En defensa de la justicia, el periodismo y la verdad
La justicia se ha hecho un buen roto, si se mira sin gafas de cemento armado. Pierde la verdad, pero quien la cuenta, el periodismo, es la otra gran víctima a ajusticiar. La derecha más sucia intenta empuercarlo en su batalla política
Si ya sabíamos que España tiene un problema con la justicia –reiteradamente suspende en las encuestas y cada vez con peor nota- los últimos acontecimientos han aumentado la preocupación por este pilar esencial de toda democracia. Cuanto ha rodeado el proceso al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, desde el origen al enjuiciamiento en el Tribunal Supremo, puede recibir el calificativo de bochornoso y, desde luego, desolador. La que iba a ser la culminación estelar del derrocamiento de una pieza básica en la estructura del Estado ha mostrado anomalías de una envergadura alarmante. Por más que lo vistan de lógica, que un tipo acusado de varios delitos lleve a una alta autoridad a juicio porque afirma sin pruebas que ha difundido los secretos de su caso y que el Supremo lo asuma y dicte condena de inhabilitación es en extremo difícil de entender. Salvo que el tipo sea el novio de la lideresa del PP, Isabel Díaz Ayuso, y que el tribunal, las acusaciones y sus abogados sean como hemos visto. Simplemente eso, como hemos visto.
Para redondear la trayectoria anuncian precipitadamente la condena, pero no aportan la sentencia. Se comen sin un reproche el bulo del asesor de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, que fue el verdadero detonante y parece que no por casualidad. Cuelgan las togas en el perchero y se van tres miembros del tribunal a dar unas clases remuneradas que organiza una de las acusaciones: el Colegio de Abogados de Madrid, la que pedía cuatro años de cárcel para el acusado. Nos enteramos de que uno de los tres, Antonio del Moral, dirigió la tesis doctoral del abogado de Alberto González Amador y que la había expuesto justo el día que aprobaron celebrar el juicio. Era una de las dos tesis que ha supervisado en toda su carrera. Tampoco parece muy normal que el presidente del Tribunal cuente, entre risas en esas clases, que tiene que irse a redactar él la sentencia, y eso ocurre porque la magistrada ponente está en desacuerdo con condenar al fiscal general y se negó a hacerlo. Hay dos votos particulares cuyo contenido sigue sin publicarse.
Y, sin embargo, están tan eufóricos en el PP que no han dudado en airear todas estas miserias por Europa. Saldrá todo, es de imaginar, aunque tratan de que sea solo el resultado contundente de ese histórico juicio que ha logrado Alberto Quirón de Ayuso: “Felicidades, les has destrozado”, le aplaudió M.A.R. el bulero. La euforia sigue de tal modo que este jueves anunciaba más p´alantes, ahora toca Pedro Sánchez. ¡Por fin!
¿O es una pose ese entusiasmo? Porque ya tienen organizada otra manifestación contra el gobierno. El ataque es por todos los flancos. Sin el menor complejo asaetan las redes y los medios, uno tras otro cada escasos minutos, desde todas las portavocías del PP porque ya no pueden soportar la inmoralidad y la degradación a la que ha llevado a España este gobierno, dicen. No ha sido ejemplar ni mucho menos lo de los dos Secretarios de Organización del PSOE pero desde el historial de corrupción del PP -que llega al hoy – están invalidados para dar lecciones. Su incansable lema para llamar a manifestarse es “Mafia o Sanchismo”. Pocas cosas más representativas de la “cosa nostra” que crear una policía dentro del Estado para ensuciar a rivales políticos y alterar el resultado de las elecciones (como hizo el gobierno de Rajoy con Podemos), en otro país hubiera tenido drásticas consecuencias legales, o la Omertá que practicaron con su presidente Pablo Casado por denunciar públicamente el asunto de las mascarillas del hermano de Ayuso y en la que participó y de la que se benefició Núñez Feijóo. Y el culmen de la corrupción el “Caso Montoro” del que nunca más se ha vuelto a saber. Una larga investigación ha demostrado que llegó a cambiar leyes del Estado para favorecer a empresas clientes. La verdad es un valor a la baja en estos tiempos.
