Luke Haines, músico y escritor: “La gente joven no parece dispuesta a enarbolar o presumir de su rareza, y quizá les iría mejor si hicieran lo contrario”

Luke Haines, músico y escritor: “La gente joven no parece dispuesta a enarbolar o presumir de su rareza, y quizá les iría mejor si hicieran lo contrario”

Tras 30 años haciendo discos de temas imposibles y escribiendo textos incómodos sobre la música, en su último libro habla de personajes que jamás llegaron a encajar en el mundo del rocanrol ni en ningún otro

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El freak no se hace, hay que nacer freak. Puedes hacerte pasar por uno de ellos, e incluso puede que llegues a dárselas con queso al público, pero a un verdadero freak nunca vas a engañarlo. La música pop está llena de criaturas así. En realidad, comenzó a existir gracias a criaturas así, gente como Little Richard, que era homosexual, negro y hacía una música rara y subversiva. Claro que quizá, antes de continuar habría que aclarar qué es un freak. Porque en España, el freak es el friqui y el friqui, al contrario del freak anglosajón, no es un ser admirable, más bien es un pobre desgraciado cuyo único objetivo en la vida es convertirse en objeto de burla de los demás.

Pero si aplicamos el término freak anglosajón a nuestra escena musical nos encontraremos con personajes como Poch, Sergio Algora o el mismísimo Camilo Sesto. ¿Camilo Sesto un freak? Bueno, vendió millones de discos, pero era un personaje estrafalario, y no me refiero a su última etapa, cuando los depredadores del corazón catódico lo usaron como saco de boxeo. En cualquier caso, la primera regla del rock & roll es darle carta blanca a la subjetividad. Cada freak es un mundo y cada uno de esos mundos tiene un lugar asegurado en la historia de la música pop. Eso es lo que se desprende de la lectura de Freaks Out! (Contra), el nuevo libro del músico británico Luke Haines.

Haines es un freak en sí mismo. En los noventa estuvo al frente de The Auteurs, banda británica que pudo haber sacado provecho de la fiebre del britpop. En lugar de eso, eligió seguir un camino en el que los derroches de chovinismo cultural no eran celebrados sino cuestionados. Haines siempre ha sido de desarrollar conceptos atípicos. Sacar discos con títulos como The Oliver Twist Manifesto (2001) o hacer una colección de temas de The Auteurs reinterpretados en compañía de una orquesta, fueron los primeros pasos para instalarse en su propio universo. Durante las últimas décadas ha seguido grabando álbumes conceptuales inspirados en la lucha libre inglesa, los músicos del underground neoyorquino de los setenta o creando una fábula musical con animales inspirados en músicos reales como Nick Lowe.

También sacó una especie de memoria de título muy explícito: Bad Vibes: Britpop And My Part In Its Downfall (Malas vibraciones: el Britpop y mi papel en su caída). Y ahora llega Freaks Out!, traducido al castellano por David Paradela para Contra. “Este libro es también una oportunidad para hablar de mí mismo”, asegura Haines por correo electrónico. “En caso de que no lo hubiera hecho ya con anterioridad, me pareció bien ondear mi bandera freak a lo largo de las páginas de este libro. Ser un freak me ha hecho ser como soy, la música que he escuchado durante toda mi vida ha moldeado mi identidad. Estoy orgulloso de ser un freak de 58 años. Las historias de los personajes que aparecen en el libro están entrelazadas con mi vida y mi identidad”.

Humor, honestidad y erudición

Freaks Out! no tiene vocación enciclopédica. Es una selección subjetiva a más no poder en la que se habla de ciertos individuos que eligieron ser como eran sin preocuparse de las consecuencias. El criterio de selección estaba muy claro: “Tenía que ser muy cuidadoso acerca de a quién le daba espacio. Por ejemplo, menciono de pasada a Adam & The Ants, pero el fenómeno que protagonizaron en Inglaterra es algo de lo que ha escrito mucho. Lo mismo ocurre con Syd Barrett. Bowie es otro personaje esencial, pero también se ha escrito sobre él hasta la saciedad y poco más hay que añadir. Solemos arruinar a nuestras estrellas de rock por exceso. No tenía espacio para volver a contar historias que ya son bien conocidas así que me centré en darle espacio a gente como Les Rallizes Denude, Steve Took o Mick Farren, cuyas historias no han sido tan divulgadas”.

