Bob Pop: «El mayor problema de los Comuns ha sido el hiperliderazgo de Ada Colau»
Roberto Enríquez asegura que el partido debe «abrirse» a nuevas caras para «dejar de ser un espacio residual» y frenar así la pérdida de votos de los últimos años
Pisarello contra Bob Pop: la batalla que se avecina en los Comuns para disputar la alcaldía de Barcelona
Roberto Enríquez (Madrid, 1971) quiere ser alcalde de Barcelona. El actor, crítico cultural, humorista y colaborador en medios de comunicación busca dar el paso a la política institucional de la mano de los Comuns. Antes, se deberá enfrentar al candidato oficialista, Gerardo Pisarello, en el que será en la práctica el primer proceso de primarias con elecciones desde que se creó el partido.
Bob Pop recibe a elDiario.es en su casa, decorada ya con carteles y chapas de la campaña, una elección que se muestra “decidido a ganar” aunque cuente con menos equipo, menos fondos y menos experiencia en las administraciones que Pisarello, que tiene el apoyo de líderes y caras visibles de la formación como la exalcaldesa Ada Colau. “Yo tengo la experiencia de la calle”, responde Bop Pop.
En diversas intervenciones públicas ha repetido la misma idea de formas distintas, que es que aunque su candidatura parezca una broma, va muy en serio. ¿Cree que no se le toma en serio?
Creo que cada vez se me toma más en serio porque tengo más espacio para explicar mi candidatura y mi idea de presentarme a alcalde de Barcelona. Además, creo que hay un problema a la hora de entender la seriedad como rigor y el humor como una forma inteligente de ver las cosas de otro modo.
La presidenta del grupo municipal de los Comuns, Gemma Tarafa, ha apoyado a Pisarello, y ha asegurado que el partido trabajará para que el diputado sea el alcaldable en 2027. Usted respondió en redes sociales agradeciendo irónicamente la neutralidad. ¿Se siente abandonado por el partido?
No. Entiendo que el partido tenga sus inercias y la comodidad y los vínculos emocionales con un candidato como Gerardo, que ha sido socio fundador del partido. De hecho, lo preocupante sería que todo el mundo se volviera loco por mí. ¿A qué espacio político estaría llegando? Pero sí me gustaría que se planteara mi candidatura como una opción audaz y creo que más acorde con los tiempos que la opción conservadora de replegarse, que es la que representa Gerardo.
¿Por qué cree que la opción de Pisarello es conservadora?
Más que conservadora, creo que está cerrando posibilidades y está conformándose con un espacio político que habría que ampliar.
En una entrevista en Catalunya Ràdio, le definió como “la teoría”, mientras que usted dijo representar “la realidad y la práctica” porque ha estado más en la calle. ¿Qué le ha enseñado la calle a usted que Pisarello desconozca?
Para empezar, me ha enseñado la importancia de un bordillo, de que el metro o el autobús estén adaptados. Pero también, como persona del colectivo LGTBIQ+, me ha enseñado a resistir ante las miradas, los comentarios, los insultos o las violencias silenciosas. También me ha enseñado a ir al mercado y saber a cuánto están los tomates, la banderilla, los pimientos y el pollo. Y me ha dado la suerte de que la gente se me acerque y me diga cosas que me gustan mucho.
Se presenta a las primarias alegando que quería recuperar el legado de Ada Colau, a quien se ha referido como su referente político, pero la exalcaldesa también ha mostrado su apoyo a Pisarello. ¿Cómo le ha sentado eso?
Creo que es normal. Ella y Gerardo son amigos, son casi familia. Es que me parece lo más lógico. Y además han creado juntos este espacio político. Es razonable.
Durante la etapa de Colau, nunca hubo necesidad de celebrar elecciones internas en los Comuns por falta de candidaturas alternativas. ¿Por qué cree que es?
Hombre, porque si tienes a alguien con el poderío, el carisma y la capacidad de generar ilusión de Colau, ¿para qué vas a buscar otra cosa? Si es que era imposible dar con nada mejor.
¿Cree que estará a la altura?
Pues ojalá, aunque yo creo que no sería justo hacer comparativas. Son momentos muy distintos y somos dos personas muy distintas. Pero ojalá sí esté a la altura de despertar la ilusión que despertó Ada en su momento.
Usted afirmó que Colau le dijo que celebrar primarias podía dividir y perjudicar a los Comuns. El último barómetro del Ayuntamiento de Barcelona dice que su formación podría llegar a perder hasta el 42% de apoyo respecto a las últimas elecciones. ¿Cree que esta disputa podría debilitar más al partido?
