Abascal alienta el sorpaso a Feijóo y amaga con exigir al PP gobiernos proporcionales en las comunidades

Abascal alienta el sorpaso a Feijóo y amaga con exigir al PP gobiernos proporcionales en las comunidades

El líder de Vox responde a María Guardiola con una petición expresa de una vicepresidencia y consejerías en Extremadura mientras las encuestas le sitúan al borde del 20% de voto en unas hipotéticas generales

Feijóo asume gobiernos “proporcionales” con Vox: “Intentaremos en solitario; si no, debemos conseguir acuerdos”

“Yo no quiero ser el vicepresidente del señor Feijóo. Yo quiero ser presidente del Gobierno de España”. Así se pronunció este fin de semana el líder de Vox, Santiago Abascal, en una entrevista en la que, además, asumió un giro estratégico al reclamar sillones en los gobiernos autonómicos que están en juego. Las encuestas sitúan al partido ultra cerca del 20% del voto, mientras el PP sufre un estancamiento que acumula ya meses.

Alberto Núñez Feijóo quiso zanjar el pasado mes de julio el debate interno (y externo) de la relación del PP con Vox. En un discurso que los suyos calificaron de “histórico”, el líder de la oposición aseguró que su partido “no va a hacer un cordón sanitario a Vox”. Además, planteó que quiere “gobernar en solitario”. 

El planteamiento ha durado apenas unos meses. El adelanto electoral en Extremadura confirmó el desfonde del PSOE, pero no implicó un repunte del PP. De hecho, María Guardiola perdió voto popular sobre los comicios de 2023, aunque sí ganó peso parlamentario. En el PP defienden que están mejor que antes porque suman “más que la izquierda”. Pero, como saben bien en el número 13 de la madrileña calle de Génova, la política tiene mucho que ver con las expectativas cumplidas. Y Guardiola no tiene mayoría absoluta, mientras Vox duplicó su representación. 

Este mismo mes de diciembre, Feijóo reformuló su planteamiento y se abrió a compartir Gobierno de forma “proporcional” con Vox. “Intentaremos en solitario”, dijo. “Si no, debemos conseguir acuerdos”, apuntó. Apenas unos días después, con España pendiente de los Reyes Magos, Guardiola ofreció abiertamente a Vox volver a entrar en un Gobierno de coalición, donde ya estuvieron hasta verano de 2024.

Abascal le ha cogido el guante y en el arranque del curso ha reclamado expresamente un Gobierno “proporcional” en Extremadura. Con vicepresidencia y consejerías. Esta misma semana está previsto que comiencen las negociaciones. Como siempre, la dirección nacional de Vox las pilotará. 

Abascal mandará a la secretaria general adjunta, Montserrat Lluis, envuelta en el escándalo por las acusaciones de supuesto desvío de dinero donado para las víctimas de la dana de Valencia que la organización juvenil de Vox, Revuelta, dedicó a otros asuntos. En los audios publicados a finales de 2025, Lluis dice: “Este partido es la casa de Tócame Roque. Si queremos gobernar España, no podemos funcionar así”.

Pero no solo el PP ha girado su estrategia. También Vox. Abascal impuso en 2024 una salida coordinada de los cinco gobiernos autonómicos que tenían en coalición con el PP. Tras un año de gestión, las encuestas mostraban un estancamiento e incluso caída del voto ultra a favor del PP. La espantada fue recibida con alborozo en Génova.

Una alegría que duró poco. Vox se ha convertido en el azote exterior del PP y ha conseguido rentabilizar su salida de las coaliciones. Ambos partidos compiten por una parte de su electorado y los estrategas de Abascal han descubierto que les renta lo mismo criticar al Gobierno de Pedro Sánchez que a Feijóo. Han regresado las referencias al “bipartidismo” y al “PSOE azul”, como suelen referirse al PP. 

Los de Feijóo contraatacan como pueden. A veces con dureza. El propio líder acusó a Abascal de “jugar a cosas muy peligrosas” y de ser un “salvavidas de Sánchez”. La FAES de José María Aznar asegura en su último editorial, hecho público este lunes: “Vox, por su parte, sigue haciendo todo lo que puede para que el miedo a la ‘ultraderecha’ sea funcional al ‘sanchismo’; presume de ser su enterrador y, de hecho, opera como su salvavidas”.

La diferencia es que el PP no saca rédito electoral de enfrentarse a Vox. La decisión que adoptaron en Génova fue la de ofrecer sillones y criticar posteriormente a su aliado por no asumir responsabilidades de Gobierno. Así lo verbalizó a finales de diciembre el presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, quien lanzó la idea de ofrecer “gestión” para parar a Vox, disparado en los sondeos. 

Moreno se enfrenta a las urnas en la próxima primavera. Y su control total de Andalucía está en riesgo, tal y como él mismo ha reconocido. “Con Vox por encima del 16% es muy difícil la mayoría absoluta”, dijo en diciembre. Y Vox no está en el 16%. Está en el 18%, según una encuesta de 40Db de este mismo lunes. El CIS de diciembre le otorgó un 17,6%. Y los sociólogos apuntan a que el partido de Abascal ha roto la barrera que le impedía captar voto del PSOE con su disfraz obrerista y el nuevo discurso de vivienda.

La extrema derecha ha visto la jugada del PP. Y ha respondido como suele a la ofensiva. “Vox quiere gobernar. Somos un partido de Gobierno” dijo este lunes su portavoz, José Antonio Fúster. “Nos votan para eso. Si hay una fuerza que ofrece gobierno, empezaremos una negociación en serio”, apuntó en una rueda de prensa.

Luego llegaron los matices. “No va en función de los cargos, sino de las políticas”, dijo Fúster, quien aseguró además que no van a conformarse con que Guardiola —a la que llamaban “la Irene Montero de Extremadura” hace un mes— haga una declaración de intenciones para acabar con las políticas medioambientales, de igualdad y de acogida, entre otras. ¿Y cómo se garantizan los cumplimientos? Con vicepresidencias, consejeros y presupuesto.

“Los cargos vendrán en función de que el partido que nos ofrece entrar en el Gobierno acepte las políticas”, dijo. Y recordó: “Guardiola necesita los 11 votos de Vox”. “Tenemos que saber qué quieren ellos, qué quiere la señora Guardiola. A ver si no va a ser lo mismo y entonces ya tenemos un follón”, apuntó el propio Fúster antes de declarar a Vox “incompetente” para posicionarse sobre las amenazas de Donald Trump de anexionarse Groenlandia.

El partido de Abascal ha logrado así una posición de ventaja en la negociación con el PP. Si entra en la Junta, significará que Guardiola ha comprado su agenda. Pero si se queda fuera, seguirá marcando las políticas autonómicas con sus votos sin asumir el coste de gobernar y pudiendo mantener el discurso que tan bien le está funcionando.

En el PP tienen la tesis de que, en realidad, Vox no quiere entrar a los ejecutivos. Pero uno de sus principales temores está a punto de cumplirse. La negociación de Extremadura va a impactar directamente en la campaña de Aragón, donde hay elecciones convocadas para el 8 de febrero. Lo mismo ocurrirá en marzo, cuando se abran las urnas en Castilla y León. Luego será el turno de Andalucía.

Feijóo planteó esta yincana electoral como una derrota continua del PSOE ante un posible adelanto de las generales. El problema para el PP es que puede llegar al verano dependiendo más de Vox, con una mayoría absoluta menos y con Sánchez desempolvando el miedo a la ultraderecha como aglutinante de su electorado. Un ‘revival’ de 2023 que provoca pesadillas en las plantas nobles de Génova.