«¿Dónde está la candidata del PSOE en las andaluzas?»: la campaña electoral se precipita en ausencia de Montero
El presidente Juan Manuel Moreno hurga en la «incompatibilidad» de los trabajos de su rival en las urnas, ausente del debate del estado de la comunidad, mientras el entorno de la vicepresidenta del Gobierno se reafirma en que apurará hasta el límite de la Ley Electoral y dimitirá al borde de la campaña electoral
La “singularidad” Montero, el fatigoso malabarismo entre la financiación catalana y la campaña electoral andaluza
“¿Dónde está la líder de la oposición durante el principal debate de política en Andalucía? ¿Dónde está la candidata del PSOE en las andaluzas? ¿Dónde está la secretaria general del PSOE andaluz?”. La pregunta que flota en el subsuelo del socialismo andaluz desde hace meses salió propulsada del Parlamento autonómico, como un géiser, durante el debate del estado de la comunidad.
La pronunció el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, durante el durísimo cara a cara con la portavoz parlamentaria del PSOE, María Márquez. Y lo hizo despacio y dramatizando la importancia de aquella pregunta retórica, recordando que él mismo, recién aterrizado como líder del PP andaluz, en 2014, y aún sin escaño en el Parlamento, asistió desde la tribuna de invitados al debate del estado de la comunidad de aquel año, porque “quería enterarse” de lo que pasaba en Andalucía.
Montero estaba en ese momento en el Congreso, viendo cómo todas las derechas –PP, Vox, UPN y su otrora aliado Junts– le infligían una derrota parlamentaria de gran calibre, tumbándole la fijación de los objetivos de déficit y de deuda pública para 2026, paso previo a la aprobación de los próximos Presupuestos Generales. Pero la pregunta envenenada del presidente andaluz no se circunscribe al debate del pasado jueves, sino a la gran ausencia en el territorio de su próxima rival en las urnas.
Lo que para los populares es un signo claro de debilidad, para los socialistas es una fortaleza. Y ambas lecturas forman parte de sus respectivas estrategias para minar la posición del contrario en las elecciones de 2026. “Que la secretaria general del PSOE andaluz y candidata sea, a la vez, vicepresidenta del Gobierno tiene efectos positivos netos: su participación en el Gobierno permite confrontar modelos con Moreno Bonilla. Montero está a los mandos de decisiones de país con la mirada puesta en Andalucía en un momento político importante y tiene una presencia política y mediática diaria”, aseguran fuentes de su entorno.
Maíllo, presente entre los invitados
Por la mañana, durante el debate del estado de la comunidad andaluza, Moreno había pronunciado un discurso de dos horas haciendo un balance triunfalista de sus siete años de gobierno, afeando a la oposición que haya monopolizado los problemas de la sanidad pública como “único ariete” contra él, y anunciando medidas para recuperar la iniciativa política tras el escándalo de los cribados de cáncer de mama. Allí estaba presente, en la tribuna de invitados, el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, apenas una semana después de ser elegido como candidato de Por Andalucía a la Presidencia de la Junta.
Aun estando fuera, María Jesús Montero es coprotagonista de todos los debates del Parlamento andaluz desde que fue elegida líder regional del PSOE, en febrero de 2025, para sustituir a Juan Espadas. Pero desde entonces, también ha multiplicado su actividad en el Congreso y en el Senado, donde los populares empezaron a atizarle por su condición de vicepresidenta del Gobierno, ministra de Hacienda, mano derecha de Pedro Sánchez y candidata a las andaluzas.
El PP de Moreno la convirtió, desde el minuto uno, en la diana de todos sus dardos, rebuscó en los diarios de sesiones de la Cámara y en los archivos de la Junta –donde fue consejera 14 años– para rescatar declaraciones, firmas, medidas aprobadas por ‘la Montero del pasado’ que entraban en conflicto directo con ‘la Montero del futuro’. Y en materia de financiación autonómica, encontraron un filón.
La mujer que como consejera de Hacienda del último Gobierno de Susana Díaz, en 2018, diseñó un nuevo modelo de financiación que corregía el “agravio” para Andalucía, con 4.000 millones de euros extraordinarios, era ahora la ministra que negocia con el independentismo catalán y con la Generalitat una “financiación singular” para Catalunya, aparentemente sujeta al “principio de ordinalidad”.
