
El deporte obrero vasco en el siglo XX: «Lanzo el disco con toda mi fuerza para aplastar la Olimpiada fascista de Berlín»
La frase, de un deportista vasco, se recoge en ‘Del campo a la trinchera’, obra de Iker Ibarrondo-Merino que analiza el auge del deporte entre las clases trabajadoras
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El 1 de agosto de 1936, el saludo olímpico y el saludo nazi, ambos consistentes en alzar el brazo estirado, quedaron ya confundidos para siempre. Aquel día, en un baño de multitudes en el Estadio Olímpico de Berlín, Adolf Hitler asistió a la ceremonia de apertura de unos Juegos Olímpicos que el Tercer Reich instrumentalizó para catapultar sus ideales racistas. Como cara opuesta de la moneda, en Barcelona se había estado fraguando una Olimpiada Popular que se marcaba como objetivo recuperar el olimpismo en su esencia, permitir la participación de personas que por sus condiciones habrían estado vetadas en la de Berlín y hacer una competición del pueblo para el propio pueblo. “Yo, cuando lanzo el disco, lo lanzo con toda la fuerza de mis músculos para ver si de una vez puedo aplastar la Olimpiada fascista de Berlín”, decía un vasco, Martiarena. El golpe de Estado de Francisco Franco y el estallido de la Guerra Civil hicieron que la Olimpiada Popular fuera “nonata”, como recoge Iker Ibarrondo-Merino en la obra ‘Del campo a la trinchera: memorias del deporte obrero vasco’, publicada por la editorial Txalaparta.
Historia y deporte son dos disciplinas que —por el desdén o las suspicacias que surgen desde quienes solo participan de alguna de ellas— no terminan de congeniar. Ibarrondo-Merino las conjuga en su obra, al entender el deporte “como reflejo de las dinámicas sociales, políticas y económicas de su tiempo”. Y el tiempo que conduce del cierre del siglo XIX al despertar del XX fue uno de muchos cambios. En una época de desarrollo industrial dispar en la que el capitalismo daba el salto de una fase competitiva a una imperialista, consigna Ibarrondo-Merino, el deporte surgió en torno a las clases medias. Por las particularidades vascas, en Euskadi convivieron lo que el autor llama deportes “impertérritos” (sin cambios, como el de los ‘harrijasotzailes’ y el de los ‘aizkolaris’), tradicionales pero adaptados (como la pelota y el remo) y nuevos (sobre todo el fútbol y en Iparralde el rugby).
El deporte obrero surgió ya en el siglo XX, con unos pasos dubitativos en torno a 1900 y ya de manera más acusada en la década de 1920 y sobre todo en la de 1930, explica el autor. Al calor de la creación de la Federación Cultural Deportiva Obrera de Castilla la Nueva en Madrid, emergió también una organización de esas características en Euskadi. “Llevó al campo del deporte las ansias de libración nacional y social del pueblo vasco”, explica. “El deporte se convirtió en mucho más que una actividad física: fue una herramienta para imaginar otra sociedad posible, un vehículo para la soberanía, la justicia social y la igualdad”, se abunda en el libro.
Un título de federado de la Federación Cultural Deportiva Obrera de Euzkadi
Una Olimpiada Popular “nonata”
En 1936 se estaba gestando la celebración de una Olimpiada Popular en Barcelona. Las estimaciones más optimistas, según recoge Ibarrondo-Merino en su libro, apuntaban al respaldo de más de 10.000 deportistas de diferentes rincones de Europa. “La participación estaba abierta a todas aquellas personas que defendieran el deporte libre, la cultura, la humanidad y la paz, y que estuvieran en contra del fascismo”, escribe el autor. No era solo una ‘contraolimpiada’ para hacer frente al despliegue del Tercer Reich en Berlín, sino que también “representaba una vía inexplorada hasta el momento”, que tenía como objetivo “recuperar la esencia del olimpismo y revalorizar su significado, convirtiéndose en una competición del pueblo y para el pueblo”.
La Olimpiada Popular no llegó a celebrarse por el estallido de la Guerra Civil
“La Olimpiada Popular rompe con los tres pilares del deporte normativo: la hegemonía del Estado en la participación (en esta podrían participar naciones sin estado como Euskal Herria, Catalunya, Alsacia…), la aparente dicotomía entre deporte federativo y obrero (el deporte obrero y popular era reacio porque vinculaba al otro con el mercantilismo y el federativo no consideraba al obrero de un nivel adecuado) y la disglosia que sufría la mujer frente al hombre (se auspició su participación con medidas de discriminación positiva, sin la exigencia de una marca mínima)”, explica Ibarrondo-Merino.
El estallido de la Guerra Civil en España impidió la celebración de la Olimpiada Popular, pero las semillas que se habían sembrado germinaron como pudieron. Así, cuenta Ibarrondo-Merino, se cree que la primera persona procedente de fuera de la península ibérica que falleció en combate era un austriaco que había llegado para participar en la Olimpiada Popular.
Listado con alguno de los integrantes del batallón Cultura y Deporte
Entre septiembre y octubre de 1936, la Federación Cultural Deportiva Obrera de Euzkadi comenzó a reclutar integrantes y conformó el batallón Cultura y Deporte. Las bombas que la Legión Cóndor nazi soltaron sobre Gernika llevaron al batallón a pasar de la retaguardia a la acción. Tuvieron un papel importante en la defensa del territorio. “Las tenebrosas sombras franquistas hicieron borrar de la memoria cualquier recuerdo de estos honestos centenares de deportistas que dieron lo mejor de sí mismos en pos de un futuro cargado de esperanza, de justicia y de solidaridad”, se recoge en el libro.