30 relaciones públicas
Esto no va de él, sino de tratar de señalar desde dónde se habla, porque si hay algo que me enfada, por lo general, es cuando se pasa por alto la condición de privilegio
En el imaginario colectivo, en el mío también hasta que empecé a trabajar en esto, los premios del cine celebran las mejores películas. La realidad es bien distinta, detrás de muchas nominaciones y premios, hay inversión, campañas de marketing, contactos, influencias y lo más importante: grandes empresas y posición social.
A veces ocurre que coincide que esas películas que llegan son realmente buenas, incluso las mejores. Otras no. Otras ves a obras magníficas, emocionantes, bellas, honestas, interesantes, importantes, no encontrar un hueco en estos lugares y ser, en cierto modo, despreciadas por la industria. Y como dicen en mi tierra, me da coraje. Porque lo que les falta no es calidad, sino tener la capacidad y los recursos para moverse en ciertos círculos.
Podrán pensar que esto de los premios es una tontada. Pues no. Porque este sistema tiene algo perverso y es que dependemos de los puntos que dan las selecciones en determinados festivales y premios, para poder levantar los siguientes proyectos. Esto nos afecta, por supuesto, a las pequeñas productoras y creadores independientes, para las que algo así puede determinar si seguimos trabajando o no. Para otros, ampliamente consolidados y sin ningún problema para financiar sus películas, quizá sea más una cuestión de alimentar el ego. O no lo sé. Me lo pregunto muchas veces.
En los últimos días, leo sobre la gran campaña que ha llevado a Sirat a los Oscar, con casi 30 relaciones públicas trabajando para ello. Leo también sus declaraciones sobre el cine de cereal puro (el suyo), frente al cine pan Bimbo (el de otros). Y observo el contraste con los textos de otros cineastas como Jota Linares o Jimina Sabadú que ponen palabras a la realidad que vivimos muchos en este sector y que tiene que ver con la precariedad, con la necesidad de hacer miles de trabajos a la vez para sostenernos, con el cansancio o con plantearse abandonar porque una no puede más.
Por si hace falta aclararlo, creo que Laxe es un gran cineasta y sus anteriores películas, “Mimosas” y “O que arde”, me parecen unas obras bellísimas. Y de hecho, esto no va de él, sino de tratar de señalar desde dónde se habla, porque si hay algo que me enfada, por lo general, es cuando se pasa por alto la condición de privilegio. O peor aún, cuando se nos intenta iluminar o dar lecciones desde las alturas. No, no se puede hablar de “hackear al sistema” cuando eres la personificación del sistema.
Experimentar estética o artísticamente cuando cuando tienes una red económica que te sostiene y todo el tiempo del mundo, que viene a ser lo mismo, no es un acto de riesgo, sino, muchas veces, la seguridad de no tener nada (realmente importante) que perder
Esto me recuerda a cierto tipo de cine celebrado como autoral, comprometido y valiente, con tintes sociales, que sale desde masías en el Empordà o escuelas privadas imposibles de pagar para cualquier familia trabajadora. Claro que muchas de esas películas son buenas, pero cuando son aplaudidas como arriesgadas, justo con esa palabra, “riesgo”, no puedo evitar que se me revuelva un poquito la conciencia de clase. Porque riesgo es otra cosa.
Experimentar estética o artísticamente cuando tienes una red económica que te sostiene y todo el tiempo del mundo, que viene a ser lo mismo, no es un acto de riesgo, sino, muchas veces, la seguridad de no tener nada (realmente importante) que perder.
El cine, la cultura en general, también está atravesada por la clase y sería un ejercicio de honestidad reconocerlo. Reconocer que no todos partimos desde el mismo lugar, que una película independiente, de bajo presupuesto y hecha fuera de Madrid o Barcelona, muy difícilmente podrá ocupar los mismos espacios, ni acceder a las mismas oportunidades, ni ser leída con los mismos códigos.
Sería también maravilloso que la industria y las instituciones que la conforman, dejaran de mirar únicamente los relatos de éxito y de todo aquello que brilla, y se empezaran a preguntar por todo lo que no llega a existir, por las películas que mueren antes de nacer, las que se quedan por el camino no por falta de talento o de ideas, sino por un sistema que no es igual de justo para todos ni ofrece las mismas herramientas.