaterio, existe aún mucho desconocimiento sobre esta etapa, ¿qué deberíamos saber, ante qué señales estar alerta o bien qué deberíamos atender y desde qué edad aproximada?
Creo que lo más importante es tener conciencia e información de que al llegar a la menopausia pueden venir cambios significativos en nuestras vidas: tenemos que ocuparnos de prevenir la osteoporosis, o el famoso síndrome genitourinario, porque la sequedad vaginal, causada por la caída de estrógenos, puede generar dolor en las relaciones con penetración pero también infecciones urinarias, que pueden ser muy molestas, o pérdida involuntaria de orina, por ejemplo, al estornudar, reírse fuerte o saltar en un gimnasio. Por eso se recomienda para aquellas mujeres que pueden recibir TRH usar estrógeno localizado a través de un óvulo, que puede ser semanal. Pero eso, claro, lo tiene que indicar un médico o médica. Yo soy divulgadora. Pero no quiero que muchas mujeres pierdan calidad de vida. Y si tenés insomnio o niebla mental, no pensar que es un problema personal. Somos muchas buscando soluciones. En mi libro me explayo sobre cada uno de los signos corporales más comunes y además, cuento el recorrido que hice para enfrentarlos.
Consulté a una sexóloga, parte de esa experiencia la relato en el libro: me mandó masturbarme diariamente, escuchar podcast eróticos, usar juguetes sexuales y también me indicó un gel de testosterona – apenas una aplicación de un centímetro en el hombro– un par de veces a la semana por uno o dos meses
Entre los mitos y creencias que están aún muy asentadas sobre la menopausia están los que aún relacionan la terapia de reemplazo hormonal con riesgos enormes para las mujeres. En los últimos años la evidencia científica ha cambiado, pero no parece llegar a las consultas y a las mujeres, ¿por qué?
Ese es un enorme problema: un gran número de ginecólogos y ginecólogas no se actualizan. Y así están en deuda con sus pacientes. Deberían poner un cartel en la puerta de su consultorio que diga: “No soy especialista en climaterio, búsquese otro médico o médica”.
La transformación del cuerpo y del deseo sexual son parte de la menopausia. ¿Hasta qué punto hay que aceptar los cambios y hasta qué punto hay que buscar alternativas, suplementos, terapias…?
No a todas las mujeres les pasa lo mismo. En relación a la libido, la menopausia puede generar una caída pero no siempre. Y también hay alternativas para reencontrarla. Todo dependerá del deseo de esa mujer. Si quiere seguir teniendo sexo, si para ella es importante, o no. En mi caso, sentí que había perdido el deseo sexual, estando muy bien con mi pareja, y me ocupé de recuperarlo: consulté a una sexóloga, me dio indicaciones, y parte de esa experiencia la relato en el libro. Me mandó masturbarme diariamente, escuchar podcast eróticos, usar juguetes sexuales y también me indicó un gel de testosterona –apenas una aplicación de un centímetro en el hombro– un par de veces a la semana por uno o dos meses. Y a mí me resultó. Lo que es riesgoso es lo que se conoce como chip sexual, o pellet de testosterona: ninguna sociedad médica lo recomienda.
A veces es difícil diferenciar si te bajó la libido por la caída hormonal o es aburrimiento y desgana en relación a una pareja de muchos años. Cada una tendrá que hacerse esas preguntas. No todo es culpa de la menopausia aunque a veces pueda resultar cómodo echársela
La bajada del deseo sexual de las mujeres desde la menopausia se suele asociar a los cambios hormonales, pero ¿hay más detrás de esa idea generalizada? Usted misma cuenta en el libro las preguntas acerca de su pareja y su deseo que le surgieron en esa etapa, y cómo una médica le recomendó buscar un amante…
A veces es difícil diferenciar si te bajó la libido por la caída hormonal o es aburrimiento y desgana en relación a una pareja de muchos años. Cada una tendrá que hacerse esas preguntas. No todo es culpa de la menopausia, aunque a veces pueda resultar cómodo echársela.
¿Es la menopausia una época para reconectar con el placer y el deseo?, ¿qué necesitamos para que sea así?
Claro que sí. Pensar el deseo en el sentido bien amplio de la palabra. En general, las mujeres hemos dedicado largos años de nuestras vidas a cuidar a otros. Es un gran momento de buscar el tiempo para nosotras, de pensar que tenemos por delante muchas páginas en blanco para escribir, de pensar qué nos gustaría hacer, cómo nos gustaría vivir los años venideros, y cuáles son esos pendientes que no queremos seguir postergando: empezar una carrera nueva, aprender un idioma, a cantar o a bailar, a practicar un deporte o un hobby, encontrarnos más seguido con las amigas, cada una tiene que hacer esa hoja de ruta. Creo que es una gran oportunidad.
Si tuviera que destacar tres aprendizajes que han llegado con su menopausia y tres consejos para las mujeres que están en ella o llegando a ella, ¿cuáles serían?
Aunque al principio te dé bronca todo lo que te está pasando, porque a muchas nos puede enojar dejar de ser las que éramos, lo mejor es buscar cómo transitar esto de la mejor manera. No te resignes, hay soluciones; si un ginecólogo o ginecóloga te dice “aguantátela”, buscá otro. Siempre hay una médica empática que te va a escuchar amorosamente. Piensa que llegó el tiempo para nosotras: seamos egoístas. Las amigas son un gran refugio para apoyarnos en esta como en otras etapas de la vida.