Regularización de inmigrantes: una respuesta a la estrategia de seguridad nacional de Trump
Si se hubiera aprobado por la iniciativa popular que se presentó en el Congreso de los Diputados, habría sido un muy bonito precedente para futuras regularizaciones. El debate hubiera sido una excelente lección de democracia y una excelente ocasión para haber dado la oportunidad al PP presidido por Feijóo de mantener la coherencia con el discurso en el acto de admisión a trámite
El ejemplo de la regularización de 2005: aumentó la recaudación fiscal y no causó el “efecto llamada” del que alerta el PP
La regularización de inmigrantes se ha producido de manera recurrente desde la entrada en vigor de la Constitución. Una de las diferencias más llamativas entre la España de la democracia y la predemocrática reside, justamente, en la migración, en el tránsito de un país de emigrantes a otro de inmigrantes. Con la excepción de los dos primeros gobiernos de la democracia, los presididos por Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo y el presidido por Mariano Rajoy, en todos los demás se han aprobado normas que posibilitaron la regularización de inmigrantes en nuestro país.
La que se acaba de aprobar en el Consejo de Ministros presidido por Pedro Sánchez, si se diferencia por algo de las que se aprobaron bajo los gobiernos de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, es porque su origen ha estado en una iniciativa legislativa popular con más de setecientas mil firmas. Y también porque, como contrapunto a dicha iniciativa popular, hay un partido político, Vox, que se opone a la regularización.
La democracia española ha sido muy coherente en lo que al fenómeno migratorio se refiere. Pienso que lo habría sido todavía más si se hubiera aprobado la ley por iniciativa popular que se presentó en el Congreso de los Diputados. Habría sido un muy bonito precedente para futuras regularizaciones. El debate legislativo hubiera sido una excelente lección de democracia para la ciudadanía. Y una excelente ocasión para haberle dado la oportunidad al PP presidido por Alberto Núñez Feijóo de mantener la coherencia con el discurso en el acto de admisión a trámite de la iniciativa popular.
El haberse descolgado a última hora de esta última es una mala noticia, ya que este es un terreno en el que es de suma importancia que las mayorías sean muy amplias. Lo fue en el momento de la admisión a trámite de la iniciativa popular. Y debería continuar siéndolo en este momento. Pero la cabra al monte tira y una vez más razón tuvo el refrán, como añadió Carlos Gardel.
Con lo dicho hasta el momento sería suficiente para subrayar la importancia de la decisión adoptada por el Consejo de Ministros. Pero hay algo más que no se puede perder de vista. Esta regularización se produce casi inmediatamente después de la crítica frontal a esta política inmigratoria en la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada recientemente por Donald Trump.
Como el lector sin duda alguna sabe, en el documento en que se expresa dicha estrategia, Europa ocupa un lugar destacado. No de manera positiva, sino todo lo contrario. El desprecio del presidente americano por la Unión Europea, no es nuevo, pero nunca se había expresado con la ferocidad con que lo hace ahora.
Y en ese desprecio la política inmigratoria ocupa un lugar destacado. Con dicha política, llega a decir Donald Trump, la civilización europea pone en riesgo su propia supervivencia. Únicamente si los partidos de la extrema derecha europea consiguen convertirse en partidos de gobierno, Europa podrá seguir siendo considerada europea.
En opinión de Trump, las regularizaciones de inmigrantes son una amenaza mortal para la identidad europea, que tiene que ser combatida con la máxima firmeza. De seguir por la vía que van, en unos años las sociedades europeas dejarán de ser reconocibles como tales.
La repulsa frontal de dicha opinión es lo que representa la regularización acordada en España. Es una forma más de plantarle cara no a los Estados Unidos, sino a la extrema derecha que está gobernando el país. Europa no tiene que ser ni, mucho menos deber ser, lo que Donald Trump quiere que sea, sino todo lo contrario.
Se trata, al mismo tiempo, de una forma de manifestar nuestra solidaridad con los ciudadanos americanos que están haciendo frente a la Administración Trump arriesgando su vida al hacerlo. La defensa de una convivencia multicultural y multiétnica se está haciendo bajo una amenaza terrible, que recuerda los peores episodios de la historia xenófoba y racista de los Estados Unidos. Por esta razón, el decreto de regularización de inmigrantes recientemente aprobado tiene ese valor añadido.
Un día después de haber enviado este artículo, se publicó uno en el New York Times, con el título “Oponiéndose (Bucking) a una tendencia global, España ofrece a los inmigrantes indocumentados una vía legal para permanecer en el país”, en el que se hace una exposición muy objetiva de la decisión adoptada por el Gobierno español, subrayando la novedad que supone, especialmente tras lo que está ocurriendo con la política seguida por la Administración Trump en los Estados Unidos y su intención de proyectarla hacia las fronteras de la Unión Europea.