Periodismo
Han pasado muchas cosas extraordinarias en estos tres años de investigación, llenos de debates y de horas infernales de trabajo. No ha sido un tiempo fácil y este último año ha tenido más tensión, frustración e inquietud que satisfacciones. Una de las pocas ha sido la minucia de la tarea periodística
De Strauss-Kahn a Julio Iglesias: el MeToo señala a los agresores, pero las mujeres son las sospechosas
El hombre que nos llevó a la historia más laboriosa y difícil de contar y publicar de elDiario.es tenía claro lo que quería. “Esto no es una información que se pueda publicar mañana en un periódico”, nos dijo en su primer mensaje. “Es información con toda clase de detalles, indicios, testigos, pruebas circunstanciales de extrema utilidad para alguien que tenga la voluntad y los recursos de investigar el asunto. Ese alguien es a quien estoy buscando”.
El hombre, que llamamos Raúl en nuestra historia para proteger su identidad por su miedo a posibles represalias, me había visto en el programa Salvados de La Sexta con su investigación sobre Plácido Domingo -otra labor concienzuda y difícil de Carola Solé, Eva Lamarca y el gran equipo de Gonzo- y eso, de alguna forma, le había afianzado en su idea de que elDiario.es podía ser ese “alguien”. Una de las primeras personas a las que le mandé el artículo la mañana del 13 de enero fue a Carola porque ella y su buen hacer periodístico también habían contribuido sin saberlo a esta historia.
Hace unas semanas, busqué el programa para ver qué había dicho yo que pudiera haber empujado a Raúl y me sorprendió descubrir que mis breves intervenciones estaban centradas en la seriedad del proceso de AP o el New York Times para verificar la información hasta donde fuera humanamente posible en los casos de denuncias de agresiones sexuales no sólo con los testimonios de las mujeres, sino con entrevistas a otras personas con las que hubieran hablado en el momento de los hechos y la búsqueda de mensajes, fechas, lugares, fotos y otros detalles que sirvieran para corroborar sus palabras. Raúl se fijó en que citaba los casos más significativos de MeToo revelados por la prensa de Estados Unidos y él creía que estaba cerca de uno parecido.
Han pasado muchas cosas extraordinarias en estos tres años de investigación, llenos de debates y de horas infernales de trabajo. Elena Cabrera ha debido batir el récord de la redacción de número de entrevistas a horas intempestivas por la diferencia horaria. Sin duda, no ha sido un tiempo fácil y este último año en el que yo he estado más personalmente involucrada siguiendo el trabajo de Elena, Ana Requena y Raquel Ejerique -y después de Federica Narancio, Esther Poveda, Gerardo Reyes y el resto del equipo de Univision Noticias- ha tenido más tensión, frustración e inquietud que satisfacciones.
Una de las pocas satisfacciones ha sido la minucia de la tarea periodística: hemos cumplido con lo que nos pedía Raúl, tal vez el lector platónico que ya ni pensábamos que existía. La otra es que Raúl, Rebeca -el nombre ficticio para protegerla que le dimos a la mujer con la que nos puso en contacto y una de las denunciantes- y las otras personas que se atrevieron a hablar con un riesgo muy alto personal y profesional confiaron en las periodistas, en las buenas periodistas, en busca de algo parecido a la justicia. Su primer instinto fue contar su historia a una periodista en la que pudieran confiar. Pese a las muchas angustias, eso es motivo de esperanza para Elena -la primera persona de elDiario.es que escuchó y escuchó tan bien- y para quienes creemos que el periodismo todavía puede ser una fuerza para el bien.