Y es que, por si faltara poco, desde que el abogado del novio de la novia, intentase manchar el periodismo riguroso, en su interrogatorio a José Precedo, se ha desatado esa otra cacería. Se sugiere incluso que será lo que pese en la sentencia que sigue sin salir, ocho días después de que fuese arrojada el 20N. La sentencia que redactará ese juez que le soltó a nuestro compañero “no nos amenace con que lo sabe”. MAR dice, ante el Tribunal, que miente en su bulo que motiva la nota de aclaración de la Fiscalía y a los periodistas que atestiguan la verdad no se les cree. El abogado de Gonzalez Amador trata de invalidar el testimonio de José Precedo insinuando que tiene relación con el acusado, y medio tribunal se va a hablar, cobrando, a una asociación que ejercia de acusación contra el fiscal. Todo esto no hay por donde cogerlo se pongan como se pongan.
Y aún siguen saliendo flecos. Mientras se desarrollaba el proceso, Ayuso convirtió, además, al Ilustre Colegio de Abogados de Madrid en el primer centro universitario impulsado por un colegio profesional, tal como quería hace tiempo. Quienes no somos expertos en derecho diríamos que todo el conjunto es escandaloso y reflejo de la confianza que la novia del novio y cuanto le rodea tienen en la impunidad de cuanto hagan.
Un abrumador vendaval de especulaciones, críticas, improperios, se han desatado con todo esto. Las posiciones son duras y férreas. La derecha política y mediática entusiasmada con el tribunal y todo el proceso, se espanta de que alguien ose criticar al supremo tribunal que parece estar en los cielos. La Constitución española, como todas las democráticas, asegura que “la justicia emana del pueblo” pero, por favor, no empuerquen a sus señorías con estas vulgaridades.
La justicia se ha hecho un buen roto, pensamos al menos quienes lo hemos visto sin gafas de cemento armado. Pierde la verdad, insistimos, pero quien la cuenta, el periodismo, es la otra gran víctima a ajusticiar. La derecha más sucia intenta empuercarlo en su batalla política. Creen tenerlo cerca, no disimulan su impaciencia ni sus ganas de dar el descabello.
Y de entre todos los medios rigurosos, de los que comprueban los datos antes de publicarlo, hay una diana preferente para elDiario.es. Justo cuando su trabajo en todo este caso ha estado lleno de primicias, de datos, de argumentos, de rigor. No quiero dar protagonismo a quien ha lanzado una bomba desde dentro para que fuera usada y aireada por toda la cloaca mediática. Hasta por antiguos responsables del hundimiento de su propio periódico -salir bufando de ellos es un clásico-. Mucho tiempo de resultar patético un conocimiento que, en algo tan serio como la justicia, ha de basarse en muchos textos estudiados y aprobado en examen. Se juega con vidas y haciendas. Incomodidad leerlo en unas páginas en las que la inmensa mayoría se esfuerza por dar lo mejor, la información que es base de conocimiento para la toma de decisiones.
Vuelvo a recordar que escribo aquí desde mucho antes de que otros periodistas llegaran. Desde 2012, cuando solo se publicaba Zona Crítica como anticipo. Nunca me han cortado, ni criticado un texto -como sí han hecho otros medios progresistas y sin consultarlo siquiera-. Todos los que han estado al frente de la sección de Opinión han sido exquisitos. Actualmente, Marco Schwartz me comenta alguna vez algo a precisar mejor, por ejemplo, con un respeto profesional que ya quisieran muchos otros periodistas de otros medios.
A Ignacio Escolar le conocí por su blog en 2004 y me pareció que tenía un olfato periodístico excepcional. Le sigo ahora más de lejos que entonces, cuando avanzaba buscando las mejores formas y salidas para sus proyectos, y creo que ha logrado un medio serio e influyente como tal. Ante algunos periodistas que han entrado en la redacción, me descubro. Ante los más vituperados por el periodismo sucio, la política sucia y, en su caso, la justicia no muy respetuosa precisamente.
Volvemos a quedarnos en la encrucijada de este acoso aplastante que cada día nos zarandea. Tan puerco muchas veces. Tuve el honor de recoger hace unos días en Córdoba un premio al periodismo social que en las cuatro ediciones anteriores recibieron Carmen Sarmiento, Rosa María Calaf, Maruja Torres y Olga Rodríguez. Lo concede, con ayuda de la Universidad, la sociedad civil, varias asociaciones a quienes un periodista dio voz. Hay cosas estupendas que pasan fuera de Madrid. Alberto Almansa, fallecido prematuramente, tenía como lema que “el periodismo es un deber ético y un compromiso social”. Es el mío y el de los periodistas que valoro. Esos otros es que se dedican a otra profesión.