
Un estudio revela que las mujeres tienen un peor pronóstico cuando se tratan con betabloqueantes tras un infarto
Las pacientes tratadas con este fármaco tuvieron un aumento significativo del riesgo de muerte, reinfarto y hospitalización en comparación con las que no lo recibieron
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Un importante nuevo análisis del ensayo clínico REBOOT, sobre el tratamiento con betabloqueantes tras un infarto de miocardio, revela importantes diferencias específicas por sexo en los efectos de este fármaco, lo que plantea dudas sobre las prácticas terapéuticas habituales desde hace tiempo.
El análisis revela diferencias notables entre sexos: mientras que los hombres no experimentaron ningún beneficio ni riesgo al ser tratados con betabloqueantes, las pacientes tratadas con betabloqueantes tuvieron un aumento significativo del riesgo de muerte, reinfarto u hospitalización por insuficiencia cardíaca en comparación con las mujeres que no recibieron el fármaco.
Además, las mujeres tratadas con betabloqueantes tenían un riesgo absoluto de mortalidad un 2,7% mayor que las que no fueron tratadas con betabloqueantes durante los 3,7 años de seguimiento del estudio.
Sopesar los riesgos
“En muchos casos, recetar betabloqueantes a mujeres tras un infarto sin complicaciones puede ser más perjudicial que beneficioso”, advierte Borja Ibáñez, investigador principal del ensayo REBOOT y director científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). “Los médicos deben sopesar cuidadosamente los riesgos y los beneficios, y considerar ajustes de dosis o terapias alternativas al tratar a pacientes mujeres”.
En muchos casos, recetar betabloqueantes a mujeres tras un infarto sin complicaciones puede ser más perjudicial que beneficioso
Los resultados de este nuevo análisis del ensayo clínico REBOOT —un estudio internacional coordinado por el CNIC— se presentan este sábado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC Congress 2025) en Madrid y han sido publicados en la revista European Heart Journal. El trabajo también ha demostrado que los betabloqueantes no aportan beneficio alguno a los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio no complicado, es decir, con función contráctil del corazón intacta.
“Estos hallazgos confirman los datos observacionales previos, pero en un ensayo prospectivo riguroso: las mujeres que presentan un infarto tienen un perfil cardiovascular peor y, lo que es más importante, un pronóstico peor que los hombres”, señala Ibáñez. “Nuestros datos también muestran que responden de manera diferente a una intervención comúnmente prescrita, en este caso los betabloqueantes”.
“Nuestros hallazgos sugieren que un enfoque único para todos los pacientes puede no ser adecuado y las consideraciones específicas de cada sexo son cruciales a la hora de prescribir intervenciones cardiovasculares”, asegura Xavier Rosselló, científico del CNIC, cardiólogo del Hospital Universitario Son Espases de Mallorca y otro de los responsables del ensayo REBOOT.
Este estudio debería impulsar el tan necesario enfoque específico por sexo para las enfermedades cardiovasculares
“Ya sabíamos que la presentación de las enfermedades cardiovasculares es diferente en mujeres y hombres, y este estudio contribuye significativamente a este conocimiento al demostrar que la respuesta a los medicamentos no es necesariamente igual en mujeres y hombres”, afirma Valentín Fuster, director general del CNIC, presidente del Mount Sinai Fuster Heart Hospital e investigador del ensayo REBOOT. “Este estudio debería impulsar el tan necesario enfoque específico por sexo para las enfermedades cardiovasculares”.
Aunque la proporción de mujeres en el ensayo no fue elevada (algo habitual en la mayoría de los ensayos sobre infarto de miocardio), el número total de mujeres es el mayor jamás incluido en un ensayo que evalúa los betabloqueantes tras un infarto, lo que proporciona una gran potencia al análisis realizado.
Seguimiento de cuatro años
Los pacientes fueron asignados aleatoriamente en dos grupos: uno para suministrarles betabloqueantes, un fármaco de prescripción habitual, y otro al que no se le suministraba; mientras continuaban recibiendo la atención estándar tras el infarto. Se realizó un seguimiento de los pacientes durante una mediana de casi cuatro años.
El riesgo elevado al ser tratadas con betabloqueantes se limitaba a las mujeres con una función cardiaca completamente normal después del infarto. Las que presentaban un deterioro leve de la función cardiaca no tenían un riesgo excesivo de resultados adversos al ser tratadas con betabloqueantes.
“Nuestros hallazgos sugieren que las consideraciones específicas de cada sexo son cruciales a la hora de prescribir intervenciones cardiovasculares
Otro hallazgo importante de este análisis preespecificado del ensayo REBOOT es que las mujeres que presentaban infarto tenían un perfil cardiovascular peor. Eran mayores, tenían más comorbilidades (incluida una mayor prevalencia de hipertensión, diabetes y dislipidemia) y sufrían con mayor frecuencia infartos sin obstrucción de las arterias coronarias (6% frente al 2% en los hombres).
Además, aunque las tasas generales de prescripción de intervenciones de prevención secundaria fueron elevadas para todos los pacientes del ensayo, a las mujeres se les prescribieron con menos frecuencia algunos tratamientos recomendados por las guías, como antiagregantes plaquetarios, estatinas, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA), antagonistas de los receptores de angiotensina (ARA) o rehabilitación cardíaca.
En general, las mujeres tenían un pronóstico significativamente peor que los hombres (la mortalidad a lo largo del estudio fue del 4,3% en las mujeres frente al 3,6% en los hombres).
Según los investigadores, los resultados del ensayo subrayan la importancia de personalizar el tratamiento tras un infarto. Al poner de relieve cómo los factores específicos del sexo influyen en la seguridad y la eficacia de los medicamentos de uso común, REBOOT podría remodelar las directrices y mejorar los resultados para las mujeres de todo el mundo.