Lo que podría debilitarlo es seguir como estábamos. No haciendo nada es cómo se divide el partido. Lo responsable es cambiar las cosas, ser audaz y atreverse. Si las encuestas dan estos datos pero seguimos haciendo lo mismo, solo conseguiremos cerrarnos más en nuestro pequeño espacio y, obviamente, eso nos va a debilitar. Incluso en unos cuantos años, nos puede hacer desaparecer.
Si nos conformamos con ser un partido residual de gente que aprieta mucho los puños y los dientes, pero incapaz de abrirse a la ciudad, tenemos un problema. Una ciudad no se gobierna desde un espacio residual.
¿A quién apela usted que no esté incluido dentro de ese “pequeño espacio” de los Comuns?
Apelo a todo el mundo que quiera una vida mejor. Que le importe la vivienda, los cuidados, los precios de las cosas. A quien sepa que la corrupción lleva a que las cosas sean más caras, que la especulación inmobiliaria no es algo que viene de la nada, que un ayuntamiento tiene la fuerza para hacer que sea más difícil que nos hagan la vida imposible.
A toda esa gente apelo, a gente que a lo mejor no se ha planteado nunca participar como ciudadana porque sintió que era frustrante. Yo quiero que vuelva la ilusión de poder cambiar las cosas en común. Es que tenemos un nombre tan guay que convertirlo solo en una marca vacía sería un horror.
Los Comuns rubricaron la ruptura con el PSC en Barcelona en un congreso celebrado el verano pasado. ¿Usted abriría de nuevo la posibilidad de pactar con los socialistas?
Sí, pero teniendo en cuenta que el PSC no es un partido monolítico; tiene muchas sensibilidades dentro, igual que Esquerra. Creo que tenemos que encontrar esos espacios comunes entre nuestros votantes.
Los Comuns aceptaron los votos de Manuel Valls a cambio de revalidar la alcaldía de Colau y llegaron a votar junto al PP para evitar que Trias fuera alcalde en 2023. ¿Estaría dispuesto a abrirse también a estas formaciones que no se engloban en las izquierdas?
Sí, pero no para hacer política, sino para cambiar las cosas. Depende de lo que estuviéramos votando y para qué. Y en ese sentido yo sería muy claro: no hago política de intercambios, hago política por el bien común. Por eso creo que tenemos que trabajar en un encuentro de las fuerzas de izquierdas, para no conformarnos con intercambiar cromos y poder llegar a votar cosas que realmente afectan a la vida de los vecinos y las vecinas.
¿Cuáles cree que son las cosas sobre las cuales el Ayuntamiento tiene competencias y que afectan a la vida de los vecinos y vecinas?
La vivienda, los cuidados, la sanidad, convivencia, medio ambiente… Todo eso nos afecta en nuestra vida cotidiana. También el turismo descontrolado, el blanqueo de capitales, la corrupción urbanística o la especulación… Creo que un ayuntamiento tiene poder para poder cambiar esas cosas. Otra cosa es que tenga la osadía de hacerlo y de enfrentarse a los grandes poderes y propietarios que creen que esta ciudad es suya.
Mencionaba aspectos como la vivienda o la sanidad, que son áreas en las que la mayor parte de las competencias las tiene el Gobierno central o el Govern de la Generalitat.
Creo que en vivienda se pueden hacer muchas cosas desde un ayuntamiento.
¿Qué haría usted que no se esté haciendo?
Usar la imaginación para llevar las leyes existentes hasta el final. Creo que hay muchísimas posibilidades, sobre todo para evitar la gentrificación y la especulación. Tenemos que hablar con toda la gente que sabe de urbanismo y plantear posibilidades como que el ayuntamiento facilite los trámites para poder convertir un apartamento muy grande en dos apartamentos más pequeños en los que pueda haber alquileres sociales con la ayuda del Ayuntamiento.
O que la plusvalía que generen los propietarios cuando el Ayuntamiento arregla los entornos vaya a las arcas municipales y ayude a impulsar alquileres sociales. Podemos plantear también que las universidades y el Ayuntamiento colaboren para crear residencias de estudiantes públicas. También se puede trabajar en intervenir el mercado y penalizar los pisos que estén vacíos subiendo impuestos como en el IBI.
Como alguien que ha estado fuera del ecosistema de la política institucional estos años, quería preguntarle qué cree que han hecho mal los Comuns en la última década.