Ese concepto, difícil de vender como lema de campaña electoral, busca garantizar que una comunidad autónoma mantenga su posición relativa en el ranking de renta per cápita después de la aplicación de los mecanismos de nivelación de fondos en el reparto de riqueza del país.
Es decir, que los que más reciben sigan siéndolo con el nuevo modelo de financiación, una condición que Montero, como consejera andaluza, rechazó de plano. El presidente andaluz lo usó mucho durante el debate del jueves, adivinando que será uno de sus caballos de batalla para las próximas elecciones. Lo que sostienen en el Ministerio de Hacienda es que el nuevo sistema de financiación autonómica se presentará a principios del año que viene de manera global para que haya “parámetros que beneficien a unos y a otros”.
“Un revulsivo” para las filas socialistas
Los socialistas andaluces recibieron el nombramiento de María Jesús Montero con cierta euforia, convencidos de que sería un “revulsivo” para el partido, la apuesta más alta que podían hacer para las elecciones andaluzas de la primavera de 2026. Y lo fue. La vicepresidenta primera del Gobierno aportó energía y pulsión en las filas de una formación ciclotímica, donde el estado anímico es una pieza fundamental para ganar unas elecciones y para perderlas.
Desde 2022, el socialismo andaluz ha perdido cuatro veces consecutivas en las urnas contra el PP: autonómicas, municipales, europeas y generales, aunque en estas últimas, sumó 400.000 votos más gracias al tirón de Sánchez en esta comunidad. Por eso, en las capillas del PSOE andaluz, al margen de Montero, se ponen velas pidiendo que el presidente del Gobierno tenga a bien hacer coincidir las elecciones generales con las andaluzas, esperando que el repunte de la participación llene las sacas de los votos que necesitan.
En los últimos nueve meses, Montero ha estado más ocupada en la endiablada situación política nacional y con encrucijada de números del Ministerio de Hacienda que en consolidar su alternativa a Moreno en Andalucía. La dirigente sevillana sabía de la dificultad de hacer malabarismos con todo, por eso dedicó las primeras reuniones con su ejecutiva, con los alcaldes, los concejales, los diputados y senadores andaluces, para exigirles una movilización de todo el partido, de las agrupaciones locales y las casas del pueblo del PSOE en los 785 municipios de Andalucía. Ella no estaría siempre, pero el PSOE debía estar en todas partes.
El partido se activó y Montero empezó a ejercer como candidata en la distancia desde Moncloa: se fue hasta Carboneras (Almería) para anunciar la expropiación del macrohotel del Algarrobico y su demolición parcial en cuestión de meses (que no se ha consumado) y salió de la negociación para la condonación parcial de la deuda catalana, con una quita de casi 19.000 millones de euros para Andalucía, convirtiendo su región en la más beneficiada de todas en números absolutos y porcentuales.
El presidente andaluz entendió que era el primer capítulo de la larga contienda electoral por “las cosas del comer” y le dio un portazo a la quita, con la consiguiente dificultad de explicar que Andalucía rechazaba oxígeno financiero mientras su presidente se pasaba el día reclamando más financiación a Madrid.
“Sin efecto Montero”
En el Palacio de San Telmo, sede de la Junta, aseguran que “no ha habido efecto Montero”, que el revulsivo para la militancia del PSOE no se traduce en una mejora en la intención de votos en las encuestas. Es más, según sus sondeos internos, desde la llegada de Montero los socialistas pierden dos puntos, en beneficio de las otras izquierdas, Por Andalucía y Adelante Andalucía. El mismo sondeo les dice que, por primera vez, el PSOE caería a tercera fuerza en dos provincias –Almería y Huelva– siendo sorpasado por Vox, una hipótesis devastadora para un partido de Estado, que gobernó esta tierra durante 37 años.
¿Cuándo piensa María Jesús Montero soltar amarras del Ministerio de Hacienda y lanzarse de lleno a la campaña andaluza? En el PSOE andaluz desdramatizan y acusan al presidente andaluz de jugar a “desmoralizar” a los suyos. Montero, dicen, parte con un nivel de conocimiento absoluto, muy por delante de Espadas, su antecesor.
