Posibles motivos para convocar elecciones
La sensatez con que actuamos en bastantes ámbitos de nuestra vida desaparece ante la urna, porque no nos sentimos penalizados por nuestros errores al elegir la papeleta
No nací para ejercer cargos políticos, de eso estoy seguro. Y carezco del instinto natural y de la vocación vicaria que caracterizan a los buenos analistas políticos. Tomen, por tanto, con mucha cautela lo que diré a continuación. Creo que todo es verdad. Pero no estoy seguro de saber interpretarlo correctamente.
Numerosos estudios (léase por ejemplo “El mito del votante racional”, de Bryan Caplan) indican que casi siempre votamos basándonos en prejuicios y que, a menudo, damos nuestro voto a quien en realidad va a perjudicarnos. La sensatez con que actuamos en bastantes ámbitos de nuestra vida desaparece ante la urna, porque no nos sentimos penalizados por nuestros errores al elegir la papeleta.
-Reconocido esto, siempre es mejor tener satisfecha a una buena parte del electorado que enfurecerla. El Gobierno acaba de aumentar el salario de los funcionarios un 11% en los próximos tres años. Y los funcionarios son casi tres millones de personas, el 17% de la población ocupada española. También acaba de aumentar en torno a un 2,7% las pensiones, que benefician a 10,4 millones de personas.
-La economía marcha bastante bien, pese a la ausencia de presupuestos. El crecimiento es mucho más robusto que en los demás grandes países europeos y, gracias a ello, desequilibrios graves como el déficit y el endeudamiento van corrigiéndose de forma automática. Mejor esto que tener las cuentas públicas despeñándose por el barranco, como les ocurrió a Zapatero y Rubalcaba en 2011. Pedro Sánchez insiste en que presentará una ley presupuestaria aunque no disponga de votos para aprobarla. ¿Qué ocurriría si la presentara y se la rechazaran? ¿Haría como que no pasa nada? Me cuesta creerlo.
-Los sondeos dicen de forma prácticamente unánime (exceptuemos las cosas de Tezanos) que Pedro Sánchez perdería unas elecciones frente a Alberto Núñez Feijóo. Ahora bien, hay posibles factores de corrección que podrían hacer de una derrota una relativa victoria. Sánchez parece (parece, insisto) en mejores condiciones de atraer voto útil desde su izquierda que Feijóo desde su derecha. El miedo a Vox puede beneficiar, en cualquier caso, a uno u a otro.
-Lo de Ábalos, Cerdán y Koldo es más que grave. Tanto el PSOE como el gobierno quedan muy tocados. Pero este caso de corrupción no pasará a un discreto segundo plano en un futuro previsible. Al contrario, seguirá saliendo pus de la herida infectada. Quizá resulte más útil enfrentarse a las cosas cuando están mal que cuando están peor.
-A Carles Puigdemont, antiguo socio de investidura de Pedro Sánchez, se le está complicando la vida. La irrupción de la Aliança Catalana de Sílvia Orriols puede no ser tan decisiva como se dice, pero ha logrado desdibujar a Junts. Puigdemont cada día pinta menos. ¿Y si sufriera un calentón, uno de esos momentos tan irracionales como irresistibles, y se uniera a una moción de censura contra Sánchez? Puigdemont ya ha demostrado en otros momentos ser sensible a los calentones.
Para Pedro Sánchez no sería lo mismo convocar elecciones que sufrir una moción de censura. A Pedro Sánchez le crecerán en los próximos meses las vías de agua de la corrupción. A Pedro Sánchez le conviene que en Vox estén crecidos. Pedro Sánchez cabalga sobre un ciclo económico positivo. Pedro Sánchez puede tener la excusa de unos “presupuestos expansivos” rechazados. Pedro Sánchez no tiene enfurecidos (por la cuestión de los ingresos, seguramente sí por otras cosas) ni a los funcionarios ni a los pensionistas. Uno podría acabar pensando que a Pedro Sánchez le conviene ir a elecciones, cuanto antes, mejor. Y que lo hará.