La tierra se sigue moviendo bajo La Palma: confirman el desplazamiento ‘silencioso’ de las fallas tras la erupción
Un estudio revela que las fallas de Tazacorte y Mazo continúan desplazándose mediante un movimiento lento que agrieta viviendas y obliga ahora a replantear la planificación urbanística de la isla
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Todo comenzó con la visita a un vecino de El Paso meses después de la erupción de La Palma de 2021. Su casa se agrietaba y el propietario confesó a los geólogos que llevaba reparando esas mismas grietas desde los años 80. Este testimonio fue una de las piezas clave que permitió a un equipo de científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), liderados por Miguel Ángel Rodríguez-Pascua, confirmar que las fracturas que guiaron la salida del magma hasta formar el volcán de Tajogaite llevan moviéndose desde mucho tiempo antes y continúan haciéndolo en la actualidad.
Aunque la existencia de las fallas ya se publicaron en un trabajo anterior, los científicos han identificado ahora un fenómeno llamado “creep” asísmico, un deslizamiento “lento pero continuo” que no genera terremotos perceptibles pero que tiene la fuerza suficiente para deformar el terreno y las infraestructuras. Según los resultados publicados en la revista Natural Hazards, las fallas de Tazacorte y Mazo registran velocidades de desplazamiento de hasta 2,80 milímetros al año. Aunque estas cifras puedan parecer minúsculas, son geológicamente muy relevantes: estas fallas se mueven casi tres veces más rápido que la falla de Carboneras, considerada hasta ahora la más activa de la península ibérica.
Proceso de medición de una falla en La Palma.
Además, la huella geológica va más allá del cráter. El equipo decidió extender la vigilancia hasta la costa, concretamente a Puerto Naos, una zona turística que quedó al margen de las coladas de lava. Allí, los instrumentos han confirmado por primera vez que la falla local también “respira”: registra su propio movimiento de apertura y cierre constante, demostrando que el movimiento lento de “creep” de las fallas no se limita exclusivamente a las fallas activas que condicionaron la erupción del volcán Tajogaite.
Medir las fisuras
Para llegar a estas conclusiones en un contexto de emergencia habitacional, el equipo científico desplegó una red de fisurómetros de precisión, una metodología rápida y económica ideada para dar respuestas urgentes a los ayuntamientos afectados. Sin embargo, esta técnica tiene sus límites: mide cuánto se abre una grieta, pero no la dirección exacta del movimiento complejo del terreno. Por ello, los investigadores advierten que es imprescindible instalar una red de GPS de alta precisión para monitorizar el desplazamiento a largo plazo, algo que ya no depende de un proyecto científico puntual, sino que debería ser una política de Estado gestionada por las administraciones locales.
Proceso de medición de las fisuras en la isla de La Palma.
La buena noticia para los residentes es que este movimiento es tan paulatino que no implica un riesgo de colapso repentino. “A la gente no se le van a caer las casas encima”, asegura Rodríguez-Pascua a elDiario.es, ya que el deterioro es progresivo y permite detectar si una vivienda deja de ser habitable con mucha antelación. Además, el fenómeno es muy selectivo y afecta solo a las construcciones situadas justo encima de la línea de fractura, pudiendo dejar intacta una casa situada a escasos 30 metros.
Esta vigilancia tiene que ser ya de por vida. Es como un enfermo crónico al que tienes que seguir durante años
Raúl Pérez, geólogo del IGME-CSIC y coautor del trabajo, resalta el valor de haber hallado que esas fallas eran preexistentes y que fueron las responsables de que la subida del magma fuera muy rápida durante la erupción de 2021. “Si no hubiesen estado estas fallas, hubiese tardado algo más en ascender el magma porque tendría que haber ido rompiendo”, asegura. Por otro lado, apunta, el “creep” asociado a las fallas post-eruptivas también es un fenómeno de emergencia porque afecta a las viviendas. “Este tipo de erupción urbana se ve en otras partes del mundo”, señala. “En el Etna esto ocurre constantemente. Y hay multitud de casas, incluso que tienen un cartel que pone: atención, esta casa está afectada por una falla activa”.
Proceso de medición de las fisuras en la isla de La Palma.
Según los autores, este hallazgo cambia el paradigma de la seguridad en Canarias. Hasta ahora nunca se habían definido fallas activas de este tipo en el archipiélago. El estudio subraya que la monitorización de estas “cicatrices” geológicas debe ser ya una tarea de por vida, esencial no solo para gestionar las indemnizaciones y reparaciones actuales, sino para una correcta ordenación del territorio que evite construir sobre un suelo que sabemos que se seguirá moviendo. “Esta vigilancia no debe aplicarse solamente a las casas que se puedan estar deformando en la actualidad, esto tiene que ser ya de por vida”, asegura Rodríguez-Pascua. “Es como un enfermo crónico al que tienes que seguir durante años”.
“El estudio es muy interesante porque, a menudo, pensamos que los riesgos ocasionados por las erupciones volcánicas acaban cuando el volcán se apaga”, comenta el geólogo y divulgador Nahúm Méndez Chazarra. “Los autores han tenido la suerte de contar con testimonios de los vecinos que ya habían observado grietas en sus casas hace casi cuatro décadas, poniendo en valor la importancia de rescatar datos históricos”. En su opinión, fenómenos como el observado en la isla de La Palma pueden ayudarnos a comprender cómo se deforma el terreno antes y después de la erupción. Y sobre todo a cómo tener en cuenta estos procesos para construir infraestructuras y viviendas que sean mucho más resilientes a los cambios que se producen“, subraya.