La dirección del partido abordó este asunto desde el principo, porque era ineludible la sobrecarga de responsabilidad institucional y orgánica que recaería sobre la sevillana. La conclusión entonces, y ahora, es que “lo que más moviliza a su electorado es la acción del Gobierno central”. “Igualar a Montero con Pedro Sánchez es lo que más mueve a los nuestros, por eso apurará como ministra hasta el límite que permita la Ley Electoral, y por eso el PP presiona por ahí, porque quiere que sea una don nadie”, explican fuentes del entorno de la vicepresidenta.
La conclusión del PSOE es, curiosamente, la misma que tienen en el Palacio de San Telmo, sede de la Junta, pero a la inversa: “Montero es Sánchez y lo que más moviliza a los nuestros es echar a Sánchez”, advierten. De modo que ambos contendientes dan por hecho que las próximas andaluzas, coincidan o no con las generales, serán un plebiscito contra el presidente del Gobierno, más que en otros territorios, en tanto que Andalucía es la región más grande, con 8,5 millones de habitantes, y 61 diputados en el Congreso.
Con todo, el PSOE en Andalucía está muy diseminado en un territorio tan extenso –más ahora que el PP copa todo el poder institucional– y esto hace que las estrategias de riesgo que se deciden muy arriba no siempre llegan ni se comprenden ni se comparten muy abajo. Sobre todo para aquellos dirigentes en la oposición sometidos al discurso envolvente y machacón de los populares, prestos a minarles la moral.
Algunos dirigentes socialistas consultados creen que Montero debió aprovechar la crisis de los cribados de cáncer, que ha desestabilizado al Gobierno de Moreno por primera vez en siete años, para “ocupar su espacio” como candidata y para presentarse como alternativa. “Ha sido un error dejar pasar ese tren”, avisa un veterano dirigente.
Este episodio de los cribados, en concreto, tuvo un análisis aparte en la ejecutiva: “se decidió expresamente apartar a Montero del foco, porque podía ser contraproducente”. De hecho, se reunió en privado con AMAMA, la asociación que destapó el escándalo, pero fueron las mujeres afectadas quienes decidieron hacerlo público.
Ministra hasta el primer día de campaña electoral
La intención de Montero, aseguran desde su entorno, es llegar como vicepresidenta y ministra hasta la misma campaña electoral, agotar hasta el último minuto, como hizo en 2021 otro ministro, Salvador Illa, actual president de la Generalitat. Illa no dimitió hasta que empezó la campaña de las catalanas, apurando al máximo la Ley Electoral.
A María Jesús Montero aún le queda por jugar la última partida en Madrid –los Presupuestos Generales del Estado– que puede ser la primera partida en Andalucía. Aunque el Congreso acaba de tumbarle la senda fiscal –que volverá a votarse en diciembre–, la ministra insiste en que presentarán las cuentas, se aprobarán en el Consejo de Ministros y se remitirán a la Cámara Baja. Según esta hoja de ruta, Montero presentará los números del Estado en febrero, el mes del 28F –Día de Andalucía– y los socialistas de esta comunidad confían en que allí aparezca una partida vistosamente amplia que les sirva como programa electoral y catapulta hacia la campaña.
La intención del Gobierno de Sánchez con las cuentas públicas es confrontar su modelo de gasto expansivo y apuesta por los servicios públicos con la gestión del PP donde gobierna. Una suerte de primer acto de una larga precampaña electoral, aunque fracasen.
El presidente Moreno también lo espera. “No descarto que haya un nuevo conejo en la chistera”, advirtió durante el debate del estado de la comunidad. Está por ver. En Ferraz aún están calibrando qué efecto tendrá presentar unos Presupuestos Generales que, previsiblemente, fracasarán en el Congreso.
La duda es si ese fracaso estigmatiza a su responsable, la ministra de Hacienda, como candidata a la presidencia de la Junta, o si, por el contrario, puede rentabilizar en campaña el rechazo de las derechas a unas cuentas beneficiosas para Andalucía.