Solemos arruinar a nuestras estrellas de rock por exceso. No tenía espacio para volver a contar historias que ya son bien conocidas así que me centré en darle espacio a gente como Les Rallizes Denude, Steve Took o Mick Farren, cuyas historias no han sido tan divulgadas

Luke Haines
Músico y escritor

El libro es un ejercicio de humor, honestidad y erudición. Siguiendo el estilo que Haines promueve en sus libros anteriores y sus artículos para medios como Record Collector, aquí imperan el humor y la desmitificación. Y de nuevo, la subjetividad. Antes de que el texto dé comienzo, Haines lanza una advertencia a una serie de categorías (los que sermonean, los que hacen listas, los de izquierdas, los de derechas, los culturetas, los intelectuales…) que reafirma la teoría de que el verdadero freak no pertenece a ningún colectivo. Es un ser absolutamente desligado de cualquier decálogo o convención. ¿Cómo sabe entonces un freak cuando tiene ante sí a otro freak? “Hay una intuición especial. Hay que ser un freak para reconocer a otro”, responde Haines.

Reconocer a los que son como tú también implica señalar a quienes no lo son aunque parezca lo contrario. En su libro, Haines es tajante con quienes él considera falsos freaks. Prince, por ejemplo. Aunque no profundiza sobre ello en el texto, para él, el autor de Purple Rain es uno de esos casos.

“Creo que sus canciones encajan perfectamente en la cultura de los años ochenta lo mismo que los yupis o la Princesa Diana… Suena a música con aspiraciones que va de la mano del conformismo: cocinas nuevas, apartamentos aburridos, gente con vidas profesionales vacías, agentes inmobiliarios que consumen cocaína los viernes por la noche y el domingo van al gimnasio. En definitiva, gente que se sentiría aterrada por Sly Stone o Funkadelic. Me parece interesante el que siempre me acaben preguntando por mi aversión a Prince, como si hubiese insultado al gran hombre sagrado. No es más que Prince. La gente se lo toma a un nivel muy personal y se molesta. Es como si te enfadaras conmigo porque digo que no me gusta una determinada pasta dentífrica o una marca de coche”, argumenta.

Otro ejemplo: los pantalones cortos que trajo consigo el grunge no tienen absolutamente nada de freak, a pesar de los lamentos de incomprensión de algunos de los músicos que los llevaban. “Creo que Kurt [Cobain] sí era un freak”, puntualiza Haines. “No quería ser un mascarón de proa ni nada parecido a eso. No tengo nada negativo que decir acerca de él, pienso que era fabuloso. Pero es complicado hablar sobre él y no caer en la trampa del mito del genio masculino”. La teoría del mito del genio masculino, consistente en la sublimación artista romántico, casi siempre un hombre, a riesgo de terminar convirtiéndolo en un cantamañanas, es uno de los temas recurrentes en Freak Out!

También hay un capítulo en el que se toca el tema de las reuniones de grupos legendarios y lo que ocurre cuando ese grupo es el colmo de lo freak, como fue el caso de Velvet Underground. “Mi versión favorita de Lou Reed es la de los Velvet. También me gusta el del periodo de los setenta y me encanta Metal Machine Music. Respecto al tema de las reuniones, ya forman parte del mundo en el que vivimos. Puedes echarle la culpa a Spotify por robarle a los artistas sus regalías. Porque en las reuniones hay asombrosas cantidades de dinero, pero hay muy poco dinero que ganar sin una reunión de por medio. Y eso es un reflejo del tiempo en el que vivimos, lo mismo que los es Trump”.

Tal vez por eso, el tiempo en el que vivimos no parece muy apropiado para los freaks de antaño. “Quizá ya no sea posible serlo como lo eran Barrett o Marc Bolan, pero en estos tiempos de populismos, los freaks resurgirán, si es que no lo han hecho ya. La gente joven no parece dispuesta a enarbolar su rareza o presumir de ella, y quizá les iría mejor si hicieran lo contrario, mucho mejor que si siguen intentando ser aceptados en el bando correcto de este mundo”.