El accidente de Gelida desata el enésimo caos en Rodalies y eleva la presión sobre el Govern
Adif y el Ejectutivo catalán paralizaron totalmente el servicio tras la exigencia de los maquinistas, pero la falta de alternativas de transporte y de información a los usuarios volvió a poner en jaque la movilidad catalana
Los trenes de Rodalies volverán a circular “de manera progresiva” en Catalunya este jueves
La reunión entre los presidentes de Renfe y Rodalies con los maquinistas, que debía servir para calmar los ánimos y acercar posiciones, acabó siendo este jueves todo lo contrario. Los trabajadores abandonaron la estación de Sants tras arrojar sus chalecos en una montaña delante de los responsables ferroviarios. No solo no ha sido posible el pacto para retomar el servicio de Rodalies, suspendido de forma fulminante el martes por la noche y que ha generado el caos en la movilidad durante todo este miércoles, sino que el malestar de los conductores ha llevado a convocar una huelga en toda España.
El accidente de Gelida en el que murió un maquinista en prácticas ha sido, describen fuentes del sector, la gota que ha hecho rebosar un vaso que ya estaba muy lleno tras la tragedia sucedida en Adamuz. En Rodalies, una suspensión total del servicio no había pasado nunca, a excepción del apagón, pero que la situación sea caótica no es, para desgracia de los viajeros, ninguna novedad.
Este miércoles a última hora el Govern y la propia Renfe aseguraba que estaban “listos” para volver a poner en pie el servicio, pero reconocían dudas de hasta qué punto podrían hacerlo sin contar con los trabajadores.
Colas de viajeros esperan el autobús en la Estación de Fabra i Puig de Barcelona, este miércoles EFE/Alejandro García
El servicio de Renfe en Catalunya sufre una crisis de confianza sin precedentes que se resume en un dato: pese a que en los últimos diez años la población catalana ha crecido algo más de medio millón de personas, en el mismo periodo Rodalies ha perdido un 8% de usuarios diarios. La crisis abierta este martes vuelve a poner presión sobre la gestión del sistema ferroviario catalán, un tema que genera enorme controversia política.
Después de muchos años en los que el Ministerio de Transportes y el Govern se situaban en trincheras enfrentadas en todo lo relacionado con Rodalies, la llegada de Salvador Illa supuso aliar ambas administraciones, a la vez que se pactó con ERC el llamado “traspaso”, que en la práctica es dar entrada a la Generalitat en la gobernanza del servicio a través de un nuevo operador mixto junto a Renfe.
Estos pasos políticos se consideraron un revulsivo, que incluso llevaron a Illa y a la consellera responsable, Sílvia Paneque, a prometer en marzo de 2025 que la situación mejoraría “en los próximos meses”. Un optimismo que no ha tenido reflejo aún en las incidencias registradas ni en la percepción ciudadana.
El accidente en Gelida y el caos posterior ha hecho reaccionar a Junts, ERC y otros partidos de la oposición, que han lanzado mensajes duros contra el Govern. La mayoría del Parlament han reclamado comparecencias de Paneque y también de la titular de Interior, Núria Parlon.
Esos partidos consideran que en los últimos años, pese al crecimiento, no se ha acabado de revertir la falta de inversión que Rodalies arrastraba. “Un accidente siempre puede producirse, pero la probabilidad siempre es mucho más alta cuando se produce en un contexto nefasto para Rodalies y décadas de desinversión”, ha asegurado Salvador Vergés, de Junts.
“Los accidentes provocados por causas naturales son incontrolables, pero la no inversión, la dejadez del Estado en el servicio de Rodalies es lo que hace que hoy todo el servicio se detenga por miedo, desconfianza e incapacidad de la propia compañía para garantizar la seguridad”, ha apuntado Oriol Junqueras en una línea similar.
El vaso derramado de los maquinistas
El malestar de los maquinistas ha estallado este miércoles con la convocatoria de huelga y las protestas en la estación de Sants de Barcelona, pero el conflicto llevaba días gestándose y, al menos en Catalunya, se intensificó con el temporal de levante del martes. Antes del accidente, los chats de WhatsApp de los conductores hervían con quejas por incidencias. Los conductores enumeran árboles caídos en las vías, rocas, agua en un túnel de Girona, desconexiones puntuales del Control de Tráfico Centralizado (CTC)… “Fue un día horroroso, y no es la primera vez que ocurre algo así con un temporal”, señala la trabajadora de cabina Elisabeth Ramos, de CGT.
El accidente de Gelida, y otro casi simultáneo pero menos grave en la RG1, acabó de encender los ánimos del colectivo de maquinistas. El sindicato mayoritario SEMAF anunció que se plantaban si no había garantías de seguridad en las líneas, y poco después Adif ordenó suspender la movilidad de toda la red.
Las exigencias de más seguridad se mantuvieron durante toda la jornada. Mientras Renfe peinaba las vías para detectar posibles obstáculos –se encontraron una quincena, según distintas fuentes–, los trabajadores se concentraban en Sants para mostrar su indignación. En una reunión con la empresa, decenas de maquinistas del sindicato SEMAF lanzaron sus chalecos a los pies del presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, en señal de protesta, antes de abandonar el encuentro. Los que se quedaron explican que pudieron trasladar algunas de sus demandas, pero que solo recibieron mensajes de comprensión y consuelo y ninguna propuesta por parte de los directivos.
Algunos de los maquinistas puntualizaban además que si bien es cierto que la R4 es de las líneas en las que más se ha invertido, esto no siempre conlleva mejoras en materia de seguridad. “Las obras han sido para adaptarse al ancho internacional, y afecta a vías, traviesa, catenarias… Pero no necesariamente se reparan o mejoran túneles o taludes”, valoraba un maquinista de mercancías.
Más allá del accidente, la plataforma Promoción del Transporte Público (PTP) también ha denunciado que las incidencias del temporal evidencian la falta de robustez de la red de Rodalies. “La red sufre demasiado cuando hay inclemencias, y hay que recordar que el siniestro no sucedió en una zona que sufriese especialmente las lluvias. Si una situación así tensa tan rápido las costuras del Rodalies, es que quizás no están bien cosidas”, señala su presidente, Adrià Ramirez, que lamenta también la reacción posterior de Adif: “Entre funcionar con normalidad y cancelar todo el servicio debería haber grises; si respondiese a un protocolo claro, estaría bien, pero es que fue fruto de la situación”.
Joan Carles Salmerón, director del Centro de Estudios del Transporte (CET), lamenta “décadas de falta de inversiones”, aunque evita apuntar a esta causa como desencadenante del accidente y añade que el presupuesto para mejorar las infraestructuras ha crecido en los últimos años. Asimismo, advierte de que hay que subir el listón de seguridad ante temporales cada vez más frecuentes y virulentos. “En los últimos años hemos visto lluvias que afectan a infraestructuras que tienen más de 150 años y que antes no se dañaban igual”, expresa.
En la cabeza de muchos conductores de tren está el sistema de detección y aviso por obstrucción de la vía del corredor de Alta Velocidad, basado en sensores instalados en puntos especialmente sensibles. Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) también dispone de sistemas de este tipo. Rodalies, en cambio, carece de detección automática de obstáculos, más allá de señalización fija en tramos en trinchera y de los avisos que puedan llegar por los canales internos. “Aquí, o el maquinista lo ve a tiempo o no lo ve”, resume uno de ellos.