Su mayor problema ha sido el hiperliderazgo de Colau. Es inevitable, porque Ada es un elemento político brutal, es deslumbrante. Era muy difícil controlar ese hiperliderazgo, pero cuando todo un partido trabaja para una líder como Ada, aunque haya conseguido muchas cosas, se pierden cosas por el camino. Se pierden talentos y se desaprovechan iniciativas de gente que, a lo mejor, no está en primera fila, pero que podría estar haciendo un trabajo muy importante.
Creo que al partido también le ha faltado tiempo para convertirse en un espacio sólido en el que muchas cabezas y muchas manos pudieran trabajar por construir una buena política.
No sé si a un partido que ha tenido la alcaldía durante dos legislaturas seguidas se le puede decir que le ha faltado espacio.
Me refiero a espacios de conversación. Cuando entras en la vorágine, de repente pierdes los espacios para pensar. A eso también han contribuido los ataques que ha recibido el espacio político constantemente. El lawfare, por ejemplo, es muy desgastante e impidió tener el tiempo y la tranquilidad para construir algo que fuera muchísimo más sólido.
Apuntaba que el mayor problema de los Comuns ha sido el hiperliderazgo de Colau, porque ha impedido que otra gente con buenas ideas pudiera llegar al frente. ¿Tiene a alguien en mente?
No. Tengo mucha gente en mente, pero ningún nombre en particular. Pero, a ver, era un problema inevitable con alguien tan bueno como era Ada. No creo que sea culpa de nadie, pero cuando tienes que cuidar de alguien porque quieres mantenerla, eso es algo que arrastra. Y ha sido un problema que ha afectado a la formación.
Me ha dicho qué han hecho mal los Comuns como formación. Y como partido que gobernó durante ocho años, ¿en qué cree que fallaron?
Han hecho muchas cosas bien y creo que está muy mezclado con lo que han hecho mal. Hicieron promesas que no pudieron cumplir y eso siempre pasa factura. En algún momento, sobre todo al principio, pecaron de ingenuidad, pero al tiempo eso está muy bien hecho. Las cosas que se hicieron mal, se hicieron con tan buenas intenciones que el poso que ha quedado no es tan malo. Abrieron caminos y posibilidades. Y siguen ahí. De hecho, fíjate en mí, que entro en política institucional de su mano. Si pensara que han hecho muchas cosas mal, no estaría aquí.
Volviendo a la campaña de las primarias, Pisarello llegó a ofrecerle que se integrara en su lista, pero usted declinó. ¿La opción sigue en pie?
De momento yo quiero ganar las primarias, luego ya veremos.
Si perdiera las primarias, ¿se lo plantearía?
Ahora mismo no estoy en eso.
Queda una incógnita, que es quién será su número dos. Los estatutos del partido dicen que tiene que ser una mujer. Usted ha dejado entrever que es alguien de dentro del partido. ¿Nos dirá quién es?
Pronto.
¿Todavía no?
Todavía no.
Pero, ¿está decidido y cerrado?
Está decidido.
En el acto de presentación de su candidatura, bromeó diciendo que nadie esperara a ningún ministro, una referencia a Ernest Urtasun, que sí estuvo acompañando a Pisarello. ¿Usted de quién se ha rodeado para crear esta candidatura?
De gente de este partido, que ha estado en las campañas o en la dirección ejecutiva. Desde Enric Bárcena [diputado en el Parlament], Eva Abril [miembro de la comisión de cuentas del partido], David Pequeño [exconcejal y asesor político en la Diputación], Víctor Vela, Pablo Ramos o Mar Trallero [consejeros de distrito]… De gente en la que confío plenamente y que ha confiado en mí.
Su candidatura empezó con un anuncio sui generis, en la radio, por sorpresa y sin hablar antes con el partido. ¿Por qué decidió hacerlo así?
No lo sé. Porque es mi forma de trabajar, porque me gusta la sorpresa, me gusta lo inesperado, ir probando cosas y porque me gusta acertar y equivocarme en público.
Quería preguntarle por una polémica que ha revivido a raíz de su anuncio de presentarse a las primarias. En el programa ‘Ilustres Ignorantes’ contó hace años una anécdota a raíz de la cual se le ha llegado a acusar, en redes, de abusar de personas bajo los efectos de las drogas. ¿Qué pasó?
El leitmotiv de ese programa eran las discotecas y yo cuento una historia falsa, ficcionada a través de una experiencia mía. Cuando empecé a salir por bares gays, me di cuenta de que lo que yo esperaba que fuera la tierra prometida y todos los maricones me acogieran con los brazos abiertos no fue así, porque yo era gordito, peludo, con gafas, y todos me miraban por encima del hombro.
Luego, estuve siete años con un novio que era muy aburrido y nunca salía. Y cuando terminó la relación, fui a una discoteca con un amigo y me di cuenta de que todos los maricas eran supersimpáticos y cariñosos, me daban besos y abrazos. De pronto me digo, ¿pero qué les pasa si antes me escupían todas por el colmillo?
Mi amigo me dijo que lo que pasaba es que estaban drogados. Y me pareció fenomenal, porque qué bien que me traten así. Y a partir de esta historia, elaboro una ficción en la que cuento que yo me aprovecho, abuso, de que estén drogadas. Hoy creo que fue una broma poco afortunada, pero es verdad que ahora ha cambiado el concepto de la palabra abuso, afortunadamente. En su momento eso no se oía igual que ahora. Era una manera de decir que me aprovechaba de la bondad de los desconocidos.
Pero también te digo una cosa: entiendo que se use con fines malvados. La primera vez que se creó esta polémica fue a raíz de un enfrentamiento que tuve con una diputada de Vox en un programa de televisión. Lo que intenta la extrema derecha es desacreditar el discurso de los demás a través de hechos que a ellos nunca les han importado una mierda como la homofobia o los abusos sexuales.
Habla de la extrema derecha y esa es otra cosa que, asegura, le separa de Pisarello, de quien dice que se “repliega” y “deja que pase la tormenta”. Y usted apuesta, dice, por “evitar lo evitable”. ¿Cómo propone frenar a la extrema derecha?
Gerardo tiene muy clara su lucha contra la derecha. Y en eso me tiene a su lado. Pero lo que sí creo es que hay cierta resignación al pensar que la extrema derecha lo va ocupando todo y no podemos hacer nada. Por eso quiero evitar lo evitable.
No creo que la extrema derecha sea lo mismo que la gente que les vota. Es que ni siquiera quiero darle valor moral porque creo que solo son una grandísima estrategia de negocio. Buscan reducir los costos de sus negocios. ¿Y cómo se reducen los costos? Convirtiendo a la gente en mano de obra esclava. Deshumanizando a los migrantes y transformarlos en enemigos del resto de la clase trabajadora. Si la ultraderecha ha llegado a lugares donde el voto tradicional ha sido para la izquierda, tenemos que darles una solución porque, spoiler, la extrema derecha no se la va a dar.
La extrema derecha crece en barrios obreros en los que antes los Comuns tenían mayoría. ¿Qué les diría a esos votantes desencantados que se han pasado a Vox o a la abstención?
La pregunta es qué me dirían ellos a mí. Yo no tengo nada que decirles, lo que tengo es que escucharles. Y, sobre lo que me digan, ver qué podemos hacer.
Le pregunto por otra polémica. Hace justo un año dijo que le parecía clasista que se exigiera a la gente que hablara catalán. ¿Lo sigue pensando?
Me parece clasista que las instituciones no tengan en cuenta las dificultades de mucha gente para apuntarse a clases de catalán. Me parece clasista que no haya una política lingüística de verdad. Me parece que quien es clasista es la administración, pero no creo que hablar catalán o no sea una cuestión de clase.
Lo que me parece clasista y poco considerado es no entender la realidad de mucha gente, en su mayoría migrante o gente trabajadora, y no ponerles más fácil aprender catalán. Para eso hay que convertirla en una lengua callejera, fácil, cultural, realmente integrada en la sociedad. Me encantaría montar planes que faciliten ese aprendizaje y que no hagan del catalán algo amenazante.
¿Siente el catalán como una lengua amenazante?
Para mí, no. Pero hay gente que la usa como arma arrojadiza. Y eso me parece lo peor que se puede hacer con una lengua tan importante.
Acabamos. La última pregunta que quiero hacerle. Pongamos que gana las primarias y que también gana las elecciones. ¿Qué es lo primero que haría al conocer los resultados?
¡Flipar! [Risas]. Hablaría con mi equipo, con la gente del partido y con la gente que esté ahí. Y pensar qué hacemos el día siguiente. Creo que lo siguiente que haría sería organizar charlas con toda la gente del ayuntamiento para que me explicara qué hace cada uno y qué podemos hacer juntos.